Tras veinte años reafirmándose como la plataforma líder en la creación audiovisual, la electrónica experimental y las realidades extendidas, el Festival LEV ha tomado la que ya es su ciudad de referencia, Gijón, para ofrecer nuevas perspectivas sobre el sonido y la imagen.
Consolidándose como un gran punto de referencia de la música electrónica experimental, el festival desplegó del 30 de abril al 3 de mayo una programación que integró directos audiovisuales, performances escénicas, instalaciones y experiencias de realidades extendidas distribuidas en diferentes espacios urbanos. Algunos de ellos ya conocidos por los seguidores más recurrentes del festival como el Teatro Jovellanos o la Colegiata del Palacio de Revillagigedo, pero con la incorporación de nuevas localizaciones como la Iglesia de la Laboral, que vuelve a formar parte del escenario del LEV tras su reapertura al público, o la Capilla de San Esteban del Mar, recientemente rehabilitada como espacio cultural.
En cuanto a las instalaciones, cualquier viandante de la ciudad se podía topar con estas creaciones que reflejaban los imaginarios de los artistas en clave tecnológica. Como por ejemplo la obra de Eric Verhes, Meeting Philip, inspirada en la conferencia que el escritor Philip K. Dick dio en 1977 acerca de la existencia de múltiples universos paralelos. O la videoinstalación de Anne Horel, un vídeo collage que indagaba en la cultura popular a través de la inteligencia artificial y el montaje surrealista.
Abul Mogard fue el responsable de dar el pistoletazo de salida a los conciertos en el Teatro de la Laboral el viernes 1, quien presentó su último álbum, Quiet Pieces. Un recorrido sonoro que transportó al oyente a un estado meditativo mediante el uso del drone y unos paisajes musicales propios de la ensoñación. Le siguieron la performance audiovisual de la filipina Corin, el díptico visual de Ryoichi Kurokawa y Meuko! Meuko! en colaboración con el artista Hsiangfu Chen, que presentaron una reinterpretación de la mitología popular taiwanesa explorando el paso del tiempo a través del sonido, la imagen y el gesto ritual. Sin duda, la noche estuvo marcada por la vuelta a los escenarios del LEV de Alva Noto. El reputado productor berlinés consiguió que el público se levantase de sus asientos con su quirúrgica interpretación de un sonido propio que combina vanguardia y techno.
La segunda jornada del festival estuvo plagada de compases energéticos desde mediodía en el Muséu del Pueblu d’Asturies. Musgo2, Nah, Jlin y Komatssu vs Tensal recobraron la energía de lo que se avecinaba como un día lluvioso con sonidos que fluctuaban desde el imaginario dosmilero a inclasificables ritmos percusivos, pasando por estilos propios del footwork de Chicago o la IDM más melódica.
Enrique del Castillo asombró con su curioso Umbráfono, un instrumento que convierte patrones visuales en sonidos, a través de películas de 35mm y lectores ópticos. El hecho de que su actuación tuviese lugar en el enclave religioso de la Iglesia de la Laboral añadió una dimensión espiritual, creando una inmersión entre lo analógico y lo experimental.
La segunda velada del festival estuvo marcada por performances audiovisuales que invitaron a reflexionar al espectador acerca de las nuevas tecnologías y el uso que se les da. Myriam Bleau & Pierce Warnecke presentaron su último proyecto, que enfrentó directamente al público con el consumo diario de las redes sociales y el amplio mundo del internet, a la vez que exploró las distintas formas de extractivismo de datos a las que se está expuesto constantemente. Los colectivos NonTech y Tacit Group, pioneros de la electrónica experimental en Corea, mezclaron inteligencias artificiales con problemas humanos, creando una sinergia que cuestionó el umbral crítico de la realidad contemporánea. En la Nave de la Laboral, el dúo franco-chileno Nova Materia, Catnapp, µ-Ziq & ID:MORA y la turntablist Niknak finalizaron la noche con ritmos inmersivos y sonidos emocionantes que movilizaron al público hasta convertir el recinto en una pista de baile.
Para la última jornada del festival, y para bajar las revoluciones extasiadas de la noche anterior, el cierre corrió a cargo de la asturiana Sara Muñiz y el polaco Julek Ploski en la Laguna Boreal del Jardín Botánico Atlántico. Estas dos actuaciones matinales en directo se experimentaron a través de auriculares inalámbricos y, al converger con el entorno natural del jardín, prolongaron la clausura del LEV con imágenes sonoras envolventes, íntimas y ligadas al territorio de Muñiz, junto a la propuesta maximalista de Ploski por los paisajes post-internet.
Es de esta forma como el Festival LEV ha llegado a sus veinte años sin perder la esencia que lo define. Consolidándose como un festival descentralizado pero integrando a toda una ciudad, abriendo nuevos espacios para el público, incorporando voces desconocidas y emergentes y demostrando una vez más que la experimentación sonora y visual es una forma de entender el mundo























