Si te gusta que la cabeza te acribille a preguntas al poner un pie fuera de la sala de cine, no dejes pasar A la cara, el nuevo filme de Javier Marco, ya en cines. La película nace del cortometraje homónimo del propio director, pero una historia como esta no podía quedarse en trece minutos. El odio online, la culpa, la soledad y la paternidad son solo algunos de los temas que aborda el largometraje, con un guion escrito por Marco junto a Belén Sánchez-Arévalo y las brillantes interpretaciones de Sonia Almarcha y Manolo Solo.
Definitivamente, A la cara es una película digna de una larga conversación con tu acompañante cinéfilo de confianza; una de esas historias que continúan mucho después de que aparezcan los créditos. Hoy tenemos la suerte de hablar con su director para responder algunas de las muchas preguntas que nos han surgido tras conocer la historia de Lina y Pedro.
Javier, tenemos la suerte de hablar contigo justo el día del estreno de A la cara. ¿Cómo te sientes?
La verdad es que con muchas ganas. Es un proyecto que lleva ya unos años de proceso: todo empezó en 2020 con el primer tratamiento de guion. Estoy muy contento porque la película se pensó para cines, para verla en pantalla grande y compartirla. Ha llegado el día, así que más contento imposible.
¿Es una sensación similar a la que experimentaste cuando estrenaste el cortometraje del mismo nombre? ¿Son las mismas expectativas?
Es cierto que el corto no se estrenó en cines y que tuvimos suerte porque funcionó muy bien en festivales. Pudimos acompañarlo durante un año y medio, no solamente por España, sino por todo el mundo. Esto es algo similar pero a la vez diferente, porque una pantalla de cine es algo con lo que todos soñamos y en los cortos a veces es complicado. Ojalá volvieran los cortos a los cines, creo que es necesario.
Hablando precisamente del cortometraje original, ganador de un Goya, ¿qué fue lo que te hizo contemplar la posibilidad de que una idea así mereciera un formato de mayor duración?
La primera idea que teníamos Belén Sánchez-Arévalo, la coguionista, y yo surgió al ver cómo algunos amigos recibían mucho odio en redes sociales, hasta tal punto que decidieron quitárselas todas. Nos impactó muchísimo y por eso queríamos hablar de ello. Primero lo hicimos en el corto, donde nos preguntábamos qué pasaría si trasladáramos el odio en redes sociales a un encuentro cara a cara entre la persona que lanza ese odio y quien lo recibe.
Después, al ver el corto en festivales, pensamos que quizá había una película justo después del encuentro entre esas dos personas. Belén y yo nos pusimos en plena pandemia a hacer un tratamiento y ahí vimos que teníamos una película que nos interesaba contar. Ya no hablábamos solamente del odio en redes sociales: gracias a un formato más largo también podíamos abordar otros temas que nos interesan muchísimo y que hemos tratado en otros proyectos como la soledad, la empatía, la paternidad y la culpa.
Después, al ver el corto en festivales, pensamos que quizá había una película justo después del encuentro entre esas dos personas. Belén y yo nos pusimos en plena pandemia a hacer un tratamiento y ahí vimos que teníamos una película que nos interesaba contar. Ya no hablábamos solamente del odio en redes sociales: gracias a un formato más largo también podíamos abordar otros temas que nos interesan muchísimo y que hemos tratado en otros proyectos como la soledad, la empatía, la paternidad y la culpa.
“Me gustan mucho las películas que te hacen reflexionar, que te hacen pensar. El cine es muy poderoso a la hora de hablar sobre temas incómodos.”
Como bien dices, la película trata temas muy vigentes: el odio en internet, la paternidad, el aislamiento, la culpa y todo el conflicto relacionado con la hija de Lina. Incluso antes de dirigir el primer cortometraje, ¿qué fue lo que te hizo armarte de valor para dar voz a todas estas temáticas, que todavía no suelen estar demasiado representadas en las producciones audiovisuales?
A mí me gustan mucho las películas que te hacen reflexionar, que te hacen pensar. Sales de la sala y te invitan a hacerte preguntas que, más tarde, como espectador, vas contestando. El cine es muy poderoso a la hora de hablar sobre temas incómodos. Es verdad que a muchos nos duele afrontarlos porque duelen demasiado y a veces no queremos enfrentarnos a ellos. Ahí entra el cine, obligándote de alguna manera a mirarlos. Tiene algo transformador.
El conflicto principal gira en torno al mensaje de odio que Pedro lanza contra Lina. Toda esa oscuridad que existe dentro de las redes sociales es una problemática muy presente en nuestra realidad actual. Sin embargo, me llamó mucho la atención que decidieras representarla a través de personajes de mediana edad, en lugar de personajes más jóvenes, como suele hacerse habitualmente. ¿A qué se debió esa decisión?
Realmente, la gente que conocíamos que estaba viviendo el odio en redes era gente adulta, no joven. Sí es cierto que los jóvenes y los adolescentes son mucho más vulnerables a la hora de recibir ese odio, y creo que tendríamos que tener muchísimo más cuidado con ellos porque el dolor de estos mensajes se puede multiplicar por diez. Pero queríamos contar que no solamente pasa con jóvenes, sino también con gente de cincuenta, de sesenta años o de cualquier edad.
También queríamos hablar de cómo muchas veces pensamos que, por ver en televisión a alguien famoso, ya sabemos todo sobre su vida. Le juzgamos y creemos que en su sueldo va incluido todo el odio que recibe, y no es así. Estas personas son humanas y también hay que tener en cuenta la situación vital en la que se encuentran. Si están, como Lina, en una situación muy crítica con su hija, ese mensaje lo van a recibir de una manera mucho más dolorosa. Queríamos hablar de eso y hacer entender que, si viéramos a los ojos a la persona a la que estamos lanzando ese odio, a lo mejor nos lo pensaríamos dos veces antes de enviar esos mensajes.
Da igual que seas famoso o una persona totalmente invisible, como Pedro. Si hay una escucha y una empatía entre los dos, te vas dando cuenta de que, al final del día, todos tenemos los mismos problemas. En este caso, son dos personas que se sienten culpables por la relación que tienen con sus hijas. Eso provoca que dos personas que parecen tan diferentes entre sí se vayan dando cuenta de que, en realidad, no lo son tanto.
También queríamos hablar de cómo muchas veces pensamos que, por ver en televisión a alguien famoso, ya sabemos todo sobre su vida. Le juzgamos y creemos que en su sueldo va incluido todo el odio que recibe, y no es así. Estas personas son humanas y también hay que tener en cuenta la situación vital en la que se encuentran. Si están, como Lina, en una situación muy crítica con su hija, ese mensaje lo van a recibir de una manera mucho más dolorosa. Queríamos hablar de eso y hacer entender que, si viéramos a los ojos a la persona a la que estamos lanzando ese odio, a lo mejor nos lo pensaríamos dos veces antes de enviar esos mensajes.
Da igual que seas famoso o una persona totalmente invisible, como Pedro. Si hay una escucha y una empatía entre los dos, te vas dando cuenta de que, al final del día, todos tenemos los mismos problemas. En este caso, son dos personas que se sienten culpables por la relación que tienen con sus hijas. Eso provoca que dos personas que parecen tan diferentes entre sí se vayan dando cuenta de que, en realidad, no lo son tanto.
No es fácil deshumanizar a un personaje al principio de una película y después conseguir que el espectador empatice con él. Pedro comienza resultando antipático: su único ocio parece consistir en sentarse frente al ordenador con una cerveza y escribir mensajes de odio en redes sociales solo para conseguir visitas. Sin embargo, gracias también a la ayuda de Lina, el espectador empieza a comprenderlo e incluso a sentir cierta lástima por él. Escribiste la película junto a Belén Sánchez-Arévalo. ¿Qué recursos utilizasteis para construir esa evolución del personaje?
Ese era el reto. A la hora de escribir la película no queríamos juzgar a ninguno de los dos. Aunque es verdad que habría un juicio muy fácil a priori: Pedro es el malo y Lina es la buena. Villano y víctima. Lo que queríamos era intentar entender qué lleva a Pedro a hacer lo que hace y por qué Lina va a casa de ese hombre y le dice que se lo diga a la cara. Ese era el reto: entender y no juzgar.
Estuvimos investigando diferentes perfiles de haters y hubo uno que nos interesó mucho para nuestro personaje: la persona solitaria. Alguien que no pertenece a ninguna sociedad, que está totalmente excluido, que no tiene relación con su familia, está divorciado, odia su trabajo y lo único que le da un poco de vida es entrar en redes sociales y escribir la barbaridad más grande. Así consigue más me gustas, más seguidores y, por primera vez, siente que pertenece a algo. Creo que Pedro empezó poco a poco, pero se le fue yendo de las manos: el mensaje era cada vez más bestia porque cuanto más brutal era el comentario, más subían sus seguidores.
Lo que queríamos comunicar es que estamos a favor de la libertad de expresión, pero hay veces que cruzas una línea roja y caes en verdaderas faltas de respeto. Creo que ahí es donde deberíamos mirarnos a nosotros mismos y ver qué estamos haciendo. Por otra parte, también queríamos entender al personaje de Lina y por qué va a casa de este hater. Al final acabas entendiendo que es una mujer totalmente rota, que no tiene nada que perder. Cree que dentro del mensaje de Pedro hay algo que le resuena, algo de verdad, y por eso le nace el ansia de ir a enfrentarse a ese hombre.
Estuvimos investigando diferentes perfiles de haters y hubo uno que nos interesó mucho para nuestro personaje: la persona solitaria. Alguien que no pertenece a ninguna sociedad, que está totalmente excluido, que no tiene relación con su familia, está divorciado, odia su trabajo y lo único que le da un poco de vida es entrar en redes sociales y escribir la barbaridad más grande. Así consigue más me gustas, más seguidores y, por primera vez, siente que pertenece a algo. Creo que Pedro empezó poco a poco, pero se le fue yendo de las manos: el mensaje era cada vez más bestia porque cuanto más brutal era el comentario, más subían sus seguidores.
Lo que queríamos comunicar es que estamos a favor de la libertad de expresión, pero hay veces que cruzas una línea roja y caes en verdaderas faltas de respeto. Creo que ahí es donde deberíamos mirarnos a nosotros mismos y ver qué estamos haciendo. Por otra parte, también queríamos entender al personaje de Lina y por qué va a casa de este hater. Al final acabas entendiendo que es una mujer totalmente rota, que no tiene nada que perder. Cree que dentro del mensaje de Pedro hay algo que le resuena, algo de verdad, y por eso le nace el ansia de ir a enfrentarse a ese hombre.

Otra decisión que podría considerarse un reto es trabajar principalmente con solo dos personajes. En vuestro caso funciona muy bien. Pero también es cierto que muchas películas que utilizan esta fórmula terminan cayendo en cierta falta de dinamismo. ¿Cómo conseguisteis evitarlo?
Ese era otro reto, porque el noventa por ciento de la película transcurre en la casa de Pedro. Al principio la idea era grabar en un piso, como en el corto, pero en el largo vimos la posibilidad de cambiarlo a una casa de pueblo, alejada de la ciudad. Eso nos dio más versatilidad: Lina podía intentar escapar en una casa que está alejada de todo y, además, teníamos la opción de que hubiera un exterior, una piscina llena de hojas, un jardín descuidado e incluso un perro. Eso fue clave para que la película pudiera respirar de alguna manera.
Trabajando con Ana, la directora de fotografía, intentábamos cambiar la luz al repetir espacios, con el objetivo de modificar la sensación del espectador a medida que avanzaban las escenas y evitar que se sintieran monótonas o que pareciera que siempre estábamos en el mismo sitio.
Trabajando con Ana, la directora de fotografía, intentábamos cambiar la luz al repetir espacios, con el objetivo de modificar la sensación del espectador a medida que avanzaban las escenas y evitar que se sintieran monótonas o que pareciera que siempre estábamos en el mismo sitio.
Háblanos más de los espacios. Casi toda la película sucede en un mismo lugar. Tiene mucho sentido si pensamos en el mundo interno de los dos personajes: Lina va allí para aislarse del resto del mundo, y esa casa parece un viaje directo a otra época, además de ser un claro reflejo de Pedro: descuidada, aislada y oscura. En ese sentido, ¿qué buscáis reforzar con esa sensación de encierro y con un espacio tan cargado de simbolismo?
Digamos que la casa es otro personaje y es la extensión emocional de Pedro. Su madre falleció hace un año y él ha dejado la casa tal cual, no ha tocado absolutamente nada. Además, nos gustaba ese contraste entre un hombre que trabaja cuidando un campo de golf y que, a su vez, es incapaz de cuidar su propio césped.
Por otro lado, esa casa también es un lugar con el que Lina conecta nada más entrar. Le recuerda a sus momentos de niñez; siente que en ese sitio vuelve a un pasado en el que era más feliz, donde estaba más a gusto y aún no era ese personaje de Lina Gallego, esa periodista súper famosa. En cierta manera, ella encuentra el refugio perfecto en esa casa para poder estar unos días, pensar y desaparecer durante toda la situación que está ocurriendo con su hija.
Por otro lado, esa casa también es un lugar con el que Lina conecta nada más entrar. Le recuerda a sus momentos de niñez; siente que en ese sitio vuelve a un pasado en el que era más feliz, donde estaba más a gusto y aún no era ese personaje de Lina Gallego, esa periodista súper famosa. En cierta manera, ella encuentra el refugio perfecto en esa casa para poder estar unos días, pensar y desaparecer durante toda la situación que está ocurriendo con su hija.
“Queríamos hacer entender que, si viéramos a los ojos a la persona a la que estamos lanzando ese odio, a lo mejor nos lo pensaríamos dos veces antes de enviar esos mensajes.”
Has hablado antes sobre el juego de iluminación, que es un gran protagonista en vuestra película. Predominan los planos oscuros, pero de repente aparecen otros mucho más iluminados. Mientras veía la película pensé en las posibles simbologías que podía haber detrás de ese contraste visual. ¿Podrías hablarnos un poco de lo que simboliza?
Sí, intentábamos explorar eso que comentas: hacerlo muy claustrofóbico dentro de la casa. Pedro es un señor oscuro y necesitábamos que su vivienda también lo fuera. Como hablábamos antes, la casa es una extensión de él.
Sin embargo, también queríamos que, cuando saliera fuera, hubiera más luz. Así conseguíamos un contraste con esa oscuridad del mundo interior de Pedro y enseñábamos que, si él sale, puede tener opciones de encontrar más luz en su vida. Por ejemplo, cuando ve a su hija hay más luz. En el trabajo también hay más luz, y eso te hace pensar que quizá debería enfocar su vida de otra manera. Queríamos compartir esa idea: que fuera hay luz, igual que cuando él se va de la casa al final de la película.
Sin embargo, también queríamos que, cuando saliera fuera, hubiera más luz. Así conseguíamos un contraste con esa oscuridad del mundo interior de Pedro y enseñábamos que, si él sale, puede tener opciones de encontrar más luz en su vida. Por ejemplo, cuando ve a su hija hay más luz. En el trabajo también hay más luz, y eso te hace pensar que quizá debería enfocar su vida de otra manera. Queríamos compartir esa idea: que fuera hay luz, igual que cuando él se va de la casa al final de la película.
Es verdad que me llamó la atención cómo se pasaba de un plano de Pedro comiéndose un tupper a oscuras en su cocina a verlo, de repente, en un campo de golf muy iluminado. Sentí que la elección del empleo estaba muy bien elegida, que era muy irónica porque, en cierto modo, resaltaba aún más su mediocridad.
Tuvimos mucha dificultad a la hora de encontrar el trabajo de Pedro porque hubo varias versiones de guion y en cada una le íbamos cambiando el trabajo. Era complicado elegir a qué se dedicaba este hombre. Pasó por muchos trabajos y menos mal que el último fue el de mantenimiento del campo de golf, porque creo que sí tiene cierta ironía con lo que va a hacer.
Para acabar, Javier, ¿qué sensación te gustaría que predominase en las salas de cine tras acabar la película? Es decir, después de ver A la cara, ¿qué conversaciones o reflexiones te gustaría que estuvieran en boca de quienes salen del cine?
Lo que a mí me encanta como espectador es salir de la sala de cine y hablar con la persona con la que he ido, debatir sobre la película, sobre lo que hemos visto y compartir qué sensaciones hemos tenido. En esos coloquios suelen aparecer cosas muy interesantes: detalles de los que la otra persona se ha dado cuenta y tú no, o viceversa.
Personalmente, me gustan las películas que te dejan pensando, que al día siguiente todavía te acompañan, que sigues tocado por ellas. Ojalá el espectador, cuando entre en el cine, empiece a sentir esa incomodidad durante el enfrentamiento tenso entre los dos personajes y que, poco a poco, mientras Pedro y Lina transitan esa convivencia, vaya sintiendo algo mucho más humano y esperanzador hacia la historia de ambos.
Personalmente, me gustan las películas que te dejan pensando, que al día siguiente todavía te acompañan, que sigues tocado por ellas. Ojalá el espectador, cuando entre en el cine, empiece a sentir esa incomodidad durante el enfrentamiento tenso entre los dos personajes y que, poco a poco, mientras Pedro y Lina transitan esa convivencia, vaya sintiendo algo mucho más humano y esperanzador hacia la historia de ambos.


