¿Recuerdas qué impulsos y deseos te movían a los dieciséis años? ¿Y qué miedos o incertidumbres te preocupaban tanto que llegaban incluso a paralizarte? La adolescencia, esa época tan caótica y confusa como reveladora y formativa sigue atrayendo a artistas que buscan, de algún modo, desentrañar qué nos pasa en esos años. El cineasta Jaume Claret Muxart es uno de ellos, y su primer largometraje, Estrany riu, que se estrenó a finales de 2025 y que ahora ha recibido dos nominaciones a los Premios Goya (Mejor Dirección Novel y Mejor Actor Revelación), nos presenta un sueño de verano a orillas del Danubio.
Dídac, interpretado por Jan Monter, es un joven que empieza a salir de su caparazón y a explorar la independencia y el despertar sexual mientras viaja con su familia (padre, madre y hermano pequeño) en bicicleta por Alemania, siguiendo los meandros del río Danubio. Dice más con los silencios que con las palabras, y la gran carga poética y metafórica de las imágenes de Estrany riu le permiten tanto al protagonista como a su director presentar una obra cuya interpretación presta a la imaginación. “Mi influencia está más en la danza o la música que en la literatura o el teatro, así que la falta de palabra se adapta más a mi forma de percibir el arte”, nos dice Jaume en esta entrevista. Aprovechando las nominaciones a los Goya, nos sentamos con el director para hablar de este proyecto en el que lleva involucrado siete años, la importancia de un buen casting, metáforas y por qué no hay que infravalorar nunca al público.
Hola, Jaume, es un placer hablar contigo. Para romper el hielo, ¿qué has soñado esta noche (si se puede contar y te acuerdas)?
La verdad es que me cuesta recordar los sueños. Recuerdo los de hace tiempo y alguno que se repitió tres veces seguidas y que con los años he ido modificando. Uno de puro terror. Recuerdo estar en una biblioteca, que mis padres me dejaran solo, cruzar una puerta y encontrarme en el sótano de mi casa, donde había una mampara de ducha apoyada en una de las paredes. Una extraña figura, como un gato naranja de dibujos animados, se reflejaba en la mampara y la cruzaba.
A finales del año pasado presentaste Estrany riu. Tras algunos cortos como Ella i jo o Die Donau, ¿cómo te aproximaste a tu primer largometraje? ¿Qué tal el cambio de ritmo y la exigencia de una producción más ambiciosa?
Es un proyecto que llevo siete años trabajando, así que lo conocía mucho y tenía una gran capacidad de reacción al instante. En los cortometrajes éramos equipos de quince personas máximo y no superaban los treinta mil euros. En Estrany riu éramos cuarenta y el presupuesto fue de dos millones de euros, así que era otra escala.
La disfruté mucho, sobre todo el rodaje. Me encanta rodearme de gente, que normalmente son amigos. Me adapté muy bien a un rodaje de seis semanas, ya que tenía más tiempo de entender qué película estaba haciendo y transformarla con el pasar de los días. Sentí menos presión. Eso sí, la preproducción fue más difícil, pero menos estresante, había más gente trabajando.
La disfruté mucho, sobre todo el rodaje. Me encanta rodearme de gente, que normalmente son amigos. Me adapté muy bien a un rodaje de seis semanas, ya que tenía más tiempo de entender qué película estaba haciendo y transformarla con el pasar de los días. Sentí menos presión. Eso sí, la preproducción fue más difícil, pero menos estresante, había más gente trabajando.
Acaban de salir las nominaciones a los Goya y tu largo está nominado a dos categorías: tú a Mejor Dirección Novel, y Jan Monter Palau a Mejor Actor Revelación. ¡Felicidades! ¿Dónde y cómo has recibido la noticia?
Sí, es emocionante. Estaba en casa. La verdad es que no tenía muchas expectativas y ha sido precioso ver que lxs académicxs la han visto y la han valorado así. Me hace mucha ilusión la nominación de Jan. Ha trabajado muchísimo y se merece este reconocimiento.

Más allá de llevaros los galardones, el reconocimiento al trabajo bien hecho se agradece y, sobre todo, puede ser una plataforma de cara a futuros proyectos. ¿Esperas que las nominaciones afecten tus proyectos más inmediatos de alguna forma?
Los premios no son para nada mi objetivo, pero siempre ayudan a sacar adelante las siguientes películas. Espero que estas nominaciones sirvan para impulsar el próximo proyecto, que será un poco más ambicioso. Los premios me alegran mucho cuando son para gente del equipo, ya que ponen en valor a personas que, por culpa de una política de autor tan marcada, a veces pueden quedar con menos visibilidad. Por ejemplo, que Pablo Paloma, el director de fotografía, esté nominado a los Gaudí me da una gran alegría; espero que le ayude a que más gente lo conozca. Aunque, al final, lo verdaderamente importante es el trabajo realizado.
Si no me equivoco, el film surge a raíz de una residencia artística con el festival de cine de San Sebastián. Cuéntanos más de este germen y qué herramientas te ha dado esto para desarrollar el proyecto.
No, más bien el film nació cuando cursaba cine en la Elías Querejeta Zine Eskola. Entré allí con un proyecto instalativo sobre los cuerpos en crecimiento y el agua. Tuve una crisis artística y me puse a escribir la primera versión de Estrany riu en una semana, como un impulso, sin pensar mucho. Después allí entró como tutor el guionista y maravillosa persona Michel Gaztambide, del que aprendí muchas cosas, sobre todo cómo escribir un guion clásico, a nivel formal, y el arte de la elipsis ya en la escritura. Por la residencia del Festival de San Sebastián pasé cuando ya tenía una quinta versión y el proyecto estaba mucho más avanzado. Allí estuve con Meritxell Colell, ella con su proyecto, que poco tiempo después entró como co-guionista.
Has trabajado con chicos jóvenes que imagino no son actores profesionales. ¿Cómo has afrontado este reto?
Para mí es fácil trabajar con ellos. Son muy valientes y se lanzan a hacer lo que les propones. Están muy abiertos, no tienen manías. Creo que la clave está en el casting. Jan Monter (Dídac) fue el 600 de 850 chicos que vimos. Y después el trabajo durante meses con él, de ir cogiendo confianza. Creo que con actores y actores no profesionales lo más importante es conocer sus limitaciones y que ellos conozcan la de los demás actores, así como a veces la del director/a. Genera más trabajo en equipo y empatía.
“Mi influencia está más en la danza o la música que en la literatura o el teatro, así que la falta de palabra se adapta más a mi forma de percibir el arte.”
En Estrany riu seguimos las vacaciones de verano de una familia catalana por Alemania a través del Danubio. ¿Tienes alguna conexión personal tú con esa zona o ese río, al igual que la madre? Siento que las primeras obras de cualquier artista ocultan algo autobiográfico.
Sí. Aunque no sea una película intencionadamente autobiográfica, nace de los viajes en bicicleta que hice con mi familia durante los veranos. Quería retratar esa forma de viajar tan particular. Y escogí el Danubio porque era el río más cinematográfico, el más misterioso y enigmático. La parte de Alemania, porque es el lugar donde el río nace y se transforma.
El protagonista es Dídac, un chico de dieciséis años que empieza a navegar la vida adulta y a explorar el deseo, la incertidumbre, o la independencia. ¿Cómo desarrollas un personaje que dice más con los silencios y las miradas que con las palabras?
Me gustan mucho las tres palabras para definir su exploración. Las teníamos siempre presentes. Si se puede contar con miradas y silencios, no necesito de la palabra. La palabra aparece para generar naturalidad, vida, o para anunciar algo que solo se puede decir a través de ella. Siento que mi influencia está más en la danza o la música que en la literatura o el teatro, así que la falta de palabra se adapta más a mi forma de percibir el arte.
La fotografía es preciosa: evocadora, poética, onírica. Cada frame es per enmarcar: la definición, la saturación de los colores, las transiciones, el brillo… Háblanos de cómo trataste la parte visual de Estrany riu.
El trabajo visual lo disfruto mucho. Cuando escribo, ya monto las imágenes en mi cabeza, pero están en constante transformación: empiezan siendo muy borrosas y a medida que avanza el trabajo se van concretando. Me gusta componer los fotogramas, los planos y las imágenes con mi equipo. Pablo Paloma, el director de fotografía, es clave, nos entendemos sin apenas hablar pero hacemos un trabajo de tres meses de guion técnico muy profundo. También hay conversaciones constantes con Sandra Prat, directora de arte, o el equipo de vestuario y de iluminación (Gerard Bufí) y Grip (Pol Tarrats).

La película es muy metafórica, o así lo entendí yo. Lo que es seguro es que la interpretación que haga cada uno al respecto es bastante libre porque es más sensorial que argumental. Pero como director, tú sí debías tener las cosas claras y más ‘cerradas’ al hacerla. ¿En algún momento te surgieron dudas sobre cómo abordar este proyecto?
La verdad es que fue un proyecto que tuve muy claro desde el inicio. Al principio era menos ambiguo, más realista. El chico de las aguas no era tan misterioso. Pero para mí la metáfora se queda en la metáfora, que evidentemente existe y soy consciente, pero no es lo que más me interesa. Busco más cómo los gestos y los espacios reverberan en las emociones de los personajes.
El film es un coming of age, así que el viaje lo hace el protagonista. Pero yo me pregunto, ¿cómo ha sido también tu viaje con esta película y qué has sacado de hacerla (en lo personal e incluso espiritual)?
Como decimos con el equipo, más que un un coming of age es un growing of age de toda una familia. También fue mi caso y el de varias personas del equipo, crecimos haciendo esta película. Descubrí que podía hacer cosas, filmar escenas, dialogar otras, que no sabía que era capaz. Eso solo pasa si hay confianza con el resto del equipo.
Al salir del cine, uno de mis colegas dijo que era el Call Me by Your Name catalán. ¿Lo ves así?
No, aunque mucha gente lo ha comentado. Y me gusta mucho Call Me by Your Name. Entiendo que, por ejemplo, la sensación estival o sobre todo la relación de los padres en acompañar el despertar sexual del hijo son muy parecidas. Creo que Guadagnino observó los mismos referentes que yo al hacer Estrany riu: Jean Eustache o Maurice Pialat, entre muchos otros. Yo creo que Estrany riu está más cerca de Io Sono L’amore, del mismo Guadagnino, por la sensualidad, la fisicalidad, la proyección de un idilio, que Call Me By Your Name.

Estuviste haciendo bastantes coloquios para hablar del film cuando estaba en cines. ¿Cómo viviste el recibir feedback?
Lo disfruto mucho. He hecho muchos desde que estrenamos y poco a poco hay el peligro de construir un discurso. Pero a veces hay preguntas que te sorprenden. El público es muy inteligente y no debemos despreciarlo nunca. Creo que el tema es cómo estas películas consiguen llegar a que el público se entere de que existen o que se atrevan a ir sin pensar que será una película difícil para ellos.
Viendo tu Instagram, imagino que eres usuario de Letterboxd. ¿Cómo es tu relación con esa plataforma, tanto como usuario como director?
Llevo siete años en Letterboxd, cuando apenas poca gente la utilizaba. Para mí es una herramienta maravillosa para hacer un diario de las películas que veo y listas. Lo que no podemos es darle importancia a las puntuaciones, y aquí hay un riesgo, que se valore antes que el criterio de cada uno. Me río mucho con los comentarios, hay algunos que realmente son poesía o humor.
Y para acabar en la línea de Letterboxd, ¿nos dejarías por aquí tus cuatro pelis favoritas?
Esta es muy difícil, pero lanzo las cuatro que tengo ahora en favoritos: Mes petites amoureuses (1974), de Jean Eustache; Fanny and Alexander (1982), de Ingmar Bergman; Irma Vep (1996), de Olivier Assayas y Millennium Mambo (2001), de Hou Hsiao Hsien.

