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Dicen que los ojos son el espejo del alma. Pero es la cara, también, la que cuenta una historia mucho más detallada sobre quiénes somos: nuestro género, edad, etnicidad. Y hasta se creyó, con la difusión de las teorías de Cesare Lombroso, que ciertos rasgos fisonómicos estaban relacionados con el ser delincuente. De poder, de identidad, y de los relatos que cuentan las miradas, las cicatrices, el pelo, y el color de piel habla Estructuras de identidad, una exposición en la Fundació Foto Colectania de Barcelona que muestra casi doscientas fotos de The Walther Collection hasta el 10 de marzo.

El retrato es una de las tipologías de imagen más extendidas y recurrentes –en todas las culturas, periodos históricos, prácticas y estilos artísticos, etc. Pero seguramente es la fotografía a la que mejor se le ha dado (¿o no usaban nuestros abuelos la palabra ‘retratar’ como sinónimo de ‘fotografiar’?) a pesar de ser una de las más recientes. Sí, ahora todos tenemos acceso a ella, y los selfies (solos, con cara de perrito, máscaras iridiscentes, y demás filtros varios) inundan las redes, la nube, y la memoria de nuestros teléfonos. Pero aunque no siempre ha sido así, la fascinación por retratar siempre ha existido.

Estructuras de identidad hace un recorrido por varios países –desde Japón a Estados Unidos pasando por Sudáfrica o Alemania–, siglos –del XIX al XXI–, estratos sociales o instituciones para examinar “de qué modos los fotógrafos se han valido del retrato para reafirmar o desafiar (…) los estereotipos sociales construidos en torno a las nociones de raza, sexo, clase o nacionalidad.” Así, la exposición desempolva daguerrotipos y cianotipos de archivos policiales o de hospitales psiquiátricos (utilizados para documentar a los delincuentes y a los pacientes y, en cierto modo, intentar clasificarles) de hace más de cien años, a la vez que contrapone obras de artistas contemporáneos tan reconocidos como Zhang Huan, con su Family Tree, o Zanele Muholi, con Faces and Phases, en el que retrata a mujeres lesbianas y trans de Sudáfrica.

También hay clásicos de la fotografía como Seydou Keïta, el maliense que capturó la efervescencia del país africano tras conseguir la independencia y por cuyo estudio fotográfico pasaron docenas de personas para destacar su gran estilo y elegancia, o Richard Avedon, de quien se exhibe la serie The Family, un proyecto comisionado por la revista Rolling Stone (acabó ocupando un número entero) en el que retrató a abogados, políticos, presidentes, líderes corporativos, etc. Un retrato antropológico en el que, por sorpresa de nadie, (casi) solo aparecen hombres blancos, presumiblemente heterosexuales, y de clase alta. También de poder y clase en los Estados Unidos trata la serie Occupying Wall Street, de Accra Shepp, que inmortalizó las revueltas del 99% contra el 1%.

Con esta muestra, la Fundació Fotocolectania es capaz de desmenuzar la representación histórica de aquellas identidades disidentes que, por el simple hecho de serlo, eran criminalizados. Como afirman, “al destacar el trabajo de los fotógrafos que emplean el retrato para subvertir las expectativas visuales y desafiar los indicadores de identificación, Estructuras de identidad cuestiona las nociones de un yo auténtico y estable”.
La exposición Estructuras de identidad se podrá visitar hasta el 10 de marzo en la Fundació Fotocolectania, Passeig de Picasso 14, Barcelona.

Texto
Arnau Salvadó

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