Tras haber pasado por marcas como Mugler, Proenza Schouler o Ludovic de Saint Sernin, y haber vestido a nombres como Karol G o Emilia Mernes, Javier Collazo ha decidido dar un paso al frente. El joven diseñador hispano-cubano ha debutado con una colección profundamente personal, en plena semana del Pride 2025 en Madrid, el escenario perfecto. La colección se llama Jinetero, y hemos estado allí para no perdernos detalle.
Antes de hablar de moda, hay que hablar de la historia que rodea esta colección. En Cuba, jinetero es el nombre que reciben los hombres que se prostituyen con extranjeros para sobrevivir. Uno de ellos fue el padre de Collazo: ausente, desconocido, pero también símbolo de resistencia. En el otro extremo está Joseíto, el tío de Javier, babalawo, santero, guardián de una espiritualidad afrocubana que se transmite por rezos, símbolos y rituales. Entre el padre y el tío, entre la jinetería y la santería, nace esta colección: no como una reconciliación, sino como un espejo. Un espacio donde lo carnal y lo sagrado, el deseo y la devoción, conviven como formas de supervivencia.
Con esta historia como motor, Jinetero se ha presentado en un espacio industrial transformado en altar. La cita lleva por nombre El sendero de la noche, pero categorizarlo como evento se queda corto. Nada más entrar, sobre dos montículos de arena, había dos parejas de hombres besándose. Cuerpos sudorosos, respiración densa, una penumbra espesa; una bienvenida que no solo despertaba los sentidos, sino que preparaba al público para un viaje cargado de símbolos, carne e historia.
Entonces, oscuridad total. Una música tántrica, hipnótica, pero con ritmo constante, marcó el inicio del desfile. Los modelos avanzaban entre luces bajas, humo y un silencio reverente. No era un desfile al uso. Era un acto íntimo, casi sagrado. Una ceremonia contemporánea donde lo queer, lo político, lo ancestral y lo sexual se entrelazaban en una narrativa que solo podía contarse así: con el cuerpo como herramienta y la moda como lenguaje.
Visualmente, la colección es un viaje por las raíces y la historia de Collazo. Vestidos que parecen erosionados por el tiempo, como sacados de un desierto. Plumas de gallina como guiño a los sacrificios rituales. Piel de potro, como un juego irónico (y literal) con la palabra ‘jinetero’. Óxido como símbolo de historia atrapada que inspira ese aire entre lo colonial y lo roto. Y junto a estas referencias, piezas como crop tops, mini shorts y leggings que celebran el cuerpo sin miedo y marcan un contraste entre lo ancestral y lo actual.
Entre los modelos: el director, guionista y productor Javier Calvo, la actriz Julia Janeiro, o la estilista Ana Sotillo. Y en una sala abarrotada, rostros de la escena creativa local e internacional. Pero lo importante no es quién, sino qué: un diseñador plantándose en el centro del escenario para mostrar sin rodeos su historia, su herida y lo que hace con ella.
Javier Collazo no ha venido a gustar. Ha venido a recordar que el deseo puede ser político, que el cuerpo guarda memorias, y que la moda también puede ser un acto de duelo, de búsqueda y de amor. Jinetero solo es el principio.
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