Nicasio Torres, artista, y Javi Meneses, empresario y cofundador del bar Manchester y Candy Darling en Barcelona, acaban de abrir Isla Feral en el corazón del Raval: un espacio híbrido donde arte, flores y moda se mezclan desde una mirada contemporánea y queer. El proyecto funciona como tienda y estudio, donde las tres disciplinas dialogan libremente. La moda se desarrolla a partir de prendas recicladas e intervenidas a mano por el propio Nicasio, mientras que los ramos se crean de forma artesanal, con composiciones orgánicas, únicas y personalizadas. Con Isla Feral, exploran nuevas formas de relación entre identidad, comunidad y estética, dando lugar a un pequeño oasis creativo en la ciudad.
Hola, chicos, un placer hablar con vosotros. Nicasio, vienes del mundo del arte, y Javi, del emprendimiento. ¿Cómo os conocisteis y en qué momento decidisteis uniros para crear algo juntos?
Nos conocimos hace muchos años a través de amigos en común y conectamos enseguida. De hecho, fuimos pareja durante un tiempo, así que tenemos mucha confianza y nos entendemos muy bien.
La idea de hacer algo juntos siempre estuvo ahí porque a ambos nos interesa lo creativo. Habíamos colaborado de distintas maneras, pero con Isla Feral sentimos que era el momento de hacer algo solo entre nosotros, algo más sólido y personal.
Acabáis de abrir Isla Feral, un espacio híbrido donde conviven arte, moda y flores. ¿Cómo nace la idea?
La idea llevaba tiempo rondando. Por un lado, el trabajo artístico de Nicasio y su proyecto de intervenir prendas vintage a través de la pintura, y por otro, el interés de Javier por la botánica y el diseño floral. Nos dimos cuenta de que todo eso podía convivir en un mismo lugar. Y más que verlo como disciplinas separadas, nos interesaba que se mezclaran: flores, arte, moda, objetos… creando un espacio híbrido donde todas esas prácticas dialoguen entre sí.
El nombre es muy potente y evocador, una isla salvaje, incluso cruel. ¿Qué significa para vosotros y qué buscáis transmitir con él?
Para nosotros, lo ‘feral’ tiene que ver con aquello que vuelve a su estado ‘salvaje’ después de haberse intentado domesticar. Nos interesa esa idea de recuperar una forma más auténtica de hacer las cosas, más libre. Aunque a veces el término se asocia a lo feroz, nosotros lo entendemos más como lo no domesticable, lo que no se subordina a la mirada de la norma. Y eso, a veces, puede parecer incómodo, pero es precisamente lo que nos interesa.
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Por cierto, pregunta obligada, ¿qué tres cosas imprescindibles os llevaríais a una ‘isla feral’ desierta?
Algo que nos permita integrarnos en ella más que dominarla. Probablemente semillas o plantas para cultivar, materiales para dibujar o pintar y alguna herramienta útil para construir o transformar lo que haya alrededor.
La tienda está ubicada en el corazón cultural del Raval. ¿Hay un motivo especial detrás de esta elección?
El Raval siempre nos pareció un lugar muy natural para Isla Feral y especialmente la manzana en la que nos encontramos. Es un barrio muy vivo con una mezcla muy particular de culturas y actividad creativa. Además, estamos en una zona donde conviven La Massana, el MACBA, el CCCB, librerías, galerías y tiendas de diseño. Nos gusta pensar que Isla Feral forma parte de ese ecosistema y que también suma a esa energía cultural.
Desde que abristeis, ¿qué es lo que más os ha sorprendido?
Quizás lo rápido que la gente del barrio ha empezado a hacer suyo el espacio. Muchas personas descubrieron la tienda por casualidad y luego vuelven con amigxs. También nos ha sorprendido la diversidad de gente que entra: vecinos, estudiantes, gente del mundo del arte o simplemente personas curiosas que pasan por delante.
En un momento dominado por la producción rápida, vuestro proyecto apuesta por lo artesanal y único. ¿Es solo una decisión estética o también una postura ideológica?
Tiene una parte estética porque nos atrae la singularidad de las cosas hechas a mano, pero también hay una dimensión más social. Nos interesa trabajar de una manera más consciente, pensando en cómo consumimos y en cómo nos relacionamos con los sistemas de producción.
“Nos interesa esa idea de recuperar una forma más auténtica de hacer las cosas, más libre.” 
Nicasio, intervienes prendas vintage dibujando sobre ellas, con muy poco margen de error. ¿En qué consiste tu proceso creativo?
Mi proceso siempre ha estado muy ligado al dibujo y al gesto. Cuando trabajo sobre una prenda, intento escuchar primero qué me propone el propio tejido, la forma o la historia que ya tiene. No lo vivo tanto como evitar el error sino como un diálogo con el material. Muchas veces lo inesperado acaba formando parte de la pieza, y esa imprevisibilidad es precisamente lo que hace que cada prenda sea única.
En una sociedad marcada por el consumo de fast fashion, ¿qué tan importante es comprar ropa de segunda mano?
Además de reducir ese consumo masivo, permite relacionarse con la moda de una forma más creativa. La ropa de segunda mano es mucho más variada y siempre aparecen sorpresas o pequeñas joyas. Y si además empiezas a transformarla, el juego creativo se multiplica.
En paralelo, los ramos se crean en el momento, a petición del cliente, y también trabajáis por encargo a través de Instagram. ¿Cómo es el proceso completo de creación de un ramo?
Normalmente empieza con una conversación: para quién es el ramo, en qué contexto se va a regalar, los colores y flores que atraen a la persona o el espacio que va a habitar. A partir de ahí lo componemos en el momento, muchas veces junto con el cliente. Nos interesan composiciones orgánicas, con formas y volúmenes poco rígidos, jugando con colores, texturas y proporciones de una forma bastante intuitiva.
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También organizáis talleres, por ejemplo, uno con Mónica de La Paz. ¿Qué tipo de colaboraciones os gustaría impulsar en el futuro?
Nos gustaría que Isla Feral fuera también un espacio donde ocurran cosas: talleres, exposiciones o presentaciones de proyectos alineados con el nuestro. Nos interesan colaboraciones con artistas, diseñadores o floristas que compartan cierta sensibilidad. La acogida del workshop con Mónica de La Paz ha sido muy bonita, así que seguramente este tipo de actividades se repetirán.
¿Qué otros artistas os gustaría que vinieran a colaborar?
Personas que conecten con el espíritu del proyecto. Pueden venir del arte, la moda o el diseño floral. Lo importante es que haya afinidad en la forma de entender la creación desde un lugar de libertad.
¿Por qué os gustaría que la gente reconociera vuestro proyecto?
Como un espacio auténtico donde las cosas se hacen con cuidado y con una intención consciente detrás, alineadas con unos valores que apuestan por la belleza de lo híbrido, y que es el reflejo de una forma de estar en el mundo, de creatividad, conectividad y respeto por la diversidad de la vida.
Para acabar, ¿qué mensaje lanzaríais a quienes todavía no han visitado Isla Feral?
Que se acerquen sin prisa y con curiosidad. Isla Feral es un espacio pequeño pero muy vivo donde siempre van apareciendo nuevas flores, prendas y propuestas. Nos gusta pensar que es un lugar donde descubrir algo inesperado o simplemente pasar un rato para conversar e irte feliz con unas flores a casa.
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