Maite y Manuel son un dúo artístico uruguayo afincado en Mallorca, donde transforman lo cotidiano en universos pictóricos llenos de humor y alegría. Tras estudiar en Barcelona, su obra se mueve entre la figuración y el expresionismo abstracto, donde predominan las criaturas, figuras y amigos imaginarios. Los colores tierra, tonos neón y pop dan vida a sus cuadros, que funcionan como un diario visual donde plasman vivencias y emociones.
Con exposiciones como Plastic Street en la galería La Bibi + Reus de Palma, Maite y Manuel exploran paradojas cotidianas, del silencio invernal al caos del verano de Cala d’Or, y construyen un lenguaje propio donde la experimentación es protagonista. Sus obras invitan al espectador a adentrarse en un mundo a la vez íntimo y colectivo, donde cada elemento cuenta su propia historia.
Hola, Maite y Manuel, ¿qué tal estáis? Para romper el hielo, ya que es la primera vez que os entrevistamos: ¿cómo os definiríais como artistas?
Como algo entre el orden de lo natural y lo abstracto sin pertenecer del todo a ninguno de los dos. Un balance entre mis sentidos naturales y mi intuición de un orden, combinados. Me gustaría que nos perciban como uno, como dijo Vincent a Theo: “Creo firmemente que una mujer es un ser totalmente diferente a un hombre (y un ser que todavía no conocemos, o al menos que solo conocemos superficialmente), como tú dices. Y también creo que un hombre y una mujer pueden formar uno, convertirse en uno, digamos, formar un todo, y no dos mitades”.
Los dos sois de Montevideo pero decidisteis venir a España. ¿Qué os llevó a dejar vuestro país?
Vinimos con la excusa de estudiar. Pasa el tiempo y seguimos en España, pero nosotros nos sentimos en casa en Uruguay. Siempre vinimos con la idea de que era algo temporal, a lo mejor por un año… Ya van ocho.
¿Creéis que el lugar en el que estáis influye en vuestra forma de crear? ¿Dónde os sentís más cómodos trabajando?
El lugar influye directamente en nuestra forma de crear, desde el clima que afecta la paleta a la nostalgia de estar lejos de casa. No influye tanto el país sino el barrio, el entorno más cercano, lo que vemos cada día.
He leído que estudiasteis un máster en Ilustración. ¿En qué momento decidisteis pasaros a la pintura? ¿Qué aprendizajes aplicáis todavía de la ilustración a este nuevo medio?
Más que una decisión, fue una evolución natural; la pintura estuvo siempre. La ilustración fue la primera manera de generar ingresos, era algo simple, un buen punto de partida.
Todo lo vivido nos lleva al lenguaje que tenemos hoy y la ilustración es parte de nuestra historia. Nuestra vida se fue construyendo y nos convertimos en artistas de manera natural e inevitable.
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Sois pareja tanto en lo personal como en lo artístico. ¿Qué tal lleváis trabajar juntos? ¿Os costó poneros de acuerdo sobre qué queríais pintar?
Se dio así, no nos pusimos de acuerdo ni lo decidimos. En un principio nos divertía hacer proyectos juntos: nos metíamos en los dibujos del otro hasta que se fusionaron por completo. Fuimos viviendo juntos, aislados y solos hace mucho tiempo.
¿Cómo os inspiráis mutuamente en el proceso creativo? ¿Ha sido siempre el mismo o ha ido cambiando con el paso del tiempo?
Nos copiamos el uno al otro libremente y constantemente, es nuestro pacto.
Tengo la sensación de que con vuestros cuadros buscáis evocar lo íntimo, lo cotidiano y ofrecer una libre interpretación al espectador. Además, utilizáis colores vivos que personalmente me despiertan sentimientos de alegría y paz. ¿Qué papel juegan las emociones y el uso del color en vuestra obra?
Busco encontrar algo, no evocarlo. Si supiera con claridad lo que estoy haciendo, no lo haría. Creo que las emociones juegan un papel importante, inevitablemente. Me gusta respetar la desprolijidad y no terminar de dominar del todo la técnica; cuando hay demasiado control se pierde la emoción, la delicada tensión entre la información y la intuición.
¿Qué artistas os inspiran o os han impulsado a crear?
El primero fue Picasso y después todos los demás. Me enamoro de un artista por épocas, y después de la fase de enamoramiento se convierten en amigos que van conmigo, mas otra cosa soy yo.
Analizando las obras que habéis hecho a lo largo de los años, se podría decir que vuestro lenguaje pictórico se ubica entre la figuración y la abstracción. Aparecen figuras humanas que no acaban de serlo, que se disuelven en trazos, formas y colores, y que me recuerdan a personajes de dibujos animados. ¿Qué os llevó a crear este tipo de figuras y qué buscáis comunicar a través de ellas?
Es imposible crear de la nada, es una mezcla de todas las imágenes que consumimos a lo largo de nuestras vidas y la vida misma. No es para entender ni para pensar, es para sentir.
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La galería La Bibi+Reus City acoge vuestra exposición Plastic Street. A través del collage, humor y exceso, retratáis la paradoja de Cala d’Or. ¿Qué os llamó la atención de este sitio tan silencioso y caótico a la vez?
Lo absurda que es mi vida, necesitaba compartirla.
El pasado abril presentasteis Rotten Candy en el Palau de Casavells, el resultado de vuestro tiempo en la residencia de la Galería Alzueta en l’Empordà. ¿Cómo fue la experiencia y qué descubristeis a nivel artístico?
Fue un mes entero de lluvia sin parar y frío, se nota si mirás las pinturas. Fue muy intenso y el tiempo nos obligó a estar muy concentrados.
Habéis participado en la Art Cologne Fair ahora en noviembre. ¿Qué obras habéis expuesto?
Llevamos nuestra última obra, Fridge. Originalmente era solo la heladera de mi estudio. Pensaba tirarla. No tenía ningún significado. Era un electrodoméstico que mantenía la comida no tan fría y punto. Cuando me mudé al estudio y empecé a vivir allí, la heladera quedó justo en el centro del espacio. Desde la cama, cada mañana, era lo primero que veía. No lo planeé, simplemente empecé a pegar cosas. Una combinación de colores para la próxima pintura, una nota para el repartidor, una línea de una canción que me hablaba. Al día siguiente agregaba otra cosa, y así. Nunca me alejé para ‘diseñarlo’. Creció porque seguía viviendo a su lado.
En un momento, dejó de ser una heladera y se convirtió en una escultura donde todas las pequeñas cosas que hago mientras trabajo quedaban visibles. A partir de ahí, empecé a construir sobre eso con intención. Las heladeras ya tienen un permiso cultural extraño para ser juguetonas. La gente pone fotos, postales, listas de compras, dibujos de sus hijos. Todos, sin pensarlo, crean pequeñas composiciones en su heladera: es juego accidental. Refleja el espíritu verdadero de un lugar.
Para acabar, si tuvierais que describir en una sola palabra lo que significa para vosotros crear arte, ¿cuál sería?
Humano.
Mirando al futuro, ¿qué esperáis de vuestra carrera como artistas?
Poder seguir viviendo muchos años más sin perder el entusiasmo por hacer.
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