Hay algo íntimo en observar la trayectoria de un artista y su exploración de nuevos territorios a lo largo de su carrera, especialmente cuando ese proceso revela una evolución honesta de su yo creativo. Ese es precisamente el caso de Gabriela Richardson, quien ha lanzado Isola, su álbum debut y el cierre de un largo viaje de orígenes e influencias diversas, que termina en Nueva York, donde reside actualmente.
Es un álbum orgánico, emocional y profundamente genuino, que respira e invita a una escucha pausada y consciente. Refleja una rica herencia cultural y una maduración propia de un proyecto que se ha ido construyendo a partir de numerosas experiencias acumuladas. Hablamos con la cantante para descubrir los detalles de este proceso, las emociones y territorios que lo han marcado y lo que está por venir.
Antes que nada, felicidades por tu primer álbum. ¿Estás satisfecha?
Estoy muy contenta de poder compartirlo por fin. Siempre cuesta dejar ir el primer proyecto largo, decidir cuál es el momento de dejar de aportar creativamente y empezar a coger distancia para poder soltarlo.
Creo que la industria española está saturada de fórmulas repetidas, y escuchar este disco fue un respiro. No obstante, eso no garantiza su éxito en cifras. ¿Cómo se ha recibido hasta ahora?
Yo creo que lo más importante es hacer música honesta, que te guste a ti e intentar plasmar tus gustos de la manera más fiel y precisa posible en el proyecto. El riesgo de que no encaje o no llegue a la gente siempre está, pero pienso que las buenas canciones siempre acaban encontrando su camino.
Por primera vez, has asumido el liderazgo total en la composición y producción de tus canciones, especialmente en Mononoke. ¿Qué ha significado para ti y para tu música adoptar esa última faceta? ¿Qué diferencias has percibido en el resultado con respecto a otros trabajos?
Siempre he compuesto la música y la letra que sale de mi voz. En Mononoke aprendí que la voz puede servir de composición para otros instrumentos y eso me llevó a involucrarme activamente en la producción. Esa experiencia me abrió el camino internamente para producir más temas del disco y es algo que seguiré haciendo, me da mucha libertad creativa.
Volvamos un momento a tus inicios. Tu carrera despegó en 2015 con Hundred Miles, un éxito rotundo. Sin embargo, has expresado cierto rechazo hacia ese tipo de productos comerciales. ¿Te pesa que todavía se te identifique con esa canción?
No me pesa, pero está muy lejos de la música que hago. Fue una canción que ocurrió en un momento muy concreto de mi vida y que me dio muchas bendiciones. Intento escucharla siempre con ternura.
En 2019, con el EP Dölma, quisiste marcar un antes y un después en tu trayectoria. En aquel momento asegurabas que ese era tu camino. ¿Qué opinas ahora?
Dölma fue el primer gesto consciente de dirigir creativamente mi proyecto. Trabajé con personas que admiro mucho y fue de las primeras veces que pude experimentar según mis gustos. Asegurar que harás cualquier cosa de una determinada manera toda la vida es quizás una frase demasiado valiente, pero, cuando estás pasando por esa etapa, también empodera pensar que va a ser para siempre.
Palomita negrita salió en 2021. Fue el single que inició el proceso creativo que culmina con este álbum. ¿Cómo has vivido la evolución desde esa primera canción?
A partir de esa canción empecé a experimentar más con la mezcla de tradiciones musicales, escuchaba mucho a Simón Diaz y Violeta Parra. Es un sonido que me ha acompañado durante todo el proceso de composición del disco. Además, recuerdo que Palomita me llevó a una escritura más simbólica. Al ser en español me daba más seguridad y me permitía arriesgar más.
‘Isola’ significa isla en italiano. Hasta donde sé, has vivido en Barcelona y ahora en Nueva York. ¿Cuál es tu relación con las islas? ¿Remite a alguna en concreto?
Para mí las islas tienen un significado muy fuerte. Mi padre emigró a Ibiza desde Mississippi en los años 70. Ahí encontró la libertad para poder empezar a esculpir, crearon una pequeña comunidad y conoció a mi madre. Siempre he sentido que esa geografía forma parte de mi identidad. También representa el proceso creativo del álbum, ya que la mayoría del tiempo es bastante solitario y te sientes aislado de una manera placentera.
La mayor parte del disco está en castellano, pero encontramos temas en italiano como Italian MorenetaUna notte Ti amo. También hay presencia del francés, mientras que el inglés aparece solo de forma puntual en Isla nueva. ¿A qué responde esta decisión lingüística? ¿Es una cuestión estética o más bien identitaria?
Surge de manera muy natural. En casa, mi novio y yo hablamos italiano y español. Además, vivimos en Nueva York. Cuando estoy componiendo, no suelo pensar en el idioma en el que quiero escribir la canción, simplemente aparece y lo dejo tal como llega.
Se percibe una influencia de estilos y épocas diversas, como la música brasileña de los 70 y el folk peninsular y latinoamericano. ¿Qué referencias concretas han marcado este proyecto? ¿Reconoces algo de nostalgia en esa selección?
Escuché mucho a compositores brasileños de los setenta como Arthur Verocai, Gal Costa y Maria Bethânia, y también música tradicional de la península. La suspensión cinematográfica de los arreglos de Verocai me marcó mucho, sonaba a una mezcla de bossa nova con música clásica más impresionista que me pareció increíble.
Todas las letras tienen una fuerte carga metafórica y poética. ¿Hay algún autor/a o libro que fuese clave a la hora de escribirlas?
Para hacer las letras de mis canciones suelo darle imagen a una emoción dentro de mi cabeza e intento ponerle palabras, dejando espacio para la interpretación. He ido leyendo a muchas escritoras y poetas durante el proceso de componer el álbum. No sé si hay una influencia directa pero las que más se han quedado conmigo son Anne Carson, Silvina Ocampo y Audre Lorde.
El nombre de la segunda canción del álbum nos lleva también a la literatura, en este caso, japonesa. Los mononoke son espíritus capaces de poseer a las personas y hacerles sufrir o enfermar. ¿Qué te interesa de ese imaginario y qué relación guarda con el disco?
Quería hablar de la dualidad de emociones que se nos presentan en nuestros propios pensamientos, que luego se manifiestan en nuestra personalidad, muchas veces rechazando las sombras o escondiéndolas. Es algo parecido a lo que le ocurre a San en La Princesa Mononoke. Vive atravesada por la rabia, la lealtad y el dolor, y esas emociones la mantienen siempre entre dos mundos, el humano y el salvaje.
Después de un proyecto tan personal como este, ¿qué sigue?
Ahora mismo estoy preparando los shows y pensando en cómo llevar las canciones al directo, que de alguna manera cogen una nueva forma. Desde que salió el álbum he vuelto a tener espacio para componer nuevas ideas que espero pueda compartir pronto.
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