Con más de cuarenta galerías y ciento veinte artistas, ArteSantander celebra su 33.ª edición del 11 al 15 de julio con una clara vocación de renovación. Mónica Álvarez Careaga, al frente de la dirección desde 2024, consolida la feria como una cita imprescindible del verano: abierta, internacional y conectada con su entorno.
Mónica Álvarez Careaga es comisaria independiente, gestora cultural y una figura clave en el ecosistema artístico español. Con una trayectoria que abarca desde proyectos curatoriales hasta iniciativas de producción cultural en el ámbito español e internacional, en 2024 asumió la dirección de ArteSantander con un objetivo claro: revitalizar la feria manteniendo su identidad. Bajo su liderazgo, el evento ha abierto sus puertas a nuevas escenas, públicos y formas de coleccionismo, apostando por una mirada contemporánea, plural y sostenible. Si quieres saber cómo se gestiona una feria de tal escala, en esta entrevista Mónica nos cuenta todo. 
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Susana Reberdito. Window to the sea 2023. Cortesía de Galerie Mónica Ruppert.
Dirigir una feria con treinta y tres ediciones a sus espaldas no es tarea menor. ¿Cómo se vive el equilibrio entre el peso de la tradición y la necesidad de renovación constante?
ArteSantander cuenta con una trayectoria muy consolidada, con más de tres décadas de trabajo riguroso por parte de mis antecesores y el firme apoyo del Gobierno de Cantabria y del Ayuntamiento de Santander. Desde mi llegada, el reto ha sido continuar con ese legado manteniendo un criterio firme de calidad, introduciendo al mismo tiempo nuevas dinámicas, como una mayor apertura internacional, más diversidad de propuestas en los stands y nuevos formatos de colaboración que respondan a las necesidades reales del mercado.
Desde tu llegada en 2024, ArteSantander ha iniciado una etapa de internacionalización y apuesta por nuevos públicos. ¿Cómo ha sido ese proceso de transformación desde dentro?
Ha sido un proceso sostenido sobre una idea clara: hacer de ArteSantander un espacio de encuentro entre escenas artísticas diversas. Hemos aumentado significativamente la presencia internacional, con once galerías extranjeras de las cuarenta y una participantes. Contamos con galerías de Italia (Shazar Gallery, A Pick Gallery, BI-BOx Art Space), Alemania (dst.galerie, Galerie Monica Ruppert, Wildpalms), Portugal (Braçoperna44, Carrasco, Salgadeiras Arte Contemporânea), Francia (Invisible, Marsella) y México (Proyecto H).
Paralelamente, trabajamos con programas diferenciados para públicos profesionales, coleccionistas emergentes o ciudadanía local, con propuestas como el programa ArteSantander Talks, que propone charlas y mesas redondas para iniciados; ArteSantander Social, dirigido a los coleccionistas invitados y ArteSantander Espora, que trabaja con el público local para expandir el interés por el arte contemporáneo.
ArteSantander tiene una identidad muy ligada a su territorio. ¿Qué papel juega la capital cántabra (con su entorno, sus instituciones y su público local) en la personalidad y programación de la feria?
Santander no es solo el lugar que acoge la feria, es parte de su ADN. Las seis galerías cántabras (Juan Silió, Siboney, Balta Gallery, Espiral, Mecha y Espacio Alexandra), para las que ArteSantander supone una oportunidad clave de proyección, son muestra de esta implicación territorial. Además, colaboramos con numerosos agentes culturales locales, como Fundación Torre de Don Borja en Santillana del Mar, Solo en Castanedo y Sala de Arte Robayera en Miengo, así como con instituciones como el Centro Botín, Museo MAS, Nave Sotoliva, Palacete del Embarcadero y las Naves de Gamazo.
Por último, el público santanderino, entusiasta y fiel, es uno de nuestros grandes tesoros. El contexto local es parte del contenido: no se puede entender ArteSantander sin su vínculo con la ciudad, muy especialmente en verano.
¿Cómo se posiciona frente al duopolio Madrid-Barcelona?
ArteSantander se sitúa en una posición singular, fuera de las grandes capitales, pero con una ambición y una calidad que le permiten jugar en la primera división del arte contemporáneo. Nuestro tamaño contenido, la ubicación en una ciudad costera con gran atractivo cultural y turístico, y una cuidada selección de galerías con propuestas diversas y profesionales nos permiten ser una alternativa muy atractiva para galeristas, artistas y coleccionistas. Frente al vértigo de las grandes ferias, el contexto es propicio para las relaciones profesionales, el disfrute de las obras y, sobre todo, las ventas.
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Rabee Baghshani. VOGUE VI 2019.
La ubicación junto al Sardinero ya dice bastante ¿Qué crees que aporta este marco geográfico a la experiencia ferial y al tipo de visitante que atrae?
La feria se celebra a unos pasos de la playa del Sardinero, lo que convierte la experiencia en algo muy singular. Atrae a un visitante relajado, abierto a descubrir, y hace que la estancia en la ciudad sea parte de la experiencia cultural. El contexto veraniego favorece una feria más fluida, donde el arte convive con la arquitectura, la gastronomía y el paisaje. Muchos coleccionistas aprovechan para prolongar su visita y descubrir otros espacios de la región.
Más allá de las galerías, la feria propone una potente programación paralela. ¿Qué lugar ocupan iniciativas como Ways to Collect o los premios de residencia?
Aunque ArteSantander es una feria de galerías de arte que reconoce su insustituible trabajo, este año Ways to Collect muestra el trabajo de dos iniciativas originales que comienzan con la producción de las obras de arte: los grabados de The Print Subscribers Club y los múltiples escultóricos de 6-Forest Studio, y llegan hasta la comercialización. Queremos mostrar otros caminos para empezar a coleccionar.
Además, ArteSantander intentamos que todos los agentes del mundo del arte se vean representados, y los premios de residencias para artistas son muy importantes para nosotros. Contábamos con uno en Reinosa (Cantabria) y en esta edición incorporamos el Premio de Residencia Piramidón / Artesantander, dirigido a uno de los artistas participantes y consistente en una estancia de dos meses en el espacio Piramidón de Barcelona en 2026.
¿Estamos ante una nueva fórmula para estimular el coleccionismo?
Sin duda. Apostamos por modelos más próximos, abiertos y sostenibles de coleccionismo. Los premios de adquisición son una buena muestra: este año participan colecciones como Navacerrada, Kells Art Collection, Mouro Producciones, Colección Rucandio, Eurostars Hotel Company, Salvador Ranero, El Cagigal y Wadström Tönnheim Collection. Todas ellas confirman su intención de adquirir en la feria incluso antes de conocer la selección definitiva de galerías, lo que habla del grado de confianza que despierta ArteSantander.
Estas iniciativas están generando un nuevo ecosistema de coleccionismo más plural, dinámico y comprometido, en el que se apoyan trayectorias jóvenes, o se vincula la compra a valores, contextos o historias personales.
Hablando de coleccionismo, ¿qué tendencias estás detectando actualmente en las nuevas generaciones de coleccionistas? ¿Se compra distinto, se valora distinto?
Creo que el público de ArteSantander, como el de todas las ferias, se rejuvenece poco a poco. Visitar una feria de arte es parecido a pasearse por un centro comercial lujoso con preciosos comercios. Los stands muestran la diversidad de sus ofertas y los galeristas están todos disponibles para explicar sus proyectos. Esto es relevante porque las nuevas generaciones valoran la obra en su contexto, prestan atención al proceso, a la práctica artística y a los discursos que la sostienen. También se interesan por formatos más accesibles —dibujo, obra sobre papel, edición— y son más rápidos en la toma de decisiones. En ArteSantander lo notamos cada año: hay un público joven, informado, que busca y que compra. Las galerías lo saben, y muchas adaptan sus propuestas para responder a esa energía.
“La accesibilidad es una convicción de la feria, como no puede ser de otro modo. Lo accesible no es lo fácil: es lo bien planteado y generoso.”
¿Qué distingue a las propuestas que triunfan en ArteSantander?
Las propuestas que más éxito tienen son aquellas que destacan por su calidad artística pero también por su capacidad de conectar con los intereses del coleccionismo actual. Desde el año pasado, al abrirnos a modelos más abiertos y plurales, muchas galerías optan por mostrar varios artistas en lugar de centrarse en un único proyecto.
Esto ha enriquecido la feria y la ha hecho más dinámica, permitiendo al público y a los coleccionistas descubrir prácticas muy distintas dentro de un mismo stand. Lo que triunfa es la autenticidad y el cuidado, tanto en la selección de obras como en la manera de presentarlas.
Has trabajado como comisaria y productora cultural en contextos muy distintos. ¿Qué aprendizajes traes de esos otros mundos que ahora aplicas en la dirección de una feria como esta?
La dirección de una feria exige equilibrio entre la sensibilidad curatorial y la gestión profesional, para lo que es esencial tener un buen equipo formado por personas con diferentes talentos y mucho compromiso.
Haber trabajado en diferentes contextos institucionales, independientes e internacionales, me ha permitido entender mejor las necesidades de artistas, galeristas, coleccionistas y públicos. Intento aplicar una mirada estructurada pero flexible, que ponga en el centro la experiencia de quienes participan en la feria: desde la logística hasta la visibilidad y la venta.
Uno de los valores de ArteSantander es la apertura: entrada libre, fuerte presencia de editoriales, foco en nuevos públicos. ¿Cómo se construye una feria accesible sin sacrificar calidad artística?
La accesibilidad es una convicción de la feria, como no puede ser de otro modo, porque recibimos apoyo de las instituciones públicas. La entrada libre permite que público de todas las edades y perfiles se acerque al arte contemporáneo sin barreras. La presencia de editoriales independientes, como la navarra Heads Take Away, o Fontanar Ediciones, de Segovia, los programas abiertos a la ciudadanía o las colaboraciones con comisarias de Santander, como Laura Cobo, Carmen Quijano, Alicia Riva o Laura Olea, amplían ese radio de acción. Con todo, siempre mantenemos un criterio riguroso de calidad artística en la selección de galerías. Lo accesible no es lo fácil: es lo bien planteado y generoso.
Hablemos de sostenibilidad, un tema que sobrevuela varias de las exposiciones este año. ¿Qué papel crees que debe jugar el arte contemporáneo ante los desafíos medioambientales y sociales actuales?
El arte tiene un papel fundamental como espacio de pensamiento, crítica e imaginación colectiva. Muchas de las propuestas presentes en la feria abordan cuestiones ecológicas, sociales y de territorio, como la exploración del paisaje en las fotografías de Maria Elisa Ferraris (A Pick Gallery) y Simone Cametti (Shazar Gallery), o en la pintura de Ángel Padrón, representado por la Galería Artízar.
Además de mostrar esos discursos, intentamos aplicar criterios sostenibles en nuestra organización: trabajamos con proveedores locales, reducimos residuos, promovemos estancias más largas frente a desplazamientos exprés. La sostenibilidad debe ser una práctica, no solo una narrativa.
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Edu Carrillo. Resting Space 2024. Cortesía de VETA by Fer Francés.
Con más de cuarenta galerías participantes, ¿cómo se realiza la selección para mantener una feria equilibrada entre lo emergente y lo consolidado, entre lo local y lo global?
Buscamos una feria con ritmo, que mantenga al visitante atento y activo en cada recorrido. Por eso seleccionamos galerías con propuestas sólidas, capaces de defender tanto trayectorias emergentes –como la del joven Andrés Rivas Rodis, presentado por Néboa– como nombres consolidados, como los maestros Carlos Greus (Materna y Herencia) o Joan Cortés (6A Taller Galería).
La proporción de galerías nuevas, como OB Contemporary de Madrid o Al-Tiba9 de Barcelona, es aproximadamente del cuarenta por ciento. Es una buena proporción para dar continuidad a un profundo proceso de renovación de la feria que iniciamos el año pasado, pero también para seguir contando con nuestros aliados más queridos, como las galerías Rafael Pérez Hernando y Silvestre, de Madrid, Ángeles Baños, de Badajoz, o Antonia Puyó, de Zaragoza. El resultado es un equilibrio entre lo internacional y lo local, lo joven y lo establecido, que funciona también comercialmente, como lo demuestran los buenos resultados de la edición pasada.
¿Algún artista o proyecto de esta edición te ilusiona especialmente ver en diálogo con el público?
Me ilusiona especialmente ver cómo los artistas jóvenes tienen un espacio profesional donde sus obras se ven, se comentan y se adquieren. Hay propuestas muy sólidas que no tienen miedo al riesgo, al humor o a lo político. Me gusta que el público de Santander conozca a Edu Carrillo, un artista nacido en Santander y presentado por Veta by Fer Francés; al dibujante francés Olivier Gruber, presentado por la galería Invisible de Marsella, o a la emocionante Paula Santomé, de la galería sevillana Espacio Derivado. 
Y por último: ¿cómo te imaginas la feria dentro de cinco años? ¿Hacia dónde te gustaría que creciera?
Me gustaría que ArteSantander se consolidara como una feria estratégica del sur de Europa: diversa, profesional, cálida y rentable. Un lugar donde las galerías quieren volver porque venden y son bien tratadas, donde los coleccionistas encuentran obra con sentido, y donde el arte contemporáneo se vive con naturalidad, sin afectación, pero con profundidad. Que crezca sin perder su escala humana y que sea importante para la carrera de los artistas.
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Simone Cametti. The planet is not an homogenic body 2024.
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Matías Sánchez. Los pintores. Todo el tiempo del mundo 2024. Cortesía de VETA by Fer Francés.
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Andrea Davila Rubio. Sitting piece for 2 2021. Cortesía de Néboa.