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Lucas Viadur, conocido como Confeti de Odio, es ese joven cantante de melena desordenada y gustos contradictorios. Toda una extraña criatura capaz de provocar lágrimas y carcajadas en una sola estrofa. Tildado de visionario por muchos y de melancólico por otros, ha logrado el aplauso unánime del público al aportar, sin pretenderlo, una visión irreverente de este 2020 gracias a su primer disco. Con un título tan mordaz como acertado, Tragedia española narra los dramas y las comedias de un joven impetuoso pero vulnerable, que ha peleado por hacerse un hueco en la industria musical, y si algo bueno tiene este año, es el poder afirmar que Lucas y Confeti lo han logrado.
Confeti de Odio parece el nombre que el Joker, el conocido archienemigo de Batman, pondría a su banda de música, ¿cómo se te ocurrió?
Se me ocurrió sin ton ni son. Fue un nombre muy idiota que se me ocurrió un día. Es como el confeti que se tira de fiesta pero dándole la vuelta y tirándolo como si fuese un gesto de odio. Un confeti de colores feos, que simbolice un enfado. La música termina sonando a eso, la melodía es muy alegre pero las letras luego muestran enfado o son duras en otros casos. Me pareció que encaja muy bien en el concepto. Los juegos agridulces me gustan mucho.
Antes de todo trabajabas como administrativo en una empresa de turismo, ¿cómo recuerdas ahora aquellos años? ¿Qué ha cambiado en ti?
No era un trabajo demasiado duro, hay gente que lo pasa mucho peor. Recuerdo esa época como muy estresante ya que debía compaginar Confeti de Odio con ese trabajo en el que sí que había algunas épocas de mucho curro. Antes no tenía un equipo como el que tengo ahora y lo hacía todo yo, organizándome como podía. Fueron 2 años en los que nunca me cogí vacaciones para dedicarlas a mí, las cogía para poder hacer conciertos.
En medio de la grabación del disco de Tragedia española me di cuenta de que ya no podía seguir haciendo las dos cosas y cuando vi que salían las cuentas, y que ya podía vivir solo de la música, decidí apostar todo en eso. Esa época la recuerdo com gris, agotadora, estaba a punto de explotar. Aún es pronto para decir en qué he cambiado. Ahora puedo dedicarme al cien por cien a todo lo que me gusta. Ahora creo que puedo dedicarle todo el tiempo que quiero a mimar mis canciones. También me genera algo de nervios ya que si ahora sale mal ya no tengo nada a lo que culpar. Hay presión pero también liberación. Si no me quedase otra volvería a lo de antes, el primer mes sería durísimo, pero por naturaleza me adapto.
¿Qué consejo darías a todos aquellos músicos que actualmente aún tiene que conformarse con un trabajo ajeno a sus inquietudes creativas?
Tampoco quiero hablar como si fuese un viejo, pero lo primero que te diría seria que hay que tener paciencia. Creo que la gente está muy ansiosa por petarlo y poder vivir ya de esto. Relax, en mi caso yo llevo 10 años haciendo canciones y ahora estoy sacando buenas por lo que estoy pudiendo vivir de ello. Escribir una buena canción requiere mucho tiempo. Si realmente te gusta esto, no lo haces por dinero, lo haces por disfrutar.
En tu disco dices: “Otra vez me veo sin saber lo que quiero”. ¿Sigues aún en ese estado emocional de confusión?
Sí, siempre. En mucho campos de mi vida no sé qué quiero hacer. La indecisión es de mis mayores torturas. Hay temporadas en las que la tengo más a flor de piel y en otras estoy más relajado, como ahora.
Hay que reconocer que Tragedia española es un disco cuyo tono es triste, casi trágico, apunta al corazón para romperlo. ¿Qué es lo que te ha llevado hasta el punto de componer algo tan afligido? ¿En qué momento Lucas Viadur perdió la alegría típica de la juventud?
Me sale bastante natural y, también, al ser una tragedia, pues tenía que ser exagerada. No me gustan las medias tintas y creo que en la música indie, género en el que se me ha etiquetado aunque no esté de acuerdo con esa etiqueta, hay muchos artistas cautos, nadie parece mojarse. Me encanta llamar la atención y cuando saqué el primer EP Llorar de fiesta, mucha gente me dijo que yo era el emo del indie y entonces dije, mira, ahora voy y lo hago a propósito. Yo no estoy siempre mal, a veces estoy melancólico y de bajón, y en esos estados es cuando me salen mis mejores canciones. Yo nunca he tenido la alegría típica de la juventud. Mi adolescencia fue más rollo todo es una mierda. Ahora me está llegando la parte buena con 26 años.
Es admirable tu capacidad de lanzar mazazos con tus letras pero con una melodía pegadiza y animada, ¿cómo logras manejar esa dualidad? ¿Es esa tu intención, abofetear a todo el que te escucha mientras baila?
Me gusta que la letra y la música tenga cosas que ver pero las separo mucho. Hago la melodía por un lado y cuando tengo que colorearla con la letra ya salen ahí los demonios. Me gusta esa mezcla, me parece gracioso. Intento que en todas las canciones haya algo positivo. Una canción feliz no creo que la haga en mi vida. Quizás sí la puedo componer para otra persona, pero creo que ni es lo que me gusta escuchar ni lo que se me da bien. Mi intención es hacer vibrar a quien me escuche, removerlos. Si una canción no tiene una frase que me da algo de vergüenza o corte pienso que no tiene chicha. Me gusta sentirme expuesto o desnudo y ver la reacción del público. Y son esas canciones las que luego más gustan.
Tu canciones Te odio, Me gustas muchísimo o El amor es un hospital en llamas muestran una visión de las relaciones sentimentales que plasmas en Tragedia española intensa, deprimente y contradictoria, ¿eso es lo que de verdad piensas del amor? ¿No hay esperanza romántica para Confeti de Odio?
No lo sé. Las analogías que hago siempre del amor son oscuras. “El amor es el ángel más violento”, es una cosa celestial, todo lo que tenemos, pero al mismo tiempo es horrible y mete mucha caña. Por mucho que te pataleen y lo hagas mal siempre, hay que darle una oportunidad. Y sí, claro que hay esperanza para Confeti de Odio, ya llegará.
Ansiedad (has vuelto a mí) es una canción que muestra de forma muy honesta lo que muchos jóvenes sienten, ya que la ansiedad es muy común hoy en día pero de la que no se habla lo suficiente. ¿Cuál es la visión de Confeti de Odio respecto a este tema? ¿Has querido con este tema darle visibilidad a este problema?
Confeti suele sacar esa parte más machacada, ya que yo soy muy ansioso y nervioso. Creo que cada vez se hacen más canciones de salud mental de una forma más explícita y es un tema que me interesa porque yo lo vivo. Ya me he acostumbrado a la rueda de la ansiedad, y la soluciono jugando a los videojuegos o escuchando música que no es mía. He querido dar visibilidad a mi propio problema pero, claro, yo no soy más especial que nadie y mis problemas los puede tener cualquiera.
En Tragedia española podemos encontrarnos tanto baladas como temas más rockeros, ¿cómo decides decantarte por un género u otro? ¿Te sientes más cómodo en alguno en especial?
Al final me gusta un poco de todo. Componiendo yo solo, lo hago en acústico y es muy fácil irte a la balada. Cuando escuché el disco pensé que había que meterle más caña para que no fuese un disco únicamente de baladas. No sé cómo haré el siguiente, pero lo que yo busco en un disco es que tenga música que me invite a bailar, pero también canciones que se escuchen en casa tranquilo, para sumergirte en una voz, en un piano. Me gusta ese equilibrio. A corto plazo me siento más cómodo con la música acústica por su forma de hacer, ya que somos la guitarra y yo, pero también me gusta la música más potente, tipo rock.
¿Podría Confeti de Odio llegar alguna vez a lanzar un disco en un tono más luminoso y optimista?
Un disco entero es mucho pedir, quizás dentro de un tiempo diga, mira, tengo treinta y pico años y estoy a gusto. Por ahora solo prometo un single.
En otras entrevistas se te ha tildado de vidente por titular tu último trabajo Tragedia española, visto lo fatídico que ha sido 2020. Recordemos esa estrofa de Todo Muere en la que decías, “Todo muere, epidemia universal”. ¿Qué nos puedes decir del próximo? O, al menos, ¿qué podemos esperar de Confeti de Odio?
No tengo ni idea. Todo eso fue la coincidencia más loca de mi vida. Nunca pienso en cosas de epidemias, la puse porque me hacia gracia. Que la primera canción que saqué del disco tuviese esa frase fue casualidad, y la gente me preguntó si lo había hecho a propósito. De todas maneras, Tragedia española habría encajado en cualquier año, siempre nos montamos una pequeña tragedia. Espero que en 2021 nos podamos ir adaptando e ir haciendo conciertos. Quiero que Tragedia española tenga un recorrido de conciertos, poder darle ese mimo en directo. El 9 de enero se presenta en Madrid. También haré más canciones y prepararé un nuevo disco para sacarlo en un par de años.
También eres parte del grupo Axolotes mexicanos, ¿qué te llevó a empezar algo en solitario? ¿Qué diferencias notas a la hora de desarrollarte artísticamente en un proyecto y en el otro
Algo me dijo que era lo que tenía que hacer. La gente a veces escucha mi disco y piensa que hay una banda detrás pero, en realidad, estoy solo yo, aunque en los conciertos lleve una banda para que toque conmigo. Quería que esto fuera algo completamente mío, el recibimiento de las primeras canciones fue muy bueno, y entonces dije que me tenía que poner en serio. Todo ha sido bastante natural. En Axolotes no tienes la carga de componer, quienes llevan el peso son Juan y Olaya. Yo las riendas las llevo en Confeti y por eso Axolotes me libera ya que es rock, diversión, y solo toco la guitarra.
Has explorado tu faceta como escritor publicando El Tejido de las cosas, ¿que te llevó a lanzarte como escritor? ¿Piensas seguir publicando novelas? ¿Podrías mencionar algún referente literario?
Siempre he querido hacerlo. Este libro lo empecé hace 2 años, lo he ido escribiendo de poco en poco, sacando tiempo de donde no lo tenía. El libro es de relatos, ese formato me ha ayudado mucho a poder comprometerme ya que soy muy nervioso y me gusta mucho cambiar. Me sentí muy cómodo haciéndolo. Ahora estoy haciendo el siguiente pero todavía no puedo desvelar nada.


Texto
Juan Martí
Fotos
Xavier Llanas y Clara Lozano

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