La capacidad de hacer reír está reservada a unos pocos y ahora es el momento de Marc Biarnés, más conocido como Nosoloviernes2 en Instagram, donde ha fidelizado a una comunidad de más de 490.000 seguidores. Por no hablar del millón de personas que le siguen en TikTok. Marc ha entendido que con un vídeo subido a redes reúne a más espectadores que en un teatro, pero aun así ha empezado una gira teatral en la que ensaya su anhelado programa de televisión en prime time. El 5 de junio aterriza en el Teatre Borràs de Barcelona y si no quieres quedarte sin entradas en cuanto las ponga a la venta, espabila porque se viene nuevo sold out.
La tradición del humor catalán se caracteriza por ser irónica, a menudo inspirada en la vida cotidiana, la cultura propia y la autocrítica, con un fuerte componente de sátira política y social. Destacan sus monologuistas y una gran tradición de comedia en teatro y en televisión, incluyendo el cómic y la prensa satírica comprometida con las luchas sociales y políticas. El paradigma humorístico ha cambiado en las últimas décadas y actualmente impera el humor de actualidad política. Durante el franquismo los censores del régimen obligaron a los cómicos a agudizar el ingenio y humoristas como Joan Capri llenaban los teatros utilizando metáforas que esquivaban el control ideológico y moral de la dictadura. Con la llegada de la democracia conocimos a Eugenio y a Pepe Rubianes, y cada uno en su estilo se rebelaron en contra de lo establecido. Hoy, este actor de formación, cajero de supermercado durante un tiempo por necesidad y azote de la estulticia que nos rodea se revela desde las redes contra los bulos y mentiras proclamados desde los altavoces mediáticos de la extrema derecha. Y ahora también, desde los escenarios. 
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Biarnés es un apellido muy barcelonés, aunque proviene del condado de Bearn en el Pirineo francés.
Sí, Biarnés por parte de mi abuelo paterno, que era de Barcelona de toda la vida. Mis abuelos eran barceloneses y mis abuelas eran mujeres murcianas.
¿Y esa melange qué resultado ha dado?
Ha traído un resultado, no voy a decir exótico, que suena demasiado tropical, pero sí una mezcla de muchas maneras de hacer de un lado y el otro. Como somos muchos catalanes. En mi casa siempre se ha hablado castellano y la comida ha sido murciana. La parte femenina es la que ha venido de fuera y es la que ha estado más presente en mi vida.
La palabra ‘xarnego’ había caído en desuso y ahora algunos la reivindican.
A ver, yo soy catalán de pura cepa pero culturalmente tengo una cosa que no es tan catalana. Hay algo muy simple e infalible para entenderlo. En una comida se nota si estás en una casa que es de catalanes de generaciones, o si estás en una casa de gente del sur. No es el mismo vermú que hacen mis padres, que el que hacen amigos míos catalanes de generaciones. Ellos ponen unas patatas y unas olivas a secas y en casa solo con el vermú ya has comido. La manera de estar en la mesa, de comportarse, el tono de voz incluso, es distinto. Yo tengo el tono de voz muy alto, propio de mis abuelas. Hemos hablado siempre muy alto y de una manera mucho más directa. Un poco más salvaje, fuera de estas barreras que hay a veces en el propio lenguaje. Si vas a casa de un catalán de pura cepa, hay una especie de rectitud que no está en las casas de los que hemos compartido culturas.
¿De pequeño ya diseccionabas a tu entorno?
Desde pequeño he observado mucho y me ha gustado analizarlo todo. De ahí también salió lo de querer estudiar interpretación, porque al final la herramienta primordial para comunicar es la observación. En la observación está todo, porque luego es más fácil imitar un gesto, captar la esencia de un momento, o de una persona y guardarla.
¿En qué momento aparece tu capacidad crítica?
En secundaria fui a parar a una escuela que era demasiado estricta y había muchísimas cosas que no estaban bien. Aunque a los alumnos y a nuestros padres se nos vendía como normativa de colegio, había cosas que vulneraban nuestros propios derechos. Ahí empecé a tener una imagen de rebelde para el claustro de profesores, que en verdad no era más que señalar cosas que veía que no estaban bien. Ahí empezó. Quise ser delegado de clase, pero las tutoras no me dejaron serlo. Ahí empecé muy reivindicativo.
¿Cómo se desarrolla el pensamiento crítico?
Quería estudiar algo que me permitiese ser crítico. Estaba claro que era el arte pero no tenía las narices de decirle a mi padre que quería ser actor. Empecé a estudiar marketing e hice unas prácticas en una empresa de hostelería. Las oficinas estaban encima de uno de los restaurantes. Entraba a las tres de la tarde, después de las clases y siempre me decían: cuando llegues aprovecha y súbete los cafés. Esto lo pasé el primer día, pero siempre he sido una persona que cuando noto que algo no es normal, no puedo convivir con ello. No lo puedo evitar. Hay muchas personas que están en un puesto de trabajo y saben que hay algo que no es correcto, pero conviven con ello. Yo no puedo. El segundo día les dije que yo no veía normal que tuviera que subir la bandeja de los cafés. ¿Cómo lo solucioné? Dos días seguidos tiré la bandeja con los cafés en la moqueta y me dijeron que no los subiera más. Mi jefe vio en mi cara que lo había hecho adrede. Tenía dieciocho años recién cumplidos. Hablé con mi tutora y le dije que no estaba aprendiendo nada y ahí fue cuando le dije a mi padre: no aguanto más, quiero ser actor. Para mi sorpresa me dijo: ah, bueno, pues vale, pues sé actor, no hace falta ni que acabes las prácticas.
¿Llevabas mucho tiempo pensándolo?
Sí, había querido ser actor desde pequeño. Siempre he sido muy teatrero y me ha encantado lo de comunicar. En clase era el payasete y me encantaba hacer reír. Me di cuenta de que mi sueño era hacer reír a la gente y entretenerles.
¿Buscando su aprobación?
No, porque yo sabía que era gracioso. Me gusta escuchar las risas de la gente, me llena de energía, es como que hago la fotosíntesis cuando detecto que la gente que tengo enfrente se ríe. Eso lo tenía claro desde pequeño, solo que abandoné la idea por un prejuicio mío con mi padre. Siempre pensé que jamás me iba a dejar ser artista.
¿Qué significó para ti?
Me cambió la vida. Me di cuenta de que estudiar interpretación, teatro del movimiento, trabajar con las emociones y comunicar, era literalmente como yo lo había imaginado desde pequeño. Las cuarenta capas de cebolla que me envolvían se me cayeron de golpe. Era el click que me faltaba para que todo lo que llevaba dentro pudiera salir. El punto bonito cuando empiezas a estudiar, es que piensas que vas a ser un superactor y que esa va a ser tu vida, pero luego pasas por muchas fases. La mayoría de la gente con la que empiezas lo abandona porque es un saco roto estudiar eso hoy en día. O tienes suerte, o te tienes que buscar la vida en las redes sociales.
¿Te hiciste alguna pregunta cuando terminas tu formación?
Sí, y me la respondí. A buscar trabajo, nene, o sea, un trabajo normal. Acabé muy contento pero me desinflé por completo. Eso que había deseado toda la vida, ahora se ha acabado.
Me refiero a tu ambición. ¿Qué ambición tenías en ese momento?
Siempre tuve claro que quería entretener y siempre he sabido que iba a pasar en algún momento porque es algo por lo que he luchado de forma intuitiva. Lo he buscado.
¿Cuáles son tus habilidades?
La comunicación y el punto crítico, que creo que es supernecesario para comunicar en general, porque si no es una comunicación banal. Esa cosa crítica que siempre la he tenido y que además ahora es más necesaria que nunca. Mi ambición fue siempre ser como Andreu Buenafuente. Cuando era pequeño lo veía en el late show de TV3 y pensaba quiero hacer eso. Siempre he querido tener un programa de televisión.
Ahí estás proyectando una necesidad muy difícil seguramente de poner en palabras, pero a mí me gustaría que lo intentáramos. Es decir, cuando uno quiere tener un programa, quiere dirigirse a los demás para acercarlos a su mundo interior y compartir su visión de la vida. Ahí hay una necesidad. Vamos a ver si eres capaz de explicarme esta necesidad de dónde nace. La necesidad de proyectarte y además tener un impacto en los demás. No sé si para manipularlos o para convencerles de algo.
No, para manipularlos no. A ver, yo siempre he sido bastante sensible a la sociedad en general, a los cambios y a las cosas que suceden en el mundo. Me afecta bastante cuando pasan cosas graves y aunque no lo parezca y lo lleve con humor, me afecta y además soy muy pesimista. Creo que formo parte de un grupo social que aunque sea a través del humor o del entretenimiento, batallamos contra algo. No sé exactamente qué es, pero creo que estoy batallando contra algo.
Yo creo que sí que sabes lo que es.
¿Qué es?
Me gustaría que lo dijeras tú. Tú partes de un inconformismo que se estaba evidenciando en la escuela y en la familia y tienes la necesidad de llegar a los demás y encontrarte con el otro. Actuando, eso es posible. Cuando tú te presentas como alguien irreverente, que es capaz de llevar mucho más allá la crítica y ser inteligente, haces exactamente lo que hace muy bien Andreu Buenafuente. A tu enemigo lo conoces perfectamente. Tu enemigo es el poder.
Sí, sí, lo iba a decir antes pero digo ¿cómo va a sonar?
Aquí puedes decirlo todo.
Yo sé contra quién batallo.
¿Ese enemigo es el que compartes con tus seguidores?
Claro, es que nos afecta a todos. Yo batallo contra el estilo de vida que nos ha impuesto el poder y las élites. Es un modelo de vida que pretenden que no salgamos de ahí y que no pensemos más allá. Yo batallo contra eso con humor y con crítica, y por supuesto pretendo que mis vídeos despierten consciencias. De hecho, la primera vez que hice un vídeo, ni sabía que aquello se iba a hacer viral. Era el primer TikTok que hacía diciendo que me estaba dando ansiedad pensar que tenía que ir a trabajar. Era en plena pandemia por el Covid y estaba trabajando en un supermercado. Ese vídeo se hizo superviral. Ahí empezó un poco mi batalla, porque el siguiente vídeo fue despidiéndome del trabajo, sin paro y sin nada. Siento un inconformismo total hacia un estilo de vida que está totalmente impuesto y que parece que no tiene alternativa. También lo veo en mi entorno. Mucha gente que sufre una especie de rendición hacia lo que nos pasa y se conforman.
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¿Qué recuerdas del súper?
Muchas veces hablaba con mi compañera de la caja de al lado y le decía: no puede ser que esto sea la vida. No puede ser que vaya a ser esto. Tengo veinticinco años y no puede ser que sea esto hasta que me muera. Un sueldo de mierda, encima cara al público, con un público mayoritariamente desagradable, sin poder llegar a pagar un puto piso de alquiler compartido con cuatro personas. Más desgraciado, no se puede ser. Me acuerdo que pensaba que tenía que haber una alternativa por cojones, porque además sé que esto no está bien. No es correcto esto que nos está pasando. La vida ya te digo yo que no es esto de ninguna manera. Me he llegado a escuchar cosas tipo eres un vago, o la vida es trabajar. No, no estoy diciendo que la vida no sea trabajar. Si tú tienes un trabajo digno, con una remuneración digna que te permite tener una vida digna, es muy satisfactorio trabajar. Lo que no me gusta es lo que estoy viviendo y que además detecto que o hay un cambio, o me voy a morir así. O hay un cambio, o es que todo irá literalmente a peor y los que nos vamos a morir somos los pobres.
Te posicionas políticamente y eso no lo hace todo el mundo. ¿Para ti es irrenunciable?
Totalmente irrenunciable. Vivimos un momento en el que o te posicionas políticamente, más teniendo un altavoz, o estás perdiendo una oportunidad que puede ayudar al otro bando. Es inamovible lo de posicionarse políticamente y además intento hacerlo desde el humor, pero el mensaje está muy claro.
Dices lo que muchos piensan y no se atreven, o no pueden decir. Te has hecho portavoz de todos aquellos que de alguna forma pueden empatizar con tu posición frente al adversario político.
Somos la mayoría.
¿Qué poder te da tener a la mayoría de tu lado? Esa seguridad que te da saber que hay mucha gente que te sigue e interactúa contigo ¿en qué te ha cambiado?
No sé si me ha cambiado mucho. Me he hecho una personalidad en Internet bastante asentada para un público. La gente sabe cuál es mi ideología y desde esa posición consagrada, por así decirlo, me siento mucho más libre que al principio. Me siento que voy más acompañado.
¿Cómo recibes esta respuesta masiva?
La recibo con esperanza porque tengo una personalidad que me puede inundar el pesimismo. Todo lo que me está pasando ahora y lo que recibo de la gente, me llena de optimismo y de esperanza. Si no tuviera esta interacción con la gente y solo me dedicara a leer la prensa, o a ver la televisión, pensaría que estamos totalmente perdidos. Si no hiciera vídeos, no leyera los comentarios que recibo y solo viera lo que quieren los medios que vea, diría que estamos perdidos y esto se ha acabado. En cambio creo que la batalla se está librando en Internet.
Hay voces que dicen que Internet está totalmente controlado y que al final las elecciones se ganan o se pierden en las redes sociales.
Es cierto, la plaza en la que la gente debate está controlada. Elon Musk manda en la plaza que es X. Pero las voces, no las podrá controlar. Puede controlar X, pero la gente que debate, que habla y que escribe ahí no la podrás controlar nunca. Es así, y no está todo perdido como muchos dicen. Por la tele se quiere mandar ese mensaje, pero no es cierto.
¿Cómo te conectas con la realidad?
A través de mi grupo de amigos y con mis padres. Es una realidad bastante desafiante. La realidad es un bochorno ahora mismo, pero luego la realidad del tú a tú, la del barri, la del bar, me salva.
Decías que la realidad te puede hundir en cierto modo. ¿Qué haces para salir de esa situación?
Me invento otra con otro enfoque.
Lo interesante aquí es que haces cosas. Tienes alma de líder, eres irreverente, eres capaz de movilizar a los demás, de escucharlos, pero también de darles la seguridad para reaccionar. ¿Cómo haces para pasar a la acción?
El objetivo de todos los vídeos que hago es hablar de todo aquello que ocurre y sabemos que hay algo raro o que nos esconden. Tengo la facilidad, es cierto, de denunciarlo y que la gente diga, ah era esto lo que yo estaba viendo, pero qué guay que lo has puesto en palabras y encima me he reído. Sí, eso es lo que más me mueve de hacer vídeos.
Esa es una habilidad que no se aprende en la escuela, pero que has ido desarrollando desde pequeño. En clase ya eras el delegado de curso, en casa debes ser muy querido por todo el mundo y me da que tienes mucha facilidad para relacionarte y tener amigos. ¿Esa posición cómo la vives?
Me gusta. Creo que he nacido para esto. No sé cómo podrá sonar esto, pero es así. Considero que he nacido para hacerles la vida un pelín más agradable a las personas que tengo al lado. Es como un objetivo que va en mi manera de ser con la gente que me rodea y lo he trasladado a Internet. Aunque no te tenga al lado, el objetivo es el mismo. Cuando desarrollas esa capacidad de hacer reír a la gente desde la simpleza, conforme creces con eso y lo sigues desarrollando, aprendes a detectar al otro. Cuando desarrollas el humor, el hacer reír, detectas lo que es un silencio incómodo, o aquello que al otro le hace reír. Te vuelves observador y entiendes unos tiempos que nadie te ha enseñado y que son las leyes de la comunicación. De la simpleza de hacer reír a la gente, desarrollas unas capacidades de comunicación muy fuertes que te ayudan a tener relaciones muy buenas. Las leyes del humor se pueden extrapolar a la vida perfectamente. Cuando haces humor desde pequeño, sabes escuchar al otro. Con la tontería de fijarme dónde meto este chiste, solo con eso tienes herramientas para otras cosas de la vida. Desarrollas un nivel de comunicación muy bueno y aprendes mucho.
El show que has presentado en Madrid y pronto en Barcelona, no es el primero que haces. Cuéntame qué es lo que vamos a ver.
La mayoría de mis vídeos se basan en noticias que ocurren. Quería que la gente viviera en directo lo que es una especie de noticiero, un fake show de noticias. Todo está prácticamente improvisado porque parto de las noticias que ocurren esa semana. La improvisación funciona porque se me da muy bien. Voy a poder hacer lo que siempre he querido hacer. Como nadie me lo ha dado aún, voy a presentar el programa con el que he soñado. Quiero una taza, una mesa, quiero ir en traje, quiero que haya un proyector, que se vayan viendo titulares y quiero comentarlos. Va a ser un show superespecial. Va a ser distinto en cada ciudad, porque va a depender de lo que haya ocurrido esa semana. Es el momento de hacerlo porque ahora mismo la actualidad está muy efervescente.
Además tú teatralizas la actualidad informativa.
Sí, sí, me encanta. En el show va a haber eso también y enlaza con un espectáculo anterior que era un monólogo teatral, escrito y dirigido por mí que funcionó muy bien. Ahí contaba que me echaban de casa y aparecía en el teatro con una maleta.
Vas a tener mucho éxito, estoy seguro. ¿No te da miedo aburguesarte como le ha pasado a Andreu?
No, también me gusta el dinero (risas). Sueño con él. Creo que merezco, tengo el derecho a tener una vida superdigna. La he tenido gracias a mis padres, pero hay muchas cosas que no tengo. Desde que salí de casa de mis padres he ido de piso en piso, de compartir con tres, con cuatro, con cinco, con una guarra y con un cerdo. No es que yo quiera muchísimo dinero, pero quiero probar lo que es la vida de decir, vivo solo, tengo una casa y este fin de semana me apetece ir a Menorca, pues me voy a Menorca. Y si quiero hacer una clase de submarinismo, cojo y la hago, aunque valga 80 euros. Quiero vivir todas esas pequeñas cosas. Que en verdad son pequeñas cosas.
¿Qué puntos de unión tienen los temas que te interpelan?
Para mí lo primordial es señalar la naturalidad que han cogido discursos totalmente retrógrados en la televisión, porque creo que somos pocos señalándolo. Lo que no se puede hacer es dejar que esté sucediendo como si no pasara nada. En algunos vídeos puedo hablar de una persona, pero a lo que me refiero es a todo lo que representa esa persona. Si en una televisión pública como Telemadrid, hay una persona diciendo que los niños deberían ir a los toros para aprender cosas que no aprenderán en ningún otro lado, si no señalamos este tipo de cosas, se están naturalizando y eso no puede ser. Tenemos que ser muchos los que pongamos el foco en eso y lo señalemos con humor.
¿Te sientes solo en ese sentido?
Los que estamos en Internet haciendo esto somos pocos, comparado con los que son del otro lado. A mucha gente le da miedo posicionarse porque hemos visto shows cancelados o que sufren censura, o el compañero que le quitaron el programa en la SER por hacer una parodia. Está pasando lo que quieren que pase los del otro lado, que invoquemos el silencio y estemos callados.
¿Eso qué nos dice de esta sociedad?
España tiene tintes de democracia, pero estando el poder judicial cogido por quien está, no puede ser una democracia. Lo estamos viendo con muchísimas cosas. Si eso no cambia, democracia la de mis cojones. El sistema jurídico de un país lo es todo. A mí me pueden hacer creer que votando cambiaré cosas, pero las importantes no se nos va a permitir cambiarlas si no cambia la cúpula del poder judicial. Eso me desalma un poco. Los grandes poderes de España los ocupan quien los ocupa y yo no voy a vivir lo suficiente para ver cómo eso cae.
Ganaron la Guerra Civil.
Sí, pero aparte de lo que sucede en España, a nivel global está habiendo todo un mecanismo de destrucción de las democracias que hace que el cambio sea más difícil. ¿Puedo vivir algún cambio? No lo sé, realmente no lo creo.
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¿A tu generación la ves capaz de provocar algún cambio?
No, no los veo capaces, y no los culpo, porque hay muchísima gente que ha sucumbido al sistema. Cuanta más gente haya sucumbido, que desgraciadamente hay mucha, es mucho más difícil el cambio. Además las generaciones que vienen detrás, hay gente que tiene esperanzas, yo pocas, la verdad, porque destruir el pensamiento crítico ha sido el objetivo del poder. Eso está calando cada vez más también entre las nuevas generaciones. Estos están todo el día con el móvil, imitando discursos de odio que ven en las redes. Hay chavales que dicen que se vivía mejor con Franco. Eso ya te está diciendo la poca esperanza que hay. Tengo muy poca esperanza.
¿Qué dirías que tienen en común las personas que te interesan? Las que eliges para trabajar, para relacionarte con ellas, para que formen parte de tu vida, o para compartir piso.
Vuelvo a lo mismo, el humor.  El humor es muy importante y de hecho mi grupo de amigos, que es el mismo desde hace quince años, nos reímos de todo. El humor nos hace estar despiertos y forma parte de no claudicar. Una persona que sucumbe seguramente haya perdido el sentido del humor. El sentido del humor te mantiene vivo, porque te permite reírte incluso de desgracias. Yo soy el primero que me río de mí mismo.
¿Eres muy duro contigo mismo?
No soy muy duro, pero me encanta reírme de mí. Soy una persona que llevo a cabo muchas acciones, muchas cosas que son para reírse y me río. La propia desgracia también la he llevado con humor. Incluso la enfermedad en la familia la he llevado con humor. Sí, me ha salvado muchísimo. Incluso cuando explico un problema a alguien, siempre lo explico con humor. Luego a lo mejor un día lloro, pero será porque necesito llorar. En eso no me corto.
¿Te conoces bien?
Sí, muy bien.
¿Y de qué te sirve conocerte bien en tu trabajo?
Detectar rápidamente qué cosas no hago bien, o qué cosas no están bien. Soy muy autocrítico. No tengo ningún tipo de pudor en decirme a mí mismo no sé cómo afrontar un problema en vez de esconderlo. En muchas situaciones que me han pasado en la vida, me he dicho a mí mismo que tengo miedo a afrontarlas, o no sé cómo hacerlo y sé que es un problema, pero no lo escondo. Pero hasta que pueda afrontarlo, me digo sin pudor, esto lo tienes que afrontar Marc. A esto te tienes que atrever. Quizás tardo tres meses en atreverme a dar un salto para quitarme de ahí, pero lo hago.
¿Cómo explicarías la vida de un actor errante de treinta y dos años?
Es un asco. A ver, es una mierda de vida, literal. Es una cosa que es absolutamente para valientes hasta que llega el día que renuncian. He visto a todos mis amigos que estudiaron conmigo caer. El único que se dedica un poco a esto soy yo. De chiripa pasó esto de Internet y me dije esta es la mía. Abriré el telón de mi teatro cada día desde mi habitación. Lo voy a aprovechar. Gano dinero con las publicidades que voy haciendo de vez en cuando y se pagan muy bien, la verdad.
¿Escribes?
Sí, voy a publicar un libro en otoño. Me contactó Penguin Random House y me preguntaron si tenía algún texto para que pudiéramos hacer algo juntos. De hecho había escrito una novela y me dijeron que para empezar es más fácil vender algo del estilo de lo que hago en los vídeos, donde se viera mi punto de vista. Lo entregué en diciembre y saldrá en otoño. Se titula: ¡Manifiesto de una sociedad en descomposición!
¡Un nuevo manifiesto!
He recogido todas las reflexiones que la gente ha ido viendo en mis vídeos en un manifiesto que se explica a través de diferentes acontecimientos que han ocurrido en la sociedad española. Lo que permiten que ocurra, mejor dicho, que es una cosa que me tiene loco. Como idea general, lo tonta que es la gente y cómo se muestran sin ningún tipo de problema. Es una cosa que me descoloca. Uno de los capítulos habla desde el humor negro, de volver a la psiquiatría antigua, cuando al idiota se le diagnosticaba como idiota y prácticamente se le encerraba de por vida. Ahora los idiotas llenan las calles, están en la tele, en los podcasts, en las tertulias…
¡Y en la política!
¡Y en la política! Hemos pasado de tenerlos casi como encerrados, a darles un papel y un poder. Eso tiene que ver con lo de sucumbir. Todo esto forma parte del poder de los medios de comunicación, que son los que tienen la culpa de que hayamos normalizado como sociedad que haya un idiota en la tele sentando cátedra. Esto se ha normalizado y a mí se me revuelve el estómago. ¿Por qué tengo que ver en la televisión un debate sobre si la tierra es plana? Que alguien me lo explique. ¿Por qué hay un debate entre una persona que es astrofísica con una persona que es negacionista? ¿Qué tipo de debate puede haber? No hay debate ninguno, pero estamos llevando a la televisión debates con conspiranoicos en prime time. ¿Cómo se puede permitir?
Dicen que es entretenimiento, pero yo digo que es manipulación.
Sí, aparte de la manipulación, eso podría ser entretenimiento en otro tipo de formato. Pero no, estamos hablando de tertulias mañaneras y de tertulias políticas pretendidamente serias. Y libertad de expresión, la de mis cojones.
¿Qué concepto tienes de la libertad de expresión?
Creo que se le ha dado alas a un monstruo. De hecho, si te fijas, lo que más se repite en los debates de televisión es el concepto de la libertad de expresión. Como lo han repetido tanto, la gente se ha creído con el poder de opinar sobre cualquier cosa. Mentir no es opinar, es mentir. Y ahora hay libertad para poder mentir, que obviamente tiene que haber alguien detrás para que todo esto se permita. Si usted está mintiendo, está mintiendo. Es como cuando se repite el mantra: vivimos en una dictadura bolivariana. No, oiga, usted no vive en una dictadura y libertad de expresión no es decir vivo una dictadura. Eso es una mentira y no se puede permitir. Se puede tolerar que usted opine sobre si la tortilla francesa se hace con dos huevos o con tres, diga lo que quiera de eso, pero mentir no es aceptable. Cuando tenía quince años era una persona muy observadora pero me parece que no utilicé el concepto de libertad de expresión hasta los veinte y pico. Lo daba por hecho. Con el mantra de la libertad de expresión se están destrozando las cosas que son de verdad y sobre algo que es verdad no hay mucho que opinar porque es verdad y punto. Si una cosa es cuadrada es cuadrada y la percepción no es libertad de expresión. Eso es percepción y uno no puede desde su percepción decir cualquier cosa, porque esto es la casa de los locos. Uno de mis objetivos es mostrarlo y recordar que son tiempos locos.
¿Te sientes una persona libre?
Totalmente. Soy una persona libre en un entorno de libertades. Hay unas normas comunitarias que existen y eso a mí no me quita libertad. Que es lo que confunde la gente. Lo de las redes sociales para menores, o cualquier cosa diciendo que les quita libertad. No, a usted no le están quitando libertad. Son normas comunitarias, vivimos en comunidad, vivimos en sociedad, somos una ciudadanía, ha de haber unas normas y estas normas a usted no le quitan libertad. Yo vivo en un país libre, tengo libertades, por Dios, tengo libertad para escoger el trabajo que quiera, para irme a vivir donde quiera, para hablar. Vivo en uno de los países más libres del mundo.
¿Cómo te relacionas con el futuro, la idea de tener tiempo por delante?
Me gusta pensar que lo tengo. Soy optimista ya que mayoritariamente en mi vida han ido sucediendo las cosas que me he propuesto. Siempre estoy pensando en qué más quiero hacer y conseguirlo. El hecho de tener tiempo me da esperanza.
¿Entiendes tu existencia como una oportunidad para hacer qué? ¿Para ser qué?
Para sentir. La oportunidad real que tenemos cuando llegamos aquí es la de sentir. Ese es el epicentro de la existencia. Creo firmemente que el objetivo de existir es sentir. No quiero sonar Paz Padilla, pero creo que desde el amor nace todo lo demás. Venimos aquí a sentir, porque lo que se produce en nuestro cuerpo cuando sentimos, da igual lo que sea, es lo maravilloso. Sentir es el motor de todo.
¿Puede ser muy adictivo el hecho de tener que sentir de una forma continuada?
No de una manera continuada, porque la vida también ha de tener muchísimos momentos de banalidad. El ser humano también necesita reposar. Somos como unas lentejas. Necesitamos reposar y al otro día estamos más buenas. No creo para nada en esta idea de estar viviendo siempre de manera frenética yendo de una cosa a la otra. Me encanta parar, tumbarme y mirar el techo de mi habitación. No soy una persona que necesite constantemente un objetivo, o estar haciendo algo, estar cumpliendo, porque eso es un estrés. En la vida es importante sentarse y no hacer absolutamente nada, porque también se necesita pensar. Hay muchísima gente que vive en esta cosa que nos han impuesto de vivir frenéticamente. Está hecho para que no nos paremos a pensar en muchas cosas. Está bien aburrirse, hay que aburrirse, del aburrimiento nacen las mayores cosas. Los niños de hoy en día se tienen que aburrir. Lo he oído mucho: no es que se aburre, bueno, pues que se aburra, como me he aburrido yo toda la puta vida, que no había ni móviles ni nada y me tenía que inventar una cabaña en la montaña con mis amigos y veníamos con piojos y llenos de carbón porque nos habíamos metido en una obra. Conozco a personas de mi edad que constantemente están haciendo una maleta y deshaciendo otra, que yo digo, está loca esta persona, buscando el siguiente país al que viajar. Chica, ¿no te puedes sentar un rato? Estate tranquila, tómate dos cervecitas aquí en una terraza y no pienses nada más. Luego te vas a tu casa, te acuestas, mañana te levantas y chica, otro día. Es que también hay días que son repetitivos. No pasa nada, la vida es repetitiva también.
Platón dejó escrito que el amor, en resumen, es el deseo de poseer siempre el bien. Simone Weil defendía que el amor corresponde al bien también. ¿Estás de acuerdo?
Sí, totalmente. A mí lo que me genera esperanza y satisfacción, es recibir mensajes y ver qué personas piensan igual. Es que de otra manera no puede ser. Platón también hablaba del alma y creo que hay una cosa que va intrínseca en el alma, que viene del mundo de las ideas, que es el bien. La naturaleza está en el bien. Nuestro motor en la naturaleza es el bien, no es el otro. Todo lo demás es intoxicación pura y dura.
¿Conoces el mal? ¿Has tenido la desgracia de conocerlo?
He tenido una etapa bastante oscura en mi vida, como un par de años o así. Era obvio que en algún momento debía tocar esa parte para tener más conciencia de cuál es la parte correcta. Me llevó a una depresión.
También conoces el amor. ¿Qué experiencia es más inspiradora para crear?
La oscura, desde luego, pero no me gusta romantizar la parte más oscura del ser humano, porque se romantiza mucho con eso. Pero es cierto que en los estados de ánimo más negativos se encuentra una inspiración preciosa.
¿Cuándo tuviste consciencia de tu singularidad?
Sé que soy distinto desde muy pequeño. Alguna vez alguien me lo recordó.
Y eso es tu fuerza interior, porque la tienes, la percibo. 
Sí, soy consciente.
Te puede incluso salvar en algún momento.
Sí, totalmente.
¿Salvar de qué?
De una cosa tan simple como no tropezar dos veces con la misma piedra.
La vida siempre escapa a la razón. ¿Cuándo lo aprendes y cuando lo aceptas?
De bien jovencito. Yo quise correr mucho en la vida y he vivido muchas cosas siendo muy joven. Quise vivir muy rápido. De hecho a los veintidós años ya estaba aburrido de la mayoría de cosas que la gente descubre. Lo he probado todo en la vida, he pasado por todos los ámbitos, lo he sido todo. Por aburrimiento, por estancamiento y por probar. Sobre todo por curiosidad. Siempre he querido saber los diferentes prismas desde los que puedo observar la vida. Por decisión propia. Siendo muy jovencito he probado lo que es estar en la mala vida. Lo probé, lo disfruté y luego me fui.
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¿Qué encontrabas en la noche?
Una liberación. Durante el día vives de una manera más encorsetada. Podía hacer cosas que durante el día no puedo hacer y era una liberación. Además me atreví a conocer a personas que durante el día jamás me hubiera acercado a ellas por prejuicios. Ahora me encanta la noche en casa. Soy de la noche como en la casa de los Flores, ¿sabes? De un buen tinglado en casa con conversación y conversación y cada vez menos música. Cuando salía de discoteca me pasaba todo el tiempo en la puerta fumando. Sólo iba para hablar.
Los seres más puros son los más expuestos a la desdicha.
¿En qué sentido?
Quizá alguien muy puro es incapaz de sostener una vida en las condiciones que impone el sistema.
Sí, podría ser. Creo que hay gente pura en ambos lados. Generalmente es alguien bastante fiel a sí mismo. A veces puede que tenga contradicciones, que a mí me encanta tener contradicciones, pero creo que alguien puro es, como decía la Agrado en Todo sobre mi madre: “Cuesta mucho ser auténtica, señora. Y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Creo que es eso la pureza. Cuanto más te descubres a ti mismo, más puro eres. Por cojones. Antes decía que hay cosas que a lo mejor me ha costado afrontar, pero siempre he sido consciente de que era algo que había de superar.
Antes decías que conoces la oscuridad. ¿Conoces la desdicha como una incapacidad para seguir adelante?
Sí, claro.
¿Y eso cómo se supera?
Pues cuando lo diga el cuerpo. Creo que hay que ir haciendo un trabajo meticuloso poco a poco, pero lo decide el tiempo. Yo he estado casi dos años en plena inactividad. Inactividad me refiero, de no moverme del sofá, diagnosticado. Y se sale. O no. Es que desgraciadamente, o no.
¿Qué crees que te ayudó a salir?
Las ganas de alcanzar todo lo que había soñado. Yo perdí las ganas, perdí la actividad, perdí la fuente de energía, pero jamás se me desvanecieron los sueños. Me acuerdo que pensaba de momento no me puedo levantar, no tengo nada que me motive, pero confiaba en que llegaría el momento de querer volver a levantarme y de reír. Confiaba plenamente. Y conocer también ese lado oscuro, me ayudó un poco a ser lo que soy ahora. Después me ha dado muchas más luces que oscuridad.
Tu profesión hace uso del lenguaje. Me gustaría conocer qué relación mantienes con las palabras que se ajustan a lo que quieres transmitir. La lengua, el argot popular y el uso de palabras que no son consideradas de buen gusto.
Mi relación con el lenguaje es desde la absoluta naturalidad. Creo que es algo que me acerca también a lo de ser puro. El lenguaje tiene que ir acompañado de nuestros pensamientos. Hay mucha gente que camufla con un tipo de vocabulario su mensaje. El mensaje ha de ir acompañado de un lenguaje específico. No debemos caer en la bazofia de que todo ha de ser correcto. Hay lugares en los que hay que mantener unas formas, pero creo que no nos podemos perder en estas leyes y que solo hay que hablar de tal manera. Porque también perdemos muchas veces el objetivo. Si alguien es tonto, es tonto. Si no se dice x palabra o si no se utiliza x lenguaje, también se pierde el mensaje. No todo puede estar camuflado. Ahora también hay ganas de que sucumbamos al sentimentalismo. Los nuevos métodos educativos nos dicen que a un niño no se le puede decir no. Es fuerte, pero es real. Hostia, no nos volvamos locos. El lenguaje es lo más importante que tenemos.
En las escuelas catalanas está prohibido decir Navidad.
Para no herir la sensibilidad de unos cuantos. ¡Hasta dónde estamos llegando! Se empieza sustituyendo palabras y acabamos censurados. Se empieza así.
Del mismo modo que estamos censurando palabras, también estamos perdiendo palabras. Cuando yo era joven, los quinquis hablaban de una manera que yo no conocía. Los grupos urbanos se han diluido y por lo tanto ha desparecido su argot. Tú haces uso de un lenguaje popular sin ningún tipo de filtro.
Para hacerte entender es absolutamente necesario hablar con el argot más popular, porque forma parte de nuestra identidad y porque entiendo que es como más cala el mensaje. Lo hemos visto en la política. Hasta que no han llegado políticos más jóvenes que han dicho las cosas de una manera más clara, hay mensajes que no se entendían. Creo en la visceralidad del lenguaje y ese argot que utilizo también nace de una visceralidad. El lenguaje más correcto, más sofisticado o más académico, no nace de la entraña, nace de una cosa más superficial. Cuanta más necesidad tienes de decir algo, de comunicar algo, más visceral será ese mensaje. Si no tienes la necesidad imperativa de decir algo, la dirás muy bien dicha con lenguaje académico, pero se va a quedar en la superficie. Es que es un lenguaje que se queda en la superficie.
¿Qué lenguaje reconoces como propio? ¿Cómo definirías el lenguaje que utilizas?
El del barrio de toda la vida. Es el lenguaje del bar del barrio, muy directo. El lenguaje de la revolución, del coloquio, del ocio, de las personas. Cuando te juntas con tus amigos en un bar o donde sea, aunque haya un académico, no se elabora el mensaje, porque la idea es que nos entendamos todos y que el mensaje cale.
¿Qué grado de narcisismo hay en ti?
Uno alto, pero positivo. Tengo algo de narcisista, pero no es de una manera superlativa.
Está aceptado.
El grado que tengo de narcisismo está aceptado socialmente. Necesito tener algo de narcisista porque si no sería más difícil utilizar mi pensamiento crítico en una batalla dialéctica o frente a un grupo social. Siempre que sea en un grado aceptable, te ayuda a manejarte en la vida.
¿Cómo reaccionarías si tu pareja te deja con un mensaje de WhatsApp?
Hombre, aquí volvería mi narcisismo. Reaccionaría mal. Si es una relación de diez años y me deja por WhatsApp, hombre, no. Esto requiere de una conversación y necesito escucharlo aunque no me diga la causa. Prefiero que no me diga la causa, pero necesito ver cómo me lo está diciendo. Un respeto a los diez años, un respeto a mí y a ti.
¿Quién pierde los orígenes pierde la identidad?
No, no creo. Si has ido consolidando otros cimientos, puede que construyas una identidad nueva, pero algo tendrá de la otra. Siempre tenemos algo del origen, aunque lo abandonemos. Se puede traducir en algo más espiritual. Los orígenes van en el espíritu, por así decirlo. Cuando el ser humano se está creando, la raíz de los orígenes reside en el espíritu, más que en algo más físico. Nunca se acaban de perder porque van en el espíritu. Donde tú te hiciste, eso se queda.
Llevas varios tattoos. Hay uno que pone Baby, uno que es un corazón, en las manos he visto varios. Veo un ancla.
Sí, un ancla. Me he criado en el mar. Llevo un perro que falleció. Y una cruz. Es pura estética la cruz. No soy nada religioso.
Hay más. El del corazón es muy visible. ¿Lleva tiempo ahí?
Sí, es de los primeros que me hice por estética pura y dura. Me apetecía tener un corazón, porque me considero una persona romántica, sensible y quería que fuera visible.
¿Para recordártelo a ti que eres romántico?
No, no, para que la gente lo viera (risas).
Me queda claro que tienes un objetivo. ¿Crees que conseguirás mantenerte en tu esencia y que nada de lo que está por llegar cambie quién eres?
Pretendo mejorar la esencia. No la voy a perder, porque tengo una esencia demasiado fuerte, o sea, me la reconozco en mí mismo. Todo lo que venga para mejorar y ser mejor espiritualmente y como ciudadano, pues mejor. Pero la esencia no se va a perder porque está muy marcada.
¿Cómo sería ese lugar esperado? ¿Un programa de televisión, quizás?
Sí, con un programa de televisión producido y dirigido por mí, teniendo una productora, siendo también empresario, produciendo teatro, que me encanta, produciendo radio con toda una estructura empresarial dedicada a producir arte, ya sea en la televisión, en la radio o en el teatro, persiguiendo a la vez que mejore nuestro entorno social.
Estoy convencido de que eso va a ocurrir.
Yo también.
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