Tras su paso por la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián, Couture (Alta costura), de Alice Winocour, y protagonizada por Angelina Jolie, llega a las salas el 8 de mayo como un ovillo de temáticas descafeinadas sobre la experiencia femenina. Una película sobre tres mujeres que, durante la Semana de la Moda de París, se han olvidado de vivir. 
La directora de Próxima teje una historia de caminos entrelazados sobre tres mujeres que intentan sobrevivir a la vorágine de la Semana de la Moda en París. Maxime (Angelina Jolie), una directora de cine que mientras termina su fashion film recibe un diagnóstico de cáncer; Ada (Anyier Anei), una joven de Sudán del Sur que debe cumplir con las expectativas de ser la nueva cara de una prestigiosa marca (se sobreentiende en el film que es Chanel); y Angèle (Ella Rumpf), una maquilladora francesa que sueña con ser escritora entre bambalinas de los desfiles.
Rodada en la sala de exposición y taller de Chanel en París, Couture no se busca problemas con ninguno de sus mecenas. Está cargada de mensajes llevaderos que evitan incomodar y mucho menos agitar el avispero de la alta costura. No es capaz de permear más allá de la superficie de su mundo. El filme desfila las exigencias de la belleza femenina, pero no las acusa; retrata la precariedad del mundillo de la moda pero desde la octava planta de un hotel Hilton. 
Al empeñarse en mantener una voz acrítica, la película se decanta por divagar entre el confort de Emily in Paris y el melodrama de Grey’s Anatomy. Nos invita a vivir de manera vicaria en el lujo de la Semana de la Moda y, pese a sus intentos, no es capaz de desnudar la intimidad de sus personajes más allá de la superficie emocional. Un batiburrillo de decisiones un tanto extraño para una película con claras aspiraciones autorales. 
Pero uno puede llegar a olvidarse de estos descosidos tonales si se centra en la hechizante presencia de Angelina Jolie, a quien se le ve mucho más a gusto en París que en Los Ángeles. La actriz estadounidense se rasga las vestiduras para adentrarse en la piel de una carismática cineasta que debe afrontar un cáncer de mama. Una dolencia ficticia que, gracias a los claros paralelismos con la realidad, empuja al icono a mostrarse frágil frente a la cámara. 
Aunque Alice Winocour dosifique el tiempo de pantalla entre las tres protagonistas de su aparente historia coral, está claro que Maxime es quien se lleva todas las miradas. Un personaje al que las puntadas de realidad le elevan por encima del resto. El papel no solo le sirve a Jolie para sanar el trauma de su cáncer, sino que también funciona como trasunto de la propia Winocour, quien también superó esta misma enfermedad.
Couture avanza a paso lento por una pasarela rodeada de silencios, como un desfile en una residencia de la tercera edad. Su ritmo es pausado, no por reflexivo, más bien por redundante. Sus personajes son workaholics hasta en escena, entran muy pronto y salen demasiado tarde. Además, la película abusa de los diálogos y peca de ser sobreexplicativa, le vendría bien algún que otro tijeretazo de sastre.
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