A finales de febrero de 2020, Weinstein fue declarado culpable por dos de los cinco casos en los que fue acusado. La sentencia, 23 años de cárcel. Si bien el veredicto no fue tan justo como se esperaba, declarar culpable a un hombre tan poderoso como él fue un antes y un después en la industria del cine. Este caso no podía caer en el olvido, al igual que otras muchas injusticias provocadas por el abuso de poder. Por eso son tan necesarios los espacios que, ficcionados o no, nos enfaden, nos incomoden y nos despierten ese ímpetu crítico para que nada ni nadie quede impune de juicio.
Un maravilloso y ajustado ejemplo de ello es The Assistant (2019), un largometraje que ficciona el entorno profesional del ex productor con una arrolladora Julia Garner –Jane en la ficción– en primera línea de combate. Green, mediante una técnica narrativa poco usual, nos introduce en un día de trabajo a través de los ojos de Jane, su asistente. Solo sabemos lo que ella sabe, solo vemos lo que ella ve. La potencia narrativa reside justamente en estas elipses, aparentemente casuales, que se despliegan durante las doce horas de la vida laboral de Jane. El espectador y la asistente están en la misma posición de conocimiento, y a medida que avanza el filme van revelándose sutiles hechos que destapan la complicidad corporativa arraigada en la productora neoyorquina: cómo todo el mundo es conocedor de ello, pero nadie habla.
La perspicaz directora juega con una perspectiva voyeur dosificando el morbo a cuentagotas. Ante la pantalla, el espectador se encuentra en una encrucijada: querer ahondar en los detalles aún sabiendo lo que se esconde detrás. No es necesario nombrar ni mostrar la cara del magnate, la cruda y potente narrativa de la historia, junto con la franca y expresiva actuación de Garner, es suficiente para enganchar al espectador y hacer que se plantee el dilema de callar como todos los demás o jugarse su puesto de trabajo para denunciar algo que comporte alguna consecuencia para el poderoso monstruo.







