Si aceptamos la máxima de que cada persona es empresaria de sí misma, tenemos que aceptar también que el sistema capitalista se ha perfeccionado hasta tal punto que el mercado es hoy más implacable que nunca. El mundo entero se ha convertido en un ruidoso mercado. Por eso todo es bullicioso y reclama a gritos nuestra atención. Tespis es considerado el padre del teatro y primer actor de la Historia. Nacido en Icaria, al norte de Atenas, entre el 550 y 500 A.C., organizaba representaciones por los pueblos con materiales creados por él mismo y con un coro que reclutaba en los lugares a los que iba. Hasta ese momento, el estilo teatral conocido era la epopeya, es decir, el autor contaba un cuento. Pero Tespis interpreta un personaje e interactúa con el líder del coro, que también deviene personaje y entabla un diálogo con el protagonista. Con este simple cambio, Tespis dio origen a la ilusión teatral. Si en la actualidad aceptamos que todo gira en torno al yo, mi entrevistado, Lluís Garau, lo entendió siendo un adolescente que se preguntaba qué iba a ser de él cuando saliera de las cuatro paredes de su habitación en un pueblo de Mallorca. 
El actor ha hecho de su persona su profesión y ha creado una pieza teatral, La carn, que viaja por las ciudades del planeta hoy conectadas por vuelos regulares y por las redes sociales, donde se espera con expectación. Una ilusión teatral como la que creaba Tespis, en la que el coro es el público que se conecta por una aplicación. Lluís es el centro de todas las miradas y entabla un diálogo directo y provocador con los espectadores. Su fortaleza mental le ha convertido en su propia empresa, una virtud que seguramente le ha salvado y lo ha catapultado al Olimpo del teatro alternativo.
Metal_Retrats_DSCF7908_MarcMedina.jpg
La carn se estrenó en el 2022 y ha sido aplaudida en muchos países. No entiendo por qué no ha sido programada más veces en Barcelona.
Creo que no pertenezco a ninguna familia teatral y eso pone las cosas muy difíciles en esta ciudad. Es una pieza que ha rodado por Europa y Latinoamérica, y se ha convertido en una película que se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Tallin. No creo que tenga un mal currículum como para no poder acceder al circuito teatral.
¿Cuál es la explicación?
Concibo el teatro como una forma de creación muy individualista, me gusta crear como un pintor. Renuncio al teatro colectivo, no soy muy partidario de eso. Creo que Barcelona apuesta por proyectos más colectivizados y no tanto de un solo individuo, y eso me afecta.
Pero existen las salas pequeñas y el formato del espectáculo no es caro de producir.
La obra ha estado en el Antic Teatre, que es un espacio maravilloso que reivindico. Estoy muy contento. Pero llegó allí casi tres años después de su creación, a pesar de que es una obra catalana. No encontró su espacio aquí y se tuvo que ir a otras ciudades.
La obra se basa en tu experiencia personal siendo adolescente. ¿Cuál es tu relación con ese Lluís del pasado que te ha ayudado a llegar hasta aquí?
Siempre digo que dedico mis obras a mi yo adolescente. La obra habla principalmente de la soledad y del consumo masivo de pornografía y de la práctica del sexting. Conocer gente desconocida por internet e intimar con ellos. Esta práctica se hace a través de una plataforma que se llama Chatroulette, en la que conoces a gente de todo el mundo. Traslado esa experiencia de entrar en esa página web al teatro y me conecto en directo con toda esa gente, siempre preservando su intimidad. Quiero que el público vea cómo un chaval como yo es adicto a esa plataforma y cómo le es muy difícil salir de ahí. Tan difícil que me fue imposible crear la obra sin ese dispositivo. No podía dejar el móvil durante el ensayo y pensé en utilizarlo a mi favor.
¿Cuál ha sido la evolución de la obra desde que se estrenó en 2022? Tú ya no eres el mismo.
Cuando empecé, lloraba en todas las representaciones y terminaba completamente destruido porque estaba hablando de una herida personal. La obra tiene dos públicos, el que viene a la sala pero también el que está en Chatroulette. Es un avasallamiento de comentarios de gente diciéndome qué guapo eres, quiero follar contigo, necesito verte más, o incluso me insultan. Al principio pasaba mucho eso, pero con el tiempo la he ido profesionalizando y la hago desde un punto más maduro. Ahora no me afecta tanto.
La premisa es tu adicción a ese tipo de relaciones en línea.
Sí, es una situación completamente adictiva. La carn la creé para poner encima del escenario un evento teatral nunca visto, extraordinario, una especie de truco de magia. A veces me siento un mago en escena y mi máxima prioridad era ponerme en contra de las bases del teatro canónico. Era un momento de rebeldía hacia lo que me habían estado explicando durante cuatro años de carrera en el Institut del Teatre. De hecho, la obra forma parte de mi trabajo final de carrera, que casi suspendo porque no la entendían.  
¿En qué dirías que has innovado?
No me atrevería a decirlo porque podría sonar pretencioso. Estoy en contra del establishment, hablo de Barcelona pero también podríamos hablar a nivel estatal. Hay un estancamiento por parte de lo que llamo la burguesía teatral. Generan obras una detrás de otra sin ningún tipo de impacto. Hemos perdido la libertad de compañías fuertes como la Fura de Baus o La Cubana. Yo necesitaba eso.
¿A qué se debe la institucionalización del teatro?
Internet les ha ganado la partida al cine y el teatro en cuanto a formato. OnlyFans es una plataforma donde se habla con muchísima naturalidad de temas como el incesto, la zoofilia o la pederastia. Como sociedad consumimos ese tipo de vídeos. Luego somos incapaces de trasladar esas necesidades al teatro o al cine, porque el cine se ha politizado también. Se ha institucionalizado y responde a unas políticas y a unos parámetros que el mundo del arte no debe aceptar. Para mí el arte es mucho más extenso. Mi aportación es demostrar que mi obra no tiene tabús y que también tiene sombras.
¿Cuáles son?
Mi obra no puede formar parte del circuito comercial porque parte de una ilegalidad. En realidad estoy accediendo a la intimidad de alguien que está en una habitación y estoy corrompiendo algo. Nunca revelo su identidad pero sé que esa es la sombra de mi obra. Sé que no voy a pertenecer al debate público, pero yo tengo que seguir mi camino.
¿Te has planteado aproximarte al mismo tema pero con otro actor?
Estoy desarrollando mi primer cortometraje como director, titulado Hunter. ¿Sabes qué me pasa? Como se genera un estado de tanta vulnerabilidad, no quiero poner a nadie ahí en mi nombre. Lo quiero vivir en mis propias carnes porque se pasa mal. Lo que yo no querría para mí como actor, no lo quiero para otros. También creo que la sensibilidad colectiva que sufrimos como actores o la ultraprotección que vivimos haría imposible que se lo propusiera a otra persona porque estaría abusando de él.
“Concibo el teatro como una forma de creación muy individualista, me gusta crear como un pintor. Renuncio al teatro colectivo, no soy muy partidario de eso.”
¿Sientes que abusas de ti conscientemente?
En muchos momentos me he sentido autoabusado, claro que sí.
¿Cómo lo explicas?
Forma parte de la performance. Angélica Liddell, en algún momento de su obra, habrá querido eliminarse a sí misma porque es su propio demonio y su propio abusador. Yo lo he podido ser en algún momento hacia mí, así que lo entiendo perfectamente.
¿Es una forma de odio a uno mismo?
No, para nada, yo soy muy, muy ególatra y quiero permanecer en este mundo muchos años más. Angélica se refiere a su existencia y a su propia aniquilación, y eso es muy peligroso como artista porque puede ir al límite. Soy de los que cree que en nombre del arte se puede hacer cualquier cosa.
¿Qué más estarías dispuesto a hacer?
Tendría que hacer otras obras para demostrarlo. Lo que sí que estoy dispuesto a hacer es ponerme en riesgo a mí mismo psicológicamente.
¿Qué te atrae de esa experiencia? Puede ser muy dolorosa.
Bajar al fondo. El arte siempre estará por encima de cualquier cosa por su capacidad de analizarnos, vernos y resurgir. Es parecido a la experiencia de la depresión, pero en este caso sabes que va a terminar porque es una obra de teatro.
¿Qué crees que vas a encontrar en esa profundidad? ¿Qué te atrae de la experiencia?
Mi verdad y la de los demás, porque el público también es cómplice de mi locura y de mi ‘malifeta’. Están viendo que este chaval está haciendo esto y permanece inmóvil en su silla. Permiten que eso pase. ¿Por qué? Porque nuestros ojos quieren verlo, por eso valoro tanto OnlyFans. Hay algo de nuestros ojos que quieren ver el incesto, o la zoofilia, o la pederastia, porque la literatura y el cine también lo han explicado. Pasolini es uno de mis grandes referentes. Como creador contemporáneo pienso que sus películas sería imposible producirlas actualmente. Buñuel sería imposible también. Qué injusto es eso como creadores, ¿A qué nos estamos vendiendo? ¿A la corrección política? No podemos aceptarlo.
Me interesa conocer mejor el porqué de tu atracción hacia estos temas tabú. ¿Cómo te acercas hacia ese lado del ser humano?
Muy simple, me considero una buena persona y mi familia me ha educado con unos buenos valores. Siempre he sido el buen estudiante, de sobresaliente, aquel del que los profesores están orgullosos y la familia también. Pero llega un momento que eso se corrompe porque no puedes más. Un artista no puede ser un buen estudiante. Un artista tiene que hacer obras que incomoden y que trasciendan lo académico. No quiero hacer obras que gusten a mi familia. Quiero que me gusten a mí.
Pero respóndeme, ¿qué es lo que te gusta de esos aspectos que de alguna forma socialmente no aceptamos, pero que generan muchísima curiosidad?
Lo prohibido. Para mí lo prohibido es lo sacro también.
¿Ahí encuentras tu sitio?
No, soy un mero espectador, un voyeur. En mi vida personal no hago prácticas sexuales de riesgo ni vivo experiencias límite. Estoy muy concentrado en lo que es el arte y lo que para mí es la creación escénica.
Explicas que esta obra es un ejercicio en el que vemos a un superviviente. ¿Por qué la entiendes tan bien?
Porque la he vivido. En mi adolescencia estuve muy cerca de la depresión y solo se puede salir de ahí con fuerza de voluntad. Claro que somos supervivientes cuando pasamos por algo así. En el escenario me reconozco en esa adolescencia intentando salvarme. Muchas veces durante la función se me aparece la figura de mi madre como un salvavidas. Es algo muy bonito.
“Soy de los que cree que en nombre del arte se puede hacer cualquier cosa.”
¿Cómo puedes tener la certeza de que has sobrevivido sin haber pasado por algo muy traumático?
Somos supervivientes toda la vida. Muchas veces parece que tenemos que alcanzar objetivos cuando en realidad el objetivo es la muerte. Todo el rato estamos sobreviviendo a nuestro día a día.
¿Cuales han sido tus naufragios?
No, no hablaremos de mis naufragios. Quiero hablar sobre todo de mis supervivencias cuando consigo interpretar mi obra y estoy encima del escenario.
¿Ahí te salvas?
Cuando estoy encima de un escenario me salvo. Es mi sitio favorito en el mundo y el espacio más sagrado que he conocido nunca. Cada vez que interpreto, no me querría mover de ahí, viviría en ese espacio. Es algo indescriptible que nunca había verbalizado. Cuando me quejo del formato teatral y digo que está obsoleto y que vamos perdiendo público, esa es la recompensa. El teatro lleva existiendo tanto tiempo por algo.
Me gustaría saber cómo llegas al teatro. ¿En qué momento piensas que puede ser tu lugar?
No me lo había planteado nunca. Entiendo que por vanidad, algo que me puede a mí, obviamente, y creo que compartimos todos los actores. Lo viví o lo entendí como un reto de ponerme en contra de lo que normalmente se espera de alguien.
¿Cuáles eran las expectativas sobre ti?
¡Muy altas! Quería ser abogado o banquero para no dar preocupaciones a mi familia y que pudieran sentirse orgullosos. Tenía que hacer algo ‘de profit’. Ese era mi reto, demostrarme a mí, a mi familia y al resto del mundo que el teatro sí que es algo de provecho y que puedes conseguir tus objetivos. No me he ido tan mal, pero quiero que me vaya mejor (risas).
En la obra hay dos públicos, el que está en la sala y el que participa vía internet. ¿Qué aportan?
Lo hago todo por ellos, todo por el público. Soy un artista que valora muchísimo el público y el ojo externo. No soy nada de ponerme en contra del público, menospreciarlo o insultarlo. Para mí es lo más importante y lo que encuentro en ellos es refugio. Cuando me quedo a hacer coloquios después de la obra, veo en cada una de las caritas de la gente que se queda un refugio, un sitio donde sé que me podría quedar tranquilamente. El público, tanto el que viene presencial como el que está en la web, se acerca de una forma sexual, lo sé. Eso tiene un poder en mí pero también tiene un poder hacia la persona que viene a verme, porque yo me retroalimento de ella. Hay esa oscuridad en mi público.
004270--009--VK_MarcMedina.jpg
¿Lo detectas?
Sí, claro. Vienen con una intención y se van con otra. Siento que les llega el mensaje. Vienen con la idea de me voy a poner cachondo y se van con quizá no me he puesto cachondo, sino todo lo contrario. Yo también hago mis obras porque me pone cachondo. Pero no acabo cachondo, claramente. Acabo tristísimo.
¿Y quién te recupera de esa tristeza?
Eso sí que es la magia del teatro. Cuando termina la obra, después del aplauso, se acaba todo. Eso es muy bonito.
¿Por qué tomaste la decision de adaptar la obra al cine? ¿Quién te ha acompañado y qué esperas de la película?
Empezamos con mis amigos hace dos años a tantear el hecho de hacer una película. Joan Porcel, el director, y Pere Sastre, guionista, me acompañaban a mis representaciones. Ellos fueron quienes vieron el germen de que hay una generación que necesita hablar sobre lo que vivió en Chatroulette. Una generación que descubrimos nuestra sexualidad y los primeros contactos con gente del exterior de nuestras habitaciones, de nuestras casas y de nuestros barrios. Hay una pulsión muy bestia a nivel generacional. Empezamos a entender que había algo ahí.
El estreno mundial ha sido en el festival de Tallin. Pasar del teatro al cine es un escalón por el que todos los actores queremos pasar. Pensaba que me iba a ver sobreactuado y tenía miedos. Es un momento difícil para cualquier actor. Estoy muy contento del trabajo y el seguimiento de la historia. Me he demostrado a mí mismo que puedo hacer cosas que no sean tan intensas como mi propia obra. La película forma parte de un proyecto colectivo. Empecé renunciando a la colectividad y he acabado agradeciendo lo colectivo. No lo hubiera podido hacer solo. En Tallin fue muy bonito ir acompañado.
¿Actuar frente a la cámara forma parte de un nuevo camino que has iniciado?
Sí, me ha entrado el gusanillo de estar delante de la cámara pero mi sitio favorito es el de creador. Necesito explicar la historia, crear la situación. Ahora mismo estoy desarrollando mi primer cortometraje como director. Lo veo como un camino después de La carn. En el cortometraje me voy a centrar en Czech Hunter, un referente del cine porno checo que básicamente es un hombre con una cámara en el pecho que va entrevistando a jóvenes supuestamente desconocidos, supuestamente heterosexuales, y a cambio de dinero acceden a tener relaciones con él.
He estado tan expuesto durante tanto tiempo en el Chatroulette, en los teatros, haciendo la película, que ahora necesito ponerme en la sombra. Este cazador que va a ir cazando a jóvenes, seduciéndolos y coaccionándoles, creo que soy un poco yo. Ahora mismo necesito encarnar un personaje que no aparece en la pantalla.
“Un artista no puede ser un buen estudiante. Un artista tiene que hacer obras que incomoden y que trasciendan lo académico. No quiero hacer obras que gusten a mi familia. Quiero que me gusten a mí.”
Es interesante la figura del cazador. 
¿Sabes por qué? Porque yo he sido cazador. 
Claro. Esa era la pregunta (risas).
Ah, perdón. (risas)
Cuéntame eso, cómo un chico a los dieciséis años entra en este Chatroulette y descubre que atrae a los demás de una forma específica. Me parece que tiene un paralelismo con el reality shifting.
Fui un niño invisible que no llamaba nada la atención. A los quince o dieciséis nació algo en mí que me hizo atrayente a los ojos externos. De pasar de ser invisible a eso, es muy bestia. Cuando lo notas, te das cuenta de muchas cosas. La primera es que eres objeto de deseo, pero la segunda es que tienes un poder. Fui un adolescente cazado, fui un ciervo en mitad de esa historia. Siento que soy víctima de mi propia historia y de mi propia condición. Con los años me he vuelto fuerte.
¿Eras un ciervo que se quería dejar cazar?
Claro que sí.
Y ahora tú quieres cazar a los demás. ¿Lo has hecho? ¿Sabes lo que implica salir a cazar?
No, claro que no. Soy muy mal cazador. No sé hacerlo porque mi safe space es ser presa. Durante tres años he sido presa de la obra, de mí mismo, de toda la gente que ha venido o que me ha visto en Chatroulette y en las redes sociales. Yo soy esto. En mi siguiente proyecto, necesito ponerme en la carne de la persona que me ha cazado y cazar a otros chicos.
Eres muy inteligente. Todos los artistas sois presas del público y de lo que esperan de vosotros, de lo que reciben o interpretan sobre vosotros.
Los artistas comerciales son presas de la sociedad. Nosotros necesitamos alimentarnos de ellos. Necesitamos vampirizar a esas personas porque ellos dan sentido a nuestras vidas y a nuestro día a día. Sí, claro que son presas. Pero cuando llegas a un nivel como la grandísima Rosalía, ella ahora es cazadora. Ella le da la vuelta y nos caza a nosotros y nos hace ir por donde quiere. Es fantástico cuando se llega a esos niveles. Yo hablo desde un sitio mucho más pequeño, en el que estoy muy cómodo. Ojalá algún día sea un gran artista, pero me queda mucho trabajo.
¿Cuál es tu relación con lo divino?
Cuando era pequeño, era rubito y siempre me disfrazaban de ángel. Entiendo la pintura, la escultura y Roma como algo divino. El arte es la interpretación y la reinterpretación. Yo quiero acercarme ahí lo máximo que pueda. Así como llego a los bajos fondos, jamás llegaré a la divinidad.
Pero lo intentas.
Constantemente.
¿Hay algún aspecto que te conecte con lo no terrenal?
No, pero es el contraste entre lo visceral y lo sexual, que es lo humano y lo banal, con esa cosa tan ultra y pura que es la divinidad. Ese contraste justamente es el que me interesa. Por eso me gusta verme a mí mismo en el escenario como alguien puro, como alguien divino.
Volviendo a la obra, tú ahí estás explorando esos límites entre lo que forma parte de nuestra más estricta intimidad y lo que exponemos en las redes. ¿Cómo te relacionas con las redes?
Las redes sociales son la cárcel. Sí, son la problemática de un artista contemporáneo como yo. Es que es así.
Un sitio donde estás atrapado. ¿Pero por qué? 
Porque valoro mucho mi contemporaneidad. Yo vivo este momento, no puedo negarlo. 
Pero puedes salir de esa cárcel. 
Es muy difícil porque es lo que te alimenta, es lo que te hace estar en el sitio y en el lugar.
¿No existirías sin ellas?
Yo no existo sin las redes sociales. Instagram es un expositor, por eso ahora somos todos artistas. Es la democratización de enseñar nuestros trabajos para que todo el mundo los vea. Nos hace a todos iguales. Tengo una relación tóxica con las redes sociales y expongo toda mi vida sin filtro. Asumo que me va a pasar factura con el tiempo.
Te has definido como un artista muy interesado en el pasado y en sus problemáticas. Eso es interesante porque parece como que a tu generación no le preocupa demasiado. ¿Cuéntame quiénes sois?
Somos una generación ultraanalizada. La gente joven ha sido un punto de mira porque es el futuro. Es ver en el presente el futuro, analizarlo y preverlo. Una de las cosas que más me ha molestado es que nos han victimizado e infantilizado. No somos nosotros quienes nos hemos denominado la generación de cristal, son las generaciones más adultas que nos lo han impuesto. Luego ves a jóvenes de dieciocho años prostituyéndose en OnlyFans y la gente lo tapa o no lo quiere ver porque los hemos victimizado desde sus doce años. Esa gente sigue teniendo los mismos problemas que hemos tenido todos y las mismas necesidades. Tendríamos que desvictimizarnos y poder hablar de tú a tú. La gente se victimiza o se infantiliza hasta los veintisiete, o yo, que tengo veintiocho, muchas veces me he victimizado a mí mismo. Mi madre me tuvo a la edad que tengo ahora.
Explícame el éxito de las aplicaciones de sexo en línea. ¿A qué crees que responde esta opción para acercarse a los demás?
Es muy curioso. Esto es un caso que me tiene loco a día de hoy. Aún no lo puedo entender. En la época de Grindr, en la época de Glovo, pides cualquier cosa y la tienes en casa. Es la época de la inmediatez. Tener relaciones sexuales online a distancia sin conocer a la persona responde al aislamiento. El sistema nos quiere cada vez más solos, en nuestras casas, para consumir y comprar desde ahí. Hacerlo todo desde casa y no tener que salir para nada. He tenido que explicar muchas veces esa realidad. Hay una capa de la sociedad que no sabe lo que es, pero hay otra que sí.
“Cuando estoy encima de un escenario me salvo. Es mi sitio favorito en el mundo y el espacio más sagrado que he conocido nunca.”
¿Qué consecuencias psicológicas tiene esa forma de relacionarse con alguien en otro lugar del mundo a quien no volverás a ver y que no tiene ningún interés en volverte a ver?
Pierdes el interés por las personas, eso es horrible. A mí me cuesta mucho hacer amigos por la implicación emocional que conlleva. Sitúo al otro en un plano de una masa muy grande. Ni en el instituto podía, a pesar de que la gente de alguna forma me interesaba. Siempre he ido muy por libre.
El deseo íntimo del otro es siempre una de las motivaciones que nos acerca a él. Puede ser la curiosidad por conocer hasta qué punto el otro te quiere, te desea, quiere estar contigo, quiere repetir, quiere formar parte de tu vida.
Hay una cosa que me tiene muy obsesionado y es la sexualización de la inocencia. Otro referente de la película es Muerte en Venecia. Yo desearía desear toda mi vida, ser Tadzio. Me gusta mucho analizar por qué la inocencia es un objeto de deseo de los demás. Me interesa mucho qué es lo que reproduce en esa admiración que interpela al otro, y alude a una renuncia y a una carencia. Como la mayoría de homosexuales, yo no tendré hijos. Me interesa analizar ese vacío de no tener hijos y a la vez que seamos un colectivo que ha sexualizado tanto la figura del querubín.
Pero Tadzio era un ángel caído.
Claro, porque él se acercaba a la divinidad. Como humanos, acercarnos a la divinidad es peligroso. Rosalía misma también lo hace. No estamos acostumbrados a ello. Y no es una cosa normal de nuestra condición como humanos. Es peligroso. Yo espero no acabar tan mal.
Hay gente que se olvida de que es un constructo. El personaje se acaba comiendo la persona.
Siento que me va a pasar eso.
¿Lo quieres, lo buscas?
Estoy muy aburrido conmigo mismo. Me quiero cambiar el nombre, por ejemplo. Me aburre mucho mi propia realidad y mi propia existencia porque vengo de una familia muy normal de Mallorca. Tengo una vida muy larga por delante. Quiero ser otras cosas. De repente, ponerme un nombre ruso. ¿Por qué no? Quiero jugar con eso.
¿Qué relación mantienes con la soledad?
Me gusta mucho la soledad aunque es un sitio en el que no siempre te encuentras cómodo. Esa incomodidad te genera hacer cosas. Me gusta analizar. Cuando eres joven tienes muchas ganas de salir y de hacer mil planes porque piensas que te estás perdiendo muchas cosas. Ahora prefiero quedarme en casa y dedicar mi tiempo a preparar películas, leer. Es un tiempo sagrado.
¿Buscamos una pareja para no estar solos?
Creo que sí, porque hemos concebido el mundo de otra manera a como lo hicieron nuestros abuelos. Ellos encontraron la pareja a los quince años y para siempre. No tenían esa problemática. Pero nosotros vivimos en un mundo en el que constantemente tienes que consumir cosas y parejas.
Consumir el tiempo y los sentimientos de otra persona. ¿Éticamente no te parece terrible eso?
Es extraño porque nos estamos acostumbrando a ello. En realidad no es lo que nos dicen las normas sociales. Es una sensación extraña que no tiene por qué ser negativa. No lo veo negativo porque lo veo desde el consentimiento, simplemente lo veo extraño.
Byung-Chul Han defiende que la gente se explota a sí misma en el trabajo pensando que se está realizando en la vida, y el hombre solo es plenamente humano cuando juega. Eso me hace pensar que tú has llegado a la autoexplotación de manera intuitiva, pero a la vez ese camino te permite seguir jugando y quizá llegar a la plenitud de la que Han nos habla. ¿Estarías de acuerdo con eso?
Totalmente. La creación, que al final es la producción, es una cosa artística, pero una producción es producir algo, crear algo. La vivo desde el juego y desde la necesidad de gozar. Esa frase que dicen cuando trabajes de algo que te guste, no trabajarás nunca más, es donde yo me encuentro y donde disfruto.
“Durante tres años he sido presa de la obra, de mí mismo, de toda la gente que ha venido o que me ha visto en Chatroulette y en las redes sociales.”
Han también dice que hemos perdido la capacidad de disfrutar del disfrute por el disfrute. Todo tiene que tener una motivación relacionada con lo que luego va a ser productivo.
Claro. Y hemos perdido lo que es el gozar el proceso de creación. Soy una persona muy cocinitas. Mi vida es la gastronomía y el arte, no tengo nada más.
Eres un creador.
Bueno, soy un creador y un vividor también. Me gusta mucho vivir y disfrutar. La gastronomía es algo que me llena mucho. Siento que cada vez que elaboro un plato, o estoy haciendo una receta, especialmente si es una receta tradicional, estoy rindiendo homenaje a eso. Y sobre todo tengo a mis abuelas, que se han pasado la vida cocinando.
Han nos recuerda que jugar no es una pérdida de tiempo, sino una necesidad vital. Es una manera de existir sin miedo al error, de experimentar sin metas, de disfrutar del simple hecho de ser tú. ¿Esa consciencia la tienes? ¿Disfrutas del mero hecho de ser tú mismo?
Me interesa mucho lo que dice. Rotundamente sí. Creo que también es un poco de vanidad. Disfruto mucho de quien soy, ¿sabes por qué? Porque antes no lo podía decir. Me he construido a mí mismo.
Te has reforzado.
Sí, me he reforzado.Yo era muy tímido y muy invisible. Cuando te empoderas y sabes que tú también puedes... Mira, hay una cosa que no quiero perder en la vida y hay muchos artistas o muchos creadores o directores que pierden, y es disfrutar como espectador. Es una de las enfermedades de muchos directores. No pueden ver las películas porque como se dedican a ello, pierden el entusiasmo como espectadores. Eso no lo quiero perder jamás. Quiero ser espectador toda mi vida. Me quejo de que no me gusta lo que veo. Sí que es cierto que globalmente hay muchas personas que me atraen. Un referente es Albert Serra.
¿Porque se permite jugar?
Porque se permite jugar y porque se permite sobrepasar todas las líneas. Por eso destaca. Pero es que a veces es fácil destacar. No digo que su trabajo sea fácil, pero sí que digo que lo demás no destaca.
Tú no has perdido esa mirada lúdica del niño. En el fondo estás permitiendo que el juego forme parte de tu forma de crear. Tú creas a partir de un juego contigo mismo que no tiene límites.
El nacimiento de La carn fue así. Me conecté a un ordenador y a una web durante los ensayos. Lo que acaba pasando es que acabas jugando, en mi caso en internet, y me lo pasaba bien. Me costaría mucho estar en una sala de ensayo concentrado sin hacer nada que me gusta. O intentar hacer algo muy denso o aburrido.
¿No podrías interpretar un autor clásico?
No me quiero cerrar puertas pero como no se van a abrir esas puertas para mí, lo digo. Yo no podría dejarme en manos de alguien a quien no admire, y no admiro a los directores que están aposentados. No son los que a mí me inspiran.
Hablabas de la vanidad, no todo el mundo es capaz de aceptarla. Tampoco está tan bien visto. Luego está el exhibicionismo, que es lo que se espera de un actor, que sea capaz de exhibirse hasta el punto incluso de desnudarse en escena, como haces tú. No todo el mundo es capaz de eso. Eso te hace un actor completo en el sentido de que sea quien sea que te dirija, como que parece que tú lo vas a dar todo, todo lo que se te pida, siempre irás más allá de lo que se supone que el personaje puede necesitar. ¿Esa entrega tiene que ver con la necesidad de gustar, la necesidad de que te acepten, de que te valoren, de que te sigan deseando?
Es muy banal pero tiene que ver con querer llamar la atención, que siempre se ve como algo negativo. En cambio, si lo separas, ¿dónde está lo malo? Si no, nadie me va a conocer. Querer llamar la atención no lo veo negativo. No quiero pasar desapercibido. No soy una persona que busque el anonimato. Al revés. Lo hago porque me llena como persona y me ayudará a acordarme de mis inicios. A veces pienso en mí cuando tenga cincuenta años y piense en lo que hice cuando tenía veintiocho.
¿Cómo crees que va a ser?
Con mucho orgullo.
¿En qué sitio estarás dentro de tantos años?
Muy relajado y tranquilo, espero. A no ser que mis recetas empiecen a evolucionar muchísimo y entonces me vaya a la parte de la gastronomía. Pero no, no. En principio mi pasión es el arte, el teatro, el cine, cualquier expresión artística.
¿Qué concepto tienes del amor?
Tengo dos tipos de amor. No lo busqué en su momento, no lo anhelaba, pero me lo he encontrado. Para mí el querer a una sola persona supone una especie de equilibrio de todo mi discurso tan rompedor. Me encuentro con una relación muy tradicional. Es el amor hacia una sola persona. Visualizo a mis abuelos, que se quisieron, que estuvieron juntos desde los quince años hasta que se murieron. Hay una cosa muy romántica, cultural, que es el amor eterno. Eso lo tengo, lo valoro, lo cuido y lo percibo como algo que en realidad es rompedor en este momento. Es una forma de romper algo desde lo tradicional. También siento amor incondicional por las personas que se interesan por mi trabajo. Para mí incluso esta entrevista es un acto de amor y lo vivo con un cariño que creo que es lo que me motiva a continuar.
Metal_Retrats_DSCF7936_MarcMedina_E.jpg
Metal_Retrats_DSCF7640_MarcMedina_E.jpg