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“Me enamora la belleza del entorno, que me empuja a fotografiar el mar, el río, los campos y la montaña. Me he acostumbrado a buscar sin parar sitios que me sorprendan, siempre con una cámara en mano para poder plasmar la luz y el cromatismo de cada momento.” Así es como el fotógrafo de 26 años Lluís Tudela describe su forma de ver el mundo, y es que a pesar de su corta edad ya tiene las cosas muy claras y una visión de lo más sutil, fruto de una sensibilidad cultivada por su amor a la naturaleza. Nos reunimos con él para que nos cuente más sobre su inminente exposición en Chile, sus preocupaciones y nuevos proyectos con los que se siente especialmente emocionado.

Hola Lluís, cuéntanos, ¿cuándo empieza tu interés por lo creativo? ¿Cuándo optas por la fotografía? ¿Fue una decisión íntima o te ayudó alguien a tomarla?

Recuerdo que mi primer contacto con la fotografía se dio cuando mi madre me dejó su cámara para hacer fotos en las excursiones del cole. Yo debía de tener unos 10 años y se convirtió en una afición muy valorada. Recuerdo que la primera foto que me emocionó fue en el zoo de Barcelona. Era el retrato de un delfín en primer plano, y mi ingenuidad infantil me hizo pensar que me sonreía. Pero bueno, no era el único de la clase que hacía fotos en las salidas. Me lo tomé más en serio a partir de los 15, cuando me regalaron una Sony compacta digital. Coincidió que también me saqué el permiso de ciclomotor, y mi vida cambió. Empecé a hacer fotos a todo lo que consideraba interesante, y generé una pasión por recorrer toda la comarca del Baix Empordà en busca de sitios que me emocionaran. A veces iba con amigos, pero otras iba solo, con la única intención de hacer fotos.

¿Tu formación es académica o autodidacta?

Hice una asignatura de imagen en el Bachillerato Artístico, y un par de fotografía en la licenciatura de Comunicación Audiovisual. Todo muy básico. Así que supongo que mi formación es autodidacta, aunque debo reconocer que no soy muy bueno a nivel técnico. No me interesa demasiado la técnica, sólo la necesaria para que surja el contenido. Creo que para crear imagen es importante tener los ojos abiertos y canalizar los puntos de interés para ejecutarla.

¿Cómo te organizas el trabajo? ¿Planificas mucho las cosas o dejas espacio a la improvisación?

Siempre hago una división con lo que considero ‘trabajo’. Mi trabajo personal es hacer fotos a modo de diario, que intento exponer o publicar después. Poco a poco estoy intentando contemplar la posibilidad de hacer proyectos que vayan más allá de la foto única, ya que, respondiendo a la pregunta, trabajo mucho con la improvisación. Me gusta llevar a menudo la cámara encima y disparar. El proceso de selección para publicar o exponer siempre viene luego, cuando establezco conexiones entre las fotos que obtengo según va pasando el tiempo.
Por el contrario, también me dedico a hacer encargos. Hay algunos proyectos que requieren más preparación, por ejemplo, el reportaje que hice para ViewPoints sobre Barcelona. Me dieron ciertas premisas y tuve que organizar mi tiempo para capturar diversas situaciones lumínicas de la ciudad. Básicamente hice el trabajo de organizarme la ruta y las horas concretas para sacar fotografías que encajaran con lo que pedían. Eso sí, el proceso estaba expuesto a cambios siguiendo un poco el instinto personal.

¿Qué piensas de Internet? ¿Crees que las redes juegan a favor de los creadores?

Todos sabemos que Internet es muy poderoso. Creo que ha sido clave para nuestra generación. Me refiero a la generación que ha visto la progresión del Internet más prehistórico hasta el punto al que ha llegado ahora. Recuerdo que me hice una cuenta de Flickr en 2006, y para mí era muy importante estar conectado con toda la gente que seguía, tanto de aquí como de alrededor del mundo. Poco a poco mis fotos estaban presentes en exposiciones online, y se creaban vínculos muy fuertes con otros fotógrafos, artistas que ahora editan libros fantásticos y reciben encargos muy potentes. Creo que Flickr fue el comienzo de muchos de ellos. A mí me impresionó que se pusieran en contacto conmigo a través de la plataforma para publicar una foto mía en una guía de ocio de Berlín. Era muy joven, y de golpe se me despertó un click en la cabeza. Me ilusioné mucho con el factor online, pensando que podrían surgir posibilidades de colocar mis fotos más allá de mi canal personal. En definitiva, las redes favorecen mucho el trabajo de los creadores, dan muchas oportunidades de difusión. Eso sí, hay que saberlas controlar.

Probablemente, la mejor y más rentable inversión de futuro para un fotógrafo es ser fiel al estilo personal que le caracteriza, a sí mismo… ¿Cuál dirías que es el tuyo?

Es difícil de responder. Supongo que se mezclan intereses conceptuales con formas estéticas. Siempre intento que cada foto tenga un factor especial, que no siempre se consigue. Algo que mantenga la atención de la persona que mire la foto, ya sea el tratamiento de la composición o el mensaje que se pueda esconder. Me gusta ser sutil con lo que quiero expresar. Y, sobre todo, que cada uno extraiga lo que le apetezca.

Por edad has crecido con la fotografía digital, pero ahora mismo se vuelve a coger la cámara analógica ¿te sientes atraído por esta tendencia? ¿Qué diferencias intuyes que puedes encontrar, qué aporta a tu fotografía el proceso químico?

Yo empecé a tomar fotos con una analógica, pero cuando me lo tomé más en serio utilizaba una compacta digital, como decía antes. Valoraba mucho el poder hacer fotos de forma ilimitada. Me fue muy bien para poder aprender tanto la forma de componer la imagen como otros aspectos en relación a la mirada. Poco a poco veía qué era lo que me interesaba retratar y lo explotaba.
De golpe me apeteció dejar la cámara digital y me sumergí en el mundo analógico. Fue un nuevo comienzo. Por una parte ya tenía buena parte del trabajo hecho por los años que llevaba tomando fotos, pero me tuve que concentrar mucho en poder exponer bien la imagen. A diferencia de una cámara digital, el hecho de no poder comprobar el resultado justo al momento resultaba inquietante y tentador a la vez. Al principio tuve bastantes disgustos, pero a base de insistencia iba viendo resultados realmente convincentes. Y poco a poco probaba otras cámaras que ofrecían distintas posibilidades, sumado a la utilización de diferentes películas. En general el analógico me resulta mucho más emocionante: la luz se captura de forma especial, las texturas son muy gustosas y los colores se aproximan más a la realidad, según mi parecer. Utilizo digitales para algunos encargos que requieren más inmediatez y no demasiada presión artística.

¿Cómo te ves en un futuro, dónde te gustaría llegar? ¿Te ves con inquietud para utilizar otras técnicas, como vídeo por ejemplo?

El futuro da para pensar un buen rato. Cuando estoy optimista me veo siguiendo con lo mío, sin parar de hacer fotos. Y claro, ya por pedir, me gustaría poder vivir completamente de la imagen. Contemplo nuevos retos, proyectos que todavía no he realizado como campañas publicitarias, por ejemplo. No se me pasa por la cabeza ahora mismo, pero tal vez en un futuro pueda verme capaz de realizarlas. Y en relación a otras técnicas, sí que cabe decir que he experimentado con el vídeo. De hecho soy cámara, y he asumido cargos de director de foto en cortos y largometrajes, sobre todo en rodajes de poco presupuesto. Ahora mismo estoy pendiente del estreno de Brahman, dirigida por Marc Cuscó. Es una película experimental que rodamos entre amigos el año pasado en Monegros, fue una experiencia bastante profunda. Hice de cámara y también tomé fotos para documentar el proceso junto a otros miembros del equipo. En general fue algo muy colectivo, todos aportábamos nuestro entusiasmo. La idea es que circule por festivales en breve.

Te consideras un amante del expresionismo alemán, del realismo y el impresionismo. ¿Cómo se plasma esto en tus fotografías y tu visión?

En general bebo mucho de los movimientos artísticos. Me gusta que mis fotos tengan un aire plástico. Esto se debe en buena parte a la utilización de cámaras analógicas, que dan más textura y cromatismo a la imagen, puedo jugar mucho con la exposición de una foto. Y sobre todo menciono estos movimientos por la conexión que hay entre su imaginario y el que acabo creando yo mismo. Por ejemplo, me encanta rescatar del expresionismo alemán esas imágenes donde se plasman contrastes entre luz y oscuridad, lo tenebroso y lo armónico… Lo mismo digo del impresionismo. Se puede vincular perfectamente a la fotografía por la inmediatez que produce la máquina. Me encanta captar situaciones momentáneas. Y el realismo va directamente vinculado a la fotografía. Siempre intento buscar la verdad, me gustan las escenas donde se muestre lo real. Eso en mi trabajo personal, claro. De todas formas, esto son valoraciones que hago posteriormente, aspectos que tengo interiorizados y que en el momento de hacer fotos no están muy presentes.

Uno de tus proyectos más cercanos es la exposición Baix Ter que inauguras en Chile el día 29 de agosto. ¿Qué nos puedes contar sobre ella? ¿Cómo surgió el proyecto?

Exacto. Se hace en el Estudio Ñ de Valdivia, y está comisariada por Orlando Rojas. Esta exposición me hace mucha ilusión porque es la primera individual que hago. El proyecto surgió a través de Internet –lo que contaba anteriormente, Internet equivale a oportunidades. Hace un tiempo que tengo a Orlando agregado en Facebook y vi que trabajaba de comisario en la galería. Un día colgó un post anunciando que buscaban proyectos para exponer y decidí presentarme. Baix Ter recoge una selección de fotografías hechas entre 2012 y 2014 por los alrededores de mi pueblo natal. Es una serie que se compone de retratos, paisajes y algún bodegón. Escogí las fotos en relación al sentimiento que tengo cada vez que vuelvo al pueblo después de pasar largas temporadas en Barcelona, que es donde vivo. La trama argumental del proyecto surgió a raíz de un texto que el comisario me pidió que escribiera. Él me dijo que redactara de forma libre sobre mis intereses y mi relación con la fotografía. De ahí pudo extraer el mensaje latente, que es este sentimiento nostálgico que tengo en relación a la tierra que me hace sentir libre. Las fotos muestran situaciones con amigos, momentos de intimidad o lugares que frecuento bastante en distintas estaciones del año.

Como comentas, este proyecto es tu primera exposición individual, pero ya has podido exponer tus obras en galerías de París o Londres. ¿Cuál es hasta el momento el highlight de tu carrera y por qué?

Exponer en París me hizo gracia porque mis fotos formaban parte de un show navideño en una galería que me gusta mucho, la Düo Gallery. No pude asistir pero vi fotos, y quedó bastante bien. En relación al highlight… No lo sé. Supongo que todo lo que he hecho hasta ahora me aporta entusiasmo para seguir adelante. Publicar en una revista online me hace ilusión, al igual que tener un encargo interesante. Podría decir que resultó emocionante formar parte del anuario de If You Leave en 2012. No había publicado nunca con una editorial seria, y de golpe aparecer en un libro con fotógrafos como Ren Hang o Lukasz Wierzbowski era bonito.

Aparte de tu exposición en Chile, ¿en qué otros proyectos estas trabajando y nos puedes adelantar?

Ahora estoy a la espera que se acabe de editar un libro con la editorial inglesa Sunday Mornings at the River. Empezamos a trabajar en enero, y es un proceso lento. Cada dos por tres hay cambios, y mi libro no es el único de la editorial. Así que estamos viendo el momento de finalizarlo, y poderlo presentar tanto en Barcelona como en Londres. También estoy comenzando a plantear la próxima exposición, que tendrá lugar en Madrid.

TEXTO
DAVID FERNÁNDEZ

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