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Para Iván Forcadell cualquier material es bueno. Le gusta experimentar con ellos y siempre dice que “mientras manche o dé volumen todo es válido”. Le gusta salir de su zona de confort y arriesgarse; pero no te líes, los conceptos los tiene muy claros, hay ideas detrás y, sobre todo, hay un mensaje que se nutre de una búsqueda exhaustiva, casi obsesiva.

Y es que este artista se empapa de todo lo que le interesa y lo transforma en arte, en una forma de vida. Puede pasarse horas en el estudio, fumándose un pitillo, pensando, simplemente andando de aquí para allá. Para él el arte no es un mero complemento ni un hobby. El arte es su vida y quizás por eso hasta se atreve a reflexionar sobre él y a hacer unas pinceladas sobre un nuevo concepto al que llama Pop Brut. Hoy hablamos con él sobre su obsesión por acumular, cómo lo hace para seguir retándose a sí mismo, y qué espera del futuro.

Color, experimentación y un rollo muy kitsch. Pero ¿quién es Iván Forcadell?
Soy Iván Forcadell, nací en Alcanar, un pueblo muy pequeño del sur de Cataluña –mucha gente no sabe ni dónde se encuentra. A los trece años una enfermedad me dejó en silla de ruedas una temporada y a partir de ahí empecé a crear. Desde ese momento, y como soy muy obsesivo, acabé transformando ese trabajo en una forma de vida. Creo todos los días me encierro en mi estudio y puedo estar hasta diecinueve horas allí, sin ver a nadie, simplemente creando y con mis paranoias.
Desde un aspecto académico he estudiado Diseño en Eina, y también he hecho cosas de marketing porque me ha interesado mucho, pero en realidad tampoco creo en los estudios como tal, simplemente voy informándome de las cosas que me interesan. ¿Que me interesa la arquitectura? Pues me informo y me empapo. ¿Que me interesa la elaboración de magdalenas? Pues me busco cuatrocientos posts sobre magdalenas y pruebo, y pruebo, y pruebo. Podría decirse que soy anti-escuela porque creo que, al final, lo que hace es prostituirte. Aunque sirva como base, como hilo conductor, al final uno tiene que ser libre.
Ahora mismo estás totalmente metido en Yellows, una oda a Los Simpson, para muchos uno de los grandes regalos de la era o, al menos, uno de sus máximos exponentes. ¿Qué te atrae de ellos?
Los Simpson representan una era y quizás por eso, en un principio, decidí no sacar la colección hasta que se acabara la serie. ¿Por qué? Yo creo que es la serie que más gente del mundo conoce. Por ejemplo, mi abuela de noventa años, que no veía la tele, decía: “¡Ya están los muñecos estos amarillos dando por saco!” Y de aquí viene el nombre Yellows. Lo que me interesa es saber qué ha pasado porque, para empezar, salieron en un momento de cambio en el país –no solo aquí, sino también a nivel mundial.
No hay que obviar que las cosas importantes de una familia pasan en las comidas y en las cenas, que es justo cuando veíamos Los Simpson, así que ellos han estado siempre allí, de fondo. Han sido quienes te han acompañado durante todos esos momentos. Además, el mundo jamás se cansa de verlos. ¿Cuántas personas hemos visto un capítulo cien veces y sigue siendo tan bueno como la primera? Para mí Los Simpson no son solo dibujos animados, son mi infancia y mi adolescencia –y la de mucha gente. Me gusta dirigir mi trabajo hacia las personas a las que les gusta el arte y les interesa saber hacia dónde va el mundo, y creo que eso también se percibe muy bien en mis exposiciones. Porque al final puedes ir a ver una follada mental que, aunque pueda tener un concepto súper interesante, a nivel visual tampoco te choque. Pues, ¿qué quieres que te diga?
¿Con qué te identificas más, con el Sr. Burns, con el pez de tres ojos o con el fantástico Ralph?
Sorprendentemente has escogido tres personajes con los que me siento bastante identificado. Tengo una parte de señor Burns, digamos que un veintidós por ciento. Tiene ciertas características con las que me siento identificado, aunque también me siento perfectamente un veintiocho por ciento como el pez de tres ojos porque es raro de cojones y va a su bola. Pero es que la otra mitad de mí es Ralph. Soy Ralph, pero uno con esquejes de los otros dos personajes que acabamos de comentar, porque es un niño diferente y, bueno, soy así. ¡Yo me llamo Iván!

Mucha gente puede sentirse reacia a lo naif, a lo kitsch, a ese amor por la tantas veces banalizada cultura de masas. ¿Por qué tú no escondes tu pasión por la cultura popular?
¿Para qué vamos esconder que la gente caga? Es lo mismo. De hecho, estoy en el pueblo encerrado en mi cueva porque hace tiempo que estoy escribiendo una especie de pauta sobre un concepto artístico que creo que compartimos muchos artistas de nuestra generación. Igual es una auténtica locura definirlo yo mismo, pero me atrevo a llamarlo ‘Pop Brut’. El concepto sería una mezcla entre Pop Art y Art Brut, ‘pop’ más por el concepto, por las figuras que se usan, y lo popular; y ‘brut’ porque es un arte no académico, un arte que es incluso sucio en su propia esencia.
No lo es solo por la forma en que se ha hecho sino también por el momento en el que nos encontramos: la cúspide del capitalismo, un capitalismo feo, degradado y gris. Nos encontramos en un momento en el que la alta costura se copia entre sí, en el que marcas como Zara, por ejemplo, sacan nueve millones y medio de colecciones por temporada y ocho millones y medio son la misma mierda con un toque diferente. Ay, pues mira chica, soy atrevida y en vez de un punto le meto media raya. A ver guapa, relájate. Podríamos sintetizar que el ‘brut’ viene debido a eso, representa una sociedad en la que la base es la copia y el plagio, queramos o no.
Tu obra está llena de color, textura y motivos aparentemente sin sentido. Un batiburrillo de formas, conceptos y personajes, un revoltijo de ideas que, aunque puedan parecer excéntricas, se nos hacen muy familiares. ¿Cómo definirías tu identidad como artista?
Yo resaltaría dos factores en mi obra. Por un lado, el conceptual, y por el otro, el pictórico. En el pictórico y visual encontramos lo que a mí me gusta llamar ‘pecks’, que son como la trama de pelos que siempre acompañan a la obra. Me gusta pensar que se pueden crear obras importantes a través de lo más sencillo que uno aprende cuando empieza a pintar, que son la línea y el dibujo. Por otro lado también resaltaría el uso de muchos colores, posiblemente porque he tenido una infancia un poco oscura y tengo la necesidad de crearle buen rollo a la gente. En cuanto al nivel conceptual ya hay más paranoias, auténticas folladas mentales y tal. Y eso es lo que busco, es decir, todo tiene un sentido –pero es un sentido muy de loca.
¿Es un caos controlado?
Obviamente. Es un caos controlado, yo soy un caos controlado. Te pondré un ejemplo muy sencillo: mi armario; bueno, quien dice armario, dice cosa cuadrada con puertas llena de estampados, es decir, toda mi ropa es estampada porque me parece muy cachondo combinar ropa estampada, y si no combinan, mira, cariño, a mí me comes el coño pero aquí combino lo que yo quiera porque la moda no existe. Es como una fashion week, lo que menos importa de una fashion week es la propia moda, es todo un puto circo en el cual las cuatro pijas de charca abren el armario y se ponen todo lo que encuentran. ¿Y esto es cool? No, cariño, cool es lo que tú quieras, que nadie te mande, no manda la tendencia, si a ti te apetece llevar pitillos cuando ahora se lleva la campana pues, chica, como si quieres ir en bragas. Y bueno, sí, es un caos controlado.

“Podría decirse que soy anti-escuela porque creo que, al final, lo que hace es prostituirte. Aunque sirva como base, como hilo conductor, al final uno tiene que ser libre.”
Escultura, pintura y hasta te has hecho una camiseta. No escatimas a la hora de experimentar con todo tipo de materiales y técnicas. ¿Todo vale en el universo de Iván Forcadell?
Yo siempre digo que mientras manche o dé volumen todo es válido. Encuentro muy cobarde, incluso muy mediocre, quedarte solo con un material o en tu zona de confort. Es como cuando presentas algo: si no tienes miedo, si no tienes ese puntillo de inseguridad, lo estás haciendo muy mal porque no estás innovando, te estás quedando en tu zona de confort. Y eso es una mierda.
¿Hay algún material que te haya sorprendido al utilizarlo o algún otro con el quieras experimentar y aun no hayas tenido ocasión? Y, por otro lado, ¿dirías que el material hace la obra o que es la idea la que busca herramientas para materializarse?
Los materiales van surgiendo. Hasta el momento, lo que posiblemente me haya sorprendido más ha sido pintar el capó de un Porsche. Y no porque fuese un Porsche –podría haber sido un Toyota o cualquier otra cosa– sino porque el material molaba. Cualquier material es bueno y a mí me encanta experimentar con ellos. Un buen ejemplo de ello son mis viajes. Viajo menos de lo que me gustaría porque me sale el triple de caro que a una persona ‘normal’. Empiezo a comprar cosas como si estuviese loca del coño. Hace poco me fui a Tenerife un par de días, nada, a pasear, ¡y al final tuve que comprarme dos maletas más! Mis amigos quieren que me vaya a Marrakech, pero si voy allí volveré con un contenedor. ¡Venga materiales! Casi podría decirse que tengo síndrome de Diógenes y todo, porque me gusta experimentar, me gusta estar fuera de mi zona de confort a nivel creativo.
Aunque tu obra puede parecer que nazca de un caos continuo, algo me dice que podría no ser así. ¿Cómo describirías tu día a día en el estudio? ¿Tienes alguna costumbre o manía que no puedas evitar realizar?
Tengo muchas manías, estoy puto loca. Yo creo que tengo TOC, no me extrañaría. En mi día a día hay un exceso de repeticiones y de cosas que pueden parecer muy absurdas, pero hay una que está por encima de todas y que para mí es lo más sagrado: pasearme y fumarme un pitillo por el estudio al despertarme y otro cuando me voy a dormir (al empezar y al acabar el día). Me puedo estar horas haciendo el mongolo, sin hacer nada, simplemente observando, tocando, acariciando. Me gusta mucho acariciar los cuadros –que suena como muy de depravado sexual. Pero sí, me interesa mucho interactuar en todos los sentidos.

Centrándonos más en el proceso creativo, ¿tienes algún tipo de precedente a la obra o más bien las ideas surgen sin más? ¿Viene antes el concepto, la idea final, o el material y el lienzo sobre el que vas a trabajar?
Todo está pensado. Hay un concepto detrás, muchos bocetos. Tienes la idea, tienes el mensaje y tienes un poco los elementos. Entonces me voy a la sala de la mierda y empiezo a buscar cosas, cosas que me gusten o que me atraigan para ese concepto.
Entonces, ¿huevo o gallina?
Primero es la idea y luego es la mierda. Siempre.
En tu feed de Instagram no solo vemos la evolución de Homer o un trozo de Patty y lo que podría ser Selma, también estás trabajando en una colaboración con piezas cerámicas. ¿Cuál es la intención detrás de este proyecto? Últimamente vemos mucha cerámica artesanal pero no todas tienen nariz de pene, la verdad.
He estudiado diseño pero, para empezar, cabe decir que soy un amante del campo, de los animales, y de todas estas mamarrachadas típicas de un niño de pueblo. Me he criado allí, y me gusta trabajar en lo más rural para luego llevarlo a lo más sofisticado y a la pura ciudad. Quizás por eso tengo un estudio tan grande. En las cerámicas me ayuda un ceramista que lleva trabajándola desde los catorce años, un hombre que viene de una familia que lleva cuatro generaciones trabajando con el horno. El concepto de estas piezas que estoy realizando es muy sencillo. Hay una simbología que podríamos identificar como Forcadell: que si pollas, que si pelos, que si colores, etc. Pero hay una cosa que es fundamental, y es que el arte se carga la funcionalidad.
Porque un jarrón es para llenarlo con plantas o, yo que sé, una rabada, pero en este caso yo me he encargado de que el jarrón pierda su utilidad, que pase de lo funcional a lo estético. Me gusta elevar a la categoría de arte la tradición, y sobre todo me gusta hacerlo con acabados muy sucios. De hecho, cuando termino una pieza y está muy limpia me pongo de mala hostia. Siento que la tengo que ensuciar. No me gusta lo puro y creo que si la perfección existiera estaría en el detalle, pero ese detalle tendría que ser imperfecto. La imperfección es maravillosa; solo amando las imperfecciones puedes llegar a amar todo lo que creas.

“Cuando termino una pieza y está muy limpia me pongo de mala hostia. Siento que la tengo que ensuciar.”
Aunque tu obra pueda parecer random, lo tuyo es volcarte en crear mundos enteros, transformar espacios, crear ambientes más que en hacer piezas independientes. Ejemplo de ello es Garden, un universo lleno de césped, animales y hasta un cameo de Bob Esponja. ¿Qué hay detrás de este proyecto? ¿Por qué Garden
Garden es muy sencilla. Tuvo lugar en una galería que cerró e hicimos una performance a modo de gran despedida. Creé un jardín de estética muy kitsch, y creo que la cosa más loca que hice fue instalar mil quinientos kilos de césped dentro de la galería, aunque también destacaría la piscina con penes. El resto de la instalación consistía en cuadros no muy arriesgados; no eran muy locos, sino más bien tirando a conservadores, pero, bueno, era el concepto de llevar un jardín a una galería. La idea que hay detrás es reflejar cómo el ser humano lidia con la naturaleza, y cómo lo hace para que esta encaje con lo que quiere. Por eso no se me ocurrió nada más absurdo que poner césped dentro de una casa –y, cómo no, natural. Siempre.
También llevaste a cabo el Mar de Loewe, un mural en rosa chillón con motivos inspirados en la firma y un montón de animales marinos. En este caso, podríamos hablar de street art o al menos mural. ¿Por qué Loewe y por qué este formato? ¿Cómo es el proceso creativo en un proyecto de este tipo?
El lujo me apasiona porque cuida los detalles, no porque sea caro. Cuanto más azúcar, más dulce, y cuanto más dinero tienes, más cuidas las cosas. Me gustó mucho cuando apareció JW Anderson haciendo las cosas en plan, venga este ‘desilachaíto’, pero que está más pensado que su puta madre y eso es algo que me parece muy interesante. Realicé el proyecto en este formato porque me gusta hacer murales, solo que realizo pocos. Ahora estoy empezando a moverlo más porque un mural tiene un estilo muy peculiar, muy vivo, muy fresco, muy random.
Si tienes ganas es lo mismo trabajar en veinte centímetros cuadrados que en veinte metros. Depende de las ganas que tengas, y se trata no tener miedo, porque no debería existir cuando eres creativo. En cuanto al proceso creativo, más que poner esto aquí y esto allá, me gusta empaparme antes, nutrirme. Hacer un mural es complicado y por eso estoy buscando información constantemente. En este caso la idea era hacer un mar, y como soy muy amante de los libros me tragué volúmenes de fauna marina, mitología marina, y de gilipolleces de estas varias. Entonces creé personajes en unas libretas y luego hice un esquema muy rápido sobre cómo me gustaría que fuera cada elemento. Hay una preparación antes, pero luego está la magia del directo.
¿Cómo es poder vivir de tu pasión, ser artista en la realidad actual?
Esta profesión es un arma de doble filo, que es lo mejor que te puede pasar en esta vida y lo peor. Porque jamás descansas, es 24/7 every day. No diría que es frustrante, pero jamás desconectas, o al menos yo nunca he sabido desconectar. Porque tengo pasión, jamás trabajo y siempre estoy trabajando a la vez.

Está claro que no paras, que estás a tope. ¿Algún proyecto futuro del que nos puedas hablar? ¿Dónde te ves en, digamos, tres años?
Ahora mismo estoy haciendo varios planteamientos para exposiciones así randoms. También estoy empezando a hacer muebles y acabando de escribir el libro del que antes hemos hablado. Un libro bastante peculiar sobre tips de arte y el Pop Brut o Dirty Pop. Aun así, todos los meses llegan cosas nuevas, como por ejemplo colaboraciones con marcas de ropa.
¿Nos puedes hablar un poco más del libro que estás escribiendo? ¿Por qué es importante en el marco artístico y social en el que nos encontramos?
Creo que aunque todo se pueda hacer por diversión, y aunque todos seamos artistas a los que nos gusta trabajar, nunca tenemos que olvidar una base más teórica. Al final eso es algo fundamental porque va todo ligado: la teoría, la constancia, la expresión, tu gama conceptual y tu mundo. Una buena manera de ordenar las ideas es escribiéndolas. Eso te ayuda a crear tu universo, tus principios. El libro que estoy escribiendo habla de cosas absurdas pero también de realidades del mundo del arte, como por ejemplo, el concepto de que el arte no entiende de justicia, no es justo porque es algo que no se puede juzgar. Nadie podrá decir nunca qué es el arte.
A veces la gente parece tonta perdida diciendo qué es arte y qué no. Da igual si es estético o no, si es conceptual o no, el arte es un mensaje para una época. Dentro de diez años, de veinte o de ciento cincuenta, ¿quién coño sabrá qué es? Pasa lo mismo con el arte del pasado: ¿me va a venir alguien ahora a hablar de Leonardo? ¿Tú has hablado alguna vez con él? Pues yo tampoco, porque ni con la ouija te contesta. Cada persona ha de crear su propio manual porque, aunque no lo expongas, te ayuda a tener las cosas claras.
Entonces, ¿cuál dirías que es la mentalidad de nuestro tiempo sobre la esfera del arte actual a grandes trazos? ¿Cómo lo vives desde el punto de vista de creativo? ¿Hasta dónde se puede llegar, dónde están los límites?
Yo estoy muy contento de hacer lo que hago, un contento un poco depresivo a veces, porque hay cosas que te tocan, como el tema del precio. ¡El arte es caro! Hay gente que se compraría un bolso de Gucci que cuesta tres mil euros y luego te racanea cien por un cuadro. Pues anda, chica, coges y te vas a Gucci y te compras un póster. Anda que no he mandado gente a tomar por culo por eso (risas). Creo que lo que puede hacer un creativo es casi infinito. Si mañana me dicen que quieren que haga el estilismo de una sesión, lo haré encantado. Cualquier cosa que no hayas hecho antes es lo mejor que te puede pasar porque te pone en situaciones nuevas y acabas aprendiendo. Al final la base del mundo, la base de la vida, es aprender hasta el día que desaparezcas.
Y para terminar, ¿algún consejo para los artistas de esta generación?
Curiosear y experimentar, no se puede ser cobarde en esta vida. Al final el éxito se basa en arriesgar, sea lo que sea. Todos queremos llegar a tener éxito, pero también debes saber que si quieres algo, tienes que apostarlo todo y más.

Texto
Maria García Prades

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