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A veces hay que hacerlo, saltar al vacío, lanzarse al abismo hacia lo oscuro y desconocido. Hablar de Puta, el nuevo disco de esta cantante andaluza, supone sumergirse en los rincones oscuros de la vida de alguien que ha sufrido, ha peleado y, finalmente, ha vencido. Puta supone el final de la trilogía musical que se inició en 2015 con la presentación de Santa y la continuación de Astronauta, un viaje que comenzó en el cielo y que ha descendido a unos infiernos tan reconocibles que asustan. Porque lo que ha conseguido Zahara es que su voz sea suya, sí, pero que su mensaje, sea el de miles de mujeres que han vivido episodios tan terribles como ella y encuentran por fin el momento de enfrentarse a ellos, es dejar de tener miedo, de poner fin al terror, a lo injusto. Porque ha llegado el momento de matar al monstruo.

Llevas más de una década desarrollando tu carrera musical, ¿qué ha cambiado en Zahara durante este largo viaje?
Veo que más que cambiar hay algo que se mantiene a lo largo de estas décadas y es que, en el fondo, yo sigo sintiendo que hago lo mismo. Canciones para salvarme, para sentir que estoy viva. Como ser humano evoluciono, crezco y dejo que eso mismo me influya y se nota en la música que hago. Pero desde la primera canción que hice, hasta hace unos minutos que me senté en el piano, siento que sigo siendo la misma persona.
¿Y la industria musical? ¿Qué cambios has podido observar con el paso de los años?
Que cada vez todo va más rápido, que sigue pasando aquello de aplicar un modelo ya aprendido a lo que viene nuevo –aunque se necesiten otros recursos–, y que en la inmediatez se cuida todo un poco menos, salvo si vendes; ahí todo se renueva. Es como si solo unos pocos artistas se llevaran los recursos y la innovación y el resto se pusiera a la cola.
Navegando a través de la historia de Zahara y de sus creaciones nos encontramos ante una maestra de la reinvención. Eres mujer, artista, madre, hija y profesora; te has casado, divorciado, has sufrido y has triunfado pero, ¿quién es de verdad Zahara? ¿Qué lecciones dirías que te han enseñado la vida y el arte?
Sobre eso van mis sesiones con mi terapeuta. Creo que es parte de la vida de cualquier persona. El arte me ha enseñado que lo necesito para vivir, que en él encuentro mi refugio y mi salvación, pero a la vez me ha llevado a depender completamente del cariño de los demás, ignorando muchas veces el mío propio.
Se ha dicho que Puta era un proyecto que se veía venir, que siempre había estado presente a plena vista en tu discografía, ¿en qué momento exacto dirías que comenzó a gestarse tu nuevo disco?
Lleva presente 2 años. Cuando lanzamos Santa no teníamos claro que habría una trilogía, pero sí con Astronauta, que fue definitivo para saber que todo formaría parte de un viaje descendente, de lo celestial a los infiernos. Todo lo nuevo que tenía en mente encajaba en Puta, la tercera parte.
La palabra ‘puta’ para ti supone un estigma que persigue a las mujeres desde el primer momento en el que alguien se lo llama, ¿acaso es una sentencia inapelable? ¿No hay escapatoria?
Creo que si no tienes los recursos adecuados es difícil. No es lo mismo que me llamen puta ahora que si tengo 12 años y en el colegio se ríen de mí. Entonces se convierte en un todo, en una marca que te acompaña para siempre. El problema, además, es que no es algo que te digan una vez, tampoco solamente con esas cuatro letras, sino que la manera de intentar humillar a las mujeres atacando a su sexualidad está desde siempre y es recurrente. Si no tienes quien te acompañe a colocar eso en un buen sitio, te acaba condicionando la manera de relacionarte con los demás y contigo misma, por supuesto.

El documental Miss Americana de Taylor Swift ha sido una inspiración para ti a la hora de crear este disco, ¿qué te hizo conectar con la historia de esta artista estadounidense?
Yo estaba en el hastío propio de la pandemia, encerrada en casa, sin ganas de hacer nada, muy triste… Su documental me hablaba directamente de quiénes somos cuando toda nuestra felicidad se basa en el amor de personas que no conocemos. Ahí me di cuenta de que lo que me estaba pasando era que tenía un gran síndrome de abstinencia. Vi en ella una gran artista, una persona que sufría, con inseguridades… de la que no estaba tan lejos. Eso me motivó inmediatamente. Me dieron ganas de bailar por la casa primero y de hacer música después.
Los medios tienden a enfrentar a las artistas entre ellas, a inventarse conflictos… ¿Por qué esa tendencia por hacer que las artistas se lleven mal? ¿Hay miedo a la sororidad?
Durante mucho tiempo el discurso artístico ha estado acaparado por los hombres. Llega un momento en el que se tiene que escuchar nuestra voz y para eso nosotras lo tenemos claro: se nos oirá más cuantas más seamos. Recuerdo que cuando yo empecé en la música si veía otra mujer haciendo canciones sentía que ella era la competencia y no los hombres. Pero, de igual modo, la sociedad me había enseñado a intentar ser la mejor siempre en cada lugar en el que estaba, a ‘odiar’ a las otras mujeres. Me ha costado mucho entender que esa competencia no ha sido algo real, sino un invento masculino para debilitarnos. Se está viendo que juntas somos más fuertes, que si nos apoyamos surgen proyectos maravillosos. Y en eso estamos.
Puta explora momentos muy duros de tu pasado, ¿por qué ahora te has sentido preparada para expresarlos?
Ha sido debido a mi terapeuta. Tras un año intenso con ella llegó el confinamiento y ahí afloró todo. No era algo que buscara, sino algo que sucedió. Estaba todo en su punto para que pasara algo así. O terminaba de destruirme o salía del agujero haciendo un disco así.
En el tema titulado Taylor te confiesas adicta al cariño ajeno, algo que muchas personas sienten y de lo que se habla muy poco. Tú que lo has vivido y has dado altavoz a este conflicto, ¿por qué dirías que nos volvemos adictos a los demás?
Es algo que viene desde que somos bebés. El querer que nos quieran y el cómo nos vemos privados de ese amor. Todo lo que un ser humano quiere es que le quieran. El problema es que nos quieran a cualquier precio, sobre todo si ese precio es no ser nosotros mismos.
Merichane fue el tema que estrenó esta nueva etapa, ¿por qué escogiste esa canción? ¿De dónde viene su título?
Merichane es el nombre con el que se conocía a la puta del pueblo y fue mi apodo en el colegio cuando tenía 12 años. Es una canción en la que nombro lugares de mi vida en los que he estado, situaciones dolorosas que de alguna manera han condicionado quién soy ahora mismo y cómo sigo atrapada ahí. Es una canción pop, con una letra dura y por eso mismo pensé que era la mejor manera de presentar este disco. Es como una especie de tráiler de todo lo que va a suceder después en él.

Tu anterior disco estaba lleno de colaboraciones con otros artistas y has decidido hacer Puta sola, ¿por qué?
Al ser un disco tan confesional no tenía ningún sentido pedirle a nadie que cantara sobre mis traumas de la infancia.
Puta describe momentos que, desgraciadamente, otras muchas mujeres también han vivido, ¿qué mensaje te gustaría que ellas pudieran extraer del disco?
Que no es nuestra culpa, que ojalá encontremos el camino para comunicarlo y que en cualquier caso, y si estamos todavía aquí, es porque hemos sobrevivido a pesar de eso que nos pasó, no gracias a eso, en ningún caso.
Tras escuchar este disco es imposible no hacerte una pregunta, ¿cuál es tu visión actual de las relaciones amorosas?
El amor puede llevarte muy fácilmente a perderte, pero creo que el amor como yo lo he entendido hasta ahora ha sido siempre una huida hacia delante, algo que hacía evadirme de quién era. Hay otra manera de amar, por supuesto, y creo que es posible tener una relación sana, llena de respeto y cuidado, pero hay que trabajarse uno personalmente primero.

Texto
Juan Martí
Fotos
Sharon López

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