Los humanos tendemos a olvidar nuestra historia y a cometer los mismos errores una y otra vez. Por ello, la nueva película de Ulises Porra, Bajo el mismo sol, se encarga de retratar las carencias y codicias del ser humano actual en una historia ambientada en la maravillosa República Dominicana a principios del siglo XIX, durante los conflictos del colonialismo de segunda generación. Y no os dejéis llevar por los prejuicios del cine histórico convencional: una vez comienza la cinta, la distancia histórica y generacional entre los personajes principales y nuestro entorno se va desdibujando hasta reflejar claramente las flaquezas de la sociedad contemporánea. La historia se presenta de la mano de los actores David Castillo, Valentina Shen Wu y Jean Jean, este último haitiano-dominicano.
Este 19 de junio se ha estrenado oficialmente la película en los cines españoles, tras su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y su paso triunfal por el Festival de Biarritz Amérique Latine, donde obtuvo tres galardones. Un día antes de la proyección oficial en salas, tuvimos la oportunidad de conversar con Ulises Porra y con el protagonista de la película, David Castillo.
Después de todo el trabajo, la dedicación y el recorrido que ha supuesto sacar adelante este proyecto, ¿cómo estáis viviendo estos días previos al estreno?
David Castillo: En realidad, hoy tenemos el preestreno. Pero la verdad es que tengo muchas ganas de que salga ya y de que pueda disfrutarla mucha gente. Durante mucho tiempo me han preguntado cuándo salía, porque además hemos hecho varios estrenos: fuimos a Toronto y luego al Festival de Sevilla, donde ya pudimos llevar a algunos amigos. Pero tengo muchas ganas de que el público pueda verla, de que por fin puedan ir al cine, sentarse y verla en pantalla. Tengo muchos amigos que me han preguntado cuándo y dónde se puede ver, así que estoy deseando que la gente la disfrute.
Ulises Porra: En mi caso es lo mismo. Familia, amigos... Hay mucha gente que la ha visto ya por el mundo, pero aquí casi nadie. También tenemos ganas de mostrarla a la gente del equipo, porque se filmó una semana en Badalona y hay parte del equipo catalán. Para mí siempre es importante cuando el equipo ve la película. Estamos muy emocionados.
Ulises, en cierta medida, ¿te remiten estos días a las sensaciones que experimentaste en 2021 con el estreno de Carajita, o sientes que afrontas este nuevo proyecto desde un lugar diferente, con otras expectativas?
Ulises Porra: Hay una parte que sí, que es esa emoción más primaria, las ganas de compartir que todos tenemos y que, en gran parte, creo que forma parte de querer hacer cine. Pero al mismo tiempo son situaciones distintas, uno va creciendo. Mi primera película, Tigre, fue en 2017, y estamos en 2026. Son nueve años y te vas dando cuenta de que la industria cambia y de que tú cambias. Yo era muy inocente cuando empecé, muy inocente. Todavía lo soy bastante, pero un poco menos. Empiezas a escuchar cuestiones de distribuidora, de fechas y demás, que aturden un poco. Lo vives de una manera menos inocente, tal vez. Ya no es solo esa gracia infantil de decir, venga, vamos a ver toda la peli, sino que ahora te encuentras pensando: ¿y la siguiente qué? Ahora tengo en mente que debo lograr que esta película me permita hacer otra.
Hablando de Carajita, tengo entendido que dicha cinta también se rodó en el Caribe. ¿Qué es precisamente lo que te llama la atención o te mantiene unido a República Dominicana y alrededores para presentarlos como escenario de tus obras?
Ulises Porra: La primera vez que filmamos allí fue con Carajita, nuestra segunda película, que codirigimos con Silvina Schnicer, y fue una casualidad. Era una película que llegó a nosotros por encargo, de hecho. Nosotros filmábamos en Argentina y alguien vio Tigre, nuestra primera película. Fue Ulla Prida, que es productora de esta película y también de Carajita, quien tenía un primer guion de esa historia y nos invitó a hacer lo nuestro, a coger el guion y hacer la película. Lo hicimos y fue como si se me abriese un mundo increíble. Un mundo nuevo.
Dominicana me enamoró; me parece un lugar alucinante. Me impresiona que sea una mezcla de todo, un choque cultural. Está Europa, está Latinoamérica, está África, está Estados Unidos, todo metido ahí, en toda la cultura. Es como otro planeta. Y también cabe destacar que la gente es muy buena. Todos los que participaron tanto en Carajita como en Bajo el mismo sol, David también te lo podrá decir, son un equipo de gente hermosa.
En República Dominicana hay incentivos para producir, una ley de cine que debe de tener unos diez años o algo así, y desde que se promulgó se está haciendo mucho cine y muy bueno. Entonces se presentaron buenas condiciones. Yo volvería encantado. Todavía no se me ha ocurrido otra excusa. Gracias a esta misma ley se están filmando muchas películas dominicanas. Hay muchísimas personalidades reconocidas dentro del cine dominicano: para empezar, nuestro asistente de dirección, Andrés Farías, un gran director. También está Nelson Carlo de los Santos Arias, que es un grandísimo director dominicano muy reconocido, o Natalia Cabral, que es dominicana y ahora vive aquí, en Catalunya, y que también ha hecho un montón de películas muy buenas.
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Supongo que una película como esta también requiere un tiempo de profunda documentación e indagación sobre el tema. ¿Cuál fue exactamente el momento en el que te diste cuenta de que un periodo histórico como este merecía una película? ¿Fue cuando visitaste el país para rodar Carajita?
Ulises Porra: Sí. Mira, la última semana de rodaje de Carajita yo ya empezaba a tener una idea. Le dije a Mónica de Moya, la diseñadora de producción de ambas películas: Yo voy a volver aquí a filmar. Tenía esta idea antes de acabar Carajita, aunque aún fuera muy primigenia. Ni siquiera estaba el tema de la seda, imagínate. Le dije: Tengo esta idea, necesito leer historia. ¿A quién puedo leer? Entonces ella me regaló un libro de Frank Moya Pons, que es un historiador, el historiador dominicano vivo más importante. Ahí empecé. Me leí tres libros suyos y después pude hablar con él; es un tipo muy interesante.
Por otra parte, también leí otros tantos libros de historia. Todo empezó ahí, tras leer mucho justo después de Carajita. Todavía con el saborcito de la isla en la boca, iba leyendo. Una historia y unos libros apasionantes, la verdad.
Lo más admirable de Bajo el mismo sol me resultó la perspectiva innovadora desde la que se escribieron la película y cada uno de sus personajes. Trata el tema de la colonización desde un punto de vista de cierta convergencia, no desde una perspectiva tan bélica como suele mostrarse. ¿Qué fue lo que te inspiró a presentar esta nueva visión del conflicto colonial de segunda generación?
Ulises Porra: Quería hacer una película de personajes, eso lo tenía claro. Hay grandes películas de personajes hechas de época que usan la misma trampa que uso yo: te vas a la selva, a un paraje natural, y puedes hacer una época bastante barata. No estás en una ciudad. Me interesaba encontrar ese enclave natural e histórico y esas contradicciones de época, pero tratar a estos tres personajes con las problemáticas que tenemos hoy. Al fin y al cabo, son tres personajes que no son de época. Sus problemáticas, sus deseos y sus faltas tienen que ver con lo que yo veo hoy en la sociedad. Y, sobre todo, el personaje de David, Lázaro. Para mí fue el que más me interesó escribir, también el más difícil de escribir y creo que el más difícil de interpretar.
Siguiendo esta línea de innovación, Lázaro, pese a ocupar una posición de cierta jerarquía racial, se aleja de la heroicidad y la superioridad que tradicionalmente han acompañado al arquetipo del explorador español. Al contrario, se presenta como un personaje profundamente humano y vulnerable ante la mirada del espectador. ¿Qué aspectos de esta figura querías cuestionar o reinterpretar a través de tu protagonista?
Ulises Porra: Así, resumido, me acuerdo de que cuando estábamos desarrollando la película y hablaba con David, yo le decía que era el anti-Fitzcarraldo o el hijo de Fitzcarraldo. Es cierto lo que dices: siempre se presentan bajo un halo de épica, de magnificencia. En este caso me interesaba algo que me parece más cercano a la historia real, que es esta cuestión de la historia dentro de la historia. Aquellos que no protagonizan los grandes libros.
La historia está hecha por gente del montón. No contada por gente del montón, pero sí hecha por gente del montón. Me interesaba poner en cuestión esa figura del indiano aventurero. Hubo algunos con grandes ideas y capaces de hacer el mal a gran escala por una causa. Y hubo otros que estaban ahí porque una corriente de sucesos los había llevado hasta allí y tenían que ver si estaban a la altura. Ese es Lázaro. Eso es lo que trabajamos con David.
David, ¿qué fue lo que más te atrajo del personaje cuando leíste el guion por primera vez? ¿Hubo algún aspecto de Lázaro que te sorprendiera o que rompiera con las expectativas que tenías sobre un personaje situado en este contexto histórico?
David Castillo: Me acuerdo de que cuando Uli me dijo que iba a hacer de Lázaro y finalmente me dio la noticia, para él era muy importante que la gente pudiera empatizar con el personaje, porque creo que lo puedes rechazar muy fácilmente. Hoy en día todos tenemos cierta sensibilidad hacia la gente involucrada en temas como el colonialismo. Para Uli era muy importante que el público empatizara, y yo lo tuve muy presente todo el rato. Quería hacer un Lázaro muy humano.
Creo que lo más humano era poder transmitir esa herencia que él lleva impuesta de todo lo que ha vivido, de lo que podría ser ese colonialismo o esos colonizadores. También me imaginaba lo que le podría haber dicho su padre y cómo él se martirizaba por no haber podido llevar a cabo esa idea de ser un ‘buen hijo’, por llevar todo el rato esa etiqueta de ser la oveja negra. Para mí, otro rasgo muy importante de Lázaro es que está todo el rato en busca del amor. Creo que los tres personajes podrían encontrarse ahí, en ese idilio, en esa selva, y quizá vivir felices, pero para él es muy importante esa falta de amor que le ha llevado hasta allí y que no sabe gestionar. Tratarlo desde ahí lo humaniza mucho y hace que la gente empatice con él.
“La historia está hecha por gente del montón. No contada por gente del montón, pero sí hecha por gente del montón. Me interesaba poner en cuestión esa figura del indiano aventurero”. Ulises Porra
Lázaro es un personaje muy profundo, que se encuentra entre distintas realidades culturales y morales. ¿Cómo trabajaste esa complejidad durante el proceso de interpretación?
David Castillo: Vivimos allí unos meses de rodaje. Fue un trance. Nos fuimos a vivir a un pueblito del interior de República Dominicana, alejados de la civilización. Un pueblo de quizás doscientos habitantes, como mucho. No teníamos señal ni nada. Allí se trabajó mucho, muchas horas, porque amanece mucho más pronto que aquí. Trabajamos de sol a sol y de lunes a sábado. Fue una especie de trance místico donde el personaje ya no se despega de ti. Pero fue muy lindo. Se creó una familia muy bonita. Con Uli siempre me llevé muy bien, y me dio permiso para jugar mucho, para probar cosas.
Ulises Porra: Sí, era también mi comodín porque yo confiaba mucho en él. Muchas veces, cuando la cosa se ponía difícil, éramos varios actores y sabía que podía apoyarme mucho en él.
David Castillo: Sí, nos entendimos muy bien. Yo también entendía a Lázaro a la perfección, así que desde el principio fue todo muy fácil. Del personaje me gustaba que podía tener un recorrido muy grande, desde que empieza la película hasta que vuelve mucho más envalentonado. Veía mucho ese arco de transformación y me parece un personaje realmente bonito.
Aparte de Lázaro, la trama avanza acompañada por otros dos personajes: Baptiste y Mei. Cada uno procede de una parte diferente del mundo, con educaciones, personalidades y valores distintos. ¿Qué representa cada una de estas dos figuras a lo largo del relato?
Ulises Porra: Tengo claro que los tres son muy distintos y que me interesaba trabajar ese contraste entre ellos, y cómo, a pesar del contraste, puede haber momentos de unión, o no. Creo que Lázaro es, de alguna manera, esa pequeña potencia humana que está sepultada bajo capas de significado: de quién es hijo, de dónde debería estar, de las ganas de ocupar un espacio para el que no está hecho. Es alguien que se está mintiendo a sí mismo y que, como él ha dicho, lo que necesita no es lo mismo que lo que quiere. Lo que necesita es dejarse vencer, o quizá dejarse abrazar. Decir: ocuparé el espacio que me toque y bajaré la cabeza. Eso seguramente le abriría las puertas al amor o a la comprensión. En lugar de eso, se empecina en ser lo que quiere, o lo que le han contado que debería querer. Ahí es donde se equivoca. Es un gran hombre equivocado.
Baptiste, por su lado, nació porque me parecía muy interesante la historia de Haití. Haití fue el primer país latinoamericano en independizarse con mucha diferencia. Para mí es un personaje muy digno. Deserta una vez que su país ya es independiente. Deserta porque es un personaje libre, que tampoco se come la cuestión militar. Se va, es un alma libre, vaga por ahí y es alguien que, al contrario que Lázaro, toma lo que quiere. Y lo que tiene para dar, lo da también. Para mí, Baptiste es la muestra de que la honestidad es un acto de generosidad y de valentía. Ser realmente honesto con uno mismo y con el resto: Baptiste es eso. Y también, de alguna manera, cae preso del amor. Su arco es ese. Él está tan dispuesto que, cuando se enamora, lo da todo y de alguna manera se vuelve preso también.
Y después Mei, que me encanta. Fue la que me disparó la pasión de la película. Tuve una primera imagen: una mujer china siendo trasladada, llegando al Caribe. Después salió el personaje de Lázaro y ahí ya me puse a escribirla, pero lo primero fue esa imagen. El personaje me encanta porque, por un lado, para mí tiene algún tipo de imposibilidad de conectar socialmente. Es el tipo de persona que no lee bien las emociones de los demás, ni las propias. No está conectada con la emotividad, sino que está concentrada en el trabajo; los otros dos le molestan. Hasta que aprende a confiar un poco en ellos, digamos. Ese es justo su arco: lo que logra aprender es a entregarse un poco, a ver a los demás.
Para ambos, una película de estas características supone enfrentarse a escenarios naturales, una ambientación histórica y una producción muy exigente. ¿Cuál fue el mayor reto durante el rodaje y qué recuerdos os lleváis de esa experiencia?
David Castillo: Fue un reto muy grande el río. Para la producción y para los actores, el río como componente natural implicaba mucho cansancio físico. Allí en Dominicana hace mucho calor, pero el río está un poco frío. Cuando llevas un rato dentro, el cambio de temperatura es muy grande. Rodamos muchas escenas en el río, con muchas cámaras, todos metidos dentro, Ulises también.
Es verdad que la corriente no era muy grande y eso a Uli le fastidió un poco, porque la primera vez que fue a ver el río estaba mucho más crecido y luego bajó. Al final, en la película dio el efecto que se buscaba. Pero es verdad que como componente fue un dolor de cabeza. También había sitios donde no hacíamos pie. Jean Jean no sabía nadar muy bien, así que había que echarle una mano. Yo incluso casi me rompí el pie allí. El fondo estaba lleno de rocas, los zapatos se nos resbalaban muchísimo...
Ulises Porra: Sí, el río fue duro y convivimos mucho con él. El problema es que escribí el guion y el río es narrativo en la película: tiene que tener cierta corriente por las cosas que pasan ahí, tiene que tener un tamaño y una sensación de espacio virgen. Cuando fuimos a localizar sabíamos que teníamos que encontrar el río. Lo primero era encontrarlo. ¿Y sabes qué? No hay ríos así en Dominicana porque todos los del perímetro de la isla son lentos, planos, parecen un lago. El agua se ve quieta porque allí todo es plano. Entonces no bajan las cosas, flotan, se quedan ahí, y los franceses se lían a hostias ahí y ahí tiene que acabar la cosa (risas). Y así varias cosas narrativas.
Después, los otros ríos más caudalosos son pequeños, no se pueden navegar. Era un río imposible. Empezamos a buscar y a buscar hasta que encontramos el único río que tenía las características del guion. Antes me pasé cinco días con las productoras, en coche, dando vueltas por la isla buscando ríos. Al quinto día fuimos al último, que yo había visto en una foto de una publicación, un libro de un fotógrafo dominicano que había fotografiado ríos de Dominicana. Encima, este río estaba en el centro de la isla, a siete u ocho horas de Santo Domingo, sin señal, todo fatal para meter a un equipo entero allí. Pero cuando fuimos y lo vimos, después de bajar por esa pista horrible durante veinte minutos, las chicas me iban mirando como diciendo: no, olvídate. Y cuando vimos el río fue como: tiene que ser aquí.
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A medida que avanza la cinta, resulta inevitable reconocer ciertos paralelismos con el mundo contemporáneo. Me gustaría que nos hablarais de ello. ¿Qué conflictos, dinámicas o reflexiones presentes en el relato creéis que siguen teniendo vigencia en nuestra sociedad actual?
Ulises Porra: Yo creo que, sobre todo, es el componente humano en contradicción con la producción. El dilema de estos tres personajes es que tienen una oportunidad delante, tanto de encontrarse como seres humanos como de tener un proyecto que puede llegar a ser próspero, y que se echa a perder por la codicia del componente humano, por no poder compartir. Me parece que esa es, básicamente, la fotografía del mundo hoy en día.
Hay cosas alucinantes al alcance de nuestras manos, a nivel tecnológico, y sin embargo las sociedades están rompiendo el componente humano. Además, nos encontramos en un resurgimiento del odio generalizado. Creo que la metáfora de la película se encuentra en que, con lo que tenemos entre las manos, estamos haciendo lo peor que podemos hacer.
David, después de haber convivido tanto tiempo con Lázaro y ahora darlo a conocer a las audiencias, ¿hay alguna reflexión o aprendizaje del personaje que te hayas llevado contigo una vez terminado el rodaje?
David Castillo: Nadar con botas no es buena idea. No meterme nunca más en un río con botas (risas). Me llevo muchas cosas de esta película, pero sobre todo mi querida familia dominicana y la experiencia. Creo que tanto Lázaro como yo acabamos enamorándonos mucho de esa isla. Yo me imagino a Lázaro quedándose allí a vivir. Fue una experiencia muy linda. El equipo también. Uli es un tío muy entregado y nos fuimos todos allí a entregarnos a la película. Fue una experiencia muy mágica, de esas cosas que voy a recordar siempre. Creo que me llevaré de Lázaro muchas imágenes, muchos recuerdos y el amor por Dominicana.
Por último, pocas personas podrán salir indiferentes tras ver una película con un contexto histórico y un discurso tan potentes como los de esta obra. Cuando lleguen los créditos finales, ¿qué preguntas, reflexiones o nuevas perspectivas os gustaría que los espectadores se llevaran consigo?
Ulises Porra: Te digo lo que a mí me gusta que me pase cuando veo una película en el cine: me gusta que me incomode y me conmueva, que me deje un poco tocado. La parte de la incomodidad es importante, que te vayas a casa sin cerrarlo del todo, que te quedes dándole vueltas. No sé si la película lo consigue, pero como hago películas que a mí me gustaría ver, supongo que va por ahí la cosa.
David Castillo: Yo espero que la gente vaya a verla al cine. Lo importante es que vayan a verla. El cine está también en un momento un poco delicado y yo estoy reivindicando películas como Bajo el mismo sol, que son diferentes y que no tienen un empuje económico detrás tan inmenso como pueden tener las grandes películas. Creo que hay que reivindicar ese hueco y que la gente tenga la oportunidad, ya no solo de ir a verla, sino de tener ganas de hacerlo.
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