¿Qué sucede cuando alguien se aferra al clavo ardiendo de la creación artística contra todo fracaso? Una irrepetible tragicomedia de corazón noble capaz de reconciliar a la taquilla con la crítica colombiana. Un poeta, el segundo y más personal largometraje de Simón Mesa Soto, llega esta semana a las salas españolas tras ganar en San Sebastián, Cannes y su reciente nominación al Goya a mejor película iberoamericana.
El director colombiano se rasga las vestiduras con un guion que hace malabares entre el drama y la sátira. Una película hilarante y amarga que consigue, como pocas, elevarse a la altura de clásico contemporáneo. En él seguimos a un miserable soñador, interpretado por un unívoco Ubeimar Ríos, que da tumbos por la ciudad de Medellín hasta dar con Yurlady, una joven estudiante y diamante en bruto de la poesía.
¿Cómo ha sido enseñar la película en su lugar de origen?
Bastante ocupado. La película ha tenido un viaje bellísimo de cara a la audiencia. En Colombia fue una experiencia hermosa e hicimos un trabajo de promoción bastante fuerte. Queríamos que la película llegase al mayor número de personas posibles. Fue como reconectar el cine colombiano con su audiencia en las salas de cine colombianas, que está un poco perdida.
¿Cuándo empieza a emerger la historia de Un poeta?
Fue en 2020. Al terminar mi primera película estaba exhausto. Amparo me había drenado toda la energía. Yo soy director, productor y guionista de mis películas, lo cual es un trabajo bastante grande. Entonces tuve un momento de crisis, de frustración y de pensar dejar atrás este sueño o esta obsesión compulsiva de hacer cine. Esos dilemas que me encontré en el camino me hicieron pensar en retratar la frustración, poniéndome a mí como personaje que se enfrenta a un dilema. A través de eso, retratar todas mis angustias y reflexiones sobre la creación artística en Medellín, mi ciudad.
Estas frustraciones las abordas desde la comedia, el drama y también desde la sátira. De hecho, hablas sobre los hombres que componen las élites de la alta cultura. Un mundo donde, como bien aparece en la película, los hombres se miden los penes en los baños.
Nos medimos. Claro, eso es lo que usualmente hacemos. También era esto, retratarme como hombre: ¿Qué soy? ¿Qué vicios tengo? ¿Qué dilemas tengo? ¿Qué virtudes tengo? Preguntarme también cómo hago cine, cuáles son las implicaciones morales y éticas de hacer una película en Colombia. Las implicaciones de tocar temas sociales y políticos. Me interesaba ponernos un espejo.
En Colombia es muy habitual hacer cine con actores no profesionales sobre temas sociales. Ponerle una cámara delante a una persona hace que se convierta en su propia obra. Eso tiene unas implicaciones. Puede ser incómodo. Por ello, cuando decidí voltear la cámara hacia mí, hacia el que crea arte, generé otra incomodidad. En la película hay mucha gente que se ve aludida y eso choca, sabíamos que podía suceder. Sobre todo cuando no aceptas reírte de ti mismo. Por eso también es comedia, porque ese tono permite jugar y tocar todo sin restricciones, a pesar de que a mucha gente pueda no gustarle.
En Colombia es muy habitual hacer cine con actores no profesionales sobre temas sociales. Ponerle una cámara delante a una persona hace que se convierta en su propia obra. Eso tiene unas implicaciones. Puede ser incómodo. Por ello, cuando decidí voltear la cámara hacia mí, hacia el que crea arte, generé otra incomodidad. En la película hay mucha gente que se ve aludida y eso choca, sabíamos que podía suceder. Sobre todo cuando no aceptas reírte de ti mismo. Por eso también es comedia, porque ese tono permite jugar y tocar todo sin restricciones, a pesar de que a mucha gente pueda no gustarle.
“Tuve un momento de crisis, de frustración y de pensar dejar atrás este sueño o esta obsesión compulsiva de hacer cine. Esos dilemas me hicieron pensar en retratar la frustración, poniéndome a mí como personaje.”
De hecho, cuando la historia baja a la tierra al personaje de Oscar, el poeta, también nos baja a nosotros. Nos lanza la pregunta de ¿quién se puede permitir el lujo de pensar en algo tan lejano y abstracto como esto de la creación artística?
En realidad, eso somos las personas que hacemos arte: obsesivos con la creación artística. Oscar es la versión exacerbada de la creación artística, del Oscar que tenemos dentro, obsesivo, compulsivo con la creación, con el hecho de hacer. Para mí era más que natural, era orgánico hacer a este personaje. Empatizo con él y debo tener fe en él.
¿Cómo fue el proceso de creación del personaje junto al actor protagonista, Ubeimar?
Es una película fuertemente ceñida al guion. Era lo que más me interesaba, tener muy definido al personaje, sus dilemas y su estructura. Evidentemente Ubeimar llega y entrega otras cosas que no estaban en el guion y que son enormes. No transforma el personaje desde adentro, no transforma en gran medida lo que sucede, pero sí al personaje desde fuera. Es decir, su forma de ser, su forma de hablar, su forma de gritar. Todas esas particularidades que tiene Ubeimar en su forma de ser él se las entrega al personaje. Crea a un personaje supremamente particular. Cómico, empático, que la gente ama. En el guion la gente no amaba tanto a Oscar. Además, Ubeimar se entregó totalmente a la actuación y a ese trabajo en una preparación de dos meses. Para entender al personaje y entender el oficio de la actuación en el cine.
¿Qué es lo que viste en Ubeimar que le hizo sobresalir por encima del resto?
Pues lo que se ve en la película. Es la misma reacción que puede tener cualquiera que vea a Ubeimar y diga, es increíble. Es único e irrepetible y entra en el personaje de una manera perfecta. Analizo mucho mis decisiones y puedo ser crítico con ellas, pero él y la forma en la que tomó el oficio de hacer la película… Es un ser increíble. Él es lo que se ve. Yo lo vi en un primer video de casting pero sigue siendo igual. Una manera muy única de ver un personaje que generaba una empatía enorme.
“Ponerle una cámara delante a una persona hace que se convierta en su propia obra. Eso tiene unas implicaciones. Puede ser incómodo.”
¿En tu vida también te has encontrado con alguien que actúe como Oscar en la película, alguien que te animase a seguir el camino del arte y del cine?
Podría ser, pero no de una forma tan fuerte. He tenido grandes profesores, no en ese sentido. Como profesor, por ejemplo, tienen mucho peso las relaciones que tengo con mis propios alumnos, a veces ves mucho talento en algunos. También se relaciona mucho con los actores de mis películas pasadas y la relación que tenía yo como director y con ellos como personajes. Pero en realidad no es algo tan personal, es una relación que ficciono para hablar de ciertas cosas.
¿Por qué escoger la poesía?
Porque me encantaba ese personaje. Porque lo veía en Medellín y me encantaba. Me parecía interesante ese ser bohemio, la oveja negra, el loquito. Y en la poesía existe, no todos los poetas son así, pero aquí existe y mucho. Creía que era más interesante retratar mis dilemas a través de un poeta.




