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La casualidad y la intrepidez fueron las responsables de reunir a estas dos talentosas mujeres para crear una relación artística todavía vigente y palpitante a día de hoy. Y prueba de ello son estas imágenes. La fotógrafa Rosa Copado captura la última colección de María Escoté, My Little Pony, título que hace referencia al popular juguete infantil. Hablamos con Rosa, que nos cuenta todos los detalles sobre cómo se sumerge, con total libertad, en el backstage de la diseñadora para capturar los mundos de ensueño y fantasía que evocan sus colecciones.
Cuéntanos, ¿cómo surgió esta unión con la diseñadora María Escoté? ¿Qué aspectos formales y estilísticos os unen?
Pues, volviendo la vista atrás, nos conocemos en septiembre de 2011. Yo estaba trabajando de azafata en un stand en Cibeles durante la semana de la moda, y un día decidí colarme en su desfile con mi cámara. Nunca había estado en pasarela ni había hecho nada relacionado con la moda, y me hacía una ilusión tremenda saber cómo era. Tomé algunas fotos. Al finalizar el show, y después de que los de seguridad corrieran detrás de mí un rato, volví a mi puesto de trabajo como si nada. Al llegar a casa, edité las fotos y las subí a mi Facebook. A la mañana siguiente, cuando estaba dispuesta a volver a mi puesto de trabajo en el stand de Cibeles, miro mi perfil y tenía muchísimos más "me gusta" de lo habitual. Demasiados. Entre ellos estaba el de María Escoté, y lo acompañaba con un mensaje público que decía algo así como, “quién eres y de dónde salen estas fotos. ¡Las quiero todas!” Esa misma mañana, María pasó por el stand para conocerme junto con Carlos Diez, y escribió un post en el blog que llevaba por aquel entonces en Harper’s Bazar contando nuestra historia acompañada por todas mis fotografías. El factor sorpresa fue para ambas. Desde entonces, trabajo para ella directamente en backstage y ando por allí como si de mi propio estudio se tratara. María Escoté es la protagonista de mi cuento de hadas.
Lo que más me gusta de nuestra relación artística es que nunca me ha dicho qué tengo que hacer ni qué espera de mí con las fotos de backstage. Mi estética con ella no es siempre la misma, en algunas colecciones he cortado cabezas a todas las modelos y lo he presentado todo en blanco y negro, en otras he puesto títulos y subtítulos como si fuera un cartel y escenas de algún thriller. Ambas nos divertimos trabajando, creo que esa es la clave del éxito #escotécopado.


Y en este caso, ¿qué te ha inspirado de la colección My Little Pony para el desarrollo de la idea?
La paleta de color, el cásting de las modelos... María siempre escoge alguna modelo asiática y a mí me inspiran muchísimo. Por supuesto, también el contexto en el que te introduce solo con nombrar My Little Pony: la fantasía. Aunque no he tenido nunca ningún poni, lo mejor creo que ha sido eso, la falta de referencias emocionales. Tampoco suelo ver la colección con antelación, voy completamente a ciegas, pero en esta ocasión pude asistir al fitting y de repente me encontré con una alfombra de arco-iris que adornaba todo el suelo, había ponis por todos lados acompañando las prendas, algunas de ellas todavía en el suelo envueltas por los plásticos protectores. Fue imposible no sumergirse en el mundo de los sueños y la magia. En seguida tuve claro qué quería, aunque realmente no tenía nada dibujado en mi cabeza, solo una sensación, una atmósfera que me contagió todo ese decorado. La música también juega un papel muy importante en mi forma de fotografiar, sobre todo marca el ritmo de la historia final. Soy capaz de escuchar durante cinco horas la misma canción si realmente me inspira algo interesante y me mete en una historia de la que no puedo salir hasta que termino el trabajo.
Eso es muy interesante, ¿qué tipo música te ha acompañado esta vez?
Para estas fotos sonó música tiki retro, que me encanta; la canción Just Like Honey; música china de los años '30 como Deng Zhu Ni Hui Lai, ¡esa ha sonado muchas veces! y algo de electrónica instrumental también.
¿Por qué has optado por el formato díptico? Entre eso y los puntos de vista sesgados, se crea un dinamismo muy interesante.
El díptico es un formato narrativo que recuerda a un libro abierto. Marca un ritmo y casi nos obliga a leer más que a mirar. Cada foto necesita de la de al lado para cobrar sentido. Todas esas modelos bellísimas, transformadas en ponis con un maquillaje de ensueño y vestidas como súper heroínas... Tenía los ingredientes y la necesidad de contar My Little Pony by María Escoté como si fuera un cómic o un cuento vivo dentro del mundo de la moda, lleno de personajes ficticios pero tangibles y con texturas reales.
Aunque no siempre tengo tan claras las respuestas del por qué de una fotografía concreta o la estética, simplemente siento que debe ser así. Luego, al editarlas y verlas montadas, entiendo que no podía haber sido de otro modo y que mi instinto me llevó por el camino acertado.


Vemos que mediante los encuadres has querido incidir en los colores y texturas de los materiales, más que en el corte de las piezas. ¿Por qué crees que te ha llamado más la atención este aspecto de la colección?
Entiendo que María tendrá un montón de instantáneas de los fotógrafos que hay al final de la pasarela. También cuenta con sus propias fotografías de catálogo, más las fotos de otros fotógrafos que andan por los pasillos. Al final, las fotos de backstage son para tener un recuerdo desde un lugar más íntimo y especial. Yo no sirvo para hacer fotos así porque sí, necesito contar algo, centrarme en algo. Cada uno tiene su propio estilo, y a mí me gusta mirar muy de cerca las prendas, tocarlas. Al final yo vengo de Bellas Artes y entiendo todas esas formas como si fueran pinturas. Cuando te centras en el detalle descubres abstracciones maravillosas. Pero ya te digo que soy muy cambiante, a saber por lo que me da el año que viene.
La tonalidad de las imágenes crea un aura confuso que se sitúa entre la fantasía infantil y el ambiente de fiesta. ¿Por dónde va más encaminada tu intención?
Lo siento como un perfecto cóctel entre fantasía y fiesta donde no hay hueco para el lado infantil.
Purpurina, rosa y brillante. Estos elementos, junto con toda la estética de tus fotografías y de la colección, recuerdan a la cultura japonesa Kawaii, ¿existe algún tipo de relación?
Pues casualmente ando bastante obsesionada con el color rosa y las telas brillantes, por eso me he centrado en ello, y la cultura japonesa me fascina, la asiática en general. Kawaii es una preciosa palabra del vocabulario japo que significa “bonito”, pero sobre todo tiene que ver con un modo de vida que, de alguna manera, siempre he relacionado con María Escoté. Ella tiene algo de Kawaii por sus diseños, muchas veces relacionados con el mundo infantil, los arriesgados tejidos, o las míticas frases estampadas en sus ya esperadísimas sudaderas. No era mi intención en absoluto ir por ahí, pero ahora que lo dices, puede que toda esa información pasiva esté presente de forma involuntaria.




Texto
Sara Guerrero

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