Los seres humanos almacenamos todo tipo de recuerdos, incluso los más dolorosos. Guardamos todo aquello que habla por nosotros y de nuestra historia vital. Tendemos a archivar recuerdos por si algún día los queremos rememorar, no para caer en el error de la nostalgia sino para desacelerar la desmemoria. El Arxiu Leopoldo Pomés recopila la obra del fotógrafo que maravillaba a todo un país con sus campañas de publicidad poéticas e imaginativas. Su muerte en 2019 propició que su hija Juliet se hiciera cargo de su archivo personal, compuesto por decenas de miles de fotografías, negativos, diapositivas, hojas de contacto o copias en papel, pero también dibujos y todo tipo de documentos, así como una destacada colección de arte.
Con la finalidad de compartir el universo del fotógrafo y publicista, Juliet y el editor Luis Cerveró han presentado el primer número de la revista periódica Pomés, editada por Terranova. Toda una declaración de intenciones que aglutina textos de algunos de sus contemporáneos, entre los que destacan los amigos Eduardo Mendoza y Oscar Tusquets, y las aportaciones personales de una generación más joven de entusiastas de su obra, como los fotógrafos Adrià Cañameras y Jara Varela. Un homenaje que trasciende el profundo peso de su obra visual y nos recuerda que, para comprender el presente, debemos asumir el pasado.

¿Qué motivó tu implicación personal con el Arxiu Leopoldo Pomés?
Entré en el archivo cuando mi padre murió. Dejó tantas cosas de las que preocuparse y ocuparse, que poco a poco nos fuimos organizando. Yo soy la más artista de la familia y sin haberlo formulado, acabé haciendo esto con muchísimas dudas y mucho amor-odio. Es un trabajo inmenso, infinito. Me dedico a la parte más divertida aunque también me gusta archivar. Esto me ha curado.
También te ha ocupado el primer número de la revista Pomés.
Tuve la suerte de encontrarme con Luis Cerveró, que es una persona fuera de lo común. Un día le enseñé el archivo y le pedí que nos hiciera una propuesta. Es la única persona que he encontrado hasta ahora con la que hablamos el mismo lenguaje. Me propuso editar una revista dedicada al mundo de mi padre, y le dije que sí. Nos pusimos manos a la obra a lo bestia. Luis tiene una capacidad de trabajo impresionante. Si yo soy meticulosa, él lo es aún más.
La habéis publicado en un tiempo récord.
Luis quería que la revista fuera semestral, pero hay un trabajo brutal detrás. Ahora la gente no tiene tiempo de leer los textos a fondo y lo bueno que tiene es que visualmente es bonita y tiene interés. Puedes entrar a un nivel o puedes acceder a otra capa y ver que hay conexiones entre ellas. Para mí, comunicar siempre tiene algo didáctico. No quiero decir que mi padre fuera un modelo de persona, hay muchas cosas de él que no me gustaban, pero su forma de estar me parece modélica. Sabía emplear bien la vida. Me siento con esta misión para ver si convenzo a alguien de ser así. Es ingenuo, pero es una necesidad.
¿Te has divertido?
Ha habido momentos en que me he divertido mucho. He sentido que estaba haciendo algo que me realizaba. A estas alturas lo puedo convertir en algo propio porque conozco y entiendo su obra. Además, he llegado a la conclusión de que nada sobrevive sin una mirada nueva. Lo tengo clarísimo. Luis ha construido un puente con el presente. Yo no lo hubiera hecho sola.
¿Habéis encontrado fotos inéditas? ¿Podremos sorprendernos con fotografías que no hemos visto y que tengan interés?
Hay mucho positivo, fotos de moda y de publicidad que pasan la criba del tiempo. Justo ahora estamos empezando a hacer una selección. Es muchísima responsabilidad. Son cuatro temas. Vamos a separarlos por lo que mi padre llamaba ‘pinyols’. Va a haber dos tipos de categoría ‘pinyol’ y luego unas que son ‘medio pinyol’ y otras que son más normales, que nos estorban un poco pero que pueden tener interés para otro uso. Estas pueden servir para una exposición temática del estilo de los 60, pero no tanto como una obra de Pomés.
¿En qué momento te haces consciente de que tu padre es alguien que tiene su propio mundo y además, muy potente?
Bastante pronto. Yo estaba orgullosísima de él y me parecía el padre más genial del mundo. Los compañeros de mi clase sabían que hacía cosas para la tele. Eso era lo más parecido a la fama en aquel momento. Tuve mucha relación con él cuando empecé a ser jovencita. No pensaba que no me hacía caso porque cuando te hacía caso, te hacía tanto... Me invitaba a sus cenas con pintores, amigos intelectuales, escritores y sobre todo arquitectos. Yo estaba calladísima, escuchando.
“No quiero decir que mi padre fuera un modelo de persona, hay muchas cosas de él que no me gustaban, pero su forma de estar me parece modélica. Sabía emplear bien la vida.”
Y te matriculaste en Arquitectura.
Estudié dos años. Me gustaban el dibujo, la pintura y la arquitectura. En aquel momento, el dibujo figurativo realista estaba desprestigiado, pero en casa iban avanzados. Habían descubierto a Antonio López y recuperado el gusto por el realismo. Pensaba que los arquitectos eran los únicos que dibujaban así y me matriculé. Abandoné porque fui realista. Tiene tan poco que ver con la arquitectura lo que hay que hacer ahora, que menos mal que lo dejé.
Tu padre reivindicaba el proceso de revelado y el trabajo minucioso.
Cuando hizo las fotos de las calles de Barcelona, descubre cosas una vez ha revelado. Es lo que ocurre ahora con Photoshop. No hablo de retoques, sino que puedes jugar con la imagen. A mí me pasa con los dibujos también. Es una herramienta más. No lo veo como una trampa, más bien es un método de trabajo. Buscas algo y lo encuentras de esa manera.
La primera foto que hizo Leopoldo fue un retrato de sus padres cuando tan solo tenía diez años. En aquella época, tener una cámara y hacer fotos no era nada común.
La tengo yo en casa. No me digas que no son una pareja de enamorados… También tiene unos buenos modelos, porque no son unos padres de estos que posan. En la época la gente era más comedida. Detrás pone: “La he hecho yo. L. Pomés”. Es preciosa esa foto, me parece una maravilla.
Sí, tenía diez años y es muy fácil que fuera la primera foto. ¿Qué nos está diciendo? Cómo se querían sus padres y que creció en un entorno muy favorable. Fue una persona muy querida. Creo que su forma de estar en el mundo tiene algo que ver con esto. Además, mi padre vivió sin hipocresías, en una familia muy verdadera. Mi madre siempre lo dice. Cuando llegó a casa de ellos, quería que la adoptaran. Le parecieron tan bondadosos y tan acogedores.
Sí, tenía diez años y es muy fácil que fuera la primera foto. ¿Qué nos está diciendo? Cómo se querían sus padres y que creció en un entorno muy favorable. Fue una persona muy querida. Creo que su forma de estar en el mundo tiene algo que ver con esto. Además, mi padre vivió sin hipocresías, en una familia muy verdadera. Mi madre siempre lo dice. Cuando llegó a casa de ellos, quería que la adoptaran. Le parecieron tan bondadosos y tan acogedores.
Leopoldo se relacionó con el grupo Dau al Set. Era muy joven pero entró en contacto con intelectuales muy relevantes en los años 50 vinculados al surrealismo y el existencialismo, que buscaron renovar el arte catalán frente al academicismo franquista. ¿Qué te contaba de esa experiencia?
Él coincidía con Modest Cuixart en el mismo bar y este se fijó en cómo mi padre explicaba una película a alguien y le interesó. Mi padre debía tener unos veinte años. Lo presentó al resto y acabaron reuniéndose semanalmente en el living de casa de su familia. Era el sitio donde estaban más cómodos. El caso es que vivían todos en la misma zona. Cuixart, Antoni Tàpies y Joan Pons, también iba, pero no sé si tan fijo. Para él fue su formación intelectual porque tenía bastantes años menos que los demás, sobre todo que Joan Brossa. Además, le ayudaron a decidir qué hacer en la vida, porque mi padre también dibujaba y escribía poemas. Le gustaba el cine pero no se acababa de decidir, y como no había ninguno que fuera fotógrafo, le apoyaron muchísimo. En su primera exposición del año 1955 en las Galerías Layetanas, muchas de las fotos son de ellos. Fue todo un escándalo. Hubo gente a quien le pareció impresentable y otros lo dejaron por las nubes. La gente del establishment del momento y los intelectuales lo ensalzaron.
Sobre Leopoldo, Eduardo Mendoza escribió que pocas personas han incidido de una manera más sutil y decisiva en la pequeña historia de este país.
Fue una persona con sus virtudes. Era muy listo, muy seductor, pero a la vez muy sensible. Una conjunción de ingredientes poco común. Así salen las personas que destacan, cuando hay estos ingredientes dispares.

Tu padre valoraba el trabajo artesanal pero se dedicó a hacer crecer la industria de la publicidad para vender todo tipo de productos para el gran público. Junto a tu madre, Karin Leiz, crearon Studio Pomés en 1961 y llegó a rodar más de tres mil spots. ¿Lo vivió con cierta contradicción?
Él decía: consigo que lo que hago llegue a todo el mundo sin tener una salita donde expongo y encima me pagan. Una cosa para mí importantísima era su absoluta lealtad a la marca. No era un cínico. Él creía que para poder venderla tenía que creer en el producto. Por eso era adorado por sus clientes, por las modelos, por todo el equipo. Mis padres eran adorados porque lo hacían todo con mimo y con respeto. Por eso le supo mal cómo terminó la relación de tantos años con Freixenet.
En el 2006 abandona la publicidad, pero siguió trabajando. Me gustaría conocer mejor su última etapa como fotógrafo.
Es la época que mi madre llama de minero, porque vuelve a hacer inmersión en su archivo para extraer lo que ha estado durmiendo tanto tiempo. Supongo que hizo una gran revisión de su obra porque ya no había una actividad tan frenética en el estudio. Cuando se jubiló, se empezaron a ordenar mejor las cosas y se convirtió en su actividad principal. Esos años fueron muy activos en cuanto a exposiciones. La verdad es que tuvo una muy buena última etapa. Disparaba con una cámara digital que llevaba siempre encima, a pesar de que tenía el movimiento limitado. Es una época que no he ordenado todavía, pero hay alguna foto que sí que se ha convertido en obra destacada, aunque sea digital.
¿Cuándo empezaste a dibujar?
Desde muy pequeña era la que dibujaba en casa. Dibujo porque soy una persona a quien le gusta observar, pero no tengo tan claro que sea lo mío. Lo que sí supe enseguida es que trabajaría en una mesa. La mesa me encanta, soy más de mesa que de caballete. ¿Qué puedo hacer en ella? Dibujar, pero también escribir. Puedo diseñar. Puedo comer. No me he decidido por una cosa específicamente. Me da mucha envidia la gente que encuentra una cosa y solo puede hacer eso. A mí me tiene que hacer vibrar lo que hago. No sé qué pasa, pero si no noto que lo que estoy haciendo va a servir para algo no me interesa. He de pensar que es necesario.
¿Necesario para los demás, o necesario para ti?
No, no, para los demás. Siempre pienso que lo que es necesario para mí al final soluciona algo para los demás. Porque estás con una sinceridad en una búsqueda tan bestia que al final ayudas. Lo descubrí con una colección infantil de la que estoy muy contenta que se llama Simón. Salí de la pintura e hice una colección de seis libros. Para mí lo importante no son los dibujos, me gustó más el concepto del libro y el argumento.
“Lo más difícil ahora es conseguir el silencio para crear tu mundo. Todo artista necesita silencio para el espacio mental. Actualmente lo veo difícil porque tienen que estar ocupados proyectándose.”
Tu padre, a través de la publicidad, contaba historias. Un ilustrador también cuenta cuentos. Saber contar una historia es una grandísima habilidad. ¿Tú te la reconoces?
Me la reconozco, aunque para serte sincera he planteado mal mi enfoque. Creo que lo he planteado con miedo. Podría volver a empezar ahora, pero ya no me interesa tanto dibujar. Me considero más directora de arte que dibujante o artista. Me adapto a lo que creo que puede comunicar bien la idea del libro.
Te ha condicionado la necesidad de los demás, no tanto la tuya. ¿Estás más cómoda con los encargos?
Están los encargos y mis proyectos propios. De esos estoy contenta en general, aunque fallen cosas. He tenido el motor ese de ‘tengo que hacerlo’. Los encargos, al final, es lo profesional. Requieren un trabajo por mi parte de convertirlos en una necesidad propia. Para poder hacerlo de la mejor manera, convenciendo, tienes que enamorarte del encargo y no siempre lo consigo. Me he dado cuenta últimamente de que es bastante importante no obedecer al cliente. Lo que te está pidiendo es lo que ya conoce de ti. Cuando hago deberes es cuando no me salen las cosas. Aunque me sienta fatal, estoy muy acostumbrada a hacer deberes. Me tengo que dar una bofetada y decir, ¿estás haciendo deberes? ¡No puede ser! Cuando juegas, te olvidas del tiempo, de los miedos, de lo que te piden y de lo que no te piden. Arriesgar, jugar, es lo que hace que salga algo. Pasarlo bien. Antes creía que no tenía que pasarlo bien.
En la revista destaca un texto tuyo sobre un chifonier de tu padre. Siempre me ha interesado la relación que establecemos con los objetos que heredamos. ¿A ti también?
Soy una enferma de los objetos. Cuando pintaba el óleo, eran siempre objetos. Para a mí, este mueble ya no solo es de mi padre, es mío. Está en mi vida, es un miembro de la familia. A muchos objetos de esta sala les tengo cariño como si fueran personas. Es bestia, ¿no? Tengo una relación con los objetos de igual a igual. No sé por qué me pasa, pero para mí es muy natural. Las presencias de los objetos son potentísimas. No solo me hablan de la persona de mi padre, me hablan de mí misma. Es como un efecto espejo, en el sentido de que te ves reflejado.
¿Te hubiera gustado trabajar más con tu padre?
Quizás me hubiera gustado, pero no era fácil trabajar con él. Era un poco indisciplinado. Tenías que pillarle bien y que hubiera alguien al lado. Como digo en el texto, mi padre lo mezclaba todo, la vida con el trabajo. No hacía compartimentos estancos. La idea de colaborar con los padres es algo natural para mí. Pienso que pertenezco al tipo de hijos que no encontraron necesidad ni motivo para matar a los padres. Para bien y para mal.
Pero no te han limitado tampoco.
Lo sé, pero me he quedado en su mundo. Me parece peculiar, si més no…
En tus ilustraciones parece que te fijas en figuras en movimiento.
Sí, esto ha sido un cambio radical. Toda mi vida he dibujado bodegones, hasta hace diez años, aunque sigue gustándome muchísimo. Ahora el bodegón lo planteo de otra manera. Descubrí que cuando hacía bodegones, lo que estaba haciendo eran deberes, rellenando el fondo, como cumpliendo. Siempre parto de algo figurativo que me sirve de punto de partida. El que mira lo tiene que completar. Pero mi interés estaba sobre todo en estar atenta a lo que pasaba allí. Tuve que hacer un ejercicio muy potente porque ya tenía una inercia.

¿Qué capta tu atención?
Me interesa muchísimo cómo los objetos y las formas se relacionan. La composición y la luz son mi obsesión. Durante mucho tiempo he dibujado a contraluz. La luz de norte convierte en plata la superficie. Pintar esto era mi objetivo, sin ver además, porque yo estaba a contraluz. Pintaba del natural y solo podía hacerlo media hora, porque la luz va cambiando. Pensé, por ahí vas mal y estás sufriendo demasiado. Sé ver la belleza pero no sé si esa tortura es la manera que tengo de relacionarme con ella. No lo tengo claro.
Tú misma te has hecho la pregunta.
Tengo clarísimo que sé ver esto, lo sé, ¿Qué hago con ello? No lo sé. Ahora estoy viendo algo. También es la educación que he tenido. Mis hijos también la tienen. Por la calle, les hacía mirar sitios cuando volvíamos del colegio. Hacíamos el mismo camino cada día, y provocaba que se fijaran en todo, incluso en la atmósfera de una casa. Eso se educa. Yo lo hacía porque quería compartirlo y pensaba que de paso igual les va quedando algo (risas).
Me ha sorprendido que en tus dibujos recientes, la mayoría de figuras están incompletas, les falta la cabeza o el brazo.
Me dediqué a rastrear eventos en Instagram y de ahí saco las fotos. Han de ser fotos cuanto peores mejor, o sea, no han de ser fotos bonitas. Me gusta partir de una figura o de una situación con mucha gente. Las tengo todas guardadas y es divertido. Esto lo he dejado de hacer en el último año porque no tengo espacio mental para desarrollar. Lo que he descubierto en los últimos diez años es la animación. Lo encuentro fascinante y además tiene ese punto muy minimal. Me gusta crear la ilusión del movimiento con muy pocos elementos.
Las mujeres están muy presentes en tu trabajo. Mujeres observando en la playa, haciendo cola, escuchando música. Me gustaría saber qué nos dicen. ¿Qué es lo que te atrapa de esas situaciones?
No miro las caras ni la actitud, me interesa lo puramente formal. Es una especie de experimento que he querido hacer, que no sé hasta cuándo durará. Además lo he interrumpido. Puede ser que esté fijándome más en la mujer. Quizás me atraen más las mujeres, me dicen más en general y reúnen más todo. Supongo que cuando dibujas la persona, la cara, pasa como con los objetos, que tienes algo de espejo aunque no seas consciente. Estás proyectando un estado de ánimo y una forma de estar. Igual me identifico con alguien porque la veo de una manera que me parece más afín.
Te ocupas del archivo de tu padre y de preservar su obra. ¿Qué proyección quieres que tenga a partir de ahora?
La revista está siendo la proyección que buscaba. Con Luis hemos construido un puente, pero él ha sido el ingeniero que ha conseguido que la gente de la generación de mis hijos se interese porque lo ha puesto en su lenguaje. Y además porque ha habido una búsqueda y un relato. Enriquecerlo y ponerlo en el hoy. Para mí esta es la manera. Es lo mejor que he hecho desde que mi padre murió. Estoy viendo la luz.
¿Cuál sería tu sueño?
Mi sueño sería dejarlo todo bien empaquetado para que pueda pervivir sin que mis hijos tengan la responsabilidad de hacerlo. Que ya camine solo. Si ya no da más de sí, pues no da más de sí. Pero no quiero que quede inacabado. Quiero que quede lo más ordenado posible para que si alguien quiere hacer algo, lo haga. Hay gente que va interesándose. Estoy en momento de cambios, pero ya veo más la luz. Antes estaba con más incertidumbres, ahora creo que la revista me guía.
¿Cómo describirías el momento actual?
Pienso que hay mucha más gente que hace de todo. Todo el mundo es fotógrafo o pintor. No sé qué pasaba con esta gente antes ni de dónde ha salido. Lo más difícil ahora es conseguir el silencio para crear tu mundo. Todo artista necesita silencio para el espacio mental. Actualmente lo veo difícil porque tienen que estar ocupados proyectándose.
¿Cómo observas el mundo? ¿Con preocupación o con desinterés?
No me puedo creer lo que está pasando y tengo un extraño deseo de que pete todo. Me parecía que era insostenible igualmente. O sea, lo que había antes. Después de tanto tiempo con lo mejor de lo malo, al final llega lo peor. Hemos llegado a un callejón sin salida. Tener una nieta me ha dejado muy tranquila. Me importa menos si no dibujo. Yo no soy fotógrafa y de técnica no domino nada, pero me estoy planteando retomar la cámara que me regaló mi padre.

