Twinless ha llegado a España dentro de la programación del Americana Film Fest, que se acaba de celebrar en Barcelona, aunque también aterriza en Movistar Plus+ el 19 de marzo. La película se ha recibido con la sala llena dos días seguidos y ante un público que no ha parado de sorprenderse y también reírse. El segundo largometraje de James Sweeney, que regresa a la gran pantalla tras Straight Up (2019), es una comedia negra que se estrenó en Sundance, el festival de cine indie de referencia, donde se llevó el Premio del Público, y Dylan O’Brien, el protagonista, el merecidísimo Premio Especial del Jurado por su actuación.
Vamos con la trama, porque aunque a simple vista pueda parecer una más, no lo es. Roman (Dylan O’Brien) asiste a un grupo de autoayuda para personas que han perdido a un hermano gemelo. Allí conoce a Dennis, interpretado por el propio Sweeney, y, a pesar de ser completamente opuestos, entre ellos surge un vínculo especial. Sin embargo, a medida que avanza la historia, empezamos a ver que no todo es tan perfecto como parecía al principio. Dennis mantuvo una breve relación con Rocky, el hermano gemelo de Roman (interpretado también por O’Brien), quien murió atropellado en circunstancias tan peculiares como cómicas (pero nos ahorramos los spoilers). El problema es que Dennis no tiene ningún gemelo, pero intenta acercarse a Roman de una forma que él considera ‘natural’, movido por el recuerdo de su amor perdido. 
Marcie (Aisling Franciosi) es la aparentemente inocente compañera de trabajo de Dennis. Todo cambia cuando empieza a salir con Roman y Dennis queda desplazado, lo que despierta en ella la sospecha de que algo no encaja. Será ella quien empiece a recomponer las piezas de un puzzle que, por muchas razones, nunca termina de encajar del todo. Sweeney hace un trabajo exquisito no solo como actor, sino también como director y guionista. Aun así, gran parte del mérito recae en O’Brien, que al interpretar a dos gemelos completamente distintos consigue transmitir emociones como la ira, el dolor, la angustia, la sensibilidad o la vulnerabilidad. 
La película, aunque a veces recurre a la ironía y a algunos clichés del cine independiente norteamericano, transmite una honestidad muy profunda. Sus protagonistas se enfrentan a lo que significa perder a su otra mitad, como si una parte de ellos hubiese desaparecido para siempre. Además, juega constantemente con ese equilibrio incómodo entre el humor y el dolor, haciendo que el espectador no sepa si puede reírse o sentirse mal por hacerlo. En el fondo, es una clara exploración del duelo, del amor, de los celos y de la amistad, pero también trata las formas poco sanas en las que intentamos llenar vacíos emocionales.