Como un confundido Truman subiendo las escaleras de su propia realidad, o una inocente Alicia adentrándose en un mundo de alocadas maravillas, Hermès propone un camino que no siempre puede comprenderse y reta a sus espectadores a permanecer predispuestos a la sorpresa. Escalera infinita, la nueva instalación site-specific firmada por el estudio de arquitectura catalán Mesura, transforma los escaparates de su boutique del Passeig de Gràcia en un paisaje arquitectónico suspendido entre la realidad y la fantasía de los sueños, que se podrá visitar hasta el 28 de noviembre.
El proyecto, alineado con L’Appel du Large, el tema anual de la Maison para 2026, abraza lo desconocido y propone una arquitectura abierta a la exploración y al descubrimiento. Dos imponentes estructuras de escaleras irregulares recorren los escaparates como un trayecto sin principio ni final, acompañado de paisajes imaginarios, geometrías repetitivas y perspectivas que alteran nuestra percepción del espacio. Mesura redefine así el escaparate y lo convierte en algo más que un espacio destinado a mostrar productos: obliga a detenerse, observar y volver a mirar. El recorrido se convierte en protagonista y el espectador, ante un camino de rumbo incierto, debe aceptar la posibilidad de perderse.
La inspiración de los grabados del artista M. C. Escher resulta especialmente evidente. Sus arquitecturas imposibles y oníricas, donde las leyes habituales de la gravedad parecen quedar suspendidas, encuentran aquí una traducción tridimensional. Las distintas direcciones y los cambios de escala construyen un recorrido surrealista que altera la percepción del espacio y obliga a mirar más de una vez. En este juego de escaleras, pasarelas y perspectivas imposibles también aparecen ecos de otras arquitecturas. La condición laberíntica de La muralla roja de Ricardo Bofill se reconoce en la sucesión de recorridos y puntos de vista, mientras que la instalación incorpora, de forma más sutil, la dimensión poética de Aldo Rossi y el sentido de proporción y equilibrio asociado a Andrea Palladio. Todas ellas se integran en un lenguaje propio donde arquitectura y artesanía conviven.
Los valores artesanales de la Maison también encuentran su lugar en este universo. Los paisajes imaginarios que rodean las escaleras parten de la iconografía de los carrés, los emblemáticos pañuelos de seda de Hermès. Sus motivos y estampados se trasladan del mundo textil a una escala arquitectónica, sugiriendo territorios lejanos y escenarios que parecen pertenecer a otro lugar. Los carrés dejan así de ser únicamente superficies estampadas para convertirse en una fuente de inspiración espacial.
La materialidad de la instalación explora, además, las posibilidades expresivas del yeso, trabajado mediante la colaboración de distintas disciplinas y oficios locales, un material históricamente vinculado a la ornamentación arquitectónica que aquí registra gestos, texturas y procesos de transformación.
Al final, la escalera se convierte en una metáfora del viaje personal: avanzar sin saber exactamente hacia dónde nos lleva cada escalón. Una invitación a seguir subiendo, dejarse sorprender y aceptar que no siempre es necesario conocer el destino para disfrutar del recorrido.
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