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Lo primero que pensé cuando me decidí a entrevistarla fue que debíamos encontrarnos en un lugar al aire libre en el que hubiera vegetación. Nos citamos en uno de los pocos parques de Barcelona en el que pueden pasear los perros sin correa; y es que Alejandra Coll va a todas partes con su perra, Uva, y su bebé de doce meses. Los tres, en bloque. Nos acomodamos en el césped para charlar como dos viejos amigos, mientras León y Uva se movían libres por el parque.

Alejandra es una naturalista convencida quien a los veintiún años decidió irse a dar la vuelta al mundo en contra de la opinión de su familia. Hoy considera que fue una de las mejores decisiones que ha tomado en su vida. A partir de ese momento comenzó una búsqueda personal para conocerse mejor que derivó en un cierto inconformismo hacia lo conocido y la comodidad. A su regreso a Barcelona, se apuntó a un curso de jardinería, aprendió el oficio, más tarde amplió estudios en Londres y allí le ofrecieron un buen trabajo que rechazó.

Había decidido que volvía a España convencida de que tenía mucho que hacer aquí. Ahora está instalada en el Ampurdán para ver de cerca el ciclo de las estaciones y poder cuidar su propio jardín. El escritor francés François Mauriac, escribió: “Los lazos que nos unen a una casa, o a un jardín, son del mismo orden que los del amor.” Alejandra lleva más de quince años diseñando espacios para que la naturaleza entre en ellos. Asilvestrada es su bastión, su sello y su herramienta imbatible para que, de una vez por todas, los urbanitas creemos lazos con el mundo vegetal.

Te has empeñado en acercar la naturaleza a las personas. ¿Tan lejos estamos de ella?
Absolutamente. Estamos desconectados de lo que para mí es lo más natural. Además, es constantemente. Por ejemplo, ahora mismo lo noto cuando doy el pecho a mi bebé en un espacio público y hay algunas personas que se incomodan. ¡Alucino! Nos hemos desnaturalizado como especie en la Tierra. Estamos desconectados de las otras especies y seres vivos a nuestro alrededor por estar demasiado centrados en nosotros mismos. No vemos más allá de nuestras narices. Para mí, conectarnos con la naturaleza es un ejercicio de humildad, de entender que no eres mucho más que este árbol que tenemos en frente. Nos cuesta mancharnos las manos, ir descalzos… ¡Me miran como un bicho raro cuando voy con plantas a cuestas por la calle!
A mí me gustaría que cada persona tuviera y cuidara por lo menos de una planta. No hace falta tener una jungla en casa. Estoy bastante en contra de comprar plantas por impulso y a favor de entender a la planta como un ser vivo. No es un sofá o una lámpara. Cuando compras una planta por impulso estético, es una lotería que te salga bien o mal, hay que informarse antes. Me gustaría que se entendiera que la planta te va a aportar un montón de beneficios, no solo a ti sino a todo tu entorno, y estamos en un momento además que no solo es beneficioso sino muy necesario.
¿A qué se debe ese empeño?
Yo creo que nuestras ciudades necesitan mucho más verde. Las jardineras están vacías, los parques faltos de mantenimiento y cuando hacen una plaza, la hacen mayoritariamente gris. Somos incapaces de pensar a largo plazo, y menos los políticos que lo deciden. Un árbol, además de que nos da sombra y es casa de muchas especies, hay que cuidarlo, saber cómo podarlo, qué necesita y todo lo que nos aporta y beneficia en nuestras ciudades.
¿Te lo has propuesto como un proyecto vital?
El proyecto Asilvestrada va conmigo y evoluciona conforme yo voy evolucionando como persona. Empezó por una de esas casualidades no casuales, cuando me apunté a un curso de jardinería después de regresar de un viaje. Volví con la idea que quería sentirme más conectada, así que necesitaba trabajar con personas, animales o plantas. Lo más fácil que encontré fue un curso de jardinería. Empezó como un descubrimiento mío personal que me llevó a la profesión de paisajismo, y ahora mismo me considero casi como una activista.

¿Por qué crees que el cuidado de las plantas no es una prioridad en nuestras vidas?
Es un tema cultural, yo creo que en este aspecto vamos más lentos. Pero llegaremos. Los países del norte están más evolucionados en muchos aspectos, y por supuesto, en sostenibilidad. Es un tema de hábitos. No estamos acostumbrados a cuidar de nuestro entorno natural –como ejemplo, nuestras costas. Tanto sol ayuda a que todo brote y crezca. Tiras una semilla en cualquier lugar y crece sola. En el norte, o te tecnificas un poco, o no tienes la abundancia que tenemos la suerte de tener aquí.
¿Qué relación tienes con la naturaleza?
A estas alturas ya se ha convertido en una necesidad vital. Necesito silencio, ver el cielo, sentir las estaciones… Si no es así, estoy agobiada, me siento desconectada de mí misma. En la ciudad, nos cruzamos con diez mil personas al día a las que ni saludamos; a mí me gusta un trato más personal y cercano, que encuentro sobre todo cuando salgo de la ciudad. Aunque lo que más me molesta es el ruido. Necesito verde a mi alrededor, poder dar paseos, y en la ciudad, particularmente en Barcelona, cada vez es más difícil. No te dejan pisar las pocas zonas verdes que hay, no puedes ir con tu perro suelto, todo son prohibidos y ya es muy aburrido.
¿En qué momento te das cuenta de que la naturaleza es importante para ti?
Tiene que ver con escucharse, seguir tus instintos y, sobre todo, luego ser coherente. No sabría decirte cuándo empecé a cambiar el chip porque yo en realidad nací en plena ciudad. Imagino que cuando empecé a intentar alinear palabra con emoción y acción. Para mí ya es imposible vivir rodeada de hormigón, no tiene ningún sentido. Tiene que ver con mi tranquilidad emocional.

“Hemos preferido divinizar al arquitecto y hemos apostado por obras arquitectónicas diseñadas por ególatras, y no se ha pensado en el bienestar real de las personas que utilizan el espacio público.”
¿Y lo has conseguido?
No… (Risas) Es una búsqueda constante pero ayuda infinitamente. Es calmar un poco el ruido exterior para poder oír y también calmar el interior.
Dicen los poetas que los paisajes del alma son los de la infancia. ¿Cómo recuerdas el tuyo?
Veraneábamos en Puigcerdà y recuerdo un jardín con césped recién cortado, con un seto bien alto y muy irregular que separa todo lo demás (risas). Un lugar seguro que me ha dejado ser como soy ahora, sintiéndome capaz de conseguir cualquier cosa. Gracias a mi familia, puedo arriesgar porque sé que si me caigo, me recogen. Desde pequeña he sido bastante inconformista, y en general, siempre me he sentido como un pulpo en un garaje.
De pequeña ya pensaba que había otra manera de vivir y hacer. Quería llegar a ser mayor para vivir a mi manera. Me sentía inadaptada, pero no en mi familia, sino a nivel genérico. Como si viniera de otro planeta. No lo decía, pero sentía que no estaba en mi lugar. Siempre he estado buscando mi sitio y sigo en ello.
¿Cómo es el jardín que cuidas ahora?
Es un jardín que va cambiando constantemente. Es más desordenado pero mucho más naturalizado. Y tiene la tierra –lo que no se ve y la base del éxito de cualquier jardín– mucho más trabajada. Ahora mismo paso por una fase de transformación personal debido a la maternidad, así que estoy descubriendo esquinas nuevas, volviendo a ver el césped de la infancia… Estoy en plena renovación del jardín interior.

Epicuro decía que debemos cuidar un huerto o un jardín para cultivar nuestro bienestar. ¿Estás de acuerdo?
¡Claro! Asilvestrada nace de hacerme preguntas sobre mí y sobre la vida. El presente es un término abstracto, está cambiando constantemente. Un jardín requiere de cuidados: podar los árboles, abonar la tierra, etc. Los resultados de todo lo que haces ahora los verás los años siguientes. Estás trabajando para el futuro. A mí lo que me sirve en mi vida es ser lo más honesta que puedo conmigo misma. Me cuesta porque tengo que desaprender lo que me han enseñado a ser por la escuela y por la familia. Te olvidas de quien eres en realidad. Tienes que ir deshaciéndote de todas las capas que te han impuesto en la infancia y, al final, por ahí en medio, sales tú. Una vez te das la libertad de ser tú, empieza otro jardín.
¿Qué sugerirías que hiciera el lector para mejorar su entorno?
¡Empezar a tener plantas, como mínimo! Para mí es básico. Si pudiéramos revertir la dejadez en los tejados y cultivar nuestra propia comida… Hace un tiempo me fui de voluntaria tres meses a una granja ecológica en Maine (Estados Unidos) y te garantizo que a partir de esa experiencia, la comida adquirió otro valor. El trabajo que requiere una lechuga o una zanahoria es impresionante y no lo valoramos porque no tenemos ni idea del esfuerzo que significa.
Uno mismo puede empezar por tener una planta. Primero, te obliga a salir de ti mismo y parar de pensar en que eres el centro del universo y ver que hay otros seres vivos. Tendrás que informarte sobre los cuidados que necesita esa planta. Aporta no solamente beneficios para ti, también para tus vecinos y tu entorno inmediato. Las plantas son generosas y crean esquejes que puedes ir regalando. Yo prácticamente no compro plantas, solo para mis clientes.
Nos dicen los expertos que vivir rodeados de zonas verdes aumenta la longevidad. La Organización Mundial de la Salud considera que los parques en las grandes ciudades aportan bienestar físico y emocional. Sin embargo, el 55% de ciudades españolas carecen del mínimo de espacios verdes recomendados. ¿Cómo te quedas?
¡Me parece hasta poco! Sevilla y Madrid tienen parques grandes, pero Barcelona suspende en esto. No hay zonas verdes, y las pocas que hay, no son para nada grandes pulmones, no invitan a pasear. Me parece una falta de responsabilidad que no se haya pensado a largo plazo. No entiendo cómo se ha podido decidir que podemos vivir en la ciudad sin árboles y sin plantas. Aquí hemos preferido divinizar al arquitecto y hemos apostado por obras arquitectónicas diseñadas por ególatras, y no se ha pensado en el bienestar real de las personas que utilizan el espacio público. Hay que observar, por ejemplo, la diferencia entre el camino que el arquitecto ha dibujado sobre plano y el camino que la gente traza por el uso. En un parque cogemos atajos, seguimos la sombra de los árboles… ¡Hay que ser prácticos!

La OMS sugiere que los municipios dispongan entre diez y quince metros cuadrados de verde por habitante. En el ranking gana Vitoria con 39,2 m2; y ocupan lugares destacados Girona (24,3 m2) y Donostia (22,5 m2). Madrid cumple (17 m2) pero no Barcelona (6,6 m2). ¡Volvemos a suspender!
Yo incluso pienso que deberíamos superar estos rankings porque todos ganamos con ello. Además, Barcelona tiene mucho espacio inutilizado, no hace falta modificar la estructura básica de la ciudad. ¿Recuerdas cómo estaba en realidad planificada originariamente? Esos patios de manzana en l’Eixample… ¡qué maravilla! Yo creo que es cuestión de educación, cambio de valores y hábitos, algo tan fácil de decir y tan difícil de poner en práctica. Necesitamos un cambio de consciencia global o nos vamos al garete, si ni siquiera con el cambio climático en los talones somos capaces de cambiar. Yo no pierdo la esperanza y ‘poc a poc i bona lletra’, como decimos aquí. Yo sigo sembrando.
Me enferma cuando muere un árbol recién plantado por el Ayuntamiento y nadie parece preocuparse por las causas. Replantan sin más, y lo que menos importa es garantizar que el árbol repuesto vaya a vivir por mucho tiempo. Y efectivamente, muere.
Esto lo aprendí cuando trabajé en un vivero de árboles y tuve la suerte de que el director, Josep Selga, era un arboricultor maravilloso. Allí me di cuenta de todo lo que puede mejorar Barcelona en cuestión del arbolado. No puedes plantar un árbol que en edad adulta va a medir de copa diez metros en una acera estrecha. Es una mala planificación del espacio público. No hay que plantar por plantar. Esto que dices es muy importante.
A mí también se me mueren plantas. Y tienes que entender por qué ha muerto para no cometer los mismos errores. Si hicieras una poda mala y el árbol muriera inmediatamente, habría una consecuencia directa de tus acciones; creo que así sí mejoraría la gestión a nivel político. Pero el árbol puede tardar diez años en morirse si lo han podado mal. La consecuencia de esa mala gestión la va a recibir el siguiente gestor, como mínimo, que tendrá que remendar errores ajenos. Y así sin parar.
¿Te ha pasado que un cliente te pida explicaciones cuando se le muere una planta, como si fuera cosa tuya?
Les aviso siempre al principio para prevenir, porque me he encontrado de todo. La jardinería no es una ciencia exacta. Hay toda una serie de factores que no controlas y que forman parte del azar. El ritmo natural va totalmente en contra del sistema consumista en el que vivimos. Va completamente al revés. Hay que tener paciencia, calma y aprender poco a poco, sobre todo de tus errores.

¿No te cansas de hacer pedagogía?
He querido abandonar Asilvestrada muchas veces. Parece muy idílico, pero es muy difícil. No te da para vivir cómodamente y es una lucha constante en intentar educar en valores. Cuando empecé a tener un poco de éxito, el tipo de clientes que tenía no estaban para nada alineados con mi personalidad. Me venían personas que buscaban las plantas solo por una cuestión estética y no por un bienestar o un cuidado, que es lo que yo defiendo. Pero por mi ciudad, ¿qué estoy haciendo realmente? Esa es mi lucha personal, y estoy convencida de tener una misión
¿Nos hemos desconectado de nuestro instinto recolector?
Tener un huerto hoy en día o cultivar tus propias plantas es revolucionario. Es ir en contra de un sistema que te incita a necesitar de todo permanentemente. Aquí tenemos sol para cultivar variedades infinitas de tomates durante todo el verano y hacer conservas o fermentados para el invierno. Con la alimentación que puedes conseguir a diez kilómetros a la redonda, ya puedes estar bien alimentado. ¡No necesitas aguacates de Chile! Vivimos en una sociedad basada en el miedo absoluto y el consumo ilimitado. Soy consciente de que romper con todo esto no es fácil, pero cada vez encuentro a más personas que quieren hacerlo.
¿Cómo te posicionas respecto a los resultados de la Cumbre del Clima de Madrid?
Una cumbre sin resultados y que se emplaza a seguir discutiendo el año que viene… me parece ridículo. Auguran que la gran crisis llegará a partir de que la temperatura suba un grado y medio. ¡Y estamos a un grado! ¿No se ponen de acuerdo? Si lo que impera en nuestra sociedad es el dinero, y es a lo que paradójicamente le damos más valor, yo les quitaría a todos el sueldo y les diría: hasta que no os pongáis de acuerdo, dejáis de cobrar. Ya verías como al día siguiente tenemos un acuerdo. Tendríamos que hacer todos a partir de ya, no mañana ni la semana siguiente, un cambio absoluto en todos nuestros hábitos. Y siendo realista, creo que eso a nivel global es imposible. Sinceramente, creo que lo hemos hecho tan mal, que nos merecemos irnos al garete. La tierra seguirá sin nosotros…

“Tener un huerto hoy en día o cultivar tus propias plantas es revolucionario. Es ir en contra de un sistema que te incita a necesitar de todo permanentemente.” 
¿Qué opinión te merece el fenómeno Greta Thunberg y que sea una niña la activista más mediática y no un movimiento civil a nivel global?
Creo que a la pobre niña la han puesto en una posición que ni siquiera ella quería. Empezó de una manera muy honesta y se ha visto en esta especie de boom mediático en el que no se siente cómoda. Es una niña con el síndrome de Asperger y creo que le estamos haciendo un flaco favor. Es cierto que gracias a ella se hace visible para las generaciones más jóvenes la importancia de cambiar nuestros hábitos. Vivimos en una sociedad incoherente y necesitamos más Gretas y muchos otros activistas que nos abran los ojos de mil maneras distintas.
Después de tantos años en esto, ¿cómo afrontas cada nuevo proyecto?
Para mí es una relación entre personas. Cada proyecto es diferente por la relación que se crea entre el cliente y yo. Depende de cómo se acerca cada persona a mí y lo que busque. Cuanto más cercana, honesta y personal sea la relación profesional, más bonito sale todo. Los proyectos que más me gustan son los que se llevan a cabo con humildad. Puede dar la impresión de que solo me dedico a proyectos gigantes, y para nada. Disfruto igual con el diseño de una terraza. Mira a tu alrededor, es todo ladrillo. A mí me gustaría verlo todo verde. Llevo quince años de mi vida poniéndole atención a cómo hacerlo y te puedo ayudar. A nivel personal, prefiero empezar poco a poco y que el cliente se adentre en el mundo de la jardinería paso a paso, pero en realidad me adapto a casi todo.
Háblame del proyecto para mujeres y la permacultura.
A raíz del momento personal que vivo después de ser madre, me siento profundamente conectada a la energía femenina y creo que uno de los problemas principales de nuestra sociedad es que se basa esencialmente en la energía masculina que solo busca acción, resultados y dinero. La energía femenina no es que esté relacionada intrínsecamente con la mujer en sí, sino en una energía de cuidar, mimar, respetar, acoger, nutrir, que puede tener tanto hombres como mujeres. Pero desde mi punto de vista, hay que empezar a valorar y priorizar este tipo de actitudes. Además, me he conectado con otras madres que también se acercan a la jardinería y me haría mucha ilusión crear un grupo de gente que ahora mismo están en silencio. No sé todavía qué forma le voy a dar, pero la actividad se dará en la ciudad.

Vamos a proponerles un reto a los lectores que viven en una comunidad de vecinos. ¿No sería genial que en la próxima reunión de escalera cada uno propusiera reconvertir el tejado de la finca en un huerto urbano, o en un pequeño jardín?
¡Qué maravilla! Que me llamen (risas). Tengo que decir que hace unos años hice el mantenimiento de un huerto en un tejado de una comunidad, y lo más difícil era que se pusieran de acuerdo entre vecinos. Yo creo que todo es empezar, poco a poco, pero haciendo una pequeña inversión previa para tener una buena base. Les diría también que sean conscientes que ahora mismo estarían siendo pioneros de un cambio difícil pero a mejor para todos; sería una acción revolucionaria.
Con una pequeña inversión, creas un espacio para tejer relaciones con tus vecinos, creas comunidad intergeneracional, conoces a la gente que te rodea, das uso a un espacio obsoleto, amplías el espacio de tu lugar de residencia, lo aprovechas para fiestas, cumpleaños, etc. ¡Cultivar tus propios alimentos te cambia la vida! Si de verdad quieres un mundo mejor, empieza por ti mismo.
¿En qué destacan los proyectos de Asilvestrada?
El propio nombre creo que ya te indica mucho, siempre me ha ayudado para las presentaciones iniciales. Intento crear espacios con plantas que sean lo más prácticos y naturalizados posibles dadas las circunstancias de cada cliente. Ya que trabajo principalmente en la ciudad, utilizo mucha maceta de terracota, que es un material transpirable que le va mejor a las plantas. Planteamientos sencillos, sin demasiadas florituras, pero bien hechos, con buenos acabados. En los pequeños detalles está la diferencia.
¿Sientes apego por tus trabajos una vez los has terminado?
No, porque tienen vida propia y en cada estación cambian. Generalmente, el mantenimiento es responsabilidad del cliente. Le doy mucha importancia a la practicidad más que a lo estético, pensando en que es el cliente quien se hará cargo de los cuidados. Por eso me desligo más fácilmente.

¿Cuáles son tus proyectos inmediatos?
El que más me entusiasma es el del restaurante Baldomero, en pleno centro de Barcelona. Vamos a crear un huerto en su tejado siguiendo nuestros mismos valores en sostenibilidad y atraer más campo a la ciudad. ¡Estoy muy ilusionada! Además, voy a empezar el jardín de una casa particular en el Empordà, donde espero aprender mucho y así poder hacer muchos más por esa zona. A nivel personal, quiero frenar mi nomadismo crónico y quedarme más tiempo aquí. El proyecto para mujeres me ilusiona mucho por mi momento vital. Pero por mucho que planifique, estoy bastante en contra de tenerlo todo controlado, prefiero dejar que las cosas fluyan y adaptarme a lo que venga.
¿No te pierdes?
Sí, y me va bien. Me gusta no saber en qué día vivo.
¿Cómo se vive en el campo?
Los de la ciudad pensamos que es una vida tranquila, y en realidad yo creo que el campo es muy duro. No tiene fines de semana, se trabaja constantemente y es mucho más cansado de lo que nos pensamos. La idea que tenemos del campo idílico, ordenado y limpio no tiene nada que ver con lo real. Yo misma no vivo en un campo real tampoco. No tengo ni la capacidad de sacrificio ni la voluntad para que cada día de mi vida, truene o apedree, tener que levantarme a hacer lo mismo para recoger frutos al cabo de un año.

¿Te haces las mismas preguntas desde que eres madre?
Mis prioridades han cambiado, mis planteamientos también, siento que soy otra persona. Dicen que después de un parto, las mujeres renacemos. Experimentas muchos cambios tanto físicos como internos. Yo me siento muy diferente. Y menos mal, porque me aburro de mí misma también. Tengo ganas de aprender de mi hijo. Él ve las cosas de una manera que yo ya he olvidado. Sobre todo a no juzgar. Aunque sea sin querer, tendemos a juzgarlo todo.
¿Cómo consigues estar en el ahora?
Poniéndole conciencia y coherencia. ¿Qué mejor momento que ahora? Tiene que ver con estar bien con uno mismo. Lo que te funcione a ti no será lo que me funcione a mí. Busca, hazte preguntas y lo que te funcione a ti estará bien. Ayuda a tener el menos ruido posible en la cabeza.
Te has permitido ser como eres.
Es ir contra corriente, pero yo prefiero ser quien soy más que quien debería ser. O en todo caso, intento ser mi mejor versión. Se trata de responsabilizarse y ser coherente conmigo misma. Ser paciente con los demás y conmigo también. Ser tolerante y entender los ciclos de cada uno. Hay muchos símiles entre la naturaleza y las personas. Es muy cíclico todo. Personalmente estoy en una fase de aceptación.
¿Qué consejo le darías a un lector que quiera arreglar su terraza después de leer esta entrevista?
Que vaya a una tienda especializada en plantas y pregunte. Tiene que tener en cuenta las horas de sol que su terraza tiene al día, o si es sombría, e informarse de los tipos de plantas que le pueden ir mejor. Tienes que hacerte la vida fácil. Ahora está muy de moda el tiesto pequeño, y eso no ayuda a los cuidados. Aconsejo hacer una inversión en macetas grandes de terracota, evitar el plástico porque no transpira, y adentrarse en el mundo infinito de la jardinería. Dejarse asesorar, o si lo prefiere, que me llame.


Texto
Sergi Doladé
Retrato
Marc Medina

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