Y eso mismo hizo el fotógrafo y pintor Saul Leiter. “Algunos fotógrafos piensan que al tomar imágenes de la desgracia humana están abordando un problema serio. Yo no creo que la desgracia sea más profunda que la felicidad”, decía. Por eso documentó la cotidianidad de una ciudad elegante y bullente, poniéndole color a sus avenidas y a sus semáforos, a los rétulos de los restaurantes y los cafés, a los estilosos vestidos de las señoras, a su tráfico, con sus característicos taxis y sus Ford Torino. Incluso se lo puso al blanco de la nieve.
Lo que en primer lugar estuvo impulsado por un interés puramente documental acabó derivando en una exhaustiva búsqueda tras la experimentación y belleza, al brotar pronto sus influencias pictóricas. Inmortalizó de manera magistral la vibrante vida de las calles de Nueva York y sus paisajes urbanos con un lirismo que rozaba lo abstracto. Muchos planos y la mayoría contrapuestos, pasando desapercibido tras la ventana de la terraza de algún café, Leiter era un voyeur, un hombre tranquilo que prefería apodar este estilo tan suyo como “confusión placentera”. Hechicero y maestro de los disparos improvisados, afirmó que “La perfección no es algo que admire. Un toque de confusión es un ingrediente deseable.”

Sus palabras, plasmadas en las paredes de la exposición, son su declaración de intenciones: “Ver es una tarea abandonada”. Él miró por todos aquellos que no lo hacían; y lo hizo por puro placer, un interés y un talento genuino y humilde. Rehuyó la fama y la notoriedad. Tanto es así, que cuando murió, en 2013, salieron a relucir más de cuatro mil pinturas y trescientas mil fotografías y negativos que inundaban su estudio y que nunca habían visto la luz, juntamente con rodetes aún por revelar. Leiter nunca quiso ni buscó reconocimiento. Capaz de ponerlo en palabras fue Tomas Leach, director del documental que trata de la trayectoria vital de Leiter, In No Great Hurry: 13 Lessons in Life with Saul Leiter, cuando afirmó que el fotógrafo nunca fue tentado por el cebo del éxito.

Esta muestra, organizada por la Saul Leiter Foundation de Nueva York y el galerista belga Roger Szmulewicz, recoge más de ciento treinta fotografías –algunas de ellas inéditas–, que demuestran el talento que yace en lo polifacético. Nos deleita con desnudos y retratos íntimos en blanco y negro de distintas amigas y amates tomadas en la complicidad y tranquilidad de su estudio, pero también lo hace con sus características escenas neoyorquinas de cromatismo audaz y composición descentrada. Saul Leiter: In Search of Beauty nos revela todas las distintas facetas de este incansable observador que, pasando inadvertido, disparó prodigiosamente a la ciudad que nunca duerme para jamás dejarla igual. Apareció Leiter y se hizo el color.











