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Del diseño de moda a la ilustración, del surrealismo de Schiaparelli a la deconstrucción de Comme des Garçons, y de Barcelona a Ámsterdam, su próximo destino. En el imaginario creativo de Ricard Baldomà conviven infinidad de referencias e influencias que no atienden a un criterio único en lo que a espacio-tiempo se refiere. Abierto a la experimentación, el joven creativo, que acaba de presentar su colección Say Cheese! en la final del concurso internacional Arts of Fashion, reniega de las etiquetas y promueve una moda libre de ataduras. “Creo que en ese sector aún hay muchas posibilidades para crear y derrocar tabúes y normas estúpidas”, comenta, justo antes de poner rumbo a la capital holandesa para hacer prácticas en Iris Van Herpen.

Es evidente que la construcción del universo artístico del barcelonés Ricard Baldomà va más allá de la formación reglada y los conocimientos teóricos aprendidos en la escuela. En su discurso no dejan de aparecer títulos de películas, artistas a los que admira y diseñadores de los que bebe en su trabajo, en el que al barroquismo se encuentra con el eclecticismo partiendo de una visión humorística e irónica. “Estar anclado al presente y saber qué esta pasando creo que es importante a la hora de diseñar colecciones interesantes y que tengan algo que decir”, dice el artista multidisciplinar, para quien la ilustración y el diseño van de la mano en su proceso creativo, “ya sea en los bocetos, en la creación de prints y hasta en la representación del producto final en redes y campañas”.
Ricard, antes de adentrarnos en tu trabajo, ¿podrías presentarte a todas aquellas personas que puede que aún no te conozcan?
Me llamo Ricard Baldomà i Larrosa, soy diseñador de moda e ilustrador nacido en Barcelona y tengo veintitrés años. Mi pasión por la moda y el dibujo nace desde pequeño, de un mix de Barbies, princesas Disney, dibujos manga del Club Súper 3 como Sakura, cazadora de cartas, y las Vogue que leía en la playa con mi madre.
Acabas de graduarte en diseño de moda por LCI Barcelona, en una de las promociones más especiales de la historia reciente dadas las insólitas circunstancias propiciadas por la crisis sanitaria. ¿Qué balance haces de tu paso por la escuela? ¿Consideras imprescindible la formación reglada?
Sí, terminar la colección en las circunstancias en que nos encontramos fue todo un reto y una locura que nunca me hubiera imaginado. Sin mi paso por la escuela está claro que no estaría donde estoy ahora, a nivel de conocimientos y capacidad para trabajar. He tenido la suerte de contar con muchos profesores que nos han animado y presionado a darlo todo y trabajar al máximo, a los cuales debo dar las gracias –ellos ya sabrán quiénes son–, cosa que ha hecho que haya sido una experiencia intensa. Sin embargo, creo que hay recorrido para mejorar. La industria de la moda es cada vez más exigente y se tiene que estar al día. Respecto a la formación reglada, no necesariamente. Hay gente con mucho talento que tira adelante sus propuestas sin una formación específica de moda. Sin embargo, creo que tener una preparación, ya sea a través de algún grado o curso, aumenta las posibilidades de trabajo en el sector y facilita el desarrollo de un proyecto propio.
En tu colección final, Say Cheese!, la alegría se encuentra con la crítica en forma de reflexión sobre la sociedad actual. De la inestabilidad que padece la juventud al auge de la extrema derecha, son muchos los temas que abordas a través de la moda en este proyecto personal. ¿Qué nos puedes contar sobre esta propuesta?
Con esta colección como punto de partida, reflexioné sobre el énfasis que el ser humano pone en sí mismo y en la percepción de los demás. Partí de los retratos barrocos idealizados que se pueden comparar con las imágenes que presentamos actualmente en las redes sociales. El documental Love, Cecil sobre la vida del fotógrafo Cecil Beaton y la película Midnight in Paris me hicieron plantearme la necesidad de mirar al pasado como forma de escapismo, empezando con mi propia obsesión por lo barroco hasta el fenómeno actual del throwback, y la vuelta en muy poco tiempo de décadas pasadas cada vez más próximas. Creo que el porqué de este fenómeno ha sido el creciente malestar global y la época de gran división en la que vivimos, con situaciones como el resurgimiento de las ultraderechas y las ideologías retrógradas –Donald Trump y Vox, por ejemplo– consecuencia de las constantes crisis sociales, humanitarias y medioambientales. Yo, viviendo en Cataluña, decidí hacer hincapié en las situaciones políticas y sociales vividas recientemente, a través de guiños y detalles en la colección. Este sentimiento de inestabilidad da paso a buscar refugio en momentos idealizados que parecían mejores, y en retomar la estética que predominaba. El planteamiento final de la colección que une la parte autocrítica de abusar del pasado, utilizando de inspiración el Barroco, con la crítica del presente y la falta de visión hacia un futuro, fue el humor y la ironía. Viendo como iba el mundo,  me planteé cómo uno tenía que reaccionar y sentirse ante ello. En mi caso, las sensaciones que me vinieron fueron el ridículo, el patetismo y la ironía, utilizando el elemento de la sonrisa y una visión humorística para plasmarlo, inspirado por la obra de Yue Minjun.
Las arriesgadas combinaciones cromáticas, los volúmenes exagerados y el maximalismo en esencia son algunas de las características más notables de tu colección debut. ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Tienes algún diseñador o firma fetiche?
Mi estilo diría que es, sobre todo, barroco y ecléctico. Creo que tengo un punto de vista satírico y divertido que combina referencias históricas con reflexiones sobre el mundo actual. Estar anclado al presente y saber qué está pasando creo que es importante a la hora de diseñar colecciones interesantes y que tengan algo que decir. Diseñadores y firmas fetiche tengo muchas. Todo el trabajo de John Galliano, Jean Paul Gaultier, Christian Lacroix, Schiaparelli, Prada, Comme des Garçons, Dries Van Notten y los jóvenes Richard Queen o Stefan Cooke. Ojalá poder trabajar alguna día con alguno de ellos.
Tu propuesta fue seleccionada, junto a la de otros estudiantes de la escuela como Paola Molet, para participar en la gran final del concurso internacional Arts of Fashion, en una edición que tuvo como tema central ‘Invisibility’. ¿Qué destacarías de esta experiencia?
Lo que más destacaría de la experiencia fueron los ánimos y el empuje que me dio saber que mi trabajo había estado reconocido, especialmente en la recta final de la entrega del proyecto. También el hecho de que, desde la organización de Arts of Fashion, supieron adaptarse y encontrar una forma de presentar nuestros trabajos, aunque el Covid y las nuevas medidas pusieran obstáculos. Estoy muy agradecido. Que dos looks míos desfilasen en el Musée d’Arts Décoratifs en París también fue toda una alegría.
¿Catalogarías tu trabajo como menswear? ¿Por qué?
No lo catalogaría como menswear. Para mí, la colección puede ser llevada por cualquiera sin restricciones de género. Creo que en ese sector aún hay muchas posibilidades para crear y derrocar tabúes y normativas estúpidas. También pienso que lo que delimita las etiquetas de menswear o womenswear, ya no es tanto el diseño de la prenda en sí –que para mí no tendría un género especifico–, sino el patronaje.
Además de diseñador de moda, eres ilustrador. Y en tu perfil de Instagram encontramos dibujos de looks escogidos, de entre los presentados por marcas como Simone Rocha, Schiaparelli o Loewe. ¿Qué tienes en cuenta a la hora de seleccionar una determinada imagen o estilismo para recrearlo?
Sinceramente, me llaman la atención los looks más complicados o con mucho detalle. Soy muy fan del barroquismo y la extravagancia, y eso es lo primero que me atrae. Si tengo que ilustrar alguna cosa, mejor que sea un reto.
¿Tienes predilección por alguna de las dos facetas profesionales?
Desde pequeño, a través de la ilustración me di cuenta de mi interés por la moda. Creo que son dos profesiones que al menos en mi caso se entrelazan. Obviamente, tengo una formación en diseño de moda y no en ilustración o bellas artes, y al final mi pasión es idear conceptos y crear colecciones. Pero la ilustración siempre quedará incluida de alguna forma en mi trabajo, ya sea en los bocetos, en la creación de prints y hasta en la representación del producto final en redes y campañas.
¿Y quién es tu ilustrador/a de moda favorito?
La verdad es que tengo muchos. Uno de los que más me ha inspirado y sigo es Ignasi Monreal. Su trabajo me parece fascinante. ¡De los vídeos time-lapse de sus dibujos se puede aprender mucho! Actuales también me gusta mucho el trabajo de Yuliya Yg y Pol Anglada, y más del pasado,  el trabajo de Antonio López es todo un referente. A mí me gusta especialmente cuando personas de fuera del mundo de la moda son invitados a colaborar, como James Jean en las colecciones de Prada, o un favorito mío, la portada de Vogue US del 125 aniversario de Jennifer Lawrence pintada por John Currin.
¿Cómo es un día en tu vida desde que te levantas hasta que te acuestas? ¿De qué forma compaginas tus dos pasiones en tu vida diaria?
No sé si mi día a día es muy interesante (risas). Ha variado mucho, especialmente en la situación actual. Después de terminar la carrera me centré más en mover la colección y pensar en cómo darle visibilidad, a la vez que no paraba de enviar currículum y portfolios a todas las marcas imaginables para encontrar trabajo o unas prácticas. En ese momento de espera y tras mil mails sin respuesta, decidí centrarme un poco más en la ilustración y estuve practicando hasta que salieron oportunidades y más tarde hasta encargos. Siendo sincero, también ha habido momentos en los que he hecho muy poco por el desgaste emocional de terminar como terminamos, la dificultad de encontrar oportunidades y la situación de no mejora del Covid. Por lo tanto, mi día a día es un intento de no quedarme parado y pensar nuevos proyectos, ya sean de diseño o ilustración. Y realizarlos.
Es evidente que el futuro es incierto, más ahora en un ecosistema marcado por la inestabilidad, las prohibiciones y el temor a un posible rebrote. Pero, ¿cuáles son tus planes de futuro? ¿Dónde te gustaría verte de aquí a cinco años?
A finales de mes me traslado a Ámsterdam para hacer prácticas en Iris Van Herpen, donde espero continuar aprendiendo y crecer a nivel profesional. También me gustaría trabajar con otros equipo creativos para ver distintos estilos de trabajo. En algún momento me gustaría poner en práctica todo lo aprendido y crear mi marca. Y en un lejano futuro, liderar una marca ya establecida también me gustaría. En cinco años me gustaría tener un trabajo fijo con un sueldo digno en una marca que me guste. Al final lo que quiero es estar contento y feliz con el trabajo que haga, rodeado de gente creativa.

Texto
David Alarcón
Fotos colección

Virgilio Gomes

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