La RAE define ‘reliquia’ como “cosa que se guarda como recuerdo, especialmente por haber pertenecido a una persona querida”; también como un “vestigio de algo pasado”. Para Pol Guasch, su último libro vendría a ser algo así, solo que las palabras, los recuerdos y las emociones plasmadas en el papel no han pertenecido a una persona querida sino que las ha inspirado. Y esa persona es su padre, del que empezó a escribir cuando se cumplieron diez años de su muerte.
“Reliquia (Anagrama, 2026) no va sobre la muerte y el suicidio sino sobre la vida. Lo único que lo articula es el suicidio y la pérdida”, explica el autor en esta entrevista, donde abordamos de todo, desde el duelo y el olvido hasta el bloqueo creativo, pasando por lo mucho que se implica él en la traducción de sus obras, su particular idea de la espiritualidad y la religión ligada a la literatura y a ‘santas’ como Clarice Lispector o Mercè Rodoreda, o por qué leer es la antítesis de scrollear.
Si en su primera novela, Napalm en el corazón (2021), era el amor romántico el protagonista y en la segunda, En las manos, el paraíso quema (2024), exploraba el vínculo de la amistad, siempre a través de la ficción, Pol ahora se atreve con un memoir donde es la relación paterno-filial la que nos guía por algunos de los recovecos más vulnerables y sensibles de su mente. “Tardé diez años en escribirlo. Lo terminé hace casi tres y lo he estado editando muchísimo, calculando muy bien qué es lo que ponía y lo que no”, nos dice sobre el proceso, que ha sido arduo y agotador hasta el hastío, según nos cuenta.

Nos reunimos por última vez en 2024, cuando presentabas En las manos, el paraíso quema. Ahora, al preparar la entrevista, me he encontrado en una tesitura muy diferente: no sabía muy bien cómo acercarme a las preguntas, hasta qué punto indagar, porque tú te abres en el libro pero eso no me da derecho a meterme en aspectos dolorosos de tu vida. ¿Cómo estás viviendo tú este proceso de presentación al mundo de algo tan íntimo?
He percibido que no estamos tan acostumbrados a leer no ficción en Catalunya y en España. La memoir es un género muy trabajado e incorporado en el sistema cultural de Francia, de Inglaterra, o de Estados Unidos, y la gente sabe leerlo y preguntar al respecto. Pero creo que aquí no. A veces, hay gente que todavía está confundida. Parece que sea una invitación a hablar de mi vida, pero no; yo he escrito un libro, lo único que ahora utilizo mi vida para hacerlo.
Hay entrevistas que son muy guays y hay otras de las cuales salgo descolocado porque no es una conversación sobre la creación del libro, sino una indagación sobre temas personales. Y yo no quiero hablar de eso, el libro ya es una elaboración. Tardé diez años en escribirlo. Lo terminé hace casi tres y lo he estado editando muchísimo, calculando muy bien qué es lo que ponía y lo que no. Así que, si no lo he querido contar ahí, no lo querré contar en una entrevista.
Hay entrevistas que son muy guays y hay otras de las cuales salgo descolocado porque no es una conversación sobre la creación del libro, sino una indagación sobre temas personales. Y yo no quiero hablar de eso, el libro ya es una elaboración. Tardé diez años en escribirlo. Lo terminé hace casi tres y lo he estado editando muchísimo, calculando muy bien qué es lo que ponía y lo que no. Así que, si no lo he querido contar ahí, no lo querré contar en una entrevista.
Tras un par de novelas de ficción, ahora presentas la memoir. ¿Cómo ha sido este cambio?
Como en los otros libros, surgió. Todo lo que he escrito ha sido algo que ha nacido, de ver que había un hilo del que debía o quería tirar. En este caso, me encuentro escribiendo unos párrafos sobre la muerte de mi padre, los escribo por primera vez y veo que ahí hay un filón y decido llegar hasta el final de esa escritura. Pero no es como que yo hubiera decidido que quería escribir un libro de no ficción o que yo tuviera ganas de escribir este libro, sino que surgió.
Nunca has escrito un diario personal, ha sido la primera vez que te acercabas a algo así. A partir de Reliquia, ¿has empezado a hacer diarios personales?
Pues mira, sí.
¿Estás journaling?
Estoy journaling. Nunca había escrito diarios aunque muchas veces lo había intentado. Desde hace un año o año y medio he empezado a hacerlo de una forma muy irregular. Me he puesto a escribir anotaciones, anotar más las lecturas que leo y cómo me impactan.
¿Cambia tu enfoque cuando escribes para ti que cuando escribes algo que sabes que en algún punto se publicará?
No. Los diarios, sin que tenga ninguna pretensión de que sean publicados, los edito también. Es decir, leo lo que he escrito y lo edito, lo corrijo, lo cambio, lo alargo, lo modifico.
“Cuando utilizas tu propia vida para escribir, después cuesta más separarte de ella. Escribir sobre uno mismo a veces genera una insistencia que puede ser un poco pesada.”
¿No crees que esto lleva a alterar tu propia memoria? Porque escribes al final del día lo que te ha pasado y lo que piensas, pero si luego lo editas y lo modificas, ya no es lo mismo.
Sí, hay esa cosa de intervenir en la memoria y también de intervenir en la propia vida. O la simulación, la falsa ilusión de que con la escritura puedes intervenir en tu propia vida, pero una falsa ilusión que después es más certera de lo que nos pensamos. Yo creo que sí, que escribiendo ciertas cosas después ocurren. No que ocurran las cosas que tú escribes, pero que a base de escribir y escribir uno va gestando. Es lo que decía Annie Ernaux, que ella no vive las cosas de verdad hasta que las escribe. Pues últimamente me ocurre esto, necesito el texto para acabar de comprender la vida. No solo la mía, sino la vida en general.
Has dicho que escribes con el cuerpo, no solo con la mente. ¿Qué sensaciones físicas han predominado mientras escribías Reliquia?
Cansancio, sobre todo hacia el final. Cansancio físico, agotamiento. Eso lo pongo en el libro, una cosa como “siento el cansancio de haber vivido toda tu vida”, toda la vida de mi padre. Como si en ocho o nueve meses de escritura yo hubiera vivido cuarenta y cuatro años. A veces cuesta salir de las cosas que piensas. Es decir, cuando utilizas tu propia vida para escribir, después cuesta más separarte de ella. A veces uno desea no estar viviendo la vida que vive, no estar pensando en las cosas que piensa. Escribir sobre uno mismo a veces genera una insistencia que puede ser un poco pesada.
El libro empieza casi con un reproche (“Habría agradecido una nota…”), pero las páginas siguientes son más un esfuerzo para entender a tu padre y también a ti mismo. Escribirlo, ¿te ha ayudado a reconciliarte con él?
Sí. Me puse a escribir este libro desde un sitio muy distanciado con la sensación que no había ningún sentimiento predominante que me lleve a la escritura más allá de la escritura misma. Es decir, no me pongo a escribir enfadado, no me pongo a escribir dubitativo, no me pongo a escribir compasivo, no me pongo a escribir irritado; no me pongo a escribir para gestionar este proceso sino porque me quiero poner a escribir. Lo único que ahora la materia es esta. Obviamente la escritura me regala cosas, pero no son las que yo iba a buscar. Creo que aquí está lo bonito, lo potente: no es que yo fuera a buscar comprensión y la encontrara, sino que fui a buscar escritura y encontré comprensión, y eso es maravilloso.
Pero eso también me había ocurrido con las otras novelas. Me ponía a escribir sobre dos amigos en un escenario un poco extraño y de repente entendía cosas sobre mis amistades, sobre cómo quiero estar en el mundo, sobre cómo me imagino la vida en los próximos años. Como me he inventado una novela, el lector piensa que solo he estado inventando cosas y ya está. Y no solo he inventado, también estas cosas me han inventado a mí. Lo único que ahora, como la materia es mi propia vida, el lector ve de forma más tangible los procesos internos que me ha generado la escritura.
Pero eso también me había ocurrido con las otras novelas. Me ponía a escribir sobre dos amigos en un escenario un poco extraño y de repente entendía cosas sobre mis amistades, sobre cómo quiero estar en el mundo, sobre cómo me imagino la vida en los próximos años. Como me he inventado una novela, el lector piensa que solo he estado inventando cosas y ya está. Y no solo he inventado, también estas cosas me han inventado a mí. Lo único que ahora, como la materia es mi propia vida, el lector ve de forma más tangible los procesos internos que me ha generado la escritura.
Hablando de amistades, tu mejor amiga es un personaje muy importante en el libro. Ella, que estuvo en todo lo que pasó hace años, ¿cómo ha vivido el proceso de Reliquia? Porque dices que le pasabas textos para que leyera e incluso editara.
Sí, de hecho encarno en esa figura de la amiga a muchísimas amigas más. No es que tenga solo una, aunque leyendo el libro lo parece, ¿no? Solo hablo de ella porque, a nivel de narrativa, para mí era importante que apareciera la amistad como una alternativa, como un descubrimiento paralelo a la pérdida de mi padre.
El libro explora la herencia involuntaria de gestos, tics, silencios. Escribir sobre ello, ¿ha sido una forma de aceptar esas partes de tu padre que viven en ti? ¿Has intentado exorcizarlas?
No. Yo creo que el libro ha servido para preguntarme, por primera vez y de manera profunda, sobre la herencia. Repaso todos esos tics y parecidos físicos que siempre me han señalado y que son más evidentes pero también intento acercarme a una herencia que los demás no han visto y que yo reconozco como mía. Una herencia que pasa por una relación con la soledad, con la melancolía, con la esperanza, una relación incluso con la escritura. Eso son cosas que aprendí también de mi padre y que nadie me ha señalado. En cambio, las reconozco más mías. Para mí el libro también es una forma de indagar en la herencia que uno escoge, que parece una paradoja, pero creo que sí que hay una herencia involuntaria sobre la cual podemos hacer muchísimas cosas.
“Yo creo que el libro ha servido para preguntarme, por primera vez y de manera profunda, sobre la herencia. Una herencia que pasa por una relación con la soledad, con la melancolía, con la esperanza, una relación incluso con la escritura.”
Lo que dices que la gente señala la herencia más evidente, lo puedo entender. Cuando vi la portada por primera vez, sin saber siquiera de qué iba el libro, pensé que eras tú. Pero luego me di cuenta de que no y se me hizo extraño. En un capítulo hablas de los excompañeros de trabajo de tu padre y cómo no paraban de decirte lo mucho que os parecíais. Ahora esto pasa a verlo todo el público. ¿Cómo lo estás llevando?
Es curioso porque mi entorno cercano y la gente que ha conocido a mi padre lo ve a él en esa foto, no a mí. Igual que yo, veo a mi padre, no a mí. No he buscado una foto en la que nos pareciéramos muchísimo expresamente. En realidad he buscado una imagen que mostrara esa luz que también está en el libro, esa fase de vitalidad previa al inicio de la desaparición. Esta energía de comienzo, de esperanza, comiendo, bebiendo, mirando a cámara. Hay un mirar de cara a la vida que me gustaba muchísimo y que para mí transmitía la energía del libro. Reliquia no va sobre la muerte y el suicidio sino sobre la vida. Lo único que lo articula es el suicidio y la pérdida.
Entiendo que la gente lo diga, estoy ya muy acostumbrado, pero el libro precisamente va de negar eso: la insistencia genética en muchos sentidos, desde la transmisión de la enfermedad mental o el suicidio a incluso la herencia involuntaria o la familia como condena. Intento pensar la familia como un espacio donde también puede haber libertad, creación, imaginación.
Entiendo que la gente lo diga, estoy ya muy acostumbrado, pero el libro precisamente va de negar eso: la insistencia genética en muchos sentidos, desde la transmisión de la enfermedad mental o el suicidio a incluso la herencia involuntaria o la familia como condena. Intento pensar la familia como un espacio donde también puede haber libertad, creación, imaginación.
Hablando del suicidio, intercalas tu propia historia y la de tu padre con la de varios escritores que se suicidaron. ¿Ya conocías esos casos o fue más a partir de indagar en el suicidio como tema?
Conocía los casos de prácticamente todos los autores que invoco en el libro. En muchos incluso había leído sus notas. Piensa que mi padre se muere en 2013 y yo empiezo a escribir, a leer y a preguntarme mucho sobre esto. Leo muchísimo sobre el tema durante muchísimos años. Es verdad que al escribir el libro ordeno varios de estos relatos e indago en otros que me llegan, y descubro que son más complejos.
¿En qué sentido?
Por ejemplo, descubro que el suicidio de Sylvia Plath no es como nos lo han contado, con toda esa épica y heroísmo. Cuando se habla de su suicidio, no cuentan que Sylvia dejó una nota donde decía ‘por favor, llamen al médico’. O sea que esperaba ser salvada. Y eso lo descubro leyendo un texto de Al Álvarez que se titula El dios salvaje, el prólogo lo dedica a la autora porque eran amigos. Y así me ocurre con muchísimos otros.
Sabía que un amante de Lucía Berlín se había suicidado pero no sabía que Manual for Cleaning Ladies tenía que ser una novela que se llamaba Nota de suicidio. Descubro muchas cosas indagando. Pero es verdad que la mayoría de autores, de notas de suicidio y de casos los conocía porque los había leído con Simon Critchley o Mark Etkin, autores que han recopilado notas de suicidio de escritores y han indagado sobre la nota de suicidio casi como género literario.
Sabía que un amante de Lucía Berlín se había suicidado pero no sabía que Manual for Cleaning Ladies tenía que ser una novela que se llamaba Nota de suicidio. Descubro muchas cosas indagando. Pero es verdad que la mayoría de autores, de notas de suicidio y de casos los conocía porque los había leído con Simon Critchley o Mark Etkin, autores que han recopilado notas de suicidio de escritores y han indagado sobre la nota de suicidio casi como género literario.
En una entrevista, Patti Smith dice el duelo no significa llorar, que es solo una parte. El duelo no se acaba después del funeral sino que te acompaña toda la vida y viene por oleadas, y la gente no debería sentirse culpable por sentir felicidad en medio del proceso. ¿Qué opinas tú? ¿Cómo vives tú estas sensaciones aparentemente contradictorias?
Hay quien está en contra de la idea de que el duelo es un proceso por fases que se llega a superar. Entiendo la negación de este proceso tan metódico, como si fueran unas fases que tienes que pasar sí o sí y de esta forma ordenada porque, en realidad, las cosas no funcionan así; cada duelo es un mundo. Pero esta insistencia en negar el duelo y afirmar que es algo que te persigue para siempre también tiene que ver, creo, con no hacerse cargo del miedo que nos genera el olvido.
En algún momento leí una cosa que decía que el duelo es la fase previa del olvido. Y sí, nuestras muertes, nuestros muertos, nuestros abandonos y nuestras ausencias nos persiguen siempre y están con nosotros de algún modo u otro. Pero creo que el duelo, entendido como esa fase dolorosa, hay un día en que se desvanece como se desvanecen las personas. Ese momento desaparece. Digo ‘desaparece’ y no ‘supera’ de una forma consciente porque no creo que el duelo sea algo que tengas que superar sino algo que atraviesas y que con el tiempo queda más y más lejos.
Esa posición que niega el duelo y sus fases también es una resistencia a intentar, no sé cómo decirlo… a no hacerse cargo de la culpa que genera el olvido de la persona que se ha ido. Porque sí, acabamos olvidando y eso nos atemoriza, nos da muchísimo miedo, pero ocurre; si tú eres capaz de olvidarte de alguien tan cercano como tu padre, significa que a ti también te van a olvidar. Hay algo muy inherentemente humano en buscar que nuestro paso por la tierra haya significado algo. No hay que cambiar el mundo pero sí haber cambiado tu entorno, haber impactado de alguna manera. A mí no me preocupa ser olvidado, me preocupa ser visto en vida, ¿sabes? Es lo que realmente pienso: una vez no esté aquí, ¿qué más da?
En algún momento leí una cosa que decía que el duelo es la fase previa del olvido. Y sí, nuestras muertes, nuestros muertos, nuestros abandonos y nuestras ausencias nos persiguen siempre y están con nosotros de algún modo u otro. Pero creo que el duelo, entendido como esa fase dolorosa, hay un día en que se desvanece como se desvanecen las personas. Ese momento desaparece. Digo ‘desaparece’ y no ‘supera’ de una forma consciente porque no creo que el duelo sea algo que tengas que superar sino algo que atraviesas y que con el tiempo queda más y más lejos.
Esa posición que niega el duelo y sus fases también es una resistencia a intentar, no sé cómo decirlo… a no hacerse cargo de la culpa que genera el olvido de la persona que se ha ido. Porque sí, acabamos olvidando y eso nos atemoriza, nos da muchísimo miedo, pero ocurre; si tú eres capaz de olvidarte de alguien tan cercano como tu padre, significa que a ti también te van a olvidar. Hay algo muy inherentemente humano en buscar que nuestro paso por la tierra haya significado algo. No hay que cambiar el mundo pero sí haber cambiado tu entorno, haber impactado de alguna manera. A mí no me preocupa ser olvidado, me preocupa ser visto en vida, ¿sabes? Es lo que realmente pienso: una vez no esté aquí, ¿qué más da?
Lo entiendo. Igualmente, tú tienes libros publicados, ya es una huella más ‘duradera’.
Justo el otro día me preguntaban en una entrevista si escribía con la idea de dejar algo de mí, dejar rastro. Y honestamente, te lo digo con la mano en el corazón, nunca me he puesto a escribir pensando en eso. Creo que también afecta el hecho de escribir en una lengua como el catalán, que piensas ¿en cien años habrá alguien leyendo en catalán? Quiero decir, cuando escribes en una lengua minorizada y cada vez más minoritaria, las ideas de posteridad son muy distintas a si escribes en inglés o en castellano.
Ya te digo, a mí lo que me da miedo es no ser visto en vida, y cuando digo esto no me refiero a que la gente me lea y me conozca y me hagan entrevistas; no. A no ser visto por la gente que quiero, por tener amigas, por tener gente que quiero, por tener comunidad, por tener un sentido rodeado de gente y de una vida en común. Quedarme solo en vida es algo que me da mucho miedo. Ser olvidado da igual, ya no estaré, a mí mientras me vean en vida y sepa ver a los demás creo que ya es mucho.
Ya te digo, a mí lo que me da miedo es no ser visto en vida, y cuando digo esto no me refiero a que la gente me lea y me conozca y me hagan entrevistas; no. A no ser visto por la gente que quiero, por tener amigas, por tener gente que quiero, por tener comunidad, por tener un sentido rodeado de gente y de una vida en común. Quedarme solo en vida es algo que me da mucho miedo. Ser olvidado da igual, ya no estaré, a mí mientras me vean en vida y sepa ver a los demás creo que ya es mucho.
“Acabamos olvidando y eso nos atemoriza, nos da muchísimo miedo, pero ocurre; si tú eres capaz de olvidarte de alguien tan cercano como tu padre, significa que a ti también te van a olvidar.”
Tocando el tema de la lengua, la última vez que hablamos, hablamos sobre la importancia de escribir en tu lengua materna y dejar que luego alguien lo traduzca. Pero al ser el castellano un idioma que hablas perfectamente, claro, te metes bastante en la traducción, al menos en el libro anterior. ¿Cómo ha sido el caso de Reliquia, que es tan personal?
En la primera fase de la traducción, que la hizo Unai Velasco, yo no intervengo nada; si él tiene dudas me las pregunta. Una vez tenemos el manuscrito yo lo trabajo muchísimo, intervengo en las lenguas que puedo hablar y escribir. Intervengo al máximo porque intento certificar no solo que no ha habido algún error de confusión o lo que sea, sino que realmente se está captando la esencia de lo que quería decir y que se están trasladando no solo las palabras, palabra a palabra y frase a frase, sino el sentido global, la atmósfera, la sensación, el clima, que no se eleve el tono, que no se vaya el ritmo… Así que sí, intervine un montón en la traducción en el sentido que trabajé muchísimo con mi editor, que en castellano es Marc (en catalán es Isabel). Y con Mónica, que es la correctora.
El título sugiere algo sagrado pero también algo muerto. ¿Ves este libro como un objeto de culto personal, un resto arqueológico de tu propia vida?
Hay un texto muy bonito de María Gainza titulado Un puñado de flechas donde menciona algo que dijo Coppola, que los artistas son como arqueros con un carcaj donde hay un seguido de flechas sin saber cuántas hay, solo al final de la vida uno puede mirar atrás y ver cuántas flechas tenía porque ve los momentos en que las lanzó. Cuando leí este texto entendí que es imposible generar un relato sobre la importancia que tienen las cosas que estás haciendo cuando estás dentro del proceso; es el tiempo el que te permite mirar atrás y ver si esa obra que escribiste, que te pensabas que era tan importante, era una flecha o no. A lo mejor te pensabas que lo era y con el tiempo ves que no.
Yo no sé exactamente cuál es la importancia y la relevancia que tendrá esta obra en mi devenir como escritor, incluso como persona. ¿Sabes cuando sales de fiesta y a las seis de la mañana te encienden todas las luces y ves la cara de horror de los demás? Pero, a la vez, todo se hace más legible de repente, tienes un mapa mental más claro. Con este libro me ha ocurrido esto, me han encendido las luces y he visto cosas que hasta ahora no había visto. Pero ya deseo que las vuelvan a apagar y seguir en la oscuridad, porque para escribir necesitas esa oscuridad de las cuatro de la mañana.
Yo no sé exactamente cuál es la importancia y la relevancia que tendrá esta obra en mi devenir como escritor, incluso como persona. ¿Sabes cuando sales de fiesta y a las seis de la mañana te encienden todas las luces y ves la cara de horror de los demás? Pero, a la vez, todo se hace más legible de repente, tienes un mapa mental más claro. Con este libro me ha ocurrido esto, me han encendido las luces y he visto cosas que hasta ahora no había visto. Pero ya deseo que las vuelvan a apagar y seguir en la oscuridad, porque para escribir necesitas esa oscuridad de las cuatro de la mañana.
¿Qué has visto con las luces encendidas que hasta ahora no?
Me ha servido para entender qué sentido tenían la primera y la segunda novela, también qué sentido tiene esta. Creo que también he encontrado algo en relación al lenguaje, al ritmo y a las frases que estaba buscando. Tengo la sensación que he encontrado cosas pero ahora no sé cómo seguir.
¿No estás trabajando en nada nuevo entonces? ¿No tienes nada entre manos?
Nada, nada. Escribí un ensayito por encargo que algún día saldrá, pero es una cosa que escribí antes de Reliquia incluso. O sea que después de este libro no ha venido nada. Ya llegará, supongo.
¿Te has encontrado alguna vez con este bloqueo?
Nunca me había ocurrido de terminar de escribir algo y no empezar directamente con otra cosa, o sea, con algo nuevo. Aquí he drenado tanto, no en un sentido personal sino creativo, el proceso de edición ha sido larguísimo, he pulido muchísimo, me he releído a mí mismo hasta el hastío. Creo que estoy cansado de mí mismo.
Clarice Lispector decía en la última entrevista que hizo antes de morir que cada vez que acababa un libro moría y renacía con el siguiente; ese proceso entre un libro y otro era un hiato, decía ella. Me gusta mucho eso de un hiato, un silencio. No te voy a negar que en algunos momentos me cago de miedo, pienso, ¿volveré a escribir algún día? La gente dice que sí, que no hay problema.
Clarice Lispector decía en la última entrevista que hizo antes de morir que cada vez que acababa un libro moría y renacía con el siguiente; ese proceso entre un libro y otro era un hiato, decía ella. Me gusta mucho eso de un hiato, un silencio. No te voy a negar que en algunos momentos me cago de miedo, pienso, ¿volveré a escribir algún día? La gente dice que sí, que no hay problema.
“Cuando escribes en una lengua minorizada y cada vez más minoritaria como es el catalán, las ideas de posteridad son muy distintas a si escribes en inglés o en castellano.”
Seguro que sí. No tienes ni treinta años, te quedan tantos por delante para seguir escribiendo…
Sí, pero cuando siempre ha salido todo tan fácil y de repente no, uno se preocupa. Pero estoy tranquilo. Lo que sí que ahora tengo muchas ganas de leer porque en los últimos años, con la tesis, escribir libros y demás no he podido tanto como me gustaría. Tengo ganas de leer, de descubrir, más que de escribir. Si me dicen, no vas a poder escribir o leer el resto de tu vida, ¿con qué te quedas?, me quedo con leer. Sin leer no podría escribir; es el hecho de ser lector que me permite ser escritor.
Volviendo al título. Estamos viviendo un auge de religiosidad, al menos estéticamente y en la cultura pop. Obviamente viene a la mente Rosalía, que de hecho tiene una canción en Lux que se titula como tu libro, Reliquia.
Cuando estaba el libro en imprenta salió el disco y me enteré de eso. Primero pensé que la gente iba a creer que es por la canción, pero la verdad es que como el libro es tan distinto, no tiene nada que ver.
Igualmente, el auge de la imaginería (y la ‘espiritualidad’) cristiana sigue ahí. Siendo tú un autor tan joven, queer y demás, ¿cómo ves que tu título encaja, o no, en este contexto?
Siempre me he pensado a mí mismo como una persona muy racional, fría, separada de todo lo que sea místico y religioso. Me he dado cuenta en los últimos tiempos, a lo mejor en el último año, que sí soy una persona muy espiritual, solo que mi espiritualidad ha sido la literatura y que mis santos han sido Lispector, Steinbeck, Rodoreda. Esos son mis santos y mis dioses, ahí he construido mis valores, he construido mi idea de deseo, mi idea de comunidad, mi idea de hermandad, mi idea de amistad. La he construido con esta gente, con los textos.
No he pensado muchísimo en esta cuestión porque la verdad es que me da pereza cómo se plantea muchas veces; no que me dé pereza el debate en sí sino cómo se plantean los términos, religión sí o religión no, porque ahora todo es así, un posicionamiento nítido, claro y absolutamente monolítico. Pero sí he visto últimamente que la gente tiene un concepto de la espiritualidad muy pobre. Esto sí me ha ayudado a pensar estos últimos meses que a lo mejor mi espiritualidad, esa dimensión intangible, misteriosa, mística, no racional, no científica, no calculable, pasa y ha pasado siempre por la literatura.
A lo mejor es fácil, incluso sensacionalista, decir que mi religión es la literatura, pero un poco sí. Ya te digo, he fundado mis valores a través de los textos y la gente a la que he vuelto, que he leído con la admiración con la que uno muchas veces mira a Dios. Para mí han sido algunos autores y he creado mi propio panteón. Una espiritualidad basada en la literatura es muchas veces más profunda que el tipo de espiritualidad que nos intentan vender ahora.
No he pensado muchísimo en esta cuestión porque la verdad es que me da pereza cómo se plantea muchas veces; no que me dé pereza el debate en sí sino cómo se plantean los términos, religión sí o religión no, porque ahora todo es así, un posicionamiento nítido, claro y absolutamente monolítico. Pero sí he visto últimamente que la gente tiene un concepto de la espiritualidad muy pobre. Esto sí me ha ayudado a pensar estos últimos meses que a lo mejor mi espiritualidad, esa dimensión intangible, misteriosa, mística, no racional, no científica, no calculable, pasa y ha pasado siempre por la literatura.
A lo mejor es fácil, incluso sensacionalista, decir que mi religión es la literatura, pero un poco sí. Ya te digo, he fundado mis valores a través de los textos y la gente a la que he vuelto, que he leído con la admiración con la que uno muchas veces mira a Dios. Para mí han sido algunos autores y he creado mi propio panteón. Una espiritualidad basada en la literatura es muchas veces más profunda que el tipo de espiritualidad que nos intentan vender ahora.
¿Qué libros o autores forman parte de este panteón y esa espiritualidad?
Para mí espiritualidad es Clarice Lispector. Tú lees La pasión según G. H. y ahí está el sentido de la creación viva, es imposible salir de ese libro sin pensar que el mundo es inmenso y que nos lo estamos perdiendo absolutamente todo. Para mí es la gran mística. Todo lo que no puedo tocar lo he descubierto leyéndola.
Pero todo lo que yo he encontrado en Lispector es muy probable que tú lo hayas encontrado o vayas a encontrarlo en otro autor. En los libros que leemos hay muchas cosas que descubrimos que nos propone el mismo autor. Lo que tienen los libros buenos es que nos hacen de espejo. No digo que sea la única cosa, pero hay algo de herramienta de espejo que te está proponiendo una mirada suya pero a la vez te hace descubrir cosas de ti mismo.
No tanto la cosa esta que estamos buscando obsesivamente identificarnos. Parece que si no habla de ti, no es bueno. ¿En serio vas a buscar libros solo para reconocerte? Yo voy a que me pongan un espejo delante y ver el horror de mi rostro. Ver lo malo que soy, las cosas que me faltan, lo poco que sé. No voy a buscar a alguien que hable como yo; voy a buscar a alguien que hable muy distinto para ver todo lo que me falta, todo lo que no sé.
Pero todo lo que yo he encontrado en Lispector es muy probable que tú lo hayas encontrado o vayas a encontrarlo en otro autor. En los libros que leemos hay muchas cosas que descubrimos que nos propone el mismo autor. Lo que tienen los libros buenos es que nos hacen de espejo. No digo que sea la única cosa, pero hay algo de herramienta de espejo que te está proponiendo una mirada suya pero a la vez te hace descubrir cosas de ti mismo.
No tanto la cosa esta que estamos buscando obsesivamente identificarnos. Parece que si no habla de ti, no es bueno. ¿En serio vas a buscar libros solo para reconocerte? Yo voy a que me pongan un espejo delante y ver el horror de mi rostro. Ver lo malo que soy, las cosas que me faltan, lo poco que sé. No voy a buscar a alguien que hable como yo; voy a buscar a alguien que hable muy distinto para ver todo lo que me falta, todo lo que no sé.
Totalmente de acuerdo. Pero creo que en la literatura, como en tantos otros sitios, se están replicando las lógicas y las dinámicas del algoritmo, las plataformas y las redes sociales; esas llamadas echo chambers. Cada vez más nuestro mundo queda reducido a las cosas que nos gustan, que nos complacen, a las que damos like. Y en realidad hay que aprender a salir de allí, a buscar otros caminos, otras vidas, otras historias.
Bueno, es que la gente pide a los libros lo que le da el algoritmo de Instagram, que es verse a sí mismo todo el rato y ver cosas que solo hablan de ellos, de ellos, de ellos. Tengo la sensación que últimamente hay una tendencia de leer libros como si estuviéramos haciendo scroll, que es la antítesis de lo que es la lectura. Por eso no me gusta cuando la gente dice eso de ‘lo importante es que la gente lea, da igual lo que lea y cómo lea’. Eso no es verdad.
Ya que estamos, y como es importante lo que leemos, ¿qué nos recomiendas tú?
Odio recomendar porque pienso, ¿quién soy yo para decirle a la gente lo que tiene que leer?
Pues, ¿qué es lo que te ha formado o te parece una buena lectura?
Mira, un libro que me he terminado hace poco y que me ha encantado: Un deseo desmesurado de amistad, de Hélène Giannecchini, lo publica Anagrama. Es un libro sobre comunidad, vínculos, repiensa a la familia, la amistad… Y así como clásicos fundacionales, para mí Lispector. Empezaría por La hora de la estrella, que es una buena puerta de entrada a su universo aunque fue el último que escribió, o el primero, Cerca del corazón salvaje. Después ya ir a otros suyos como Agua viva, Un aliento de vida o La pasión según G. H., que son otras movidas.
