Si Nishijima está sublime, cabe destacar también a la actriz Tôko Miura, que interpreta de forma fascinante a Misaki, la chófer de Kafuku que poco a poco acaba convirtiéndose en su apoyo, su consuelo y su confidente. A falta de ser nominada, algo que nadie duda, Drive My Car parte como favorita para llevarse el Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa. Habrá que ver si acaba nominada también como Mejor Película o si Ryûsuke Hamaguchi puede optar a la estatuilla de Mejor Director. Por de pronto, acaba de ser nominada en los Bafta, y ya se ha hecho con el Premio a Mejor Guión y el Premio FIPRESCI en el pasado festival de Cannes y con el Globo de Oro.
Si decides acercarte al cine, te esperan tres horas de película contemplativa y cautivadora, donde el guión avanza lentamente retorciéndose de forma sutil muy en la línea de Murakami. Por cierto, el director también acude en este film a otros dos títulos del autor japonés, Sherezade y Kino; los tres forman parte de la colección de relatos Hombres sin mujeres que publicó en 2014 y que aquí editó Tusquets en 2015. Drive My Car es una película tan bella como necesaria, que reflexiona no solo sobre el dolor del alma, también sobre la verdad y la mentira, sobre las caretas que nos ponemos para ocultar nuestras miserias y la liberación que supone sacarlas a la luz, y que contiene escenas preciosas y sobrecogedoras como ese monólogo final de Chejov en lengua de signos.






