Si todavía crees que lo femenino es sinónimo de delicadeza y fragilidad, olvídate. La diseñadora Patty Mañá, de Nimph, canaliza su intuición y amor por lo fantástico en looks que irradian fuerza y seguridad. Sus creaciones integran prendas de punto con piezas metálicas, siluetas suaves en colores fríos y un imaginario que fluctúa entre el misticismo y las tendencias actuales. En un momento en el que las etiquetas se diluyen, la moda es un campo de batalla donde cada persona puede experimentar, divertirse y construir su identidad.
La esencia de Nimph se refleja también en su elección de materiales: tejidos como terciopelos, encajes y transparencias que Patty recupera para que cobren vida una vez más. Su reciente paso por la sexta edición de Barcelona Fashion Forward ha supuesto un impulso para el proyecto de Mañá, consolidando una identidad que combina artesanía, sostenibilidad y un imaginario romántico con carácter propio. Cada diseño invita a sentir la ropa como una extensión de la personalidad de quien la viste, un pequeño tesoro que se lleva sobre la piel.

Empezaste el proyecto en el bajo de tus abuelos, en Sarrià. No fue hasta julio de 2021 cuando te mudaste a Gràcia y lanzaste al mercado tu primera colección: veinticinco camisetas hechas a partir de prendas de tu propio armario, el de amigas e incluso el de tu abuela. Mirando atrás, ¿qué destacarías de estos últimos años? ¿Ha cambiado el enfoque con el que creaste Nimph?
Sí, bastante. Cuando empecé el proyecto era todo muy intuitivo, casi como un pequeño laboratorio personal. Con los años he aprendido a equilibrar mejor la creatividad con la realidad. Mi objetivo sigue siendo el mismo: poder vivir de hacer lo que amo. Pero ahora lo hago con más conciencia, más estructura y una visión más clara de hacia dónde quiero llevar Nimph.
Háblame de tu participación en la sexta edición de Barcelona Fashion Forward, una plataforma que impulsa marcas de moda emergentes a través de diferentes ayudas y mentorías. ¿Cómo fue tu paso por este programa?
Para mí fue casi como hacer un máster intensivo en marca y negocio. Me ayudó mucho a poner en valor cosas que ya hacía bien de forma intuitiva y, sobre todo, a ordenar prioridades. El programa me dio acompañamiento, estructura y mucha claridad. Además, poder compartirlo con otras personas que estaban en momentos similares, con proyectos personales dentro del mismo campo, fue muy enriquecedor y permitió crear comunidad.
Quedaste entre las cuatro marcas ganadoras y eso te permitió exponer y vender tus colecciones en una tienda pop-up durante un mes. ¿Qué momentos recuerdas con más intensidad?
Fue una experiencia muy divertida y muy viva. Recuerdo especialmente el día del desayuno durante la 080, fue genial conocer a tanta gente y formar parte de la semana de la moda de nuestra ciudad. También recuerdo con especial cariño las citas de estilismo que organicé con clientes. Me encanta ese momento en el que una prenda deja de ser solo una idea y empieza a cobrar vida en otra persona. Además, me lo paso muy bien creando looks y combinando piezas. Ese contacto directo es lo que más me llena.
¿De qué manera Fashion Forward ha supuesto un avance en tu carrera?
Me dio algo muy importante: herramientas para planificar. Durante mucho tiempo, desarrollé la marca desde la intuición y aprendiendo a base de prueba y error. Llegó un momento en el que necesitaba estructura para poder avanzar.
¿Qué consejo darías a alguien que está empezando su propia marca y quiera participar en las próximas ediciones?
Le diría que aproveche mucho el acompañamiento y que sea muy honesto consigo mismo sobre qué necesita mejorar para poder trabajar en ello.
“Cuando empecé el proyecto era todo muy intuitivo, casi como un pequeño laboratorio personal. Con los años he aprendido a equilibrar mejor la creatividad con la realidad.”
En diciembre abriste una nueva tienda-showroom, un espacio desde el que materializar tu universo de fantasía. ¿Cómo ha sido trasladar la marca del atelier a un espacio abierto al público?
Ha sido un cambio grande pero muy bonito. Antes todo ocurría dentro del atelier, a puerta cerrada, y ahora el proceso es más visible y cercano. Me gusta que la gente pueda entrar, tocar las prendas y entender cómo se hacen y quién está detrás.
La estética de Nimph me lleva a muchos imaginarios distintos: a la actriz Brittany Murphy haciendo una pausa para fumar antes de entrar a su clase de ballet, con calentadores rosas y tacones Louboutin, o a Liv Tyler en The Lord of the Rings. ¿Cuáles han sido o siguen siendo tus ídolos, referentes o imaginarios que te han inspirado para crear esa esencia?
Siempre intento encontrar ese equilibrio entre lo puro y lo rebelde, entre fuerza y elegancia. Tengo muchos referentes, pero rara vez es una persona concreta; suele ser más bien una idea de feminidad que voy explorando. Me inspiran universos como las pinturas prerrafaelitas o artistas como Hilma af Klint, donde hay algo muy espiritual y delicado, con una profundidad emocional importante. También tiene mucho que ver conmigo misma. Soy bastante cambiante en la forma en que me presento, como muchas mujeres hoy en día: hay días en los que me siento más masc y otros en los que me veo muy femenina o coquette. Con Nimph, intento dar cabida a todas esas versiones de mí misma. Y, sobre todo, me inspira mucho la naturaleza: me encanta ir a la montaña y nadar en el mar.
La tendencia del medievalcore lleva años en alza, con referentes como Grimes, Zendaya o Fiona Apple abanderando ese estilo. En tus colecciones también aparecen guiños muy claros a ese imaginario: lo vemos en minifaldas, tops o cinturones que simulan cotas de malla con chapitas de metal. ¿De dónde nace ese interés por lo medieval? ¿Te inspira especialmente la figura de Juana de Arco o ese tipo de imaginario guerrero y espiritual?
Creo que viene de una fantasía muy ligada a mi niña interior. Siempre me han fascinado los paisajes verdes, los caballos, los castillos y las armaduras. Tengo apariencia dura pero en realidad soy una romántica empedernida. Me interesa mucho explorar ese contraste dentro de la experiencia de ser mujer: poder ser delicada y poderosa al mismo tiempo, o tener una presencia fuerte con una gran sensibilidad interior. Ese juego de dualidades siempre ha estado muy presente en Nimph.
También me gusta romper ciertos estereotipos y cuestionar las ideas tradicionales sobre lo femenino y lo masculino, dando espacio a figuras simbólicas como Juana de Arco o inspirándome en códigos tradicionalmente masculinos aplicados al cuerpo femenino, y viceversa. Por eso, desde los inicios, también hago prendas sin género que pueden llevar tanto mujeres como hombres.
También me gusta romper ciertos estereotipos y cuestionar las ideas tradicionales sobre lo femenino y lo masculino, dando espacio a figuras simbólicas como Juana de Arco o inspirándome en códigos tradicionalmente masculinos aplicados al cuerpo femenino, y viceversa. Por eso, desde los inicios, también hago prendas sin género que pueden llevar tanto mujeres como hombres.
Terciopelos, encajes, transparencias, tonos fríos, empolvados u oscuros, influencias de los 90 y principios de los 2000… Hay algo de grunge pero también de ligero en lo que haces. ¿Hay algún hilo conductor entre todos estos elementos que defina la esencia de Nimph?
Diría que sí hay un hilo conductor, aunque no es completamente racional. Muchas decisiones nacen de la intuición. Me atraen ciertos colores, texturas y determinados gestos en la ropa. Con el tiempo te das cuenta de que todo acaba formando un universo bastante coherente. Las paletas de color y la elección de tejidos, muchas veces, salen del carrete personal de fotografías que hago con el móvil en mi día a día, capturando cosas que me rodean.
Si pudieras escoger, ¿a quién te hubiera gustado vestir de esas eras tan emblemáticas? Me imagino a Sarah Jessica Parker paseando por Nueva York, Paris Hilton saliendo de un after con Lindsay Lohan e incluso a Natalie Portman durante la promo de Black Swan.
Me encanta imaginar prendas de Nimph en ese tipo de escenas, pero lo que más me gustaría es vestir a gente en la actualidad. Adoro a Charli xcx o Lily-Rose Depp, por ejemplo, o talentos españoles como Judeline, Amaia o Amore. También me encanta cuando la ropa la lleva alguien completamente anónimo y la hace suya. A veces ahí es donde ocurre la verdadera magia.
“Me encanta ese momento en el que una prenda deja de ser solo una idea y empieza a cobrar vida en otra persona.”
Últimamente estás creando muchas prendas de punto, como calentadores, broches para el pelo, o chokers florales. ¿Qué es lo que te atrae tanto de trabajar con este material y qué posibilidades creativas encuentras en él?
Muchas de estas piezas nacen del deseo de trabajar con materiales existentes que han llegado a mí a través de donaciones, dándoles una nueva vida. Me interesa mucho esa dimensión artesanal del proceso y la conexión directa con el material. En este contexto también empezamos una colaboración con la artista Sofía Valencia, que trabaja con punto, y con quien hicimos las piezas de chapas metálicas y otros pequeños elementos que luego incorporamos en algunas de las prendas de punto.
Haces una colección al año, dividida en dos drops, pero siempre dices que todo se organiza en capítulos de la historia de tu atelier. ¿Cuál es el próximo?
Cada capítulo es una pequeña evolución del anterior. Entre una colección y la siguiente pasa casi un año, y en ese tiempo cambian muchas cosas. El próximo capítulo todavía es una sorpresa, pero lo que sí puedo decir es que ahora mismo estoy muy centrada en confiar en el proceso y dejarme llevar un poco más, disfrutar, experimentar y divertirme mientras creo.
Fabricas localmente y usas tejidos deadstock con límites de producción, ¿cómo condiciona esta dinámica sostenible tus decisiones creativas y la evolución de cada línea?
Trabajar con deadstock no cambia tanto el proceso creativo. De hecho, me encanta encontrar un tejido y saber que de ahí solo saldrá un número limitado de prendas; hace que cada pieza se sienta como un pequeño tesoro. Lo importante es que las tiendas entiendan bien esta dinámica, porque a veces los materiales no pueden reponerse. Por eso solemos trabajar también con algunos tejidos backup que nos permiten mantener cierta continuidad si es necesario.
¿Cómo llegaste a dominar el patronaje y la costura? ¿Te has formado en diseño de moda o eres autodidacta?
Estudié diseño de moda en Londres y durante la carrera hice un año completo de prácticas. Pasé por talleres muy pequeños y también por empresas más grandes como Stella McCartney. Fue una experiencia muy completa porque aprendí tanto de la artesanía más manual como de estructuras de producción más amplias.
Siendo tu trabajo tan artesanal, ¿cómo gestionas el ritmo de producción? ¿Cómo organizas tu manera de trabajar con los materiales y cada pieza para que reflejen la visión que tienes en tu cabeza?
Durante años produjimos muchas prendas desde nuestro propio estudio. Ahora trabajamos con pequeños talleres locales en Barcelona. Eso nos permite mantener el control sobre la calidad pero organizar mejor los tiempos. Intentamos encontrar un equilibrio entre la artesanía y la sostenibilidad del proyecto.
Y por último, ¿qué tipo de experiencia o actitud quieres que provoquen tus diseños en quien los lleva?
Me gusta pensar que la ropa funciona como una pequeña armadura emocional. Que quien la lleve se sienta bonita, cómoda y segura. Hay algo entre lo cute y lo sensual: una mezcla de suavidad y fuerza.








