Con El ser querido, Rodrigo Sorogoyen parece abandonar el nervio paranoico y la combustión social de sus películas anteriores para encerrarse en un espacio mucho más incómodo como es el del afecto contaminado. Presentada en competición oficial en el Festival de Cannes el sábado pasado, la película funciona simultáneamente como melodrama paterno-filial, disección de la masculinidad creativa y reflexión metacinematográfica sobre el propio acto de filmar.
Hay algo profundamente autoconsciente en este cine dentro del cine que inevitablemente remite a La Nuit américaine de Truffaut y al legado sentimental de la Nouvelle Vague; el set como territorio emocional donde las jerarquías afectivas y profesionales se confunden hasta volverse indistinguibles.
El gran hallazgo de Sorogoyen no está tanto en el conflicto entre padre e hija como en la manera en que ambos personajes utilizan el silencio como forma de dominación. Esteban Martínez, el cineasta encarnado por un inmenso Javier Bardem, pertenece a esa genealogía del ‘genio masculino’ cuya violencia histórica ha sido sistemáticamente romantizada por la cultura. La película desmonta cuidadosamente ese mito sin convertirlo en caricatura. Bardem construye un personaje magnético y devastador precisamente porque nunca deja de resultar seductor. Su autoridad ocupa todos los espacios: el rodaje, la mesa, la memoria de quienes le rodean. Incluso cuando parece vulnerable continúa manipulando la escena.
Frente a él, Victoria Luengo sostiene la película desde una contención extraordinaria. Lo que tienen y no tienen que decirse acerca y separa constantemente a ambos personajes, manteniendo una tensión soterrada que nunca termina de resolverse. Sorogoyen evita la catarsis fácil porque las heridas no se cierran, apenas se administran.
La escena de la comida, casi buñueliana en su ritual y en la incomodidad coreografiada de los cuerpos alrededor de la mesa, resume perfectamente el dispositivo moral del film. Cada conversación parece una prueba de fuerza donde el afecto se mezcla con humillación, resentimiento y dependencia emocional. El cine aparece entonces no como refugio sino como mecanismo de reproducción del poder.
Durante la rueda de prensa en Cannes, Luengo ha definido el cine como “un espejo en el que cada uno refleja sus propias experiencias y el momento vital que vive”. La frase funciona también como clave de lectura de la película: El ser querido habla tanto de la imposibilidad de separar vida y representación como de aquello que el cine español contemporáneo empieza finalmente a mirar de frente, es decir, las formas íntimas del abuso legitimadas durante décadas bajo la figura del artista excepcional.
Con más de siete minutos de ovación en Cannes y una recepción crítica muy sólida, la interpretación de Bardem ya suena como una de las grandes favoritas al premio de mejor actor. Este año, además, el cine español ha desembarcado con una presencia especialmente fuerte en Cannes: junto a El ser querido también compiten Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, ya estrenada en España, y La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, consolidando una edición especialmente significativa para el cine español en competición oficial.
La película se estrenará en España el 28 de agosto de 2026.
