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Utopía 126 es uno de esos lugares en los que te sientes en paz nada más entrar, al percibir una atmósfera de intuición y creatividad. Después de treinta años en el sector audiovisual, los socios Oscar Vallés y Quique Camín inician una etapa de madurez y nuevos retos en esta antigua fábrica modernista (de profunda belleza) en el emergente barrio de Poblenou. Ellos son camaleónicos, se ajustan a las necesidades y ven el horizonte no como un destino final, sino como una forma de caminar. Hablamos con ellos sobre sus primeros pasos en la industria audiovisual, sus últimos proyectos y su forma de entender las cosas.

Hola Quique y Oscar, empezamos hablando de los primeros pasos que disteis. ¿En qué mundos os movisteis?

Nosotros llevamos treinta años trabajando juntos, desde que montamos la productora Ovideo. Era una productora de referencia en esta ciudad, muy atípica porque combinaba tanto publicidad como eventos en directo, televisión, cine… Algunas pelis como « Smoking Room » nacieron allí. Después de esos 30 años de recorrido, hubo una orientación para adaptarse a una nueva línea de negocio. Vimos que era el momento de buscar una cosa más personal y más dirigida a otro sector. Pensamos que, si encontrábamos un espacio, podríamos definir mejor los proyectos. No buscamos un nivel de facturación, sino proyectos interesantes y que valgan la pena. También pensamos en desarrollar la 126, que es la marca de producción. Somos una estructura pequeña, muy cómoda para adaptarnos y con una gran libertad para dedicarnos con especial atención a cada cosa. Ahora hacemos proyectos pequeños y grandes, incorporando a gente de diferentes perfiles.

¿Cómo se os ocurrió este proyecto tan personal?

No es que se nos haya ocurrido, sino que es algo que ha ido creciendo. Llevamos un bagaje de muchos proyectos a nuestras espaldas que quizás hace ser quien somos. Lo que sabemos hacer es ajustarnos a las realidades que hay, somos camaleónicos, miramos lo que hay con los ojos de lo que ya hemos hecho. También es un diálogo, lo que más nos llena es la gente que nos propone cosas, y cómo aprendes de esas nuevas formas de hacer. Dejamos ver qué va pasando, sin intervenir.

¿Qué os supuso el cambio de Ovideo a Utopia?

Tranquilidad, madurez. Tuvimos la suerte de haber estado en el lugar apropiado en el momento apropiado. Ovideo nació en el año 85, un momento de gran euforia en esta ciudad. Pasaban miles de cosas, y había una creatividad alucinante. De un portazo se abrieron las puertas y pasó de ser una sociedad reprimida por el franquismo a generarse una explosión creativa en todos los ámbitos… Lo que pasaba en Barcelona en aquél momento no ocurría en ningún otro país. Y Ovideo tuvo la suerte de estar allí en ese momento. Retransmitíamos las fiestas de la Mercè en pantalla gigante, hacíamos campañas, colaboramos con los vídeos de la candidatura olímpica, etc. Estábamos muy en contacto con la ciudad, y eso fue maravilloso. Después se pasó a un modelo donde privaba el que más hacía y facturaba. Fue la época de la presión y de la burbuja, que naturalmente ha terminado explotando.
Yo siempre digo que antes teníamos una idea y buscábamos la manera de llevarla a cabo. Ahora no, ahora hay una operación económica y se busca una película que se pueda adaptar a ese presupuesto. El proceso es bien distinto. Uno nace de la pasión, del alma. El otro nace de la necesidad, del presupuesto. Pero ahora las cosas están cambiando. Hay que volver a empezar y crecer. El valor económico se ha diluido, a pesar de que falta un pequeño impulso, hay una generación de gente a la que no le interesa lo económico. Hay que mojarse, porque si no te quedas toda la vida arrepintiéndote de ello. Luchar por las ideas, y continuar. No teníamos la idea de lo que queríamos hacer o producir, simplemente lo íbamos viendo.

¿Cuál fue vuestra primera impresión al entrar en Utopia?

Oscar: Yo, cuando entré, pensé, "¡esto es una locura!" Había que verlo... Era una cueva repleta de cosas y basura. Solo se intuían las ventanas. Sin embargo, Quique era muy entusiasta y le gustó desde el minuto uno.
Por la noche le di una vuelta y entonces lo tuve claro.
Quique: A pesar de que me di un golpe horrible nada más entrar, me gustó (risas). Además de por el espacio en sí, por el propietario, que era una persona muy abierta a escuchar nuevas iniciativas.

¿Cómo fue el proceso de rehabilitación de la fábrica?

Bueno, nosotros en realidad no hicimos una rehabilitación, sino más bien una deconstrucción, un striptease. Encontramos el espacio y, al ver que tenía tantas posibilidades, vimos cómo se podría habilitar para poder rodar aquí. Ésa es nuestra mentalidad, una búsqueda contante de posibles soluciones.
Lo que hemos hecho es volver a su estructura inicial y mejorarla, pero manteniendo su carácter, queríamos que respirara el alma del espacio original. No buscábamos algo pulido e intacto, sino más bien soluciones prácticas y naturales. La estructura del espacio es preciosa y, aparte, es acogedora y tiene mucha paz. La luz, la escala… Todo hace que no te sientas presionado y se trabaje muy bien.
Lo bonito ha sido ir descubriendo cómo era el espacio al principio de los tiempos. Primero fue una industria textil, todavía están marcadas en la entrada las piedras por donde pasaban los carros. En algunas partes se perciben estructuras en medio arco. Es obvio que no todo se puede recuperar, pero hemos intentado desvelar al máximo toda la estructura original.

¿Qué es lo que más os gusta de trabajar en este proyecto?

Las sorpresas que van surgiendo. Todo nos sorprende. Además, nos montamos aquí unos desayunos que no veas… (Risas). El verdadero lujo es el tiempo.

Evolucionar o morir.

Evolucionar y disfrutar. Es como cuando has plantado muchos tomates, y te los estás comiendo. Eso es lujo. Todo lo que has trabajado, te ha ayudado.

¿Cómo veis el panorama artístico en España? ¿Y en Barcelona? ¿Consideráis que se dan las suficientes oportunidades a las promesas jóvenes emergentes?

Quique: Es evidente que ha habido una paralización. Yo lo que veo es que están empezando a moverse muchas cosas.
Oscar: A mí me da la sensación de que la gente está en cierto sentido pendiente de la ayuda para ponerse a hacer. Es un procedimiento que, para un artista, resulta un poco antinatural. El arte es una forma de expresión y no tiene que estar sujeta a directrices o subvenciones. Quizás sería más importante poner los medios y espacios para que el artista trabaje.
A nivel artístico, Barcelona está empobrecida. Hay cosas ahí abajo, hirviendo, pero falta quitarse miedos y lanzarse a la piscina.

¿Cómo seleccionáis los proyectos que entran para realizar? ¿Tenéis algún criterio en especial?

Sobre todo nos reunimos nosotros y los valoramos en función del espacio y del tiempo. Por el propio proyecto en sí, si te gusta o no.

¿Con qué proyecto os quedaríais de los que habéis realizado?

El de Damm. Fue un gustazo trabajar con Amenábar; se juntaron los planetas, todo el mundo trabajó en la misma línea, todos íbamos avanzando en la misma dirección. No era fácil porque era muy criticable, ya que es la campaña esperada de todos los veranos… Sin embargo, se creó un clima de sintonía en el que todo el mundo sumaba. Desde el conductor al director de fotografía, todo el mundo disfrutó con el rodaje. Nadie quería que se acabara. Y a pesar de ser una apuesta difícil, no pudo salir mejor. Ha sido una campaña muy valorada a nivel de medios, con una repercusión muy satisfactoria.
También hubo una anécdota interesante en el rodaje de Desigual, porque grabábamos con iPhone 6 y con aparatos y ópticas que todavía estaban en proceso de creación, con lo que tuvimos que movernos mucho para hacernos con ellos.

Habladme un poco de los proyectos que tenéis entre manos a corto plazo.

Estamos intentando poner en marcha una iniciativa de mercado de fotografía de autor. Un espacio grande donde se puedan hacer paradas, ir viendo las obras, etc.
Nuestra idea es dar apoyo a todos los fotógrafos, tanto consagrados como gente que está empezando, hacer una mezcla y remarcar que la obra puede estar ahí, que es accesible a todos. Un lugar de encuentro entre coleccionistas, galeristas, fotógrafos, etc. Un lugar donde ocurran cosas.

¿Qué sitios me recomendaríais de Poblenou?

Oscar: A mí un sitio que me hace gracia es un local que lleva un francés muy peculiar. Hace cosas muy dispares: fiestas, muebles… Se llama Adicto a la Vida, y él mismo es un entusiasta de la vida, por eso me gusta.
Quique: A mí me gusta un sitio de toda la vida para ir a tomar el aperitivo que se llama Me lo Como. Y una bodega que está cerca de nuestro espacio, que es uno de esos sitios de los de verdad, donde te tomas unos bodegones.

TEXTO
LUCÍA PADRÓ
FOTOS
LÉA FERRATON

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