Aquellos que llegan a la cima de su carrera rara vez se alejan sin dar batalla, y aún menos lo hacen por decisión propia. Lo que para muchos resulta adictivo, como el éxito, el reconocimiento y esa falsa sensación de inmortalidad, para Miguel Adrover no es más que un espejismo: un precio demasiado alto que limita, casi imperceptiblemente, la libertad creativa. Con The Designer is Dead, que se ha alzado con el premio a Mejor Documental en el festival Moritz Feed Doc de Barcelona esta semana, el director Gonzalo Hergueta rescata su figura y la devuelve al presente: la de un diseñador que revolucionó la escena neoyorquina a finales de los noventa con colecciones transgresoras y cargadas de crítica para luego desaparecer.
¿Cómo es posible que alguien tan prometedor pasara de las pasarelas de Nueva York a conducir un taxi en Egipto? Tras años en Mallorca fuera del foco mediático, Hergueta nos permite acercarnos a Miguel Adrover y descubrir la fuerza de su voz, siempre presente. Aprovechamos el paso del director por el festival Moritz Feed Doc, y a pocos días de su estreno oficial en cines de toda España el 10 de abril, para hablar de éxito y fracaso, de adulación y ostracismo, de pasado y futuro.
En The Designer is Dead, la figura de Miguel Adrover aparece casi como un fantasma que atraviesa la industria. ¿Te interesaba más documentar a un diseñador o capturar una ausencia?
Para mí, la película tenía dos partes. Por un lado, estaba la intención de contar todo lo que significó Miguel y esa etapa de su carrera en Nueva York, una historia que no se había contado. En el documental hay una dimensión más formal de quién es Miguel que se construye a través de las imágenes de archivo. Por otro lado, cuando me encontré con él, descubrí a un personaje completamente fuera de este mundo. Más que buscar una esencia, me interesaba hacer un retrato íntimo de lo que estaba viviendo en ese momento: una realidad de aislamiento, casi como la de un ermitaño. La idea no era explicar al personaje, sino permitir observar la realidad en la que vive.
Cuando llegamos a Mallorca y nos encontramos con todo eso, fue una experiencia difícil de poner en palabras. Por eso la película se centra en contar desde una observación muy voyeurista, intentando influir lo menos posible. De alguna manera, puede entenderse como una búsqueda de su esencia porque mucho de lo que vemos de Miguel no pasa por lo que dice, sino por lo que hace. Me interesaba más eso que construir el típico documental en el que el personaje habla directamente. Prefería acercarme a la experiencia de su vida.
Cuando llegamos a Mallorca y nos encontramos con todo eso, fue una experiencia difícil de poner en palabras. Por eso la película se centra en contar desde una observación muy voyeurista, intentando influir lo menos posible. De alguna manera, puede entenderse como una búsqueda de su esencia porque mucho de lo que vemos de Miguel no pasa por lo que dice, sino por lo que hace. Me interesaba más eso que construir el típico documental en el que el personaje habla directamente. Prefería acercarme a la experiencia de su vida.
¿Cómo fue la dinámica con él durante el rodaje? ¿Resultó un proceso sencillo o más bien complicado?
Rodar con Miguel fue una experiencia muy especial. Su vida es muy introspectiva y tranquila, con pocos espacios y gente a su alrededor, así que tuvimos que ser muy respetuosos y cuidadosos con la forma en que trabajábamos. Rodar en celuloide requiere un equipo y ciertos tiempos, así que buscábamos intervenir lo mínimo y mantener todo lo más natural posible.
Lo comento porque en algunos momentos se percibe que Miguel está algo saturado, como si necesitara parar o tomar distancia.
Exacto. Antes de ir a rodar ya había hablado con él durante casi un año, y cuando llegamos pusimos algunas reglas claras con el equipo: estábamos entrando en su mundo y queríamos hacerlo de manera respetuosa. Lo importante era acompañarlo y permitir que todo sucediera de forma natural, sin forzar nada. A medida que avanzaba el rodaje, Miguel vio cómo estábamos tratando de reflejar su vida de manera honesta y participó con plena conciencia. Poco a poco se creó una gran confianza, y eso permitió que la película mostrara su mundo tal como es.
El documental parece sugerir que el verdadero fracaso no es desaparecer, sino permanecer en un sistema que exige repetición. ¿Crees que Adrover eligió perder para poder conservar algo más esencial?
Para Miguel, estar al margen no es una elección, es su única forma de existir. Hoy en día, llegar a lo más alto en moda, música o arte suele exigir obediencia: ser políticamente correcto, mantener redes sociales y alinearse con marcas o poderes. Él siempre fue distinto. En su primer desfile en la New York Fashion Week presentó su colección fuera del programa oficial, con una energía creadora pura. Cuando la industria vio el potencial económico de su visión, se pusieron recursos a su disposición, pero unos años después, en un momento delicado para la sociedad estadounidense, su perspectiva global y cuestionadora no fue bien recibida, y la industria lo apartó.
Para él, crear para contentar al poder o al público nunca fue esencial. Incluso al negociar con Pegasus dejó claro que su nombre siempre debía permanecer asociado únicamente a él. Gracias a esa determinación pudo seguir haciendo desfiles pese a ser apartado del roster del conglomerado.
Para él, crear para contentar al poder o al público nunca fue esencial. Incluso al negociar con Pegasus dejó claro que su nombre siempre debía permanecer asociado únicamente a él. Gracias a esa determinación pudo seguir haciendo desfiles pese a ser apartado del roster del conglomerado.
“Mucho de lo que vemos de Miguel no pasa por lo que dice, sino por lo que hace. Me interesaba más eso que construir el típico documental en el que el personaje habla directamente.”
Los atentados del 11-S coincidieron con un momento crítico en la vida del diseñador y de su carrera. Si ese shock histórico no hubiera ocurrido, ¿crees que habría seguido dentro de la industria, o su retirada era inevitable como un gesto de integridad artística?
Justo ayer hablaba con alguien que vivió el 11-S en Nueva York y me contaba que un amigo diseñador hizo su desfile justo antes del atentado, mientras otros que lo hicieron después se arruinaron porque no pudieron presentar los suyos. Miguel, aunque muy respetado y adorado por la prensa, no tenía todavía una estructura económica sólida; Utopía era apenas su tercera colección con ese conglomerado, así que aún no había tenido tiempo de desarrollar un motor económico firme. Como dice Robin Givhan, si lo apartaron tan rápido probablemente había algo que no estaba funcionando económicamente.
Es una pena porque cuando ves su obra años después, te das cuenta de su importancia. Incluso shows posteriores a Utopía fueron fundamentales para ciertos lenguajes dentro de la moda: su último desfile, Out of My Mind, claramente inspiró un show de Balenciaga, y la icónica camiseta de DHL de Demna en Vetements viene de una idea de Miguel. Aunque no todo ocurrió como podría haber sido, su trabajo marcó un antes y un después, y hoy algunas de esas piezas se encuentran en museos, como en la exposición de moda estadounidense del Met de Nueva York hace dos años.
Es una pena porque cuando ves su obra años después, te das cuenta de su importancia. Incluso shows posteriores a Utopía fueron fundamentales para ciertos lenguajes dentro de la moda: su último desfile, Out of My Mind, claramente inspiró un show de Balenciaga, y la icónica camiseta de DHL de Demna en Vetements viene de una idea de Miguel. Aunque no todo ocurrió como podría haber sido, su trabajo marcó un antes y un después, y hoy algunas de esas piezas se encuentran en museos, como en la exposición de moda estadounidense del Met de Nueva York hace dos años.
La película trabaja mucho con archivo, memoria y restos. ¿Hasta qué punto The Designer is Dead es también una arqueología emocional de la moda?
No lo sé, no soy tan erudito de la moda. A mí me interesaba más la fotografía y el arte. Inicialmente iba a hacer una película sobre Miguel en el presente, pero de repente él me dio una caja llena de moho con cintas. Cuando las digitalizamos vimos que eran los vídeos de los shows. ¡Llevaba tres años investigando sobre él y ni siquiera sabía que existían! Ahí fue cuando empecé a adentrarme en el mundo de la moda.
La única periodista con la que conté fue Robin Givhan porque tiene un punto de vista más global, no tan de nicho. Hablar de moda muchas veces se hace desde el glamour o lo sensacionalista, y lo de Miguel no tenía nada que ver con eso. Era como un artista conceptual que trabaja con telas, sin pretensiones. Su trabajo refleja un cambio radical: mientras Tom Ford en Gucci sexualizaba todo y mostraba opulencia blanca, Miguel irrumpía con mujeres de todas las razas y tallas armadas con una ametralladora. Era una provocación absoluta. Él va completamente contra la tendencia. Las industrias se nutren de esa ‘salsa picante’, pero en cuanto no la pueden controlar, la apartan. Luego llegan otros que sí son controlables y se inspiran en lo que dejó.
La única periodista con la que conté fue Robin Givhan porque tiene un punto de vista más global, no tan de nicho. Hablar de moda muchas veces se hace desde el glamour o lo sensacionalista, y lo de Miguel no tenía nada que ver con eso. Era como un artista conceptual que trabaja con telas, sin pretensiones. Su trabajo refleja un cambio radical: mientras Tom Ford en Gucci sexualizaba todo y mostraba opulencia blanca, Miguel irrumpía con mujeres de todas las razas y tallas armadas con una ametralladora. Era una provocación absoluta. Él va completamente contra la tendencia. Las industrias se nutren de esa ‘salsa picante’, pero en cuanto no la pueden controlar, la apartan. Luego llegan otros que sí son controlables y se inspiran en lo que dejó.
¿Y qué has descubierto de esta industria en la que te has metido de repente? ¿Te interesa o te despierta rechazo?
La verdad es que no me interesa demasiado. Como a Miguel, nunca me interesó la moda. Me fascina su dimensión artística, como la pintura sobre un lienzo o la escultura aplicada al cuerpo. Pero para vender ropa hay que pasar por ciertos aros que no me parecen interesantes. Algunos diseñadores rompen eso, como Jonathan Anderson, pero al final sigue siendo venta de productos. He leído sobre Virgil Abloh y me parece genuino, pero en general, tras cinco años con esto, no me interesa centrarme en moda. Sí me atraen historias como las de Raf Simons o Margiela, ahí sí veo algo que merece atención.
Así que te gustó Margiela. A mí me fascina su persona.
A mí también. La película es un documental muy canónico, pero su trabajo era una auténtica locura. Yo no sé si ahora mismo se puede hacer eso.
“Un documental biográfico se hace muchas veces sobre alguien muerto, pero declarar la muerte de un artista vivo me pareció maravilloso.”
El ‘sueño americano’ aparece casi como una herida en la historia de Adrover. ¿Crees que la película funciona también como una autopsia de ese relato cultural?
Definitivamente. Vivo en Estados Unidos hace trece o catorce años y me ha ido bien, pero el ‘sueño americano’ me parece un engañabobos. Soy un europeo blanco con educación universitaria; la narrativa de superación no es universal. Si no pasas por ciertos filtros económicos y sociales es difícil funcionar. Lo ves en casos como Andy Warhol: la locura llegó tras su muerte, cuando el sistema pudo controlar su obra. Esto me hizo reflexionar: a veces lo que parece un éxito puede ser una trampa. Es un poco lo que le pasó a Miguel: en su quinto show ya había hecho algo increíble… ¿cómo superar eso? Que un diseñador principiante tenga que montar un escenario carísimo impone exigencias surrealistas.
A veces, los mejores proyectos no dependen de grandes presupuestos. Galliano, por ejemplo, en 1994 estaba casi en bancarrota e hizo una de sus mejores colecciones. Esa idea de crear contra las expectativas y las reglas me recuerda al título de la película, The Designer is Dead. Es radical, casi un manifiesto. ¿Es una declaración, un epitafio o una provocación? ¿Quién muere realmente: el diseñador, la autoría o el propio sistema?
El título invita a preguntárselo pero el origen fue mucho más divertido. Fue uno de los momentos más what the fuck que viví con Miguel. Siempre posponía la entrevista, pero un día nos dijo: “Gonzalo, necesito que vayáis a Cala d’Or a una tienda que borda gorras. Quiero llevar mañana una que diga The Designer Miguel Adrover is Dead”. Fuimos, vimos la gorra horrible y cutre, Juan se la puso de broma y yo dije, hacedme nueve más. Todos querían una. Ahí entendí: era una provocación sobre él y la industria. Un documental biográfico se hace muchas veces sobre alguien muerto, pero declarar la muerte de un artista vivo me pareció maravilloso.
Hay algo profundamente político en la decisión de retirarse. ¿Dirías que el silencio, o la retirada, puede ser una forma de resistencia más radical que la visibilidad?
Totalmente. Para él la retirada no es una opción que pueda elegir, simplemente no hay otra forma de existir. Hoy en día, la visibilidad en esta industria exige obediencia absoluta: para estar en la cima tienes que sucumbir al sistema, ser políticamente correcto y alinearte con poderes que te dan exposición a cambio de controlarte.
Él es desobediente por naturaleza. Al retirarse a ese aljibe en Mallorca, a ese pozo húmedo, está haciendo el acto de resistencia más radical: dejar de participar en el experimento económico. Es como lo de la gorra que te contaba: declarar tu propia muerte profesional es la provocación definitiva. El sistema te utiliza mientras eres útil, pero en el momento en que dejas de ser controlable, te conviertes en algo puro. Su silencio se convierte en una pregunta constante que desafía todo el sistema, y eso es mucho más potente que producir colecciones cada seis meses para un conglomerado que incluso controla tu nombre.
Él es desobediente por naturaleza. Al retirarse a ese aljibe en Mallorca, a ese pozo húmedo, está haciendo el acto de resistencia más radical: dejar de participar en el experimento económico. Es como lo de la gorra que te contaba: declarar tu propia muerte profesional es la provocación definitiva. El sistema te utiliza mientras eres útil, pero en el momento en que dejas de ser controlable, te conviertes en algo puro. Su silencio se convierte en una pregunta constante que desafía todo el sistema, y eso es mucho más potente que producir colecciones cada seis meses para un conglomerado que incluso controla tu nombre.
“Lo que quería decirles a los chavales que están en la universidad, al que quizá viene de un pueblo y se siente diferente por su sensibilidad queer, es que no necesitan lamer culos en Cibeles o en la Paris Fashion Week para llegar lejos.”
Adrover nunca quiso encajar del todo, y quizá ahí reside su legado. ¿Te interesa más filmar a quienes transforman el sistema o a quienes deciden no pertenecer a él?
Las dos cosas por igual porque Miguel es una persona que hace ambas. A mí lo que me interesa es el rol del artista. Los artistas existen para cuestionar, para proponer ideas que pongan en jaque a nuestra sociedad y nos hagan plantearnos preguntas. El diseño busca soluciones; el arte, hacer preguntas. Para mí, lo fascinante era ese acto de fe.
Cuando comenzaste el proyecto, ¿cómo se percibía Miguel y su obra desde fuera?
Aunque ya era conocido, lo filmábamos en un momento en el que su trabajo no estaba tan difundido como hoy. Bajábamos a un aljibe a ver cómo un hombre de cincuenta años construía una instalación de mujeres con burkas. Desde el punto de vista de financiación, era extraño: ¿por qué me intentas convencer de que este tipo es importante si está completamente apartado? Con los años, Miguel encontró su canal en Instagram, y ahora todo el mundo coincide en que su trabajo es genial. Yo veía su obra y pensaba, esto es increíble. Cuando vi sus primeros autorretratos, supe que algo grande estaba por venir. Organizamos un segundo viaje solo para filmarlos, simplemente darle al REC.
Después de convivir tanto tiempo con esta historia, ¿qué crees que queda vivo hoy: la figura de Adrover o la posibilidad de imaginar otra forma de crear fuera de la industria?
Cuando hice la película sufrimos mucho, fue difícil por muchas razones. Hubo momentos en los que me pregunté, ¿por qué estoy haciendo esto? Además, hay que tener en cuenta que vivo en Nueva York, tengo un estudio de diseño y trabajo en proyectos de gran envergadura. Hace un año, por ejemplo, diseñé las interfaces de los simuladores de astronautas de la NASA. Son proyectos serios. Y de repente estaba con esto, que probablemente no me iba a dar ningún beneficio económico y que consumía muchísimo tiempo. ¿Por qué lo hacía? Para mí, la razón era inspirar a las generaciones que vienen.
¿Y cómo querías que ese mensaje llegara a las nuevas generaciones de creadores?
Tú y yo podemos mirar lo que ocurre en Gucci o Dior y ser cínicos: sí, esto no es genuino. Pero hay jóvenes creadores que reciben constantemente el mensaje de que la única manera de tener éxito y ser artístico es someterse al peso de las redes sociales o de las grandes marcas. En los noventa, hacer un anuncio con una marca de ropa era venderse, hoy significa tener éxito.
Lo que quería decirles a los chavales que están en la universidad, al que quizá viene de un pueblo y se siente diferente por su sensibilidad queer, es que no necesitan lamer culos en Cibeles o en la Paris Fashion Week para llegar lejos. Lo único que importa es conectar con esa sensibilidad e intentar expresarla en sus propios términos. Eso es lo que está haciendo Miguel, y para mí ese es el mensaje más importante de la película. Por eso estamos organizando proyecciones en Parsons en Nueva York y en Central Saint Martins: quiero transmitir ese mensaje. Lo que importa es trabajar mucho y conectar con tu propia sensibilidad. Todo lo demás es un ruido efímero.
Lo que quería decirles a los chavales que están en la universidad, al que quizá viene de un pueblo y se siente diferente por su sensibilidad queer, es que no necesitan lamer culos en Cibeles o en la Paris Fashion Week para llegar lejos. Lo único que importa es conectar con esa sensibilidad e intentar expresarla en sus propios términos. Eso es lo que está haciendo Miguel, y para mí ese es el mensaje más importante de la película. Por eso estamos organizando proyecciones en Parsons en Nueva York y en Central Saint Martins: quiero transmitir ese mensaje. Lo que importa es trabajar mucho y conectar con tu propia sensibilidad. Todo lo demás es un ruido efímero.

