Hace años que Vanesa Romero dejó de ser Raquel, la chica guapa y rubia de La que se avecina porque, aunque ese papel le abrió muchas puertas, Vanesa es mucho más que eso: ha escrito tres libros, Reflexiones de una rubia: Palabras para ser feliz sin dejar de ser tú mismo (2016), Música para Sara (2020) y A solas conmigo (2025); también hizo su debut como directora con Un día de mierda (2022) y ahora presenta Sexo a los 70, un cortometraje que, como os podéis imaginar, trata sobre el sexo a una edad avanzada y que le ha valido una nominación al Goya a Mejor cortometraje de ficción.
El cortometraje narra cómo Marga, tras ser convencida por su nieta, acude a una cita con Agapito. Y el resto, os dejamos que lo descubráis vosotros. Los diversos temas que se tratan en el corto (la sexualidad en la tercera edad, el deseo femenino, la soledad y la rutina) son un tabú en nuestra sociedad, así que nos hemos reunido con Vanesa para ponerles nombre y darles la importancia que merecen. En esta entrevista hablamos del paso de ser actriz a directora, cómo fue la construcción del personaje protagonista, los prejuicios sobre el sexo y la edad, y cómo surgió la idea de hacer Sexo a los 70.
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Para empezar, me gustaría felicitarte por la nominación al Goya a Mejor cortometraje de ficción. ¿Qué ha significado para ti este reconocimiento dentro de tu camino como directora y qué crees que dice sobre la necesidad de contar historias como Sexo a los 70?
Ha sido una noticia muy bonita para todo el equipo, un regalo enorme. Estamos felices por todo el camino que está recorriendo el corto. Creo que esta nominación dice algo muy positivo: que cada vez estamos más abiertos a mirar ciertos temas y realidades desde otro lugar.
El corto parte de una idea muy cotidiana y muy íntima, que surgió de una conversación con tu madre, pero que toca un tema social importante. ¿En qué momento sentiste que esta reflexión personal merecía convertirse en una historia cinematográfica?
Fue casi inmediato. Esa conversación me removió muchísimo porque entendí que detrás de algo aparentemente anecdótico había un universo emocional enorme. Ahí sentí que no era solo una reflexión íntima, sino algo profundamente humano y colectivo. El cine tiene esa capacidad de poner el foco en realidades o temas que normalmente permanecen invisibles.
Sexo a los 70 nombra algo que casi nunca se dice en voz alta. ¿Qué prejuicios crees que se activan automáticamente solo con leer el título?
Solo el título ya genera un pequeño cortocircuito. Activa prejuicios muy arraigados: la idea de que el deseo tiene fecha de caducidad, que la sexualidad pertenece a la juventud, o incluso que hablar de sexo en la vejez es algo incómodo, casi como si no existiera. El título, en cierto modo, ya es una declaración de intenciones.
El corto pone el foco en un tema que sigue generando incomodidad. ¿Crees que el tabú está más en el sexo o en el miedo colectivo a envejecer?
Buena pregunta. Creo que lo que realmente cuesta aceptar es el paso del tiempo porque conlleva muchas consecuencias, y una de ellas tiene que ver con la sexualidad. Tanto es así que acaba convirtiéndose en un tema tabú. El corto habla de sexualidad, sí, pero en el fondo es un alegato a la vida.
“El cine tiene esa capacidad de poner el foco en realidades o temas que normalmente permanecen invisibles.”
La película habla de deseo, pero también de soledad, rutina y la falsa creencia de que a cierta edad dejamos de sentirnos deseados. ¿Qué te interesaba más cuestionar: la sexualidad en la vejez o la forma en la que la sociedad la juzga?
Me interesaba cuestionar la mirada. Cómo juzgamos, cómo decidimos quién puede desear, quién puede sentirse atractivo o quién merece ser representado desde el deseo.
Para la gente más joven, el corto sirve para descubrir un tema en el que probablemente no piensan, pero para la gente mayor toca algo muy personal. ¿Qué te gustaría que alguien de setenta años se llevara consigo después de verlo?
Ojalá se llevara una sensación de complicidad, de sentirse visto. Que pudiera pensar, esto también habla de mí. Y, sobre todo, que conectara con la idea de que el deseo, la ilusión y la curiosidad no desaparecen, solo se transforman.
Elegiste la comedia para abordar un asunto que podría haberse tratado desde el drama. ¿Qué te permite el humor que no te permitiría otro género?
El humor abre puertas. Tiene la capacidad de quitar peso y dramatismo a ciertas situaciones, de permitirnos acercarnos a temas complejos desde un lugar más amable. Y, paradójicamente, esa ligereza muchas veces nos ayuda a entender mejor lo que estamos viendo. La comedia, en su registro, puede ser profundamente sanadora y reveladora.
El deseo femenino ha sido históricamente silenciado, y más aún a partir de cierta edad. ¿Qué te gustaría que cambiara en la forma en la que el cine mira a las mujeres mayores?
Sí, totalmente. Durante mucho tiempo se ha representado a las mujeres mayores desde un único lugar. Creo que el cine tiene una responsabilidad enorme en ampliar esa mirada y mostrar personajes femeninos más complejos, más reales y más vivos.
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Marga es un personaje que empieza contenido y acaba transformándose. ¿Cómo fue el proceso de construcción del personaje junto a Mamen García?
Fue un proceso precioso. Mamen García tiene una sensibilidad, una vis cómica y una inteligencia emocional increíbles. Construimos a Marga desde la contención, desde lo que no dice, para luego acompañar esa transformación hacia una nueva versión de sí misma.
Vienes de una larga trayectoria como actriz. ¿Cómo ha cambiado tu forma de mirar a los personajes ahora que diriges tus propias historias? ¿Por qué decidiste pasar de estar delante a detrás de la cámara?
Ser actriz me ha ayudado a analizar profundamente a los personajes. Ahora, como directora y guionista, miro el conjunto entero: la historia, el ritmo, la atmósfera emocional, el cómo y desde dónde contarla.
La gente te conoce, sobre todo, por tu papel de Raquel en La que se avecina y por otros proyectos humorísticos que has hecho. ¿Ha afectado eso a la hora de que la gente te tomara en serio como directora?
No lo sé, la verdad. Es una pregunta que no me planteo demasiado. Yo simplemente me dedico a hacer lo que sentía que necesitaba hacer: contar historias desde otro lugar.
Has sido actriz, directora y escritora, ¿qué te interesa de cada faceta y qué te gusta explorar de ti en cada una?
Cada faceta me permite explorar algo distinto. Actuar es habitar otras vidas, dirigir es construir universos, escribir es un diálogo muy íntimo contigo misma. Son lenguajes diferentes que, en el fondo, nacen del mismo impulso creativo.
Cuando no estás trabajando y creando historias, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Intento desconectar, aunque no siempre es fácil. Me gusta lo sencillo: leer, pasear, viajar, observar. Muchas ideas nacen precisamente en esos momentos en los que aparentemente no estás creando.
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