Como todo buen arte, Gabrielinos no revela su significado de inmediato. A primera vista, la exposición podría parecer una acumulación de símbolos sin relación aparente. Sin embargo, lo que Gabriel Rico propone es precisamente lo contrario: una interconexión entre cada una de las piezas y entre cada uno de los seres. A través de las matemáticas, sus raíces, su relación con Los Ángeles y su interés por las cosmovisiones indígenas de California, el artista plantea una forma de entender el universo en la que naturaleza, humanidad y territorio son una misma red de interdependencia que no necesita del lenguaje verbal.
Disponible hasta el 11 de julio en la galería Perrotin de Los Ángeles, la muestra cuestiona las fronteras geográficas, económicas, políticas, religiosas e incluso mentales que los seres humanos hemos creado. El resultado es una invitación a reconocer que, más allá de las divisiones, todos los seres vivos son una misma trama natural. Lejos de respuestas cerradas, Rico deja que cada obra dialogue con quien la observa, según sus propias experiencias y sus propias cosmovisiones.
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Gabrielinos es tu primera exhibición individual en Los Ángeles, una ciudad que has descrito como un lugar que se siente como una familia. Ahora que el público ha empezado a interactuar con ella, ¿cuál fue la pregunta inicial o la intuición que eventualmente dio origen a Gabrielinos (I Am You And What I See Is Me)?
Cuando comencé a planear este show, me encontraba en un momento en el que comenzaba a experimentar con nuevos materiales, así que la idea era presentar las piezas resultantes de este proceso de investigación. La selección final la hice considerando afinidades directas entre la ciudad de Los Ángeles y los vínculos que tiene con mi lugar de origen y con el lugar en el que actualmente vivo, y donde se produjeron las piezas.
Cuando comienzo un nuevo proyecto, me gusta hacer una investigación sobre el lugar en donde se va a desarrollar, y fue a partir de esto que me percaté de la conexión entre las culturas indígenas originales de California y las culturas que habitan la Sierra Madre Occidental, la cual atraviesa varios estados de México. La conexión entre estos estados y California se da principalmente por la migración, porque algunos de estos estados tienen los índices de migrantes más altos del país. Pero también existe una conexión geológica entre la Sierra Madre Occidental y la Sierra Nevada en California: ambas son parte de la cordillera norteamericana. Para mí fue evidente que las piezas que quería mostrar en el show tenían que relacionarse con este hecho geomulticultural. Por eso el tema de la naturaleza es evidente: cómo se mueven las cosas naturales y cómo nos movemos nosotros en ellas, cómo se adapta el cuerpo humano a los cambios sugeridos por las condiciones naturales, pero también por las sociales.
En relación con el título, fue intuitivo y casi lógico utilizar el gentilicio usado para nombrar a los habitantes originales del área de Los Ángeles, por su relación con mi nombre, pero también porque tiene que ver con el ejercicio ontológico de nombrar el mundo que nos rodea, nombrar cualquiera de los objetos que lo componen y así proyectarnos en él para intentar comprenderlo.
El título sugiere un desdibujamiento de las fronteras entre el yo y el otro. ¿Es la exposición, en última instancia, una invitación a replantearnos la propia individualidad?
En mi práctica utilizo mi cuerpo como vehículo de acceso a la exploración de los materiales con los que trabajo, para así lograr un mejor entendimiento de la idea que quiero desarrollar y de la naturaleza de los materiales. Podría decir que esta práctica desvanece los límites entre mi percepción del mundo y los materiales que lo componen, así que sí considero que definitivamente algunas de las piezas en este show podrían considerarse sugerencias o invitaciones a entendernos como parte de un todo al cual, de manera inmediata, podría llamarle ‘la biosfera’, y que de alguna forma ‘el otro’ podría considerarse parte de este sistema también y ser una planta o una especie de animal distinta a la humana. Así es como creo que muchas de las culturas indígenas perciben el mundo: como un lugar común del que somos parte y que está formado por otros seres con los que lo compartimos.
La comunicación aparece en tu obra como algo que existe más allá de las palabras. Las plantas se comunican mediante señales químicas; los delfines, a través de ondas sonoras; los seres humanos, mediante imágenes, signos y símbolos. ¿Crees que existe un lenguaje más profundo que conecta todas las formas de vida?
Estoy convencido de que existe un lenguaje que conecta a todos los seres. Podría decir que la empatía y el amor son algunas maneras de comunicarnos; también están el sonido o las matemáticas como un sistema de valores simbólico primario. La energía también es otra forma de comunicación, y la posibilidad de percibirla nos supone como parte de una red compuesta por seres/objetos que también pueden sentirla.
A lo largo de Decorative Permutations y The Open Sets, conviven símbolos que van desde estructuras matemáticas hasta formas que recuerdan a iconos contemporáneos o emojis. ¿Qué papel desempeñan dentro de las obras y qué posibilidades ofrecen que las palabras no pueden?
Algunas de las frutas están marcadas con símbolos. Algunos son antiguos y se encuentran en petrograbados dispersos por todo el mundo, como la espiral o la estrella; algunos otros, como los símbolos matemáticos, no son tan viejos, y otros, como los emojis, son nuevos. Todos hacen referencia a nuestra habilidad para sintetizar, manipular e intercambiar información, de forma similar a la manera en la que las frutas circulan en los mercados como objetos sujetos al intercambio. Los cítricos son algunas de las frutas más dispersas en el mundo debido al tránsito y la migración del humano.
Me pareció fascinante que muchos de estos símbolos resulten simultáneamente familiares e indescifrables. ¿Te interesa la comunicación en sí misma o los límites de nuestra capacidad para comprendernos verdaderamente unos a otros?
La complejidad en las formas de comunicarnos entre diferentes especies naturales, pero también entre humanos, me fascina. Disfruto cuando me pierdo en la trama de una obra de arte o en alguna ecuación matemática porque no conozco el significado total en ella, y este sentimiento inquietante y necesario de conocimiento es lo que quise que estuviera presente en estas piezas al mismo tiempo que la finura de los materiales y la destreza técnica con la que estas piezas están hechas te mantienen enganchado a ellas, recorriendo su superficie con tu mirada. Creo que nuestra naturaleza humana está grabada profundamente con la fascinación de lo desconocido, su exploración y su representación.
“Estoy convencido de que existe un lenguaje que conecta a todos los seres. Podría decir que la empatía y el amor son algunas maneras de comunicarnos.”
Las matemáticas se describen como un lenguaje universal, así como el marco a través del cual se intenta comprender el propio universo. Me interesa conocer el papel que desempeñan las matemáticas en tu práctica artística. ¿Las consideras una herramienta para comprender la realidad o algo completamente distinto?
Mi fascinación por las matemáticas está basada en su apertura para aplicarlas como lenguaje para compartir información, pero también para definir acciones concretas e integrarlas en un entramado universal. Su valor como forma para poder conocer y acceder al funcionamiento de la realidad como una matriz compuesta por diferentes sets o principios es algo que sin duda consideraría una forma de lenguaje básico.
Uno de los aspectos más sugerentes de la exposición es el diálogo entre las cosmovisiones wixárika y gabrielino-tongva, ambas basadas en la interconexión. ¿Cómo han influido estas cosmologías en tu manera de pensar el lugar que ocupa el ser humano? ¿Han transformado también tu comprensión del arte?
Tengo una gran admiración y respeto por las costumbres de las culturas originales, su forma de entender la relación del humano con la naturaleza, la forma en la que se refieren a ella y cómo la respetan. Este sentimiento de admiración me ha llevado a poder convivir con algunas de las primeras naciones y comunidades indígenas en Centro y Norteamérica. Todas han sido experiencias fuertes y contundentes, a partir de las cuales mi forma de entender el mundo y a mí mismo ha cambiado.
Esto, por supuesto, afecta directamente mi práctica artística, y es justamente después de varios años de venir a celebrar la Semana Santa a San Andrés Cohamiata (Tatei Kié) que decidí acercarme con algunos miembros de la comunidad wixárika para proponer una colaboración utilizando dos técnicas con las que ellos trabajan para representar su cosmología. En una de ellas se utiliza la chaquira como material principal, la cual ofrece una gama muy amplia de colores, pero en el pasado se utilizaban semillas y pequeñas piedras en lugar de este material. Muchos pueblos antiguos alrededor del mundo han utilizado las semillas como medio para representar su cosmovisión, y es aquí en donde puedo decir que se da la primera conexión entre el pueblo Tongva y el pueblo wixárika, a través del uso e integración de materiales naturales en su arte y en su vida diaria.
La segunda conexión se da a partir del origen de ambas lenguas, pues ambas provienen de la raíz conocida como uto-azteca o yuto-nahua. Creo que en este momento en el que parece que los humanos nos estamos segregando por diferencias sociopolíticas, en un mecanismo secular ajeno a nuestra naturaleza, es muy importante señalar los orígenes comunes que tenemos y las similitudes que compartimos. Al final siempre hemos sido y seremos parte de la red histórica de la raza humana.
En Pink Pumpkin, la naturaleza convierte las barreras creadas por los seres humanos en oportunidades para crecer. ¿Podría ser también una metáfora de nuestra capacidad para desarrollarnos y vivir más allá de las fronteras sociales, políticas o psicológicas?
Con esta escultura me interesa investigar el sesgo entre las diferentes especies que componen la biosfera y su manera de entender las estructuras y formas materiales, para suponerlo como un punto coyuntural a partir del cual diversas dinámicas de comportamiento se detonan. De esta forma, lo que para una especie puede entenderse como una limitante, para otra puede suponer una oportunidad.
La interactividad simbiótica entre los sistemas biológicos casi siempre funciona en relación con una necesidad adaptativa desarrollada para proteger la vida. En este juego lúdico e interpretativo, al organismo o sistema huésped se le desarrollan características especializadas, muchas de ellas diseñadas para procesar cierto rango del espectro electromagnético; al hacerlo, sacrifica la posibilidad de poder acceder al resto del espectro, porque la cantidad de información necesaria para lograrlo es muy grande e imposible de manejar por un solo ser. Por eso creo que se han generado mecanismos grupales para digerir/compartir la información de manera más efectiva entre los individuos, como las parvadas de aves o las escuelas de peces, o como “las micorrizas”, sistemas simbióticos entre los hongos y los árboles.
Otro sistema simbiótico es el que se genera entre estructuras artificiales sólidas como las rejas o los muros y las líneas de una enredadera, las cuales funcionan como guías que utilizan el tacto para encontrar alguna de estas estructuras de las cuales asirse y crecer. Creo que esta escultura definitivamente puede considerarse una analogía de lo importante que es la plasticidad de nuestro cuerpo, de nuestra forma de pensar y de la capacidad de cambiar de forma de manera metafórica, capacidad que también exploro en otra de las piezas de la exposición titulada Molar Pines.
En contraste, Made to the Measure of the World se percibe casi como jeroglíficos que ocultan una historia. Al mismo tiempo, la presencia de cuchillas y machetes introduce una tensión sutil e incluso una sensación de violencia latente. ¿Cómo deberíamos aproximarnos a este ensamblaje? ¿Está destinado a transmitir un significado específico?
Esta escultura expone mi historia y cómo es que, a partir de mi experiencia personal, he supuesto un valor compositivo específico a cada uno de los objetos para ser parte de esta escultura, por su forma, su tamaño y su color, más allá de la función para la que fueron hechos. De esta forma, los objetos se convierten en algo más cercano a un conjunto del que ya son parte integral.
Las formas de las esculturas de esta serie son rectángulos y cuadrados definidos primeramente por los vértices y conjunciones hechas de latón, que se prolongan con huesos de vidrio soplado y se completan con diferentes objetos. El supuesto valor de estas esculturas comienza como una experiencia estética individual, la cual se ve afectada por la historia de cada una de las personas que la ven, pues los objetos que la componen tienen diversos significados para cada persona y, sin embargo, la forma geométrica permanece y funciona como un lugar común.
Desde las pinturas rupestres prehistóricas hasta los símbolos grabados en el Disco de Oro de la Voyager, los seres humanos siempre han buscado esa forma de comunicarse a través del tiempo. ¿Crees que el arte sigue siendo una de nuestras maneras más poderosas para trascender el tiempo y la mortalidad?
Sí lo creo, porque el arte es una herramienta o sistema para comunicarnos y transmitir ideas. El arte es un mecanismo a partir del cual la información puede concentrarse y concretarse, y de esta forma trascender en la historia.
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