Cuatro años han pasado desde el inicio de la guerra en Ucrania, y en ese tiempo artistas como Roman Khimei y Yarema Malashchuk han conseguido reflexionar sobre cómo ha afectado a la vida cotidiana la invasión a gran escala del país por parte de Rusia. Hasta el 21 de junio, TBA21 propone en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Pedagogías de guerra, una exposición donde el conflicto es expuesto como espectáculo mediado por las pantallas y la tecnología actual.
La exposición reúne cuatro obras audiovisuales significativas: el encargo Open World (2025), You Shouldn’t Have to See This (2024), una obra anterior de los artistas, The Wanderer (2022), que forma parte de la Colección TBA21, y un encargo específico para el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, We Didn’t Start This War (2026). Las cuatro instalaciones audiovisuales creadas por esta dupla creativa reconfiguran cómo, tanto los ucranianos como nosotros, siendo un público externo y ajeno al conflicto, percibimos la violencia de la guerra. Esta no es nombrada ni señalada, se percibe como un ente que, conociendo su presencia, se convierte y transforma para enseñarnos la vida cotidiana y colectiva.
En palabras de la comisaria de la muestra, Chus Martínez, “La exposición puede leerse a través de la paradoja formulada por Bertolt Brecht, quien distinguía entre Erlebnis, la experiencia vivida inmediata e inmersiva, y Erfahrung, la experiencia procesada, reflexionada y transformada en conocimiento. Para Brecht, el arte no transmite directamente la experiencia vivida; la convierte en una forma de comprensión. ¿Qué tipo de conocimiento puede producir entonces el arte sobre la guerra? Una posible respuesta, explorada a lo largo de esta exposición, es que la guerra lo transforma todo de manera radical, mientras que otros aspectos se mantienen inquietantemente familiares”.
Las obras tratan de combatir los clichés de una ciudad en guerra e invitan al espectador a experimentar cómo es la cotidianeidad de otros territorios ucranianos. Por ejemplo, en la segunda videoinstalación, Open World, observamos a un joven refugiado controlando telemáticamente desde Polonia a un perro robot por la que solía ser su ciudad de la infancia. Mediante un visionado a modo de videojuego, el relato es contado a través de una doble pantalla, donde por un lado el joven en su casa controla los mandos de este robot de uso militar mientras recuerda y reflexiona sobre su pasado, y por el otro, la gran pantalla documental que recorre las ruinas de lo que queda de Kiev. Al resignificar un dispositivo diseñado para la vigilancia y la destrucción en un medio de unión y comunicación, los artistas invitan a reflexionar sobre la idea de resiliencia, el recuerdo y la posibilidad de conservar un sentido de pertenencia a pesar de la distancia.
Pedagogías de guerra reivindica la capacidad del arte para sostener una reflexión colectiva en un momento en que la violencia corre el riesgo de convertirse en un fenómeno rutinario. Las cuatro videoinstalaciones apuestan por el diálogo entre el cine y las realidades sociales contemporáneas y posibilitan un espacio desde el que reivindicar el arte como un espacio político compartido. De esta forma, TBA21 responde a este conflicto desde una posición de solidaridad, vinculando el arte con la construcción de la paz, acompañando a los artistas y reafirmando el papel de la cultura como espacio de conciencia y humanidad compartida, y especialmente, en tiempos de guerra.
La exposición Pedagogías de guerra, de Roman Khimei y Yarema Malashchuk, se puede visitar hasta el 21 de junio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Paseo del Prado, 8, Madrid.





