Miguel: Nos dimos cuenta de que la carpintería es una profesión que, aunque ha estado presente toda la vida, sigue un poco escondida. O sea, es como si los muebles artesanales se hubieran quedado en las esquinas, los locales pequeños y oscuros, los talleres… Nosotros encontramos un carpintero y quedamos contentísimos con la mesa, y todo el mundo nos pide su contacto. Así surgió la idea de mostrar, a través de internet, a estas personas.
María: Aunque yo desde pequeña he tenido serrín a mi alrededor; mi padre tenía una carpintería en casa que por aquel entonces me parecía bastante rollo, porque acababa teniendo que barnizar yo las cosas (risas). Pero es muy curioso, porque años después empecé a pensar, “qué pena, porque tengo la idea pero no sé cómo hacer este mueble, ni tengo el tiempo ni las herramientas.” Y varios amigos cercanos de la familia habían trabajado con madera… Supongo que, de alguna manera, eso se queda en algún rincón de tu cerebro y luego aparece. Y al final nosotros, por nuestra propia necesidad, y como venimos del mundo digital, hemos querido hacer un producto (digital) de lo que hemos observado. Ha sido nuestra manera de materializar la idea.
María: Es clave que uno esté enamorado de su idea para que un proyecto salga adelante, eso es lo primero. Pero lo interesante de trabajar así es que tú eres el primero que tiene que cuestionarse a sí mismo, y eso no es nada fácil (risas). Lo que hemos hecho con Otter ha sido justamente lo que hay ahora, una landing en la que decimos quiénes somos para que nos puedas decir qué es lo que quieres. Lo hemos hecho para ver si la gente, solamente en Barcelona, nos escribía. ¡Y estamos contentos! Nos han contactado treinta personas, incluyendo carpinteros o gente interesada en colaborar. Y esto nos ha permitido, sobre todo, ser capaces de escuchar qué es lo que quiere realmente la gente antes de hacer evolucionar la idea. El proyecto también tiene vida propia, y lo interesante es ser muy open-minded y saber captar qué es lo que está pasando ahí realmente, no solo tu hipótesis.

Miguel: Y quien se apoya mucho en ti en plan, “necesito una estantería pero no tengo claro que estilo, me gustan estas fotos de Pinterest.”
María: Ahora mismo hemos automatizado todo el proceso inicial de gestión y el usuario ya puede decirnos qué busca en un formulario online, subir fotos de inspiración, poner las medidas, qué colores quiere. Un montón de detalles que hemos ido viendo que son súper útiles para luego hablar con el carpintero. Esto funciona así ahora, que estamos nosotros en el medio, pero cambiará… Los próximos pasos van dirigidos poco a poco a salir de ahí, y que cada vez sea una cosa mucho más libre, de forma que también nos permita escalar la idea y llevarla a otras ciudades.
Miguel: La idea es ir soltando eso y que sea la propia plataforma la que sirva de intermediaria y les ayude a tener esta conversación.
María: Lo bueno es que nosotros, al final, queremos dar visibilidad a estas personas. Hay profesionales que a lo mejor tienen una web bien hecha, algunos tienen taller y tienda al público. Pero otros no, y por eso nosotros llevamos esta forma de comunicación, de dar valor a esos perfiles, y que tengan esa parte más comercial.
María: Ahora estamos eligiendo nosotros, miramos qué carpintero es más afín a una cosa u otra. En la landing que estamos diseñando ahora damos conocer el alma de esa persona y enseñamos sus productos, para que el usuario pueda elegir directamente. Que pueda ver quiénes son nuestros colaboradores y que, quizás, ahí pueda encontrar alguna idea y precios.

Miguel: Depende también de la pieza. Hay materiales que son mucho más caros, como el metal. Y también es cierto que los muebles son mucho más resistentes a la larga que los de Ikea. Muchos muebles que están hechos en cadena van teniendo más defectos a medida que pasa el tiempo, mientras que con estas cosas vas viendo que siguen súper sólidas y preciosas.
María: La vejez es bella. Si lo cuidas, sigue siendo bonito, y también pienso que ayuda a valorar más lo que tienes. No es por un tema de materialismo, sino que valoro el trabajo tras este objeto, lo cuido, y no estoy pensando en cambiarlo todo el rato, y tirar y tirar.
Miguel: También tienen una historia alrededor. Sabes del proceso, has hablado con el artesano para desarrollar la idea, y al final llega el día en que lo tienes en casa, o te mudas con él. Mientras que otros muebles son, “Black Friday, aproveché y lo compré con 20% de descuento” (risas). Y eso es todo lo que puedes contar de ellos, tienes algo que ya estaba hecho sin tenerte en mente.
Miguel: Son personas que aman lo que hacen y lo hacían sin ganar dinero, lo que me parece una buena señal de que realmente les gusta. Por ejemplo, hay un carpintero que trabajaba en publicidad, lo dejó para dedicarse a esto y hace unas piezas increíbles.
María: Es una pequeña comunidad de gente muy positiva, con mucha energía y muchas ganas, de perfiles completamente dispares, pero todos apasionados por lo que hacen y con ganas de cosas nuevas. Refleja la energía que tenemos y con la que nos gusta trabajar.
María: Cuando hablas de madera reciclada la gente se cree que va a ser un pastiche de cosas, y para nada (risas).

Miguel: De hecho, el primer pedido que recibimos en Otter fue de una persona que quería hacer algo con unos muebles que había encontrado.
Miguel: Lo que él decía es que, si la idea que había dinamitado esto era la carpintería, trabajáramos eso. Que esa idea de “páginas de contactos” fuera el producto, y que el producto en gran parte fuéramos nosotros, en el sentido de hacer las cosas a mano y no pensar en algo demasiado grande.
María: Sí, ayudó a bajarlo a otro plano y sacó el néctar de lo que había, y ese fue un momento clave y un punto de partida, además del privilegio que supuso hablar con este hombre, porque es alguien con historia y, con lo que ha montado, es también una fuente de inspiración bastante fuerte.
María: Buffer es un referente fundamental, también Zach como nuestro carpintero estrella, o gente como Agustina Garrigou, que está en un taller en Poblenou lleno de maravillas y de piezas únicas. También nos encanta lo que hace Marc Morro, de quien tenemos esta silla aquí.
María: El futuro puede ser una sorpresa (risas), aunque estamos poniendo las bases. De entrada, como decíamos, queremos dar un lugar visible a los carpinteros… ¡Pero el futuro yo lo veo en muchas ciudades! La idea es que pueda llegar a muchas más personas y a otros lugares. Al final no deja de ser un producto local, pero en cada ciudad funciona de manera distinta.












