La poesía es quizá una de las ramas más relegadas de la literatura, casi siempre a la sombra de la prosa. Pero arrancar lo indecible de la propia oscuridad y convertirlo en materia lírica tiene un magnetismo brutal. No todos saben hacerlo. Entre quienes sí, destaca Alicia García Núñez, poeta, artista sonora, periodista y gestora cultural y de género. Acaba de presentar Yo, la noche (Bala Perdida) en la Casa Fahrenheit, acompañada por Laia López Manrique, Thaïs Cuadreny Peiro y Aïda Camprubí. Este poemario salta del silencio al ruido y vuelve; atraviesa los claroscuros de la vida y entiende el dolor no como enemigo, sino como una parte más del cuerpo.
En sus propias palabras, “una herida ilumina partes de ti que antes no existían o en las que no habías reparado. Hay que entenderla como un foco que, en un momento dado, puede cegarte, pero que al mismo tiempo revela zonas profundamente interesantes de ti misma”. Para Alicia, la nocturnidad siempre ha sido un hábitat innato. Esta conexión culminó en una epifanía al visitar el mítico club Berghain de Berlín: entrar un domingo y ver las siluetas de los cuerpos resistiendo en la pista la conmovió profundamente. Allí encontró la noche en todo su esplendor. Por eso no es de extrañar que la fuerza del techno sea la banda sonora que la acompaña al escribir sus versos.
Pero este libro está lejos de ser un mero eco melancólico. Entre sus páginas se abre un espacio crudo para expresar el deseo por la intimidad y el sentimiento embriagador del calor humano. Durante la presentación, la autora ha reconocido que en esta lectura nos toparemos con poemas “muy hot” y que no pretende huir de las escenas explícitas. ¿Por qué debería? Son una parte indivisible de la noche que ella encarna, un momento donde los cuerpos se buscan a tientas y el placer se convierte en otra forma de iluminar la herida. Meterse de lleno en Yo, la noche es como estar bailando en un club, empapado en sudor, planteándote qué haces allí a esas horas pero necesitando ir al after para prolongar esa euforia tan adictiva. 
Alicia García Núñez deja bien claro que no hace falta escapar de las sombras para encontrar respuestas. Que ya sea lidiando con tus propios pensamientos en la soledad de la madrugada o en las sábanas de algún desconocido, es precisamente en esa oscuridad donde la fisura brilla con más fuerza. Y quizá ahí reside la clave de su escritura: en la pérdida de control, en aceptar el caos y dejarse llevar. Como ella misma confiesa, “yo no tengo control del texto. De alguna manera, el día que eso ocurra me sorprenderá. Yo escribo como por un arrebato, impulsada por un alma ajena”.