El arte es un reflejo del tiempo, del cuerpo y del territorio que habitamos. Sin embargo, en un escenario donde solo el 28% de las exposiciones individuales en museos y galerías en España son de mujeres, la visibilidad del talento femenino sigue siendo un desafío. Para responder a esta brecha, Juno House, el exclusivo club de networking y estilo de vida femenino en Barcelona, lanza Beyond Art, una plataforma que apuesta por la proyección internacional de artistas mujeres y conectan la creatividad con la comunidad.
La primera en encabezar esta iniciativa es Joana Santamans, artista catalana cuya obra ha transitado de la figuración al gesto más intuitivo y primitivo. Raíces y fango, su nueva colección, es una exploración de la abstracción como vía de liberación personal, donde el cuerpo y la naturaleza se convierten en los verdaderos guías del proceso pictórico. Concebida en su estudio del Empordà, esta serie es un diálogo entre el subconsciente y la materia, entre lo visible y lo que permanece oculto bajo la superficie, como las raíces que sostienen un bosque.
Para Natalie Batlle, fundadora de Juno House e impulsora de Beyond Art, esta iniciativa es más que una exposición: “Beyond art nace hoy para ser un trampolín para mujeres artistas. Es una celebración de creatividad para ellas”, nos dice. La exposición podrá visitarse hasta el 26 de mayo en Juno House. Horas antes de la inauguración, tenemos la oportunidad de hablar con Joana y ahondar más en su trabajo.

Hola, Joana, ¿cómo estás? Encantada de tenerte en METAL Magazine.
¡Muy bien! Llevo varios días con mil cosas entre el montaje de la exposición y todo lo demás, pero estoy muy contenta. Lo que más cuesta es combinarlo con la crianza… ahí todo se vuelve más complejo (risas).
¿De dónde nace tu conexión con la naturaleza?
Todos la tenemos porque somos naturaleza, pero en la ciudad, entre el asfalto, se nos olvida. Para mí es algo muy natural, supongo que por la educación que me han dado. Mis padres, aunque eran de Barcelona, decidieron criarnos en el campo. Montaron una granja, teníamos animales, dábamos largos paseos… Desde pequeña he sentido mucha curiosidad por el mundo natural, por entender cómo funciona todo. De hecho, en su momento dudé entre estudiar biología, filosofía o algo creativo.
Ahora todo eso se fusiona en tu arte.
Sí, y creo que es inevitable que lo haga.
¿Cuándo se produjo esa fusión en tu trabajo?
Siempre ha estado ahí, pero al principio mi influencia era más urbana. Me fascinaba el street art, especialmente el grafiti neoyorquino. Sin embargo, enseguida me incliné por pintar animales. Me gusta llevar la naturaleza a la ciudad, sobre todo en Barcelona, donde creo que se necesita.
¿Quiénes fueron tus referentes cuando empezaste en el mundo del arte?
El arte siempre ha estado presente en casa. De pequeña viajábamos mucho por Europa con mi padre y nos llevaba a museos. Recuerdo aburrirme mirando las paredes, deseando irme (risas). Pero, aunque en su momento no lo entendiera, todo eso se me quedó dentro. Cuando me fui a vivir a Londres con veinticinco años, vi museos que me pusieron la piel de gallina. Todo allí era un estímulo visual increíble. También me impactó el diseño gráfico: todo estaba bien estructurado, los carteles, los rótulos, etc. Era un placer visual.
“Sentí la necesidad de liberar el trazo, de encontrar mi lenguaje más puro. Ya no quería inspirarme solo en las formas de la naturaleza, sino convertirme en esa naturaleza que se expresa.”
Y a nivel artístico, ¿quiénes te marcaron?
En esa época me fascinaron Van Gogh y Frida Kahlo, que era prácticamente la única mujer visible en el mundo del arte y, por eso mismo, conectaba fácilmente con ella. También me influyeron Basquiat y Egon Schiele, que marcaron mi adolescencia. Más tarde me atrapó la pintura flamenca: Vermeer, Rembrandt. Ese misticismo, esa luz y el cuidado por el detalle me parecían increíbles. También me interesa mucho el naturalismo del siglo XIX, sobre todo las mujeres pintoras que, al no poder acceder a las academias, encontraron en la naturaleza su vía de expresión.
¿Ese interés se trasladó a tu trabajo?
Sí, creo que encarné ese espíritu en mis libros Bestiari il·lustrat y Herbari il·lustrat. Fue un proceso intenso, pinté más de trescientas páginas con muchísimo detalle, tengo unas seiscientas láminas en Din A3. Fue un trabajo inmenso, casi un entrenamiento. Un libro es un acto de amor al arte, aunque económicamente sea más rentable pintar un mural en un hotel (risas).
Raíces y fango se inaugura en Juno House como parte de Beyond Art, un espacio para visibilizar el talento femenino. ¿Cómo te sientes al ser la primera artista en esta iniciativa?
Siento que este proyecto ha nacido conmigo, de alguna manera. He expuesto varias veces en The Room Studio, el estudio y showroom de la interiorista Meritxell Ribé, que también es la diseñadora de interiores de Juno House. Cuando supe que habían abierto este espacio, me pareció muy interesante, muy neoyorquino. Muchas socias eran conocidas mías y pensé que sería genial hacer algo aquí.
¿Cómo surgió la colaboración?
Meritxell me presentó a Natalie Batlle, fundadora de Juno House, y tiempo después me llamó para proponerme exponer algunas obras. Pero justo en ese momento yo estaba trabajando en algo nuevo que no había enseñado a nadie y que marcaba un punto de inflexión en mi carrera: era la primera vez que me lanzaba a la abstracción. Se lo conté y creo que le transmití mi entusiasmo. Ahí empezamos a pensar en hacer algo juntas.
Desde esa llamada, el proyecto ha ido evolucionando. Al principio iba a ser una exposición en septiembre, pero decidimos retrasarla para hacerlo bien. Tenía solo seis obras porque estaba experimentando, pero sin tener una fecha concreta creé residencia artística en mi propia casa.
Desde esa llamada, el proyecto ha ido evolucionando. Al principio iba a ser una exposición en septiembre, pero decidimos retrasarla para hacerlo bien. Tenía solo seis obras porque estaba experimentando, pero sin tener una fecha concreta creé residencia artística en mi propia casa.

Raíces y fango marca un cambio en tu estilo hacia la abstracción. ¿Cómo ha sido ese proceso?
De repente sentí la necesidad de liberar el trazo, de encontrar mi lenguaje más puro. Ya no quería inspirarme solo en las formas de la naturaleza, sino convertirme en esa naturaleza que se expresa. Me enfoqué en el proceso más que en el resultado.
Conecté con el expresionismo abstracto y, en particular, con las mujeres artistas de ese movimiento. Cuando estudiaba Historia del arte, solo se hablaba de hombres. Ahora, por fin, estamos rescatando figuras femeninas que fueron silenciadas y eso me motiva. Me interesa mucho ese gran formato, la importancia del gesto y cómo los errores pueden dar un giro a la obra.
Conecté con el expresionismo abstracto y, en particular, con las mujeres artistas de ese movimiento. Cuando estudiaba Historia del arte, solo se hablaba de hombres. Ahora, por fin, estamos rescatando figuras femeninas que fueron silenciadas y eso me motiva. Me interesa mucho ese gran formato, la importancia del gesto y cómo los errores pueden dar un giro a la obra.
¿Sientes que has abierto un camino nuevo para ti?
No pretendo inventar nada, sino continuar un camino que ya existe pero con plena conciencia de lo que ha venido antes.
Has mencionado que la maternidad ha influido en esta serie. ¿Cómo ha cambiado tu forma de crear desde que eres madre?
El deseo de hacer pintura abstracta surgió antes de quedarme embarazada, mientras trabajaba en la portada de Animales invisibles en plena pandemia. Fue un momento muy especial, casi una residencia artística, porque estaba en mi piso pintando un libro precioso. Ahí sentí la necesidad de ser madre y de pintar así.
¿Cómo influyó la maternidad en tu proceso creativo?
Te abre espacios internos inmensos. Tanto física como mentalmente, todo cambia. Dejas de llegar a todo, y eso es un aprendizaje brutal sobre cómo abrirte a la improvisación.
¿Sientes que te ha liberado?
Sí, totalmente. Antes era una perfeccionista que quería tenerlo todo controlado. Necesitaba anticipar el resultado para sentir que estaba dando lo mejor de mí. Pero ahora sé que hay otra forma de hacerlo, que también puedes dar lo mejor sin tanto control. Porque vivir así, bajo esa presión, es inviable.








