Del 7 al 10 de mayo, Alaior, en Menorca, no será solo un pueblo, será una galería abierta. Esa es la idea detrás de RAW Photo Fest, un nuevo festival internacional que apuesta por sacar la fotografía de los espacios habituales y mezclarla con la vida real. Durante cuatro días, las imágenes se cuelan en casas, calles, conventos y paisajes, invitando a recorrer el pueblo de otra manera, sin prisas y con más atención. Como explican desde la organización, la intención es clara: “Crear un espacio donde bajar el ritmo, mirar con más atención y reconectar con las historias”.
Detrás está The Raw Society, una comunidad fundada hace diez años por Jorge Delgado-Ureña y Christelle Enquist. Lo que empezó como una forma de apoyarse entre fotógrafos en un contexto bastante inestable ha ido creciendo hasta convertirse en una red internacional muy activa. “Lo que empezó como una búsqueda de equilibrio profesional acabó creciendo hasta convertirse en una comunidad internacional basada en la colaboración”, explican. El festival nace casi como una consecuencia lógica: “Faltaba llevar todo eso al mundo físico, crear un espacio donde encontrarnos, compartir y generar nuevas ideas cara a cara”, celebran. “No es un cambio de rumbo sino un paso lógico”.
Esa idea se nota en cómo está planteado todo. Aquí no se trata de colgar fotos y ya. El festival se construye con el propio lugar, respetando su ritmo y su identidad. Cada espacio tiene sentido con lo que se muestra. “No es un festival que llega a un lugar, sino algo que se construye desde dentro del propio territorio”, aclaran. “No se trata de colgar fotos en sitios bonitos, sino de generar una experiencia donde el entorno también forme parte de la historia”. Eso se traduce en una experiencia bastante orgánica: ves una exposición, luego te cruzas con una charla, acabas hablando con alguien en una plaza… y todo forma parte de lo mismo. Ahí es donde aparece ese equilibrio “entre lo expositivo, lo humano y lo territorial”.
El cartel mezcla nombres muy conocidos como Martin Parr, Cristina de Middel o Steve McCurry con fotógrafos emergentes. Pero no va tanto de nombres como de historias. “No queríamos imponer un tema cerrado”, explican. “El hilo común es el storytelling”. La fotografía como forma de contar historias permite que todo encaje: “Más que separar generaciones, buscamos que haya diálogo, que las historias se crucen”. Y eso hace que el programa sea variado pero tenga sentido como conjunto.
En medio de todo esto aparece CMYK, el proyecto de Victoria Gómez, que vuelve veinte años después de sus primeras ediciones en Barcelona. Su presencia tiene sentido aquí: RAW va de bajar el ritmo, y CMYK lo hace desde el papel. “Una revista es una experiencia sensorial donde interactúan cuatro de nuestros sentidos, algo que el scroll infinito de una pantalla jamás podrá replicar”, dice Gómez. “El papel tiene textura, aroma, sonido y una entidad física que invita a una lectura más pausada y consciente”. La afinidad con lo analógico es directa: “La presencia y la permanencia”.
Más que nostalgia, lo que plantea CMYK es otra forma de estar en lo cultural. “Las revistas independientes se han convertido en una elección consciente, casi un acto de resistencia”, afirma. Y también en un espacio de encuentro: “El cara a cara es vital porque humaniza el objeto”. Espacios como la Reading Room recuperan esa dimensión más social: “Ver a alguien pasar las páginas, comentarlas con el editor o con otro visitante crea una conexión orgánica que la tecnología no puede simular”. En el fondo, tanto el festival como CMYK comparten esa misma intuición: “La fotografía puede ser una forma de resistir el ruido constante”, dicen desde RAW, “una manera de parar, cuestionar y conectar mejor con la realidad”.

A Period in Time Project © Ed Kashi/VII/Redux

Laboratoria © Ana Palacios

Christelle Enquist for Biniarbolla

Folded Arms Stockport 1976 Heidi Alexander

John Stanmeyer

Roman Fox

Sage Sohier © Animals Project

UK 1970 ©️ The Anonymous Project by Lee Shulman

Victoria and Keni, Santa Paula. First Car Project. © Adali Schell
