La Inteligencia Artificial ha cambiado nuestras vidas, pero no ha afectado a todos por igual. Mientras una inmensa mayoría seguimos peleando con nuestros chatbots de confianza para que nos den las respuestas que buscamos, el director de cine y músico Fran Gas ha hecho suya la IA, convirtiéndola en una extensión de su lenguaje artístico, explorando nuevas vías de inspiración y enriqueciendo el panorama audiovisual español.
Su genio creativo y sus más de quince años de experiencia le han llevado a colaborar con la compositora Carla F. Benedicto para la banda sonora de El talento, nominada al Goya 2026 a mejor música original. La calidad de su trabajo también le ha hecho brillar en festivales internacionales como el +Rain Film Fest o el Bucheon International Fantastic Film Festival, entre muchos otros. Nos sentamos con él para comprender su universo creativo y su particular uso de la IA, discutir los dilemas que rodean a esta práctica y vaticinar el futuro del sector.
Eres director de cine, guionista y músico experimental. ¿Qué expresión artística apareció primero en tu vida y cómo se fueron desencadenando las demás?
La música siempre ha sido el detonante de todo. A los once años, el rock llegó con fuerza a mi vida y empecé a tocar la guitarra. Después, en el instituto, comencé a devorar cine de todo tipo y en la universidad el espectro musical se abrió por completo. Empecé a tocar en grupos, como bajista y batería, y a hacer videoclips, una disciplina que me permitía estar en los dos mundos a la vez. Me iba de gira, conocía bandas y acababa haciéndoles un vídeo.
En 2013 me fui a vivir a Madrid y pocos años después ya estaba trabajando para grandes discográficas y realizando publicidad. Además, en paralelo, escribía y dirigía cortometrajes. En 2020 creé Lavenzza como un proyecto en el que poder experimentar sonoramente sin límites. A partir de ahí, uní cine y música y encontré la manera de matar dos pájaros de un tiro.
En 2013 me fui a vivir a Madrid y pocos años después ya estaba trabajando para grandes discográficas y realizando publicidad. Además, en paralelo, escribía y dirigía cortometrajes. En 2020 creé Lavenzza como un proyecto en el que poder experimentar sonoramente sin límites. A partir de ahí, uní cine y música y encontré la manera de matar dos pájaros de un tiro.
Aunque trabajas para artistas y marcas de renombre, también desarrollas una obra profundamente autoral. ¿La industria encorseta tu discurso o lo potencia?
La industria me dio el oficio, la capacidad de decidir y la técnica. Siempre he intentado conectar con el cliente, la marca o el músico para entender qué necesita y poder dárselo. Pero hace tiempo me di cuenta de que, según el proyecto, uno no puede tener voz y simplemente debe ser un profesional. No me parece algo negativo, lo separo bastante. Cuando hago algo autoral es cuando me expreso artísticamente y no hay nadie por encima que me pida cambios, solo estoy yo con mi obra.
Aun así, he de decir que, últimamente, he tenido experiencias laborales muy satisfactorias (sin IA), sobre todo en el ámbito musical, como componer la banda sonora de la ópera prima de Darío Paso Jardiel, La eterna noche de Jana Goldman (2026), y colaborar como productor de música electrónica con Carla F. Benedicto para la banda sonora de El talento.
Aun así, he de decir que, últimamente, he tenido experiencias laborales muy satisfactorias (sin IA), sobre todo en el ámbito musical, como componer la banda sonora de la ópera prima de Darío Paso Jardiel, La eterna noche de Jana Goldman (2026), y colaborar como productor de música electrónica con Carla F. Benedicto para la banda sonora de El talento.
¿En algún momento fuiste reacio al uso de Inteligencia Artificial o la abrazaste desde el inicio?
Todo lo contrario, cuando la descubrí me pareció fascinante y desde el primer momento pensé en cómo incorporarla a mi proceso creativo, tanto en la técnica como en la manera de construir un discurso visual potente sin renunciar a mi visión como autor.
“Seguiremos necesitando ver a actores reales, a un músico tocar en directo, a alguien cantar. La fascinación por la presencia y la artesanía humana es algo intrínseco a nuestra naturaleza.”
Tu serie de vídeos surrAIsmo es una apuesta clara por lo fantástico y lo bizarro. ¿El surrealismo se debe a una decisión artística previa o es una consecuencia de las limitaciones actuales de la IA a la hora de generar imágenes fieles a la realidad?
Por un lado, siempre me han fascinado las propuestas con potencia visual, las que te agarran del estómago. Por otro, fue haciendo mi cortometraje Dark, Light, Yellow (2024) cuando comencé a pensar en la idea del surrAIsmo. Debido a las limitaciones de ciertos modelos de IA, me di cuenta de que, en el accidente, en el error, había una metodología de descubrimiento y sorpresa que me resultaba muy estimulante. Trabajar con IA es hacerlo a partir de una aleatoriedad controlada. Puedes forzar el accidente o encontrártelo y, de repente, hallar una imagen delirante que se convierta en el punto de partida de una obra.
¿Cómo es el proceso creativo en el desarrollo de este tipo de piezas?
Cuando encuentro una imagen accidental que para mí es sugerente y de gran impacto visual, interpreto ese resultado como si estuviera ante una puerta hacia el subconsciente de la IA, como si la IA soñara y me dejara entrar en ese sueño. Entonces, empiezo a generar a partir de ahí, sin un concepto claro, simplemente dejándome llevar por la potencia visual y trazando un camino de imágenes. Cada generación es una decisión, una forma de seguir abriendo puertas dentro de ese sueño. Al final, acabo con una serie de instantáneas que después, en el montaje, conceptualizo, hago una interpretación del sueño. Además, en paralelo o después de la edición, porque el proceso es bastante flexible, compongo música y ruidos con mi sintetizador modular (a veces también experimento con sonido generado) y hago que dialoguen imagen y sonido.
¿Qué cambia en tu manera de trabajar cuando la IA interviene en la imagen frente a cuando lo hace en el sonido?
En ambas está el camino del descubrimiento, pero es en la imagen donde me siento más fascinado. Es como ser un fotógrafo callejero que sale a hacer un reportaje y va encontrando, descubriendo, hasta que compone su discurso con el material que ha fotografiado. En el sonido con IA el camino es más arduo, ya que es difícil que encuentre algo que realmente me funcione, pero a veces ocurre. En mi pieza Big Pink Mouth, la IA hizo unos arreglos de cuerdas sobre mis ruidos y, después de bastante edición, conseguí un diálogo interesante entre sonido generado y sonido artesanal.
¿Qué opinión te merece la creación íntegra de música mediante este tipo de software?
En mi experiencia, he probado en alguna pieza a experimentar con capas de sonoridades generadas y manipularlas con mi sintetizador modular. También he dialogado con arreglos de IA sobre piezas propias muy ruidosas, dejando que propusiera variaciones para algo que, en realidad, no tiene un sentido musical claro, probar el surrAIsmo sonoro.
Pero en cuanto a la generación íntegra de música con IA, honestamente, no le encuentro gran atractivo, todo me suena a fórmulas. Es práctico si, por ejemplo, generas música a modo de música licenciada, que no pertenece a la banda sonora, porque lo requiere un ambiente, alguien entra en un bar y necesitas algo de fondo, entre el ruido de la gente, que dé tono a la escena. O también de forma puntual para hacer comedia. En Dark, Light, Yellow generé un par de piezas con sentido cómico jugando con clichés musicales. Realmente, desde que descubrí la síntesis modular estoy bastante ocupado en lo sonoro. Es fascinante lo artesanal que resulta el proceso de esculpir el sonido desde cero y es infinitamente más estimulante que generar música íntegramente con IA.
Pero en cuanto a la generación íntegra de música con IA, honestamente, no le encuentro gran atractivo, todo me suena a fórmulas. Es práctico si, por ejemplo, generas música a modo de música licenciada, que no pertenece a la banda sonora, porque lo requiere un ambiente, alguien entra en un bar y necesitas algo de fondo, entre el ruido de la gente, que dé tono a la escena. O también de forma puntual para hacer comedia. En Dark, Light, Yellow generé un par de piezas con sentido cómico jugando con clichés musicales. Realmente, desde que descubrí la síntesis modular estoy bastante ocupado en lo sonoro. Es fascinante lo artesanal que resulta el proceso de esculpir el sonido desde cero y es infinitamente más estimulante que generar música íntegramente con IA.
Y en la imagen, ¿qué opinas de la tendencia hacia la búsqueda de un realismo absoluto?
Es lo que menos me interesa pero entiendo que a nivel industrial es lo que se busca, entre otras cosas para abaratar costes. También he realizado trabajos por encargo donde se buscaba mucho realismo, pero en mi caso los clientes sí tenían un punto de curiosidad sano y una pequeña vocación experimental. Me parece que, si a uno le interesa la experimentación u otras maneras de narrar, es natural que se acerque a esta tecnología y explore qué puede ocurrir.
Lo que sí que me interesa es el hiperrealismo de la materia, lo orgánico. Trabajo mucho mi estética desde ahí y, a nivel artístico, me interesa crear un mundo propio, descubrir discursos visuales potentes. Creo que lo que hago tiene más que ver con la animación que con el live action.
Lo que sí que me interesa es el hiperrealismo de la materia, lo orgánico. Trabajo mucho mi estética desde ahí y, a nivel artístico, me interesa crear un mundo propio, descubrir discursos visuales potentes. Creo que lo que hago tiene más que ver con la animación que con el live action.
“Si todos tenemos al alcance una tecnología que nos permite crear casi cualquier cosa, con más razón lo que marca la diferencia son las ideas.”
¿La IA ha alterado tu proceso creativo de forma estructural? Es decir, ¿ha cambiado la manera en que concibes una obra incluso cuando el uso de esta herramienta es mínimo o inexistente?
Lo que ha cambiado es que ahora, cada vez que tengo una idea, puedo materializarla, ver cómo quedaría y desecharla o seguir adelante. Es algo que me vuelve loco, la sensación de poder hacerlo me llena de euforia e incluso a veces me abruma. Además, pienso que he encontrado estéticas potentes que encajan con mis narrativas y quiero seguir explorando ese territorio.
La mayor parte de los galardones que has recibido han sido internacionales. ¿Percibes cierta reticencia hacia la experimentación tecnológica en España?
Creo que en España hay festivales, iniciativas e investigadores que son un auténtico escaparate de las tendencias actuales. Me di cuenta de ello tras mi paso en 2023 por el +Rain Film Fest en Barcelona, el primero de Europa dedicado al cine e IA. Allí, con mi película Of Youth (2023), tuve la suerte de ganar el festival. Allí conocí a Anna Giralt Gris y a Jorge Caballero, de la productora Artefacto, con gran relevancia en la investigación sobre audiovisual e IA y con quienes trabajo asiduamente. Ellos me han puesto en contacto con muchos colegas.
¿Cuál es tu visión a medio y largo plazo de la producción audiovisual? ¿Consideras que la IA representa una amenaza laboral real o simplemente provocará una reconfiguración del sector?
Como en cualquier avance tecnológico o industrial, se crearán nuevos empleos, otros desaparecerán y muchos se transformarán. Pero eso no significa que el capitalismo más agresivo tenga licencia para precarizar la industria o incumplir la legislación en materia de derechos de autor. El problema es que la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa mientras que la regulación lo hace mucho más lentamente, y todavía estamos tratando de descifrar este nuevo paradigma.
También creo que el conflicto no está tanto en el creador como en el cliente, en quien lo contrata. Ya vivimos algo parecido con la llegada de las librerías de imágenes y música. En ciertos trabajos, por ahorrar costes o porque ‘casi cualquier cosa’ servía, muchos clientes optaron, y siguen optando, por esas soluciones. Pero cuando se necesita algo realmente a medida, con voz propia, se sigue recurriendo al realizador, al compositor o al artista, incluso aunque utilicen IA en su proceso.
Pienso que el cine generado con IA no viene a sustituir al cine convencional, será, simplemente, una opción más. Seguiremos necesitando ver a actores reales, a un músico tocar en directo, a alguien cantar. La fascinación por la presencia y la artesanía humana es algo intrínseco a nuestra naturaleza.
También creo que el conflicto no está tanto en el creador como en el cliente, en quien lo contrata. Ya vivimos algo parecido con la llegada de las librerías de imágenes y música. En ciertos trabajos, por ahorrar costes o porque ‘casi cualquier cosa’ servía, muchos clientes optaron, y siguen optando, por esas soluciones. Pero cuando se necesita algo realmente a medida, con voz propia, se sigue recurriendo al realizador, al compositor o al artista, incluso aunque utilicen IA en su proceso.
Pienso que el cine generado con IA no viene a sustituir al cine convencional, será, simplemente, una opción más. Seguiremos necesitando ver a actores reales, a un músico tocar en directo, a alguien cantar. La fascinación por la presencia y la artesanía humana es algo intrínseco a nuestra naturaleza.
¿Crees que la tecnología puede acabar premiando el dominio técnico sobre la imaginación, o la creatividad seguirá marcando la diferencia respecto a la calidad de un producto audiovisual?
El discurso artístico es lo más importante, es lo que permanece. El espectador medio no se plantea con qué cámara se ha rodado lo que está viendo ni qué técnicas se han utilizado en postproducción. Lo que realmente le llega es la historia, el concepto. Nadie va al cine a ver una película en 3D solo por el hecho de que se haya hecho con esa tecnología, sino por otros motivos. Además, si todos tenemos al alcance una tecnología que nos permite crear casi cualquier cosa, con más razón lo que marca la diferencia son las ideas.
Está claro que tu adaptación al cambio ha sido rápida, pero ¿hacia dónde prevés que evolucionará tu obra a medida que estas herramientas sigan avanzando?
De momento sigo experimentando y encontrando metodologías que me interesan más que otras. El accidente y el error son aspectos que realmente me fascinan, y ya me está pasando que recurro a modelos anteriores para encontrar ese caos tan estimulante. Actualmente estoy trabajando en un proyecto bastante ambicioso y de larga duración, algo que probablemente no habría podido concebir antes sin esta tecnología. También me interesa diseñar una performance con mi proyecto Lavenzza en la que pueda improvisar en directo e interactuar con mis visuales. Siento que vienen muchas cosas y que esto no ha hecho más que empezar.






