Muchos dirán que la inspiración viene y va, como las flores con el paso de las estaciones. Y aunque esa sea una metáfora hermosa, Fàtima Valldeperas ha conseguido mantener al margen los efectos del tiempo en sus obras, utilizando materiales como flores artificiales o preservadas, madera, tejidos y objetos no convencionales. Parece mentira pero su imaginación no conoce límites, lo que realmente debe hacer un artista es escuchar su intuición y mantenerse resiliente ante todo. Esta creadora de sueños está en plena flor de la vida, con cada vez más proyectos e innumerables ideas que brotan de forma constante. Así que abre la mente y déjate llevar por los universos casi alienígenas que crea Valldeperas.
Antes que nada, quería comentarte lo mucho que me ha maravillado tu trabajo. Me ha sorprendido con creces este proyecto vital que sigues y tu relación con las flores. Dime, ¿siempre has tenido esta atracción por este elemento tan esencial en la naturaleza, o es una relación que has ido cultivando a lo largo de los años?
Siempre me ha fascinado todo lo relacionado con el arte: las texturas, los colores, la danza, el humor. Sin embargo, no sentía un interés particular por las flores. Fue a los dieciocho o diecinueve años cuando, por casualidad, me encontré con este maravilloso mundo. Desde entonces he trabajado en él y me apasiona. Podríamos decir que fue algo que ocurrió sin buscarlo.
Si tuvieras que encontrar un vínculo entre el paisaje que te vio nacer y tu trabajo artístico actual, ¿cuál sería?
Recuerdo a mi abuela paterna y sus abalorios, collares, pañuelos, anillos y figuras decorativas. También a mi padre, con sus dibujos y las obras de teatro en las que actuaba en mi pueblo. Mi madre, por su parte, mostraba un gran interés por las exposiciones de arte y viajaba a Barcelona siempre que podía. Mis padres no se dedicaron al arte pero lo apreciaban profundamente y nos apoyaron, a mi hermana y a mí, para que estudiáramos lo que realmente nos gustaba. Eso fue fundamental.

Estudiaste Bellas Artes en Barcelona, el punto de partida de tu camino artístico. ¿Cómo recuerdas aquella etapa y de qué manera sientes que has evolucionado a lo largo de los años, tanto en tu carrera como a nivel personal? ¿Consideras que una formación académica es realmente necesaria para llegar a ser artista, o el arte se forja más desde la experiencia y la intuición?
No creo que sea estrictamente necesario estudiar para ser artista. Evidentemente, cualquier formación relacionada con el arte te enriquece: te aporta disciplina, herramientas para desarrollar tus ideas y te orienta sobre hacia donde quieres ir. Era muy joven cuando empecé la carrera de Bellas Artes y, de hecho, no la terminé. Siempre pensé que era una carrera para cursar cuando uno tiene las cosas más claras. Lo que sí sabía con certeza era que mi camino iba por ahí. Recuerdo que se me daban mucho mejor las asignaturas más conceptuales, así como Historia del Arte, que, por ejemplo, el dibujo puro y duro. De esa época aún conservo amistades fantásticas.
Tu trabajo va mucho más allá del de una florista: creas esculturas e instalaciones, realizas dirección de arte para moda y publicidad, desarrollas montajes decorativos, participas en bodas y ofreces talleres creativos de arte floral. ¿Qué etiqueta, si es que hay alguna, sientes que te representa mejor profesionalmente?
Con el tema de las etiquetas siempre he tenido un dilema; ya me di cuenta de ello cuando hice mis tarjetas… A veces parece que es necesario definirse a una misma y definir tu trabajo para que los demás te entiendan, e incluso para entenderte tú misma. Pero en esta época en la que abundan las etiquetas y las definiciones ‘molonas’ sobre lo que uno hace (y cuantas más, mejor), la verdad es que no me siento nada a gusto definiéndome. Le encuentro un punto de pretensión, aunque sé que no debería ser así.
Sí que trabajo con flores, así que la definición de florista sería la más ajustada. Pero utilizo las flores en todas sus formas y conceptos para crear piezas artísticas, situaciones o imágenes estéticas. Muchas veces he hecho una pieza ‘floral’ sin incluir ni una sola flor, así que cada quien me defina como quiera.
Sí que trabajo con flores, así que la definición de florista sería la más ajustada. Pero utilizo las flores en todas sus formas y conceptos para crear piezas artísticas, situaciones o imágenes estéticas. Muchas veces he hecho una pieza ‘floral’ sin incluir ni una sola flor, así que cada quien me defina como quiera.
Tus instalaciones parecen sacadas de universos alienígenas. ¿Cómo visualizas tales ideas en tu cabeza? ¿Tienes algún referente, de cualquier tipo, que te inspire o solo sigues tu intuición emocional y creativa?
Totalmente lo segundo. Es un proceso emocional y creativo basado en el ensayo y error hasta encontrar la forma definitiva. Con el tiempo me he dado cuenta de que tengo ideas y formas recurrentes: composiciones dramáticas con caída, jarrones especiales que formen parte de la obra y sean tan protagonistas como la flor, cierto humor en las composiciones, materiales poco comunes.
Sí que parto de una idea, pero el proceso siempre es una sorpresa para mí. De hecho, desde hace un tiempo intento analizar por qué hago las cosas, para darle una cierta metodología y poder explicarlo en los workshops que imparto. Pero la verdad es que me resulta difícil, creo que la intuición y el impulso tienen mucho que ver.
Sí que parto de una idea, pero el proceso siempre es una sorpresa para mí. De hecho, desde hace un tiempo intento analizar por qué hago las cosas, para darle una cierta metodología y poder explicarlo en los workshops que imparto. Pero la verdad es que me resulta difícil, creo que la intuición y el impulso tienen mucho que ver.
“Apenas regalamos flores sin motivo a nadie, y eso es un error. Una casa cambia completamente con un solo tallo de cualquier flor en un jarrón, una taza, un bote… donde sea.”
En tus instalaciones, los espacios y las piezas parecen dialogar entre sí en perfecta armonía. ¿Cómo influyen la arquitectura, la luz y el movimiento de cada pieza en su despliegue y en la narrativa de tu obra?
Cuando pienso en una obra siempre tengo en cuenta el lugar donde va a estar expuesta. Es importante considerar la luz, el estilo del espacio, los materiales y los colores que habrá a su alrededor, para que, como bien dices, existan un diálogo y una armonía entre todos los elementos y se genere esa sensación de que todo encaja.
Otro aspecto muy importante para mí es la imagen: cómo uno plasma el resultado, su obra. A través de ella puedes decir mucho de ti. Disfruto mucho imaginando escenarios, poses e ideas para fotografiar ciertas piezas. Aquí entra en juego mi pareja, fotógrafo, que sabe captar mis ideas a la perfección. Juntos formamos un tándem muy bueno. Tengo mucha suerte.
Otro aspecto muy importante para mí es la imagen: cómo uno plasma el resultado, su obra. A través de ella puedes decir mucho de ti. Disfruto mucho imaginando escenarios, poses e ideas para fotografiar ciertas piezas. Aquí entra en juego mi pareja, fotógrafo, que sabe captar mis ideas a la perfección. Juntos formamos un tándem muy bueno. Tengo mucha suerte.
Empezaste este viaje con proyectos como Flower by Bornay y siempre con el emblema de que lo artificial no tiene que ser algo negativo. Muchos discutirían estas declaraciones, argumentando que lo auténtico y natural es irremplazable, que se pierde la esencia de lo que una flor representa. ¿Qué les dirías a quienes no comparten tu visión y asocian lo artificial con lo falso?
Soy de las que apuntan todo a mano en una agenda, de hacer mil notas, escribir, reciclar. Creo en las energías, en lo manual antes que en lo tecnológico, etcétera. Pero también soy muy consciente de la época en la que vivimos. No hace falta llevarse las manos a la cabeza porque haga esculturas con flores artificiales ni pensar que carecen de magia por no ser naturales.
Esa flor artificial no necesita agua ni cámara frigorífica, no viene en avión desde ultramar, no se desecha en siete días; al contrario, la reutilizo. Tiene una finalidad: durar mucho más. Por eso recurro a esa opción en ciertos casos. Pero podría ser una flor artificial, un calcetín o unos papeles arrugados que, juntos, evocan un arreglo floral. Creo que va mucho más allá de la flor.
Esa flor artificial no necesita agua ni cámara frigorífica, no viene en avión desde ultramar, no se desecha en siete días; al contrario, la reutilizo. Tiene una finalidad: durar mucho más. Por eso recurro a esa opción en ciertos casos. Pero podría ser una flor artificial, un calcetín o unos papeles arrugados que, juntos, evocan un arreglo floral. Creo que va mucho más allá de la flor.
Hace tiempo dijiste que “no es cierto que los hombres no se emocionen con las flores”. ¿Crees que esa percepción ha cambiado o sigue siendo tabú que un hombre aprecie la belleza? Pienso en Sant Jordi, donde aún se regala una rosa a la mujer y un libro al hombre, como si el conocimiento fuera cosa de ellos y la delicadeza solo de ellas. ¿Cuál es tu visión sobre esta dualidad?
En ese momento quise reivindicar que no solemos regalar flores ‘porque sí’ al sexo masculino. De hecho, apenas regalamos flores sin motivo a nadie, y eso es un error. Una casa cambia completamente con un solo tallo de cualquier flor en un jarrón, una taza, un bote… donde sea. No hace falta que esté en un jarrón ni que sea un ramo. Allí reside la poesía de la belleza y de su propia decadencia.
Es cierto que todavía asociamos el hecho de regalar flores únicamente a las mujeres. Creo que aún nos queda mucho camino por recorrer en ciertas dinámicas. Es como cuando voy al bar con mi pareja, pido un café solo y él un cortado, y el camarero, al servirlos, le entrega siempre el café solo a él y el cortado a mí.
Es cierto que todavía asociamos el hecho de regalar flores únicamente a las mujeres. Creo que aún nos queda mucho camino por recorrer en ciertas dinámicas. Es como cuando voy al bar con mi pareja, pido un café solo y él un cortado, y el camarero, al servirlos, le entrega siempre el café solo a él y el cortado a mí.

Has colaborado con marcas como Chanel, Rabat, Prada, Armani, Bvlgari, Cartier o Rolls-Royce. ¿Era uno de tus objetivos llegar a trabajar con este tipo de firmas o es algo que ha sucedido de forma orgánica? ¿Cómo ha influenciado colaborar con ellas en tu manera de entender y desarrollar el arte floral?
A todas nos gusta tener clientes o colaborar con grandes firmas; parece que si ellos te llaman, es señal de que estás haciendo algo bien. Las grandes marcas te dan cierto caché. Ahora bien, ese nunca ha sido mi objetivo final como tal, aunque evidentemente me gusta y espero que siga ocurriendo. Eso sí, disfruto y me esfuerzo igual cuando trabajo para una gran marca que cuando lo hago para un hotel pequeño o para la señora María. Disfruto trabajando en cualquier lugar donde crean que puedo encajar y me valoren, y donde también sienta que mi estética y mis creaciones pueden aportar algo para mejorar.
Has comentado que estás empezando un nuevo capítulo pero en solitario al abrir tu estudio en Sant Miquel de Balenyà. ¿Qué esperas vivir o hacer en este camino que has escogido? ¿Vamos a ver un giro de ciento ochenta grados en tus próximos proyectos o una vuelta más introspectiva sobre ti misma?
No sé si estoy preparada para un giro de ciento ochenta grados. Estoy muy contenta de tener un espacio propio, bonito y amplio. Después de trabajar tantos años en Bornay, empezar en solitario fue, en parte, como volver a empezar de cero: algo que deseaba pero que también resultó difícil, la verdad. Acostumbrada a la gran infraestructura de la que venía, no me fue fácil encontrar el lugar adecuado. Han tenido que pasar dos años para que los astros se alinearan y ahora me siento muy agradecida.
Me apetece ese proceso de introspección que comentas: encerrarme en mi taller para crear, pensar, observar. Quienes me conocen saben que siempre voy a mil por hora (autónoma, madre de un pequeño, etc.), y me gustaría tener tiempo para reflexionar sobre hacia dónde quiero ir, investigar nuevos caminos, clientes, proyectos, etc.
Mi taller está al lado de casa y ha sido un alivio enorme no tener que desplazarme hasta la ciudad ni invertir tanto tiempo en los trayectos. Ahora tengo más tiempo, y de más calidad, porque no llego tan cansada. Lo que sí tengo claro es que quiero que sucedan cosas: workshops, charlas, encuentros. Animo a quienes me escriben para conocernos profesionalmente a que se pasen por el taller y tomemos un café allí.
Me apetece ese proceso de introspección que comentas: encerrarme en mi taller para crear, pensar, observar. Quienes me conocen saben que siempre voy a mil por hora (autónoma, madre de un pequeño, etc.), y me gustaría tener tiempo para reflexionar sobre hacia dónde quiero ir, investigar nuevos caminos, clientes, proyectos, etc.
Mi taller está al lado de casa y ha sido un alivio enorme no tener que desplazarme hasta la ciudad ni invertir tanto tiempo en los trayectos. Ahora tengo más tiempo, y de más calidad, porque no llego tan cansada. Lo que sí tengo claro es que quiero que sucedan cosas: workshops, charlas, encuentros. Animo a quienes me escriben para conocernos profesionalmente a que se pasen por el taller y tomemos un café allí.












