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“Sentir que no puedes vivir sin eso, que el arte es tu forma de vida.” Así sienten su trabajo Diana Coandă y Víctor Velasco, más conocidos como Colectivo DV. Estos artistas plásticos, residentes en Asturias, crean partiendo de la idea en papel y yendo a la realidad construida con dedicación y vocación. Consideran que en el arte no hay proyectos imposibles, solo hay que tener paciencia y saber que, si tu obra vale la pena, habrá alguien a quien le interese y que apueste por ella. 
Cada uno por separado tiene ya un camino recorrido en el mundo del arte, ¿qué os llevó a uniros como el Colectivo DV?
Diana tiene un bagaje como artista mucho más amplio. Ha expuesto en Rumanía y en Madrid, bajo un enfoque bidimensional que fue evolucionando hacia uno más minimalista, sintetizando todo lo que transmitía. En 2012 nos conocimos a través de un proyecto de arte en la calle con unos amigos. A partir de ahí empezamos a exponer abordando la instalación como base unido a la fotografía, pero no como profesionales buscando la perfección de la instantánea, sino pretendiendo generar una sensación.
En línea con lo que acabáis de comentar, soléis abarcar fotografía, escultura e instalaciones para crear vuestras obras. ¿Os da mayor libertad poder contar con diferentes manifestaciones artísticas?
Sí, te permite mucho más movimiento, así como investigar sobre todas las expresiones plásticas desde un punto de vista más libre. Es decir, un fotógrafo profesional domina la fotografía y se centra en buscar calidad fotográfica. Nosotros también, pero planteamos la composición tal cual la vemos para después fotografiarla, buscando más el impacto que pueda generar la fotografía cuando la ves y que el discurso sea lo que aparece en la fotografía. Que tenga dinamismo por encima de una calidad formal. En cuanto a las instalaciones, procuramos crear continuamente, que todo sea un conjunto. Que la pintura, la instalación y la escultura se conviertan en un site-specific. Buscamos siempre crear en línea con el concepto de lo efímero: el arte que se crea y se transforma continuamente.
Un elemento que está siempre presente en vuestras creaciones es el espectador. Creáis para que este, a través de la inmersión en la obra, pueda obtener su propia interpretación. ¿Se podría decir que es el espectador quien completa la obra?
Nos gusta que el espectador interactue, que se pueda sentir partícipe de la creación, no solo verla. Que, aunque la obra desaparezca, sea capaz de quedar en la mente. Es cierto que esa interactuación lleva un trabajo de remodelación mientras permanezca la exposición, pero no pasa nada por tocar la obra; es efímera.

Esta participación del espectador la podíamos ver en una de vuestras exposiciones del año pasado, Box Sensations, en la que individualmente se experimentaban sensaciones cotidianas. ¿Consideráis importante esta individualidad para poder sumergirse de forma pura en vuestro arte?
Este caso fue muy concreto. Se trataba de una caja totalmente oscura con una pequeña línea de luz en la que la que buscábamos que aquel que se metiese en ella pudiera sentir la realidad de una persona ciega a través de diferentes sensaciones. Aquí, la individualidad era lo ideal, aunque a veces entraban de cuatro en cuatro (risas).
No podemos obviar que sois artistas en Asturias, ¿cómo veis el panorama cultural en el Principado?
Hay muchísimo movimiento cultural pero a veces se queda un poco encerrado en sí mismo. Hay muchos –y muy buenos– artistas que aún siguen utilizando el discurso del territorio asturiano como un criterio para poder desarrollar su obra. Los diálogos artísticos que se alejen de esta tendencia de la región, tienen que ponerle más bullimiento personal para poder sacarlo fuera, porque a las instituciones a veces le cuesta aceptarlo.
Nosotros, por ejemplo, en nuestra obra no hablamos de Asturias, sino que apostamos por un discurso más universal. Ello nos permite entrar en un circuito en el que la gente se puede mover con más libertad. Si vas con un discurso afincado en tu región, sea la que sea, te lo pueden aceptar pero es más fluida la comunicación si te mueves por un terreno más universal. Lo importante es tu obra, no el lugar.
Entonces ¿hace falta irse para darse a conocer?
El artista tiene que ser pesado, debe vender su obra. Hoy en día tiene que ejercer de marchante de obra, manager, relaciones públicas… Al final hay ciudades que se te pueden llegar a quedar pequeñas. Nosotros estamos abiertos a cualquier lugar. Si surge la oportunidad de irse hay que tomarla. Buscamos un poco el reto de una ciudad más grande, con más movimiento, más sociedad. Si bien, ante todo, buscamos estar satisfechos con nuestra obra independientemente del lugar donde vivamos o expongamos.

“Buscamos siempre crear en línea con el concepto de lo efímero: el arte que se crea y se transforma continuamente.”
Actualmente tenéis dos exposiciones vigentes. Baukunst estará en Oviedo a partir de septiembre. ¿Qué inspiró esta obra?
Nos interesaban los contrastes. Baukunst recoge una parte de él, más conceptual, arquitectónica y técnica; y una parte de ella, más pictórica y curva. Jugamos con esos contrastes a través de los materiales y la representación de la propia obra, que expresa fragilidad en ese centro suspendido con técnica y a la vez la pesadez a través de las piezas de 2’07 de alto alrededor.
Por otra parte, Tránsitos estará hasta el 12 de septiembre en el Centro Niemeyer de Avilés. Esta obra, inseparable del contexto, abre una nueva visión de la ciudad a través de puertas de grandes dimensiones distribuidas por el espacio. ¿Cómo ha sido acogido este site-specific?
Un amigo, tras verla, nos dijo: “Habéis conseguido que todo lo que era odiado o mal visto de Avilés –la industria, las chimeneas– sea visto de una forma bella.” No pudimos más que decir gracias. Tránsitos tiene cierta poesía. Sin darse cuenta la gente hace un ejercicio de encuadre. Nosotros les indicamos en el suelo ciertos puntos de localización pero es el propio espectador el que decide qué y cómo ver. Cuando enmarcas algo ya tienes otra connotación y la belleza surge casi de forma mágica.
Dado que estáis en continua creación, ¿qué proyectos tenéis en mente?
Nos gustaría seguir con esta línea de calle, es decir, impactar en la naturaleza. Creemos que de este modo se puede convertir en un proyecto fotográfico que, aun efímero, pueda permanecer. Ahora queremos plantear al MUSAC una instalación que contempla cuatro coches negros totalmente compactados, elevados sobre pedestales; suspender en el centro una carrocería y acercarnos un poco al estilo american car y esa estética "ñoña” de los años ’50 en Estados Unidos. En este caso queremos intentar sacarla fuera de Asturias, moverla y probar si realmente tenemos ese impacto fuera. Pero dentro de todo lo que tenemos en mente, cada proyecto que nos planteemos tendrá que transmitir algo. Sea miedo, dolor, sensibilidad o belleza pura, queremos crear sensaciones fuertes; sensaciones que se queden en la retina del espectador.


Texto
Natasha Martín Ortiz

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