La artista uruguaya Magdalena Hart, con raíces inglesas y actualmente afincada en Barcelona, fusiona elementos naturales con tecnología mientras explora temas críticos a través de la investigación propia. “Me muevo por la interacción entre los elementos naturales, la convivencia entre el agua, la tierra, el fuego y el aire”, nos comenta en esta entrevista. Fundadora de Rain and Rivers y cofundadora del colectivo artístico Akyute junto a Natalia Gima, que podremos disfrutar en el Sónar Festival con una experiencia Live A/V. Hoy hablamos con Magdalena para descubrir cómo crea nuevas narrativas para entender el entorno y su visión sobre la relación entre la naturaleza, el arte y la tecnología.
Hola, Magdalena, es un placer hablar contigo. ¿Cómo se define Magdalena Hart en el ámbito artístico?
¡Gracias, el placer es mío! Me defino como artista, uruguaya, también inglesa, arraigada en Barcelona, con un interés por el arte crítico y la investigación. Me muevo por la interacción entre los elementos naturales, la convivencia entre el agua, la tierra, el fuego y el aire. El recordar el pasado para imaginar el futuro, construyendo nuevas narrativas y vocabularios que nos permitan entender y relacionarnos mejor con los entornos. Encuentro poesía en el uso de metáforas para ampliar nuestra perspectiva ecológica y desafiar las terminologías científicas tradicionales, especialmente en un contexto de emergencia climática.
Actualmente, mi práctica artística se centra en el fuego y el soplado de vidrio. Tengo un emprendimiento llamado Rain and Rivers donde investigo esto. El año pasado exploraba el agua y sus ciclos; antes de eso, las plantas y su vida terrenal. Soy cofundadora de un dúo artístico llamado Akyute, donde junto a mi compañera Natalia Gima desarrollamos instalaciones interactivas. Creo que me definiría artísticamente algo así (risas).
Podríamos decir que te dedicas al diseño de instalaciones interactivas y performativas. ¿Qué te atrajo hacia este mundo?
Comencé mientras estudiaba Diseño Gráfico en Montevideo, Uruguay, buscando cómo estimular los sentidos y transmitir la sensación de sorpresa, que, de hecho, sigue siendo mi emoción favorita. En 2018 me mudé a Barcelona y, tras realizar una maestría en innovación audiovisual y entornos interactivos, entendí cómo la intervención de espacio, luz y sonido permitían la creación de mundos. Esto me llevó a experimentar con el código creativo y a desarrollar experiencias interactivas. La posibilidad de transformar emociones y generar experiencias únicas fue lo que me mantuvo por este camino.
Con el tiempo incorporé lo performativo como una alternativa al formato de instalación. Al trabajar con plantas durante mis primeras instalaciones, a veces el público podía ser brusco al interactuar, lo que generaba sentimientos conflictivos. El concepto de mi práctica era abrir un diálogo sobre las inteligencias más-que-humanas y cómo nos vinculamos con el entorno. Replantear la obra como performance, titulada Paisaje sonoro, ofrecía una segunda lectura al público, protegiendo a las plantas y manteniendo la esencia de la obra. Aunque no me considero performer y de hecho, si puedo, lo evito, pero con tal de proteger las plantas expuestas y mantener el mensaje estaba dispuesta (risas).
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Uno de los materiales que destacan en tus proyectos es el vidrio. ¿Qué significado tiene para ti y cómo lo utilizas en tu trabajo artístico?
El vidrio me fascina porque parece agua pero proviene del fuego, la arena y el viento. Es moldeable, frágil pero rígido, y muy poético. Trabajar con vidrio me calma, incluso en un mal día, porque el proceso requiere un equilibrio entre fuego, aire, tiempo y gravedad. Me gusta sentir que hasta el fuego necesita respirar y ver cómo el aire permite abrir espacio.
Me introduje al vidrio por varias razones. Primero, buscaba una alternativa al plástico para mi obra Paisaje sonoro, no solo por cuestiones de sostenibilidad, sino también por su capacidad única para interactuar con la luz, añadiendo una dimensión atmosférica a mis instalaciones. Por otro lado, previo a diseñar las esculturas, investigué durante un periodo la memoria del agua y cómo esta puede guardar información. Preguntando ¿a dónde van los recuerdos de nuestras aguas? Especulando sobre su relación con el sonido, los ciclos y la contaminación. Al igual que el agua, el vidrio memoriza cada movimiento, generando puntos de estrés o fluidez. Esto lo convirtió en el material perfecto para materializar esa idea.
Cuéntanos un poco más sobre Paisaje sonoro.
Es una obra interactiva y performativa que explora nuestras relaciones simbióticas como una red entretejida sostenida en equilibrio por sistemas y subsistemas. En la instalación, doce piezas de vidrio cuelgan desde el techo, sosteniendo plantas en agua y conectadas a un circuito eléctrico que visualiza en tiempo real la biodata de las plantas, creando así un paisaje sonoro. Dichas piezas fueron diseñadas para orientar el crecimiento de las raíces, influyendo así el movimiento del tallo y creando esculturas en constante movimiento y diálogo con el entorno.
Me llaman mucho tus instalaciones porque abres un diálogo entre la naturaleza y el mundo digital y tecnológico, dos elementos que de primeras percibimos como antagonistas. ¿Qué relación existe entre ambos? ¿En qué punto consideras que esta relación es saludable, y en qué casos podría ser destructiva?
La tecnología puede ayudarnos a comprender mejor la naturaleza y a encontrar soluciones para vivir de manera más sostenible. Sin embargo, esta relación se vuelve destructiva cuando se utiliza irresponsablemente. Es crucial encontrar un equilibrio y usar la tecnología como una herramienta para proteger y restaurar el medio ambiente en lugar de explotarlo, crear relaciones de convivencia en vez de extractivas. Hay que cuestionar qué desaparece cuando emergen cosas nuevas y qué interacciones perdemos con ello, especialmente sabiendo que hay más dispositivos que humanos en el planeta y que muchos de sus componentes son de conflicto. El momento en el que el mineral brilla, vale más que la vida.
Durante mi residencia con The Humboldt Foundation investigamos este problema, intentando principalmente cuantificar la energía incorporada del smartphone junto a mis compañeros Lucy Ombaka (Kenia), Santos Chicas (Belice), Lou Ziyang (China) y Christopher Schrader (Alemania). Nuestro resumen leía: “La cultura de consumo adoptada por el Norte Global, la cual otros aspiran a emular, se sustenta en la extracción insostenible de recursos, principalmente de ubicaciones distantes en el Sur Global. Nuestros patrones de consumo y la conveniente disponibilidad de estos bienes ocultan la degradación ambiental subyacente, la pérdida de biodiversidad y las inequidades inherentes, impactos que están muy alejados de los productores y consumidores, lo que hace que estos impactos queden fuera de nuestra vista inmediata”. Y comparto el siguiente enlace para visualizar uno de mis aportes a la residencia con The Humboldt Foundation que mencioné anteriormente.
Sin embargo, en 2018, mi interés inicial con Akyute fue explorar cómo la tecnología puede fortalecer nuestra conexión con el mundo natural, creando un lenguaje orgánico y fluido con las inteligencias más-que-humanas para promover un cuidado más profundo del entorno. Con el tiempo, mi perspectiva ha evolucionado. Ahora creo que esta conexión siempre ha estado presente; nuestros ancestros ya comprendían la importancia de esta relación, y es nuestra responsabilidad reconectar con nuestros cuerpos, sentidos y entorno sin depender de la tecnología como intermediario.
“Encuentro poesía en el uso de metáforas para ampliar nuestra perspectiva ecológica y desafiar las terminologías científicas tradicionales, especialmente en un contexto de emergencia climática.”
Y, actualmente, ¿desde qué punto lo exploras?
Actualmente me interesa explorar y recordar las metáforas e historias de culturas que entendían esta forma de conexión con la naturaleza. Reimaginar el lenguaje y recordar este conocimiento. De hecho, por ejemplo, mencioné en varias instancias el término ‘recursos’ para hacerme entender, pero en realidad lo cuestiono, ya que me parece que implica una apropiación humana de la ‘naturaleza’ nuevamente. Al igual que decir ‘nuestras aguas’, en posesivo y plural.  Pertenecemos al océano, no al revés. Si uno piensa y se relaciona a través del vocabulario que tiene, ¿cómo podemos visualizar un futuro limitado por una falta de vocabulario? ¿Cómo volver a ser mar? En práctica, planteo especulaciones sobre preguntas fundamentales como: ¿qué metáforas necesitamos recuperar para fomentar metodologías de encuentro? ¿Cómo construimos nuevas narrativas que reconecten con el territorio?
Quizás en el futuro mi perspectiva cambie, pero en este momento prefiero reducir mi dependencia de las pantallas digitales (va, hacer el esfuerzo), y enfocarme más en los detalles, en el sentir el espacio y el entorno. Valoro la conexión humana, el compartir desde la sensibilidad y la presencia, en lugar de las luces artificiales, las distracciones, la sobreestimulación y el bombardeo de información.
Háblanos más del colectivo Akyute que impulsasteis con Natalia Gima. ¿Cómo surgió la idea y cuál es vuestra visión para el arte interactivo?
La idea de crear Akyute surgió de nuestras conversaciones sobre cómo utilizar el arte como medio para desafiar las narrativas antropocéntricas en el ámbito científico y las consecuencias que tienen. Queríamos crear un espacio donde la tecnología y la naturaleza no solo coexistieran, sino que se potenciaran mutuamente.
Durante esta exploración, conocimos el proyecto Tree Area Network de Ingrid Randof, en un Dinacon en 2018, donde dentro de su proceso conectaba un Arduino a un árbol para visualizar su biodata. Cuando vimos esto, recuerdo que teníamos muchas preguntas y pocas respuestas. A partir de ahí fue un camino de ida y durante los siguientes cinco años, junto a Natalia Gima, y en su momento Miriam Fellici, fundamos el colectivo Akyute. Aprendimos diversas herramientas, metodologías y formatos cuestionándonos cómo integrar la naturaleza en la era digital.
Tus instalaciones muchas veces desafían la percepción del espectador o, al menos, la retan. ¿Cómo es el proceso de crear experiencias que estimula los sentidos y la mente?
No sabría describir mi proceso de creación con precisión, ya que suele comenzar a partir de un sentimiento, una necesidad propia, una curiosidad o idea espontánea, a veces surgida de un proyecto previo, lectura, etc. Sigo mucho mi intuición y dejo que el proceso fluya desde allí. De hecho, cuando me preguntan por qué tengo el cabello tan largo, bromeo diciendo que es donde nacen mis sentimientos, es mi río.
Generalmente, tras la curiosidad, me sumerjo en una investigación profunda de donde surgen más preguntas, pensamientos y posibles caminos. Eventualmente, tengo la necesidad de experimentar con materiales y tecnologías para encontrar las mejores formas de expresar mis ideas e ir explorando a través de la prueba y error. A veces, el proceso se invierte: comienzo experimentando manualmente con algo y luego hago las conexiones e investigaciones a partir de ahí.
Cuando empiezo a crear y ensayar una pieza, el proceso se vuelve muy intuitivo. Puede que haya un sonido que quiera programar de cierta forma o que el inicio de la obra necesite ajustarse de una manera específica. Voy puliendo y corrigiendo hasta que me siento satisfecha. Con las experiencias multisensoriales que invitan a la participación del espectador pienso mucho en cómo navegar el sentir y cómo una interacción directa puede llevar a una comprensión más profunda y personal de los conceptos presentados.
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La interactividad es un elemento clave en tus proyectos por lo que el espectador es imprescindible para completarlos. ¿Es así?
Exactamente. Mis obras no están completas sin la participación del espectador. La interacción del público es lo que da vida a las instalaciones, permitiendo que cada persona tenga una experiencia única y personal. Esta participación activa también fomenta un sentido de conexión y responsabilidad, ya que los espectadores se convierten en cocreadores de la obra.
Cuando diseño una pieza con este formato hay muchos elementos a considerar. Por ejemplo, me pregunto si la interacción será intuitiva o si necesito añadir instrucciones de alguna forma. También considero el tiempo de interacción de cada usuario, si habrá filas y cómo esto afectará la experiencia. Incluso pienso en cómo puedo aprovechar el tiempo de espera en la fila para enriquecer la experiencia del espectador. Cada detalle cuenta para asegurar que la obra sea completa y significativa.
¿Qué consejos le darías a artistas emergentes que están explorando nuevas formas de expresión?
Preguntarse cuánto necesitas saber para hacer una diferencia. Y fluir simplemente donde unx se sienta bien. Buscar constantemente nuevas maneras de integrar diferentes disciplinas y perspectivas a su práctica, mucho puede suceder cuando las personas se unen para dar vida a una idea.
¿Qué planes de futuro tienes? ¿Algún proyecto entre manos?
Además de seguir explorando mi trabajo en vidrio a través de Rain and Rivers, tengo varias fechas que se aproximan con Akyute, entre ellas haremos un live A/V dentro del Sónar Festival. Por otro lado, este año será especialmente significativo para un nuevo proyecto que estamos desarrollando junto al colectivo Humedal en el Wetlab de Hangar, Barcelona. Nuestro equipo transdisciplinar incluye a Tatiana Afanador López, Lara Campos, Rafael Frazão, Ce Quimera, Txe Roimeser y yo, Magdalena Hart. Cada unx aporta perspectivas únicas desde la filosofía y la antropología hasta el arte visual y la investigación de materiales, creando una sinergia que impulsa la innovación y el pensamiento crítico. Nuestro objetivo es generar herramientas epistemológicas y metodológicas críticas que amplíen la comprensión de la ecología, el extractivismo y las relaciones coloniales, creando un impacto duradero en la conciencia pública sobre temas como la sostenibilidad y la relación entre el ser humano y la tecnología.
A su vez, influenciada tanto por mi residencia en el Wetlab de Hangar en Barcelona, junto a la que realicé previamente con The Humboldt Foundation Residency Program en Berlín, estoy finalizando una colección de objetos y espero exhibirla pronto (P.D. abierta a propuestas (risas)). Se trata de una serie de piezas que exploran y reimaginan la relación entre los seres humanos y los elementos naturales: tierra, aire, fuego y agua. Inspirada en el conocimiento de nuestros ancestros y la importancia de estos elementos en la vida cotidiana, busco integrar metáforas perdidas a los elementos que con los que interactuamos en nuestro hogar. Mi objetivo es llevar las metáforas y las narrativas desarrolladas en instalaciones más grandes a un nivel más íntimo y cotidiano. Los objetos de esta colección no solo tienen una función estética, sino que también están diseñados para interactuar con los usuarios de manera que reflejen los ritmos y las sensibilidades de los ecosistemas naturales.
¡Gracias por recibirme nuevamente! Quiero agradecer a Guillermo Solas, quien me retrató con la asistencia de Pablo Cobo. Dentro de estas imágenes aparecen una serie de obras propias, como Espiral y Glass0001, junto a varias joyas mías de Rain and Rivers. También quiero agradecerle a Romina Puga por las prendas de Anemone y a Luciana Reynoso por las de Espíritu Club, así como a Inés Folch.
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