Con solo cinco montajes, La Dramática Errante se ha consolidado como una de las compañías más inquietas del panorama teatral reciente. Tras el reconocimiento en los Premios MAX por su adaptación de Yerma, el equipo liderado por María Goiricelaya y Ane Pikaza sigue explorando nuevas formas de contar desde una mirada contemporánea, emocional y profundamente conectada con el presente.
Su última propuesta, R&J, revisita el mito de Romeo y Julieta de William Shakespeare para cuestionar el amor romántico y abrirlo a las múltiples formas de vincularnos que tenemos hoy en día. Hablamos con ellas sobre procesos creativos, juventud, deseo y ese impulso constante de hacer del teatro un espacio de pensamiento, riesgo y transformación.
Para empezar y situarnos, ¿quién hay detrás de La Dramática Errante y por qué decidisteis formar una compañía de teatro?
María Goiricelaya: Detrás de La Dramática Errante hay una pequeña gran familia que desborda pasión por el teatro; un equipo cómplice, sensible y tenaz que sigue buscando su propia forma de contar historias. Creamos la compañía para eso, porque queríamos un espacio donde el teatro fuera riesgo, pensamiento y emoción, donde poder compartir con el mundo esas historias que no podemos no contar.
Ane Pikaza: María y yo llevábamos años trabajando juntas después de conocernos en la escuela de teatro. Pasamos por distintos proyectos y compañías hasta encontrar el impulso para crear La Dramática Errante, que se ha convertido en nuestra casa y nuestra forma de mirar el mundo. Un lugar desde donde abordamos la creación y también proyectos de gestión como la dirección artística del festival de teatro de Olite.
Ane Pikaza: María y yo llevábamos años trabajando juntas después de conocernos en la escuela de teatro. Pasamos por distintos proyectos y compañías hasta encontrar el impulso para crear La Dramática Errante, que se ha convertido en nuestra casa y nuestra forma de mirar el mundo. Un lugar desde donde abordamos la creación y también proyectos de gestión como la dirección artística del festival de teatro de Olite.
Vuestra obra más reciente, R&J, parte de uno de los relatos más conocidos de la historia del teatro. ¿Qué os interesaba rescatar de Romeo y Julieta y qué sentíais que necesitaba ser cuestionado?
María Goiricelaya: Empezamos a trabajar en un proyecto de sensibilización con adolescentes llamado PACT by BBK, centrado en las relaciones y el buen trato. Pensamos que Romeo y Julieta era el máximo exponente del amor romántico a cuestionar y reconstruir, y nos pareció que el texto de Shakespeare era una gran oportunidad para abordar el nuevo paradigma de amor en el presente, las nuevas formas de vincularse, qué es eso de amar hoy. Nos preguntábamos qué pasa hoy con ese amor trágico que propone Shakespeare y esa intensidad en una sociedad hiperconectada, acelerada, donde todo parece sustituible. Revisar este mito fundacional del amor era casi una necesidad política.
Ane Pikaza: Los clásicos siempre son un lugar al que volver porque cambia la sociedad en la que vivimos, cambia nuestra mirada, pero los conflictos y las preguntas esenciales siguen estando ahí. Nuestra generación es el reflejo de un cambio de paradigma del amor romántico que ha multiplicado la forma de entender las relaciones.
Ane Pikaza: Los clásicos siempre son un lugar al que volver porque cambia la sociedad en la que vivimos, cambia nuestra mirada, pero los conflictos y las preguntas esenciales siguen estando ahí. Nuestra generación es el reflejo de un cambio de paradigma del amor romántico que ha multiplicado la forma de entender las relaciones.
Más que una adaptación, habláis de una revisión emocional, ¿cómo dialogan en escena el texto clásico y las experiencias actuales?
María Goiricelaya: El texto clásico está absolutamente presente en escena. Lo hemos adaptado pero la historia está en su totalidad. Ahora bien, también queríamos que esa historia dialogara con relaciones actuales, con testimonios coetáneos. Queríamos de algún modo atravesar el texto de Shakespeare con eso que es el amor hoy, con las situaciones que hoy vivimos, con cómo las afrontamos, con cómo morimos de amor hoy.
Ane Pikaza: De ahí que R&J esté compuesto por tres historias actuales y el propio clásico entrelazados en una dramaturgia que nos permite avanzar en la historia, entendiéndose desde distintas perspectivas.
Ane Pikaza: De ahí que R&J esté compuesto por tres historias actuales y el propio clásico entrelazados en una dramaturgia que nos permite avanzar en la historia, entendiéndose desde distintas perspectivas.
Romeo y Julieta y R&J hablan de amores intensos y pasionales pero en contextos muy distintos. ¿Qué elementos de esa intensidad clásica siguen presentes en la forma de amar de hoy y cuáles han cambiado radicalmente?
María Goiricelaya: Yo creo que hay algo de esa intensidad que sigue ahí, aunque quizá hemos perdido valentía, arrojo. La forma de desear ha mutado pero ahí sigue la necesidad de ser mirada, de ser elegida, de sentirnos únicas para alguien. Lo que sí se ha transformado es el contexto: ahora existen redes, aplicaciones, todo un mercado afectivo condicionado por la sobreexposición y la inmediatez. Ahora ya no nos subimos a un balcón, deslizamos un DM a las tres de la madrugada.
Ane Pikaza: Quizá lo que ha cambiado no es la intensidad sino la manera de afrontar esa intensidad. El cuidado o la responsabilidad afectiva son términos que han creado otro tipo de Romeos y Julietas: personas que sienten profundamente pero que también dudan, que también eligen, que también, a veces, deciden no cruzar ese balcón.
Ane Pikaza: Quizá lo que ha cambiado no es la intensidad sino la manera de afrontar esa intensidad. El cuidado o la responsabilidad afectiva son términos que han creado otro tipo de Romeos y Julietas: personas que sienten profundamente pero que también dudan, que también eligen, que también, a veces, deciden no cruzar ese balcón.

R&J habla del amor pero no necesariamente de uno idílico, sino que lo muestra con sus partes buenas y malas. En la obra conviven deseo, sexo, odio y ternura, ¿era importante huir de una visión idealizada del amor? ¿Qué prejuicios sobre el amor contemporáneo os interesaba desmontar desde el escenario?
María Goiricelaya: Absolutamente. Pertenecemos a una generación que creció con referentes y relatos que asociaban amor con sacrificio o sufrimiento. Nos interesaba desmontar esa épica del dolor. También cuestionar la idea de que el amor contemporáneo es superficial. Creemos que no es más superficial sino más complejo. Hay deseo y hay contradicción. Hay vínculos que no encajan en moldes tradicionales. Mostrar esa ambivalencia era fundamental.
Ane Pikaza: Al pensar en el clásico de Romeo y Julieta, fácilmente vamos a la idea romántica del ‘todo por amor’ y nos olvidamos de que el propio clásico es una tragedia donde mueren seis personas en apenas cuatro días. Por tanto, cuestionar aquello que idealizamos era indispensable.
Ane Pikaza: Al pensar en el clásico de Romeo y Julieta, fácilmente vamos a la idea romántica del ‘todo por amor’ y nos olvidamos de que el propio clásico es una tragedia donde mueren seis personas en apenas cuatro días. Por tanto, cuestionar aquello que idealizamos era indispensable.
El amor aparece como algo líquido, contradictorio y ansioso. ¿Era importante mostrar también su lado incómodo y doloroso?
María Goiricelaya: Por supuesto. Necesitábamos hablar del miedo, de la dependencia, del dolor como parte del aprendizaje vital; no como destino romántico. Reconocernos en nuestras decisiones, examinar por qué las hemos tomado, abrazar las consecuencias.
En el relato de Shakespeare, los amantes se querían tanto que no imaginaban una vida el uno sin el otro; sin embargo, ahora vivimos en un contexto de apps, redes y vínculos fugaces. ¿Qué lugar ocupa hoy el compromiso según la mirada de la obra?
María Goiricelaya: El compromiso ya no es necesariamente un ‘para siempre’, pero eso no significa que no exista. Puede ser un compromiso honesto con el presente. Puede ser la creación de otro tipo de vínculos. Nos preguntamos si es posible amar sin poseer. Si el compromiso puede ser una elección diaria y no una condena.

Aunque la época y el contexto sean muy distintos a la obra original, aún se pueden ver detalles claramente relacionados con el relato de Shakespeare. ¿Cómo fue la construcción de R&J desde el guion hasta la música, el vestuario y la escenografía? ¿Qué era imprescindible cambiar y qué queríais mantener?
María Goiricelaya: Queríamos mantener el texto de Shakespeare pero resonando en el presente; no perder el legado pero buscar una resignificación del mismo. Trabajamos mucho en ensayos para insertar las historias que son nuevas y que remiten a cómo amamos hoy, y buscamos una música que fuera movilizante, que empujara a la acción, a la épica de la historia. Para el vestuario le planteamos a Azegiñe navegar en lo ambiguo, no descartar algunos elementos que jugaran la época pero tampoco renunciar a la moda actual. Y respecto a la escenografía, sí que veíamos un espacio diáfano, seco, en el cual poder estallar el juego teatral.
Ane Pikaza: La propuesta estética responde así a un lugar donde cohabitan el pasado y el presente y nos permite saltar de un lugar a otro en segundos.
Ane Pikaza: La propuesta estética responde así a un lugar donde cohabitan el pasado y el presente y nos permite saltar de un lugar a otro en segundos.
La música techno y la coreografía son parte clave de la función, ¿qué emociones queríais provocar más allá de la palabra?
María Goiricelaya: El amor tiene un impulso muy concreto. Lo sentimos muy en el cuerpo, en ese corazón que galopa como un caballo. La música y la coreografía tenían que ir igualmente a ese lugar excitante, indómito, salvaje.
Hoy en día los jóvenes hablan mucho de educación emocional, aunque algunos se apliquen poco la teoría. ¿Qué aprendizajes creéis que el público joven puede encontrar en la pieza? ¿Qué tipo de conversaciones os gustaría que surgieran después de la función?
María Goiricelaya: Sobre todo querríamos que valoraran el avance, cuánto hemos mejorado en esto de amarnos, cuántos límites bien puestos, cuánta conciencia ganada, cuánto respeto por una misma y por el resto de personas, cuánto han mutado nuestras relaciones y vínculos. Creo que todo esto debería estar en esas conversaciones.
Para cerrar, R&J habla del amor como una revolución íntima, ¿creéis que el teatro sigue teniendo hoy capacidad para generar pequeñas revoluciones personales y globales?
María Goiricelaya: Sin duda. Nosotras creemos profundamente que con cada obra generamos una pequeña revolución. La primera en nosotras, en nuestro equipo, y de ahí al mundo. Tenemos la fortuna de dedicarnos a un arte que quizá no cambie el mundo pero sí hará que cambien algunas personas. Hasta la victoria siempre.



