En Partir el corazón de la serpiente, la exposición de Joshua Serafin en el C3A de Córdoba que se puede visitar hasta el 30 de agosto, el artista filipino afincado en Bruselas convierte la sala T4 en un lugar de tránsito: entre lo ancestral y lo futurista, entre la herida colonial y la posibilidad de imaginarse fuera de ella.
El núcleo de la muestra es Void, una videoinstalación nacida de una performance que Serafin ha ido activando desde 2022 y que se presentó en la Bienal de Venecia. Allí, una figura de apariencia sobrenatural, cubierta de una materia oscura y brillante, se desplaza con una lentitud hipnótica. Es deidad, criatura, cuerpo cansado y cuerpo por venir. Serafin parte de mitologías filipinas precoloniales para proponer una cosmología queer que no funciona como una ilustración del pasado. No se trata de recuperar una tradición para dejarla intacta en una vitrina, sino de ponerla en movimiento. Su Void mira hacia los relatos de creación del archipiélago filipino, pero también a la experiencia de la diáspora, a las identidades expulsadas de los relatos oficiales y a una historia colonial que sigue ordenando qué cuerpos se consideran humanos, bellos o incluso posibles.
La clave está en que su práctica no convierte esas cuestiones en una lección. El discurso está ahí, pero llega por la vía de la sensación. La materia negra, casi petrolífera, que cubre a Serafin vuelve el cuerpo resbaladizo, difícil de fijar. Hay algo viscoso y ceremonial en sus gestos, una especie de nacimiento que también parece duelo. Como si cada movimiento tuviera que atravesar una capa de historia antes de alcanzar el presente.
Alrededor de la proyección aparecen las Reliquias, esculturas que prolongan ese imaginario en el espacio. Son fragmentos, presencias y restos, pero no hablan de ruina. Más bien sugieren que lo quebrado puede conservar potencia. Frente a la lógica del monumento (vertical, estable, heroico), Serafin plantea objetos vulnerables, híbridos, cargados de memoria. Reliquias de algo que quizá nunca llegó a ser reconocido, pero que insiste en permanecer.
En ese cruce entre vídeo, coreografía, instalación y escultura está una de las virtudes de la exposición. Todo forma parte de un mismo ecosistema visual: la imagen se expande en la sala, el objeto parece esperar un cuerpo y el visitante queda atrapado en una temporalidad extraña, más cercana al ritual que a la contemplación rápida.
Hay también una dimensión íntima que evita que la muestra se pierda en grandes conceptos. Serafin ha explicado que Void surgió en un momento personal muy oscuro y que la investigación sobre espiritualidad y tierras ancestrales fue una forma de buscar otras herramientas para pensar la supervivencia. Esa fragilidad atraviesa la obra. Su deidad aparece embarrada, exhausta, todavía haciéndose.
Partir el corazón de la serpiente no ofrece respuestas cómodas ni una fantasía de pureza previa a la colonización. Propone algo más interesante: aceptar que el cuerpo puede ser archivo, campo de batalla y laboratorio al mismo tiempo.
La exposición Partir el corazón de la serpiente de Joshua Serafin se puede visitar hasta el 30 de agosto en C3A, C/ Carmen Olmedo Checa s/n, Córdoba.

Joshua Serafin, frame Void. Cortesía del artista. Exposición Partir el corazón de la serpiente, C3A, Córdoba.

Joshua Serafin, Partir el corazón de la serpiente, 2026. Cortesía del artista. Vistas de la exposición, C3A, Córdoba. Fotografía: Pablo Ballesteros.

Joshua Serafin, frame Creation Paradigm. Cortesía del artista. Exposición Partir el corazón de la serpiente, C3A, Córdoba.
