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Con una mirada conceptual, inquieta y curiosa Alicia Peiró nos traslada a una realidad extrañamente cotidiana donde el cuerpo de la mujer y los motivos naturales son una constante. Líneas y texturas, casi esculturales, cobran vida bajo su lente para relatarnos esos pequeños momentos en los que, según la artista, reside la auténtica belleza.
Para empezar, ¿quién es Alicia Peiró? Háblanos de ti.
Soy una fotógrafa de veintiséis años ubicada en Valencia (España). Estudié fotografía en mi ciudad y más tarde amplié mis estudios en Barcelona. Me considero una persona inquieta y curiosa. Trabajo tanto en digital como en analógico, sobre todo con este último formato, según lo que requiera el proyecto.
¿Cómo fueron tus inicios en la fotografía? ¿Era algo que querías hacer desde el principio?
No recuerdo el día que comenzó a apasionarme. Cuando era más pequeña me encantaban las cámaras desechables y esperar ansiosa el revelado. Esa sensación no ha desaparecido desde entonces. Mi madre también pudo influir, ya que tenemos una gran colección de fotos de nuestra infancia gracias a ella. De hecho, actualmente suelo disparar con su antigua cámara. Poder documentar todo lo que sucede a mi alrededor y almacenar infinitos recuerdos me resulta algo muy mágico.

¿Cómo definirías tu estilo?
Pese a que abarca diferentes géneros como el retrato, la naturaleza muerta, la arquitectura o el paisaje, siempre busco una atmósfera cálida y natural. Escenas de mucha luz, donde residen detalles de color y forma.
Vemos que el formato analógico es una constante en tu trabajo, tal como nos has dicho. ¿Qué crees que te aporta este formato que no te puede ofrecer el digital en tu forma de trabajar? ¿Cómo afrontas el proceso?
Cada uno me aporta cosas diferentes. El analógico es un proceso más lento, pero el resultado tiene una magia que no necesita postproducción. Sin embargo, el digital ofrece una inmediatez que se agradece en muchos trabajos.
¿Revelas tus propias imágenes?
No, ahora mismo no. Próximamente espero poder hacerlo de nuevo; el revelado es la mejor parte del proceso.

¿Cómo dirías que has llegado a desarrollar tu propio estilo, tu propia identidad?
¡Uf! Ha variado tantísimas veces… En todo momento ha caminado junto a mis intereses hasta que he dado con el actual. Conocer la visión de otros artistas y mis propias experiencias me han ayudado a abrir más la mente. Al final lo esencial es sentirse conectado con lo que uno está haciendo.
¿Cuáles dirías que son tus principales referentes? ¿Qué personas, qué ideas, que situaciones te inspiran?
El resto de disciplinas artísticas como la pintura, el cine o la arquitectura suelen ser mi fuente de inspiración. Una situación cotidiana, un libro, un viaje. En cuanto a personas que admiro en este campo podrían ser Nguan, Lena C. Emery o Martin Parr, al cual tuve la suerte de conocer en persona hace un par de años. En el terreno cinematográfico, Wes Anderson me parece un auténtico genio por su minucioso gusto estético y su tratamiento de color en toda su filmografía.
Nos comentabas que te inspiras en otras disciplinas artísticas. ¿Cómo se produce tu acercamiento a dichos artistas?
Sí, me fascinan muchas otras disciplinas, y aunque solo tenga estudios en fotografía, de manera autodidacta he aprendido de otras. Algunos los conozco desde hace tiempo y otros se han ido cruzando en mi camino. Siempre da gusto tener gente talentosa cerca.

Has trabajado con artistas y diseñadores. ¿Qué ha hecho que te decantaras hacia ese camino? ¿Alguna preferencia?
En mi vida personal he tenido la oportunidad de juntarme con artistas de otras especialidades y he terminado nutriéndome de todos ellos. Siempre me encuentro receptiva a conocer y a ampliar mis conocimientos. Si me identifico con el proyecto, ya sea pequeño o grande, acepto encantada.
¿Podrías hablarnos un poco de la dinámica en el momento de hacer alguna de tus sesiones fotográficas?
Mi metodología de trabajo suele comenzar con un amplio brainstorming seguido de la búsqueda de la localización perfecta, la compra de attrezzo –si me ocupo de la dirección creativa–, y encontrar los modelos adecuados. Reconozco que suelo darle bastantes vueltas al coco, no lo puedo evitar. Pero una vez empieza la sesión todo fluye.
¿Destacarías alguna fotografía, alguna sesión en concreto?
A día de hoy, si tuviera que elegir, sería una que tomé junto a The Nude Label, la que aparece la modelo con flores en el pecho, por todo lo que simboliza; la tengo en casa presidiendo mi salón. Sin embargo, tal y como dijo Imogen Cunningham: “¿Cuál de mis fotos es mi fotografía preferida? La que voy a hacer mañana.”

Una de tus últimas colaboraciones ha sido con la firma The Nude Label, precisamente. ¿Cómo ha sido la experiencia?
¡Genial! Todos los del equipo conectamos muchísimo, se respiraba un feeling muy guay y se reflejó en el resultado. Fue la primera sesión que disparé al retomar la analógica y significó un punto y aparte. Desde ese momento todo ha venido rodado. Si algo me encanta de la marca The Nude Label, a parte de sus prendas, es que apuestan por cuerpos naturales. Además, son muy receptivas a colaborar con fotógrafos y reflejar diferentes perspectivas. Pure Lines, tal como se llama la sesión, simboliza la figura de la mujer en su estado más puro.
Observamos en esta sesión y en muchas otras de tus fotografías una conexión muy íntima entre la modelo –el cuerpo humano– y los diferentes elementos naturales y cotidianos que forman parte del contexto. ¿Qué te lleva a buscar esa relación entre dichos elementos?
Cuando trabajo con las modelos mi mirada es muy conceptual, observo las líneas y texturas que habitan en sus cuerpos. Intento plasmarlos de forma que puedan llegar a parecer casi esculturales. Estos factores son los que me llevan a combinarlos con otros componentes como la pintura, la cerámica o la naturaleza muerta.
Como bien señalas, tus editoriales nos evocan a una realidad cotidiana en las que utilizas referencias como piezas cerámicas, naturaleza muerta y contextos naturales. ¿Nos podrías hablar un poco más de ello? ¿Qué te evocan a ti concretamente? Y, por otro lado, ¿dónde quieres trasladar al espectador, a qué situaciones, a qué paisajes? ¿Qué pretendes hacerle sentir?
Siempre intento crear una armonía entre todos ellos. Para mí la auténtica belleza reside en los elementos más cotidianos.

En varios proyectos has colaborado con la artista Cocó Fernández. ¿Cuál es tu relación con ella? ¿De qué manera conjugan vuestras creaciones o cómo se nutren una de la otra? ¿Qué os inclina a seguir con estas colaboraciones?
Somos amigas desde hace tiempo, aunque hasta el pasado año no decidimos trabajar en equipo. Al principio nos lo tomamos como un experimento, pero vimos que nacían cosas bonitas y que el feedback era muy satisfactorio. Así que de vez en cuando nos juntamos y colaboramos juntas.
¿Algún proyecto en mente?
A menudo rondan muchas ideas desordenadas por mi cabeza. Un par las llevaré a cabo muy pronto. En esta profesión, has de estar continuamente en activo. Algo que puede llegar a estresar un poco pero que disfruto mucho.
Echando la vista adelante, ¿dónde te ves dentro de tres años?
Quizá en otra ciudad, es una opción que nunca descarto. Con una cámara entre mis manos, por supuesto.

Texto
Maria García Prades

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