El director manchego Hugo de la Riva se estrena en el campo del largometraje documental con una película repleta de sincera ternura, recuperando la historia de Mariluz y Antonio, protagonistas de la popular canción de Víctor Manuel, para dibujar algo parecido a un corazón. Sólo pienso en ti no es una simple reconstrucción de un hito musical, sino una reflexión íntima y social sobre dos vidas que, con su existencia cotidiana, consiguieron abrir una grieta en la mirada colectiva de una sociedad que todavía estaba aprendiendo a reconocer la diversidad.
La película sitúa al espectador en los últimos años del franquismo y la transición, cuando las personas con diversidad funcional eran excluidas del espacio público. En aquel entonces, era común que muchas familias ocultaran a sus hijos por una suerte de vergüenza social, bajo la sombra de una culpa que la religión y la cultura habían sedimentado: se pensaba que Dios los había castigado. Estas personas eran maltratadas, medicalizadas y segregadas por sus propias familias y las instituciones. Ese clima es fundamental para entender el gesto de Antonio y Mariluz. No se trató solo de una historia de amor. Fue un acto político, incluso antes de que sus protagonistas pudieran nombrarlo así.
Mariluz Castro Jiménez y Miguel Antonio Roldán Molero se conocieron en la Fundación PROMI de Cabra, una organización que ofrecía un espacio de vida y trabajo a personas con discapacidad en un momento en el que muchas eran recluidas en instituciones o, cuanto menos, marginadas. Allí forjaron un vínculo afectivo que fue creciendo con naturalidad hasta llegar al deseo de casarse. Lo que hoy consideraríamos un derecho básico entonces no lo era. Antonio y Mariluz se convirtieron en la primera pareja con diversidad funcional que solicitó casarse en España, y su petición desató resistencia institucional y social.
El camino hacia el matrimonio fue difícil y estuvo lleno de incertidumbres. La Iglesia, con criterios restrictivos sobre la ‘capacidad’ de las personas con diversidad funcional para tomar decisiones afectivas y legales, tardó en conceder un permiso especial para que la boda pudiera celebrarse. En una sociedad marcada por prejuicios y por una visión limitante de la discapacidad, aquel matrimonio se transformó en un gesto que cuestionaba normas, expectativas y barreras invisibles.
Fue un reportaje de prensa sobre la intención de Antonio y Mariluz de casarse, cuando aún no habían obtenido autorización, lo que llamó la atención de Víctor Manuel en 1978 y le inspiró a escribir Sólo pienso en ti, publicada al año siguiente en el álbum Soy un corazón tendido al sol. La canción, mezcla de ternura y claridad política, tuvo una enorme repercusión y se instaló en el imaginario popular. Pero su impacto fue más allá del éxito musical: contribuyó a que la historia de la pareja se hiciera visible y ayudó a impulsar el reconocimiento social que finalmente permitió que aquel matrimonio pionero pudiera celebrarse.
El documental de De la Riva no se queda en la anécdota biográfica. Mediante materiales de archivo, entrevistas actuales y testimonios que incluyen la voz de Víctor Manuel, la película articula un relato que indaga en el potencial transformador de la música. Personalidades de la cultura y el periodismo contemporáneo contribuyen a situar la canción y la historia de Antonio y Mariluz en su contexto social, político y emocional.
El tono del film evita el sentimentalismo fácil, apostando por una mirada atenta y respetuosa hacia sus protagonistas, al combinar entrevistas, material de archivo y diferentes testimonios en un montaje cabal que entreteje la trayectoria artística de Víctor Manuel y las duras vidas de Antonio y Mariluz con el presente. El resultado es un relato que invita al espectador a cuestionar ideas y prejuicios sociales mientras sitúa la música como un hilo conductor de emociones y compromiso político, que permite reconsiderar la manera en que se percibe la discapacidad y las relaciones humanas.
Uno de los momentos más emotivos del documental tiene lugar al final: décadas después de su primera boda, Antonio y Mariluz deciden volver a casarse. Esta ceremonia, lejos de ser un simple gesto emotivo, actúa como una reparación simbólica. Donde antes hubo rechazo y control institucional, ahora hay reconocimiento comunitario. Ese segundo matrimonio funciona como un puente entre lo que fueron y lo que son, reafirmando que la historia que inspiró la canción sigue viva y vigente.
El eco de Sólo pienso en ti atraviesa toda la película y ofrece una clave para entender su impacto: una letra que repetidamente vuelve a la imagen de dos manos caminando juntas, felices en su propio jardín, se convierte en una manera de nombrar lo que la sociedad prefería no ver y, al mismo tiempo, refleja un triunfo social, la culminación de una lucha que permitió visibilizar unos derechos que habían sido negados.

