Hemos tenido la oportunidad de hablar con ellxs, así como de abrir el melón sobre la cultura en nuestro país y su precariedad… ¿Es el único país que presenta estas carencias en la apuesta por lo cultural? Además, nos cuentan cómo fueron los inicios del proyecto, sus metodologías de trabajo, los cambios de paradigma que pueden llegar al sector y muchas reflexiones sobre la cultura en sí misma.
Nuestro medio de trabajo es la Gestión Cultural, nuestra comunidad les trabajadores culturales jóvenes. Esto se traduce en trabajar con otrxs para crear diversas actividades culturales, compartir recursos económicos y conocimientos metodológicos, o apoyarnos mutuamente en la difusión de nuestros proyectos.
El equipo motriz actual somos nada –una productora de proyectos culturales con un enfoque social, conformada a su vez por las trabajadoras culturales Ana CSC y Francesca Alessandro– e Iris Sofía Hernández –politóloga y gestora cultural–.
Sin embargo, a lo largo de estos 4 años, el proyecto ha ido evolucionando a raíz de su propio desarrollo, así como la concepción de sus propósitos. Por un lado, entendemos que el concepto de ‘red’ suena muy bien en teoría, pero, para mantener una red estatal como con la que inocentemente soñábamos, sin desatender las expectativas generadas en la comunidad creada, es necesario un trabajo de coordinación y dinamización que requiere de unas condiciones humanas, proyectuales y laborales continuas con las que nosotrxs todavía no contamos.
A veces nos reímos diciendo que Galaxxia es un Máster informal de Gestión Cultural, pero es que hemos aprendido muchas cosas sobre la marcha. Entre otras, la forma de pensar del equipo sí que funciona de manera ‘enredada’, arborescente… cuando nos llega una cuestión simple como podría ser la necesidad de visibilización de una iniciativa cultural, desplegamos una red de asociaciones complejas entre conceptos, proyectos y posibilidades de colaboración o sustento que, por lo general, se traducen en relaciones creativas de diferentes escalas.
En este sentido, Galaxxia sigue manteniendo una dimensión reticular que ayuda a seguir construyendo ese propósito inicial; eso sí, con un carácter menos idealista, más funcional.
Por un lado, es importante desligar la idea del trabajador cultural de la del artista bohemio. Es muy fuerte que parezca escandaloso esto de manifestar querer ejercer derechos laborales básicos, reconocimiento por nuestro trabajo, salubridad vital… basta ya la broma de incentivar y/o aceptar la explotación y la precariedad laboral en nombre del amor al arte como si esto fuera el siglo XIX y prefiriésemos comprar un tubo de óleo a una barra de pan. Somos artistas coléricos, pero en su acepción de cabreo.
Por otro lado, creemos que es importante comprender que estas condiciones son el resultado de una estructura política que beneficia a unos pocos privilegiados a costa de la fuerza de trabajo de muchxs. Politizar la precariedad implica reconocer que la inestabilidad personal es consecuencia de un contexto de crisis económica y social. Frente a la soledad de las narrativas del éxito, que responsabilizan a los individuos de su fracaso y personalizan los malestares derivados de ello, colectivizar esta inestabilidad y politizar sus consecuencias es uno de los primeros pasos para trabajar un presente que, al menos, nos lleve a imaginar un futuro más justo, robusto y fructífero.
Sobre la precariedad cultural… diríamos que es un melón común a todos los países. Por centrarnos en el nivel europeo, desde luego es una de las preocupaciones de la agenda política. Por ejemplo, la Comisión Europea estima que alrededor del diez por ciento de los trabajadores culturales en la Unión Europea estamos en situación de pobreza. El trabajo autónomo, la actividad intermitente, la no-remuneración a cambio de visibilidad, la falta de remuneración de los procesos de pre-producción sin los que el trabajo no saldría adelante… son desafíos significativos y comunes. Es verdad que países como Francia o Reino Unido tienen medidas adaptadas a la intermitencia de la profesión que ofrecen cuotas mínimas de seguridad social y paro, o modelos mixtos de financiación asentados. Pero, pese a esto, sigue siendo una profesión de difícil acceso y manutención, los cuales, en la mayoría de los casos, dependen de los privilegios socioeconómicos que permiten esto del ‘trabajar’ gratis y hacerse un hueco en el mundillo.
Y aquí, aunque la cultura parece que se valora más socialmente (por ejemplo, aparece reflejada en la Constitución cosa que, en otros países europeos, no) la situación es alarmante, según un informe publicado en febrero de 2023 por el Observatorio Social de la Fundación “la Caixa” así lo demuestra de una manera bastante completa y acertada. En cuanto a marcos reguladores, después de mil años, parece que se empiezan a entrever los avances del Estatuto del Artista que, desde nuestro punto de vista (por lo que decíamos más arriba sobre el artista bohemio), ya tiene un punto de partida bastante sesgado. En cualquier caso, tampoco creemos que los marcos institucionales sean los únicos desde los que operar; la falta de ellos debería cubrirse desde el sentido común y la persecución de un clima más equitativo, no desde la reproducción de lógicas abusivas por falta de un marco jurídico que las penalice.
El no andarnos con eufemismos a la hora de narrarnos tampoco ayuda en un sector liderado por grandes oradores (risas). Siempre subrayamos la frustración que supone vivenciar cómo este discurso crítico de las condiciones del sector (aparentemente compartido por la mayoría de entidades que lo componemos) no se traduce en prácticas para realmente cambiarlo.
A nivel interno diríamos que encontrar el equilibrio entre situaciones de vulnerabilidad personales, los tiempos de dedicación limitados y la inestabilidad emocional resultantes precisamente de estas condiciones materiales insostenibles que van más allá de nosotrxs. Cuando hablamos de sostenibilidad laboral, abarcamos una esfera económica y emocional.
Contar en tu listado de apoyos con el logo de una institución pública de esa categoría respalda, claro. Pero la confianza también se construye con la muestra transparente del trabajo que se realiza. Aunque nos hemos tropezado por el camino, siempre nos hemos mantenido firmes en ser lo más coherentes posible.
Esto y más lo mostramos en Wiki Galaxxia, que es una de las plataformas de comunicación principales del proyecto y que reforzamos en 2021 durante el proceso investigativo Gravedad13, a través del cual, después del batacazo de 2020 y gracias al apoyo de la Fundación Carasso, pudimos profundizar en estas intuiciones y cristalizar los aprendizajes que veníamos construyendo en los años anteriores para transformarlos en propuestas concretas que, potencialmente, afectasen a las necesidades y a la sostenibilidad de procesos culturales impulsados por jóvenes alrededor de todo el Estado.
Desde Galaxxia apostamos por modos de hacer cooperativos, solidarios y de apoyo mutuo que nos permitan desarrollarnos colectivamente y posibilitar mejores condiciones laborales y de vida porque, básicamente, casi todos los proyectos culturales y compañeres estamos en la mierda. No es una noción naíf, es una herramienta de transformación política que, en el caso de Galaxxia, entre otros, se refleja en el carácter open source de prácticamente todos sus materiales.
En cualquier caso, proponer modos de hacer no-normativos no siempre es fácil, hay que navegar bastantes contradicciones, cuesta ubicarse en los grises… hay un meme de Choyarchischa que refleja muy bien esta cuestión: ser comuna hippie o ejecutivos agresivos, a veces, that is the question.
La identidad de nuestra generación tiene un tinte más colectivo. Sí somos la generación de cristal, pero no por frágiles, sino porque lo que sentimos, pensamos y manifestamos es transparente y punza, molesta, a las narrativas dominantes que promueven los sentimientos depresivos y de culpa individual a la vez que la opacidad de las cuestiones materiales, socio-económicas. El malestar está en alza, pero la capacidad de organización y acción colectiva, también. Nos buscaban resilientes y nos han encontrado resistentes.
Por el momento, preferimos diferenciarlo porque nos hemos encontrado con muchas entidades contratantes que desvirtúan términos y llegan a llamar cuidados a lo que simple y llanamente es remunerar un trabajo cumpliendo con las condiciones contractuales.
Aunque interseccionen, como todavía no hemos alcanzado la utopía feminista en la que los cuidados se valoran y comparten, pensamos que es peligroso feminizar ciertas cuestiones porque nos arriesgamos a únicamente exigir su aplicación (y, sino, demonizar) a las de siempre: las mujeres y disidencias trabajadoras y pobres.
En cualquier caso, el feminismo de clase nos ha enseñado a encarnar y a luchar contra la discriminación social y la explotación económica que enfrentan muchas comunidades vulnerabilizadas tanto en la vida cotidiana como en el mercado laboral.
En la medida de nuestras posibilidades, a través de Galaxxia intentamos generar vínculos laborales transparentes y espacios de expresión que sistémicamente nos han sido negados. Quizá la ética del cuidado para nosotres esté aquí: en la importancia de lo relacional, de la escucha activa, del reconocimiento de los privilegios, de la interseccionalidad… todo en pos de generar espacios donde estas comunidades podamos alzar nuestros lenguajes y prácticas culturales con menos angustia y más celebración
La propuesta de este programa partió de Ángel Aranda —coordinador de La Casa Encendida Radio—, que fue uno de los entes con quienes nos reunimos durante Gravedad13. Nos gusta señalarlo porque no nos parece anecdótico que una de las primeras (y pocas) personas que verdaderamente se comprometió a apoyar a Galaxxia y, por ende, a otros proyectos culturales jóvenes, precisamente fuese un trabajador cultural de 26 años, manchego y con conciencia de que, desde su posición, puede dar paso a propuestas emergentes y frescas, por lo general ninguneadas.
Esto tiene que ver con el objetivo firme de descentralizar la cultura y de problematizar la idea de ‘la España vacía’. Por un lado, la cultura y los apoyos que recibe no debería estar concentrada únicamente en las grandes capitales como Madrid o Barcelona, sino que debería ser fomentada y accesible en todo el territorio del país. Por otro, en ‘la España vaciada’ suceden muchas cosas, lo que pasa es que no reciben los apoyos suficientes, ni la visibilidad que merecen, debido a que no cuadran con las políticas urbano-centradas que rigen nuestras vidas.
La diversidad de acentos aquí es una cuestión esencial porque refleja la riqueza cultural y lingüística y, a la vez, la diversidad de sus regiones y su historia. Pero también es una cuestión política porque históricamente se ha promovido el llamado castellano ‘neutro’, discriminando a los demás, ya sean autóctonos o migrantes. Es fundamental reclamar y construir una identidad cultural heterogénea que refleje a todas las personas que, desde siempre, hemos coexistido en este territorio. Desde Galaxxia hemos encontrado en la radio el medio de expresión idóneo para sumar a esta cuestión.
Por otro, estamos muy contentes de anunciar que vamos a formar parte del comité del IX Encuentro Cultura y Ciudadanía, un programa del Ministerio de Cultura y Deporte que tiene como objetivo posibilitar diálogos entre ciudadanía, creadores y responsables políticos, para reflexionar y debatir sobre cómo la cultura puede contribuir a mejorar la vida y la sociedad. Este año se desarrollará a mediados de octubre en Valladolid, tratará sobre la “liminalidad” y contará con invitados europeos. Esto nos pone especialmente contentas porque sentimos que es uno de los resultados lógicos de un arduo posicionamiento de años y de un proceso tan pertinente como Gravedad13, pero, sobre todo, porque esta apuesta por la inclusión de nuevas generaciones en espacios de toma de decisiones nos va a permitir programar a trabajadores jóvenes y sus iniciativas culturales a la escala notoria que merecen.
Esperamos que surjan otras cosillas entremedias… todo lo que vamos haciendo lo publicamos en nuestra cuenta de Instagram.






