Existen obras y artistas ubicuos, inclasificables y omnipresentes en todos los espectros creativos. Miguel Deblas es uno de ellos. De la mano de Éskaton y Réplika Teatro, traerán los próximos 8, 9 y 10 de mayo una de estas rara avis con su último trabajo, force song, una representación que va más allá de lo terrenal. Con cuerpo esclavo y alma al desnudo, en esta pieza el artista se abrirá y nos abrirá en canal. La aparente sencillez de un hombre que habita en soledad un escenario repleto de simbolismos dará lugar a un diálogo entre público e intérprete; un susurro sin aderezos, pero imponente, para trascender del plano físico.
La pieza recorre un tortuoso camino desde tocar fondo hasta llevar firmemente las riendas, tomando la vulnerabilidad como combustible. Es una purga, un exorcismo de esa relación tóxica con lo puramente físico. Es una lucha exterior que nace y muere dentro para volverse más clarividente que nunca: la fuerza como mera construcción sin alma, las normas autoimpuestas por la masculinidad y la esperanza como expectativas vacías. Con lo estético, la apariencia y la presión por bandera.
Durante tres días, el artista ubetense será la fragilidad a través de lo grandilocuente, lo aparatoso, lo pretencioso y lo superficial. Y así, sin mayores pretensiones, persigue la huida del bucle con una deconstrucción a todos los niveles. Desde la introspección social hasta la fuerza verdaderamente valiosa, la interior, como actos de rebeldía ante la desidia. Una desidia que se ha apoderado de todo y unas corrientes obsoletas que la aprovechan en búsqueda del retroceso. Porque detrás de lo mundano puede haber matices muy complejos y, cuando se trata de matices, force song no da puntada sin hilo. Hablamos de todo esto y más con Miguel antes del estreno de la obra en Madrid esta semana. 
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Hola, Miguel, es un placer volver a tenerte por aquí. Ya sabes que nos fascina ese mundo interior y nos encanta que lo compartas con nosotrxs. Antes de nada, ¿cómo estás y qué has estado haciendo últimamente?
Completamente sumergido en los ensayos y preparativos de force song. También un poco de nervios…
Para quien no te tenga localizado, ¿cómo se presentaría Miguel Deblas al público?
Alguien que se relaciona con la idea de escena y de teatro continuamente desde distintas perspectivas: poniendo el cuerpo, con la dirección, la escritura, la pedagogía, la producción, etc.
Son ya varios años de carrera en los que no has parado de sumergirte en proyectos y de experimentar diferentes vertientes artísticas. ¿En qué momento creativo te encuentras tras todo el camino recorrido?
Contento de contar siempre con el apoyo y colaboración de Réplika Teatro y su gente en la mayoría de nuestros procesos y también contentos del pasado estreno de Häxan en el Festival de Otoño y de todo lo que se viene por delante.
Como es habitual en vuestra propuesta, force song será una obra multidisciplinar en la que escritura, dramaturgia, coreografía, performatividad y narrativa escénica convivan. ¿Cómo se cohesionan estos lenguajes para dar forma a un mensaje?
Realmente es un misterio que solo se revela en la práctica a través de los días que van pasando. Intentamos ser metódicos, anticiparnos y todas esas cosas, pero una vez que entramos en la sala de ensayos todas esas estructuras mentales se van a la mierda y toca echarse al barro.
“Meter el cuerpo en un escenario sirve para preguntarse si este debe satisfacer estas expectativas o señalarlas para decepcionarlas o crear otras nuevas.”
force song será vuestro cuarto proyecto tras Cicuta contagiosa (2021), Ejercicios militares para confundir éxtasis y agonía (2023) y La poesía y el discurso (2023). Viniendo del éxito de Häxan y su esotérica en el pasado Festival de Otoño, ¿qué esperar de este nuevo trabajo?
A diferencia del resto de trabajos que hemos llevado a cabo este es el más austero, el más desnudo, donde hemos trabajado privándonos de instrumentos como la composición musical o grandes diseños de iluminación o escenografía. force song es una canción que se canta a cappella solo con el cuerpo, con el mío como performer y con el del público también.
Os lanzáis de cabeza a explorar el concepto de fuerza y su simbolismo. ¿Cómo surge esta idea y cómo ha sido el proceso hasta materializarla?
Surge de un momento donde sentí una debilidad y miseria extrema, una inferioridad absoluta con el resto del mundo, de un momento donde todas las relaciones que daban forma a mi vida explotaron. Todo esto con el consecuente hundimiento que conlleva. Como no quería entregar al mundo otra obra más de autoficción depresiva, la materialización ha sido todo un proceso de enterrar ciertos episodios para abstraerlos y concretarlos en ciertos elementos que permitan generar conexiones y relaciones nuevas con el resto del mundo.
El culto al cuerpo, lo físico, lo aparente; la obra parte de la superficialidad como una primera capa que esconde sentimientos, emociones y mensajes mucho más profundos: la presión estética, la dictadura de las redes sociales, los prejuicios, o la salud mental asociada a ello. ¿Cómo refleja este contraste la sociedad actual?
Pienso en cómo convertir nuestro propio cuerpo en una imagen perfecta supone un trabajo, una relación laboral con nosotros mismos, y también cómo supone una forma de relacionarnos con los demás a través del control de la percepción que los otros tienen sobre nuestro cuerpo y, por lo tanto, sobre nuestra persona. Representar el cuerpo de esta manera es para mí una forma de anhelo contemporáneo de controlar la realidad y nuestra posición sobre ella, y también algo muy gay.
Uno de los componentes clave será la masculinidad, casi que lo estoico, como canalizadora de estas emociones. La representación trata elementos como el trabajo muscular o los suplementos y su impacto más allá del mundo fitness. ¿Qué simbolizan y cómo se construye esta relación?
Simbolizan el tratamiento de nuestro cuerpo como una empresa que debe maximizar su rendimiento al máximo, que debe obtener los mejores resultados combinando los mejores movimientos, con la mejor alimentación, con los mejores suplementos, con las mejores horas de descanso. Siento que esta serie de dinámicas en las personas LGTBIQ+ que performan masculinidad, especialmente los maricones, son una especie de sofisticación de la masculinidad. Una sofisticación maligna que solo nos sirve para enmascarar años de invisibilidad, marginalidad e inferioridad en nuestras vidas y en la historia y que perpetúa la misma idea de la que huimos.
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De esta cultura, unida al poder de difusión de internet, han surgido corrientes ideológicas que instan a seguir ciertos modelos, que difunden hábitos poco saludables o que incluso incitan a autolesionarse (no sé si estás familiarizado con el concepto ‘looksmaxxing’). ¿Cómo aborda la pieza estas ideas?
A través de la coreografía. Poner toda esta serie de partituras, movimientos y elementos maximizándolos y alterando sus lógicas habituales para formar una coreografía es ponerlos a ocupar un lugar donde lo único que producen es algo inútil y absurdo, con toda la belleza que eso puede conllevar.
Es una presión que siempre han experimentado las mujeres y que ahora recae también sobre el hombre. Pero últimamente, tendencias como estas derivan en pensamientos misóginos, llegando a romantizar ya no solo esa búsqueda de la apariencia ideal, sino la figura del hombre ‘de alto valor’ y su vida sin mujeres. Es la famosa ‘manosfera’. ¿Cómo pueden influir esas ideas en la gente y cómo combatirlas desde el arte (y fuera de él)?
En force song el público está dispuesto de forma no-binaria, es decir, irregularmente por el espacio, formando distintos tipos de grupos, distintos puntos de vista, alejando la mirada de la frontalidad, la homogeneidad y el estatismo. Desmontando el punto de fuga y, por lo tanto, la posibilidad de control de la mirada del público. Indagando en una forma de construir y mirar de una manera diferente a la habitual en nuestra cotidianidad y que solo nos puede aportar la escena.
Con este contexto, ¿qué suponen conceptos como la fuerza, la resiliencia o la vulnerabilidad y su idealización para force song?
Con todo el equipo hemos pensado mucho durante el proceso cómo la fuerza pasa de ser una cualidad natural o algo espiritual y cómo socialmente se idealiza para, efectivamente, ensalzar una construcción política y cultural que aporta valor, legitimidad y poder a ciertos cuerpos sobre otros. Una idealización que desplaza los momentos más inflexivos y decisivos de nuestras vidas, los de la vulnerabilidad.
Esa idea de llevar la expectativa al extremo, de perseguir la validación a cualquier coste, se representa en la obra a través de la esperanza. ¿Cómo nace esta analogía?
La escena es ya el territorio de la esperanza; sentarse en un patio de butacas es un gesto lleno de expectativas y esperanza en que pase algo que genere algún cambio delante de ti. Por otro lado, meter el cuerpo en un escenario sirve para preguntarse si este debe satisfacer estas expectativas o señalarlas para decepcionarlas o crear otras nuevas.
“Fomentar la esperanza sin un proyecto político contundente detrás creo que solo nos sirve para continuar contentos en la rueda de la producción.”
Lejos de la concepción tradicional de la esperanza como la creencia firme de que algo se puede lograr, en force song se percibe como una dualidad; como un camino tortuoso desde lo inspirador hasta convertirse en algo a veces inalcanzable, que no para de alejarse cuanto más nos acercamos a ello. ¿Qué te ha llevado a esta reflexión sobre una idea tan arraigada en la sociedad?
Soy de una generación que creció con la promesa de una utopía de tecno-inmortalidad socialdemócrata donde si participábamos de la sociedad tal y como se nos pedía (estudiando, trabajando) iríamos a los sitios en coches voladores y nos libraríamos para siempre de los trabajos ignominiosos, el padecimiento y la incertidumbre. Nos dieron esperanza a cambio de obediencia. Obviamente, agradezco y reconozco la cantidad de derechos conquistados en estos años, pero también todos los engaños.
Actualmente, se le pide desesperadamente al arte que genere nuevas esperanzas porque la única política capaz de generar esperanza, desgraciadamente, es la extrema derecha. Fomentar la esperanza sin un proyecto político contundente detrás creo que solo nos sirve para continuar contentos en la rueda de la producción.
Se percibe como una obra introspectiva, casi personal o filosófica, en esta ocasión representada en solitario. ¿Qué reto supone llevarla a cabo?
Es una pieza muy delicada. La dificultad está en ir con el tiempo presente y no por delante. Pero más que un reto, me parece una fortuna poder llevarla a cabo. 
Tras recorrer este viaje interior, el mensaje final apunta a la deconstrucción, a huir de lo impuesto, a buscar la pureza en las relaciones y el día a día. Transmite algo que se podría asemejar a la concepción tradicional que muchos tenemos de la esperanza, casi como un acto de rebelión en busca de algo mejor. ¿Cómo definiría su autor el mensaje de force song?
force song es un enfrentamiento físico a los conceptos occidentales y contemporáneos de fuerza, masculinidad, forma física, trabajo, amor y esperanza.
La obra plantea experiencias vitales con las que mucha gente podría identificarse. ¿Qué le dirías al público antes de que vaya a presenciarla?
Que escuchen más a las obras y menos a lxs artistas. Y que, si no han estado nunca en Réplika Teatro, les animo a venir porque es un lugar precioso.
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