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Las ilustraciones de Alba Blázquez pueden parecer simpáticas, optimistas, casi infantiles, incluso naive, a primera vista. Pero echa un vistazo más en profundidad y descubrirás una mujer de armas tomar que usa los colores vibrantes, las formas geométricas y la figura femenina para hacer llegar mensajes de empoderamiento y resistencia con humor. Tras ver a una vagina con skate, un corazón masturbado, y coquetear el humo de un cigarrillo, nada volverá a ser lo mismo.
En primer lugar, ¿cómo te definirías? ¿Dónde has nacido y dónde vives ahora?
Siempre me cuesta definirme. En realidad me da un poco de miedo o no sé si quiero autoproclamarme nada y luego cagarla, por eso digo siempre medio en broma que soy bruja y hago cosas. Vamos, en realidad soy diseñadora gráfica e ilustradora, entre otras cosas. Nací en Móstoles y he vivido casi toda mi vida en la periferia de Madrid, en Alcorcón concretamente, con todo el auge bakala. Ahora mismo vivo en Usera, el Chinatown de Madrid; me encanta.
¿En qué estaba pensando Alba Blázquez cuando decidió que el diseño gráfico y la ilustración le hacían tilín?
Todo surgió de casualidad. Siempre he tenido inquietudes artísticas aunque no lo supiera. Me di cuenta de que me gustaban el diseño gráfico y la ilustración ya de mayor, aunque he dibujado desde pequeña, como todo el mundo, solo que no dejé de hacerlo. He sido muy mala estudiante y he repetido infinitas veces; me aburría y dibujaba en clase, leía cómics o me entretenía con una mosca las pocas veces que iba a clase. Luego decidí retomar los estudios, hice varios grados medios de fotografía y de artes gráficas, y ahí me empezó a interesar todo lo relacionado con este mundo. Me saqué el bachillerato de artes y luego un superior de diseño, y aunque tengo trabajo de lo mío, me gustaría seguir formándome.
He leído que también te gusta la fotografía, ¿es un hobby o le dedicas tanto tiempo y ganas como a la ilustración?
Empezó como hobby en la época Fotolog. Tenía solo una cámara compacta pero me preocupaba mucho por la escena, la iluminación y el retoque. Empecé a cubrir eventos y fiestas solo porque me dejaban una cámara para mí, y ahí aprendí a usarla. Como me interesaba, estudié una formación professional de laboratorio de imagen, me compré mi cámara y empecé a hacer sesiones gratuitas de fotos a gente que conocía por internet. Ahora es verdad que lo tengo un poco aparcado, pero tengo idea de continuar y poder fusionar ilustración y fotografía con alguna serie de retratos.

Tus ilustraciones son muy coloridas, pero algunos de los temas que tratas no lo son tanto. De hecho, puede llegar a parecer una contradicción –aunque a mí, personalmente, me parece muy acertado. ¿Ha sido siempre así? ¿Qué temas recurrentes aparecen en tu obra y por qué los abordas?
Siempre he sentido la necesidad de contar alguna historia a través de mis ilustraciones, casi como un diario personal. Me contradigo continuamente, como todos los seres humanos, pero convivo con esta dualidad porque creo que es intrínseca a nosotros, así que cuanto antes pueda estar en paz con todas mis contradicciones y superar este tema, mejor. Hago mucha referencia al sujeto y a su intimidad. Soy de aislarme y de escuchar lo que tengo que contar y lo que me cuentan, de mirar hacia dentro y entender mejor lo que pueda ocurrir fuera. Así que casi todos los temas son experiencias o simples idas de olla.
Sensualidad, sexualidad, feminismo, amor y desamor; parece que todos ellos son parte de tu imaginario. ¿Cómo los tratas y cómo esperas que quien vea tus ilustraciones los perciba?
Depende del momento: a veces los trato de una manera absurda o cómica, otras veces voy más en serio o soy más conceptual. Es un tema que ha sido, en mi caso, un tabú durante muchos años y lo sigue siendo en mi ambiente familiar. Y sin embargo, hay mucho de lo que hablar y no encuentro algo más interesante que eso. Me gustaría que alguien se sintiera identificada viéndolas, o aunque sea que las mire durante un rato. Eso me hace feliz.
Hablemos de tu mundo y personajes: desde la personificación de una vagina en patinete hasta un hombre sin rostro y con flores, pasando por mujeres sin cara o con máscaras. ¿Quiénes son, y cómo los construyes? ¿Simbolizan algo, o son fruto del azar?
Creo que ambas cosas. A veces me doy cuenta de que aunque crea que pongo según qué símbolos al azar, luego la ilustración cobra algún sentido por eso mismo. Tiro mucho de subconsciente. Pocas veces premedito el final de una ilustración, va surgiendo.

¿Algún referente o fuente de inspiración que necesites destacar para entender mejor tu trabajo?
Destacaría el Push Pin Studio, el diseño de finales de los 60, principio de los 70. También estoy muy influenciada por la cultura pop de los años 90 y los 2000, como buena millenial que soy; el lowbrow, surrealismo, etc.
¿A quién admira Alba Blázquez? Si te diesen la oportunidad de colaborar con algún artista de alguna otra disciplina, ¿con quién te entusiasmaría trabajar?
Admiro a mucha gente, como por ejemplo Vivienne Westwood, Charles Burns, Rupaul, Erika Lust, Sasha Velour, David Lynch, Tanadori Yokoo y sumando cada día.
De todos los sitios donde has expuesto, ¿cuál subrayarías especialmente? ¿Y alguno en el que te encantaría ver tus piezas colgadas en un futuro?
Me hizo muchísima ilusión exponer en el We Eat Design, en el Matadero de Madrid, junto con artistas a los que admiro y son referentes como Yoko Honda, Jack Sachs, Egle Zvirblyte, entre otros. El ambiente era fetén: música, cervezas y arte por todos lados. Planazo.
Dejo que todo fluya un poco, pero me molaría en La Tabacalera, por ejemplo. O en la Neomudejar, o en cualquier otro sitio loquísimo en cualquier parte del mundo. Imagínate exponer en una tienda de licores en un pueblo perdido de Sudáfrica, por ejemplo; molaría.

Tus ilustraciones, además de en prints, las encontramos en libretas, agendas, camisetas, etc. ¿En qué momento piensas que toca transferir tu trabajo a otros medios más allá del papel?
Me lo recomendó una conocida de internet. Ella hace lo mismo con sus obras, y me convenció de que podían funcionar y es un extra que sacas. Yo soy compradora de este tipo de productos de otros artistas y entiendo la ilusión que puede hacer llevar algún diseño de ellos/as puesto.
¿Es necesario hacer merchandising de tus obras para sobrevivir como artista? 
En el caso de otras personas no lo sé, en el mío sin duda. Gracias a eso he podido subsistir o invertir en la producción de obras para exposiciones, hacer algún viaje de vez en cuando, pagar la factura del teléfono, etc. Me ayuda bastante.
Y hablando de sobrevivir como artista: ¿qué tal ves, desde tu propia experiencia, el mundo del arte y de la cultura en España? ¿Cómo se las apaña una joven creadora?
Pues en mi caso lo he combinado siempre con otros trabajos, más o menos precarios. A veces trabajas para marcas o empresas de muchos recursos, pero el que destinan a diseñadores, ilustradores, etc. es de risa. Muchas veces no puedes rechazarlo porque tienes que pagar facturas, pero en algunos casos roza lo insultante y desmotiva bastante tener que pelearse para que te paguen dignamente. Ahora trabajo para una productora y para lo que me va surgiendo por mi cuenta, pero necesito el colchón de un empleo, al menos por el momento.

Personalmente, me atraen mucho tus ilustraciones animadas; tienen un encanto especial, pero es algo que haces solo de vez en cuando. ¿Se te ha pasado por la cabeza alguna vez trabajar ilustrando una serie de dibujos animados, por ejemplo? ¿O te planteas la ilustración más como una pieza única, en la que trabajas cuidadosa e individualmente?
Me planteo cada ilustración como pieza única. Sí que me he sorprendido a mí misma a veces viendo que algunas tienen coherencia con otras y hay una continuidad. De todas formas, nunca se sabe, me gusta experimentar. Ahora quiero darle chicha a la animación con after effects, a ver qué sale de ahí.
Echando la vista atrás, ¿cuál es el reto más grande al que te has enfrentado, o el mayor sacrificio que has tenido que hacer para llegar donde estás?
Lo veo como una lucha diaria entre trabajo, empleo, tiempo, dinero y ocio. Llegar como a una especie de acuerdo con todo eso y que haya un equilibrio me ha costado y me sigue costando. Siempre he tenido presente que la ilustración está ahí y recurro mucho como vía de escape al resto de cosas. He llegado a tener dos trabajos y ‘sacrificar’ mi tiempo libre estando sola dibujando, cuando a lo mejor quería salir con amigas o de cita Tinder. En algunos momentos me invade una sensación de aislamiento, pero es parte del trabajo.
Es inevitable la curiosidad por saber en qué estás ahora, ¿nuevos proyectos? ¿Nuevas colaboraciones? ¿Nuevas ideas?
He colaborado con un editor francés, Éditions Le Berbolgru en unos fanzines: Brujarama – Cheap Wigs and Glitter. También estoy gestionando con un antiguo compañero de clase unos muros para pintar, y una colaboración con la fotógrafa Manón Yanes para reinterpretar una serie de ilustraciones fotográficamente. Y todo lo que mi tiempo me permita hacer, que por falta de ganas no sea.

Texto
Lorena Varela

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